TERRITORIOS: Panamá, un país de servicios

Debo confesar que le leí esta crónica pensado que «servicios» se refería a los de inteligencia de diversos países, de los cual tengo para mi que Panamá está infestado, y no sólo por haber leído/visto El sastre de Panamá, ese homenaje de Le Carré al Greene de Nuestro hombre en La Habana. Todavia ahora mismo creo que Bielsa puso el título con doble sentido.

Panamá es un país de servicios

El_sastre_de_Panam-490498374-largeSegunda crónica de viaje de Rafael Bielsa, especial para AGENCIA PACO URONDO.

«Cuando los yanquis hicieron las maniobras llamadas “Operación Furia Negra”, Torrijos les contestó con ejercicios a los que llamó «Operación ¡uy, uy, uy, qué miedo!”.

“Panamá es un país de servicios”, rezonga nuestro amigo Jaime. “Hasta un ‘¡buen día, señor!’ es acreedor de una propina, porque una gentileza no deja de ser un servicio… ¿no?”. Mi hijo Hilario se ríe con ferocidad. “¿Y qué otra cosa podría ser?”, se explica. “Aquí, la industria representa el 17% del producto, los servicios el 79% y la agricultura el 4%. Para un campesino panameño, el costo del quintal de maíz es de 10 dólares; Estados Unidos, con subsidios y todo tipo de estímulo al sector nos lo vende a 4 dólares. Yo no sé si es verdad que los pueblos no se suicidan, o si a veces pareciera que eligen prolijamente a su asesino, pero este pueblo panameño, también mi pueblo, la pelea y no espera”. Escucho las palabras de Jaime, y su cadencia me trae las de un luminoso poeta salvadoreño, Roque Dalton, “… los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo, / los primeros en sacar el cuchillo, / los tristes más tristes del mundo, / mis compatriotas, mis hermanos.”

Ya es el domingo; ayer, sábado, se conmemoró el 25º aniversario del asalto armado a Panamá por parte de los Estados Unidos, un 20 de diciembre de 1989. Sectores de la sociedad civil le habían solicitado al gobierno de Juan Carlos Varela proclamar en esta conmemoración la fecha como “Día de Duelo Nacional”, pero el gobierno prefirió nombrarlo “Día de Reflexión”.

“Oficialmente, la cifra de muertos panameños no superó los dos centenares, pero yo sólo puedo decirles una cosa: desde mi casa escuché el tableteo de las ametralladoras de los helicópteros, del balcón de mi casa veía a los gallinazos planear sobre los manglares para arramblar con restos de cadáveres, de allí mismo vi pasar a los Humvee o sus antecesores, artillados con las punto 50, y de ahí contemplaba a los panameños patrullar con sus palitos junto a los gringos armados con fusiles de asalto. Conocía a la humillación y la recordé con rabia”. Jaime maneja como si dejara que el vehículo se las arregle, cosa que no siempre pasa.

“Chuchú Martínez se murió un par de años después, en el ’91, apenas pasados los 60 de edad. En el ’74 se había inscrito como aspirante a la Guardia Nacional, pero antes fue poeta, ensayista y profesor universitario. Estaba graduado en Europa y tenía dos doctorados allá. Hablaba una punta de idiomas y llegó a escribir más de 40 libros. Lo hicieron hacer orden cerrado con pibes de 20 años, ¡y al final entró como cabo! Con los años lo ascendieron a sargento…”. Hilario pregunta si nunca pasó de suboficial. “Nunca”, truena Jaime, “pero fue el ‘sumbo’ más influyente de Latinoamérica. Había considerado a Torrijos un dictador latinoamericano más; el General se enojó, lo invitó a criticar desde adentro y se fue a la Argentina a visitar a Perón”.

