POPULISTAS. Acerca de los usos espúreos de una palabra comodín

El domingo leía El País cuando me topé con uno de esos contrastes que tanto me gustan. En la página 10 uno de sus editorialistas,  Joaquín Estefanía, arremete (como es la costumbre de la mayoría de los periodistas del stablishment ibérico) contra «el populismo» (ya, de la manera en que suelen pronunciar la palabra, como con infinito asco, uno de los imagina haciendo globito de salivas con  las dos primeras sílabas). Dice Stefanía en su columna Identidad asesina que «Dar respuestas simples a dificultades complejas es un síntoma de nuestros días, acrecentado por el hecho de que esas aseveraciones se escuchan sobre todo en los programas de televisión, donde no ha lugar a las oraciones subordinadas y donde se arrojan, unos a otros, la etiqueta populista a la cara» y es que en España, la palabra se utiliza básicamente como insulto, y sobre todo contra el emergente Podemos que, vaticino, va a acabar con el PSOE robándole todas sus bases aprovechables (el hecho de que su líder, Pablo Iglesias, sea homónimo del fundador del PSOE casi, casi me hace creer en los designios divinos). Continúa Stefanía: El debilitamiento de las clases medias, potencialmente las más vulnerables a la crisis económica y a la falta de eficacia de la práctica política de los partidos tradicionales, facilita la fascinación que producen las propuestas populistas que proporcionan respuestas lineales a interrogantes tales como la perspectiva del crecimiento económico, el consumo, el bienestar, la calidad y la duración de la vida, en un contexto de desplazamiento del poder económico y político hacia otras capas más privilegiadas. Existe un peligro real de que, a falta de respuestas políticas coherentes y complejas, un porcentaje relevante del cuerpo electoral acabe por escuchar las sirenas de los políticos populistas, aunque sean increíbles, y les dé una oportunidad. Y esos políticos se encuentran alojados en el interior de la mayor parte de los partidos.»

En fin, que el editor advierte que el bipartidismo está estallando (y hay que ver si no se lleva puesta a la monarquía, tal como yo creo que ocurrirá).

Me resultó paradójico que en el otro extremo de la doble página que teneía abierta, le «contestase» el gallego Josep Ramoneda, en una columna del mismo tamaño titulada Animal político. Escribe Ramoneda que se «requiere un cambio cultural, una desmitificación de las verdades del momento, que Zygmunt Bauman enumera así: que el crecimiento es la base del bienestar; que un consumo en constante aumento favorece el deseo y la felicidad; que la desigualdad es natural; y que la competencia es condición suficiente para la justicia social». Y remata: «La política ha de recuperar el mando. A los que la reivindican como un derecho de todos les llaman populistas. Si al animal político (el ser humano) le quitamos la política sólo queda el animal.

 

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