ESPíAS: La guerra de los locales tiene un contexto global

Publicado en la revista Brando. A Snowden habría que darle el Premio nobel de la Paz o un equivalente menos devaluado. A Snowden, a a Manning y a Assange. Que el Poder ejecutivo haya puesto a Marcelo Saín al frente de la Escuela de Inteligencia me parece un gran noticia.

El oscuro mundo de los espías y las filtraciones

De WikiLeaks a Snowden, pasando por los espías que ofician de intérpretes y por las acciones de la CIA con el Mossad, un repaso de los casos recientes que sacudieron el universo oscuro de los secretos de Estado



Por Claudio Mardones ​/ BRANDO​

El mundo del secreto se enrojece como un cangrejo cuando lo desnuda el escándalo público, como si fuera un sol corrosivo. En estos momentos, en la Argentina, con la muerte del fiscal especial de la causa AMIA, Natalio Alberto Nisman, febo quema como nunca. También revela, como pocas veces ha pasado en su historia reciente, un complejo entramado de relaciones inconfesables entre funcionarios, magistrados, espías, empresarios, extorsionadores, víctimas y una larga comunidad de guardianes de lo oculto. La tormenta, se sabe, había comenzado poco tiempo antes, cuando la Casa Rosada decidió descabezar la estructura de la ex SIDE y despedir o jubilar a una treintena de funcionarios secretos. Por encima del laberinto, sobrevuela un dato histórico: casi nunca la sociedad argentina ha debatido con tanta fruición el papel de la estructura del espionaje nacional que la vigila desde 1983. Sin embargo, el debate local que conmueve con la urgencia del escándalo estalló hace casi cinco años en todo el mundo. Un recorrido por ese contexto internacional puede resultar perturbador, pero aporta una justa medida para comprender la novela nacional.

Assange y Manning

En Estados Unidos y Europa, los temas relacionados con el papel intrusivo de los aparatos de inteligencia es materia de profundo debate desde 2007, aunque el calor del escándalo aceleró los tiempos a partir de julio de 2010, cuando la organización sin fines de lucro Wikileaks publicó en su sitio web 251.287 cables filtrados de la diplomacia norteamericana. La revelación derivó en la conocida persecución contra Julian Assange por parte de Estados Unidos, quien actualmente lleva casi tres años recluido en la Embajada de Ecuador en Londres, sin ver el sol. Pero quien en realidad llevó al activista de internet al estrellato fue Bradley "Chelsea" Manning, el soldado que le pasó la información. Considerado por muchos un héroe libertario, hoy está preso con una condena de 35 años, fijada por una corte militar en agosto de 2013. El ejército norteamericano, que lo removió con deshonor, pedía un máximo de noventa años de prisión. Según el gobierno estadounidense, fue encontrado culpable de veinte de los veintidós cargos que le imputaban, incluidas varias violaciones de la ley de espionaje, robo de información gubernamental o abuso de su posición de analista en Irak. La pena quedó reducida a 35 años porque resultó exculpado del cargo de "ayuda al enemigo", uno de los más duros que tenía en su contra. "Manning no mostró reacción visible ante la lectura de la condena, que se verá reducida en 1.294 días, por el tiempo ya pasado en prisión desde su detención en mayo de 2010 en Irak y por el trato abusivo que recibió en sus casi nueve meses de reclusión y aislamiento en Quantico (Virginia)", reveló la agencia EFE poco después de su sentencia.

Snowden

Dos meses antes de la condena militar contra Manning, el ex contratista de la National Security Agency y ex agente de la CIA Edward Snowden, reveló a los diarios The Guardian y The Washington Post una serie de documentos secretos sobre el enorme alcance de dos programas de la NSA (National Security Agency): PRISM y XKeyscore. Dos sistemas de vigilancia masiva que se dedican a almacenar los metadatos de centenares de miles de ciudadanos estadounidenses y de todo el mundo, a partir de la recopilación de llamados, mensajes de texto, páginas webs visitadas, whatsapps y mails. La monumental revelación de este espía experto en informática desató conflictos diplomáticos más graves que Wikileaks, porque el ex agente demostró también que la NSA intervenía las comunicaciones de los presidentes y los gobiernos de treinta países, entre los que estaban Alemania, Brasil y Argentina. Los detalles conocidos derivaron en serios reclamos de cada gobierno y, especialmente, de mandatarios aliados como la alemana Angela Merkel, cuyo celular estaba directamente "pinchado" por Washington. Hoy, Snowden busca refugio en Suiza mientras pasa sus días en Rusia, por decisión del presidente Vladimir Putin, casualmente ex agente de la KGB soviética. Dentro de Estados Unidos, es defendido por un grupo de abogados que cuentan con la coordinación de la ONG Government Accountability Project (GAP), con sede en Washington, dedicada a la defensa y a la protección de funcionarios arrepentidos de la seguridad nacional y del sistema financiero estadounidense. Dice Beatrice Edwards, directora de GAP, en diálogo con Brando: "Lo que hizo Snowden fue mostrarle al mundo que el gobierno no tiene a los terroristas bajo vigilancia, sino que está ejecutando un programa de vigilancia contra la población norteamericana y de otros países y los jefes de Estado aliados. Algo que hacen sobre millones y lo siguen haciendo. Snowden, una sola persona con algunos documentos, rompió la perspectiva del público norteamericano".

Los traductores

Entre los clásicos del espionaje internacional están los traductores. Durante años, han sido centrales en la narrativa de novelistas e historiadores de los servicios secretos. Para retratar el mundo del secreto, nada mejor que la literatura de no ficción. En ese mar de periodistas y escritores, algunos han definido a los traductores como una red de intérpretes eficientes que permiten develar los contornos del lenguaje, a partir de la necesaria función de la diplomacia internacional. Otros han ido más allá, y han definido mucho más que eso: una función que acompaña las múltiples tareas de los agentes multipropósito. Una combinación de ambas tareas vio la luz este verano, en la base militar de Guantánamo, durante el juicio castrense a uno de los detenidos ilegalmente que sigue preso en la base que Estados Unidos controla en territorio cubano. A principios de febrero, en la primera audiencia del caso contra el yemení Ramzi ben al-Chaiba, tras seis meses de pausa, el acusado le dijo al tribunal que "no podía confiar" en la persona que le servía de intérprete, porque sabía que antes "había trabajado en un sitio oculto’ con la CIA" y aseguró que lo "conocía desde entonces". Al-Chaiba es uno de los cinco acusados en ese proceso. A su reclamo se sumó la abogada Cheryl Bormann, defensora de Walid ben Attach, otro acusado: "Tenemos exactamente el mismo problema. Mi cliente me ha dicho esta mañana que hay alguien en esta sala que participó en tortura ilegal". Finalmente, los abogados de cuatro de los cinco acusados, entre ellos el supuesto cerebro de los atentados del 11 de septiembre, Khaled Sheikh Mohammed, pidieron al juzgado que resolviera acerca de la presencia del intérprete. Son tiempos, sin duda, en los que nada es lo que parece.

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