Martínez se convertiría en guardaespaldas de Torrijos, confidente y traductor. Revistó en las tropas especiales “Machos e’ Monte”. Cuando los yanquis hicieron las maniobras llamadas “Operación Furia Negra” en la zona del Canal, Torrijos les contestó con ejercicios a los que llamó oficialmente “Operación ¡uy, uy, uy, qué miedo!”. Todo esto lo cuenta “Chuchú” en “Mi General Torrijos”, quien murió en un “accidente” que muchos atribuyen haber sido orquestado por la CIA. Jaime promete acercanos el libro de “Chuchú”. Vuelvo a recordar a Dalton, fragmentos que me consiente la memoria: “Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre / porque se detendrían la muerte y el reposo. (…) / Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas. / Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta. / No dejes que tus labios hallen mis once letras. / Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.”

La Habana es una ciudad de sorpresas. El 24 por la mañana, los habaneros reciben un regalo hídrico, hidráulico diría, “tremendo aguacero, compay”, realista y mágico. Es de proporciones amazónicas, pero no parece que vaya a ser suficiente como para amortiguar las repercusiones derivadas de que los Cinco –que fueron esperados durante 16 años– estén en casa y de los desafíos que plantea el acuerdo de restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba.

Domingo tras domingo, cerca de la medianoche, Radio Rebelde emitía “La luz en lo oscuro”, programa dedicado en particular “a cinco oyentes en sus injustas prisiones”, aunque con una creciente audiencia general. A partir de ahora se llamará “Y se hizo la luz”; el domingo 24 asistieron los dos liberados en primer término (René González Sehwerert, 2013, y Fernando González Llort, febrero de 2014) y los tres que fueron recibidos en La Habana por el Presidente Raúl Castro el 17 de diciembre último.

René dice que se ven más baches en las calles que hace 16 años atrás, pero que Cuba, durante el “período especial” –largo lapso de crisis económica que comenzó como resultado del colapso de la Unión Soviética en 1991, así como por el recrudecimiento del embargo norteamericano de 1992–, perdió de un día al otro el 75% de su comercio y salió adelante. Fernando añade que la renovación cubana es un proceso de cambio –el “socialismo perfectible” del que habló Silvio Rodríguez–, y en general, sumados Tony (Guerrero) , Ramón (Labañino) y Gerardo (Hernández), tienen expectativas positivas acerca de las conversaciones con Norteamérica y anhelan el fin del embargo genocida.

Ramón es economista y se inclina por los proyectos comunales, cooperativos, de modo de convertir a esos colectivos “… en un interés social, y evitamos el retroceso a una propiedad privada, porque nuestra esencia es defender y fortalecer nuestro socialismo, no ir para atrás”.

Armando Hart Dávalos publica que el pueblo cubano “también deseaba el inicio de una nueva era, en las relaciones entre los gobiernos de los Estados Unidos y de Cuba”.

El 64 % de los estadounidenses, por su parte, respalda la desición de Obama en el sentido de restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba, según una encuesta de “The Washington Post” publicada el martes 23 de diciembre.
Basilio, encargado de una plantilla dedicada al resanado de aceras, dice que el tiempo va a pasar, que la política “todo lo va a embrollar”, que hay 500 mil cuentapropistas en el país y que últimamente “sólo 500 pidieron préstamos al Banco Popular de Ahorro”, lo que demuestra que el cubano no está preparado para el empleo de herramientas que son “propias del capital”. En la Plaza de Armas, en dirección inversa al Malecón, hay un tumulto bullanguero. Un mexicano le dice al otro: “no se pelean, es su forma de conversar; son cubanos”. Yenisleidis, empleada en una tienda, sentencia que “Fidel nos da lo que necesitamos, pero a veces es lindo tener lo que uno quiere”.

Son cubanos: cuando hablan de la “Madre Patria” se refieren a Cuba; uno de ellos (Martí) nos legó el concepto de la “utilidad de la virtud”; en una conversación nocturna, un habanero le dice a otro respecto de dialogar con los Estados Unidos: “no te preocupes, la historia nuestra ya está escrita”.

Suerte que no lo haya oído Silvio Rodríguez. De lo contrario, tal vez no hubiera escrito “El necio”, donde dice que cuando lo vienen a convidar a arrepentirse, a indefinirse”, a cambio de no machacar sus manos y su boca cuando la Revolución se venga abajo, él piensa que “allá Dios, que será divino, / yo me muero como viví”. Como Dalton, como Torrijos, como otros.

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