OPINIÓN. La enseñanza de Néstor, por Alberto «Beto» Schprejer

Foto: Néstor en una asamblea de Carta Abierta en Parque Lezama.
El proceso de reconstrucción de la Nación Argentina con índices crecientes de autonomía, movilidad y ascenso social, progresiva redistribución de recursos y riquezas, parece haber terminado y dado paso a una nueva versión de una vieja partitura: la subordinación a la estrategia de los EEUU, la integración al sistema financiero internacional y el consiguiente cambio en las alianzas estratégicas de la Argentina. La variable de ajuste vuelven a ser el empleo y los salarios de los trabajadores. ¿Será así?
Desde el No al Alca, Argentina junto con Brasil y Venezuela fundaron el marco regional para un creciente proceso de sustitución de importaciones, creación de millones de puestos de trabajo y desarrollo de la industria nacional, que sin embargo comenzó a mostrar en los últimos años signos de cierto agotamiento. El crecimiento sostenido de la economía puso en marcha una política energética que, dadas las circunstancias, se caracterizó por un fuerte pragmatismo. Desde la expropiación del 51% del paquete accionario de Repsol –YPF hasta el acuerdo YPF-Chevron por Vaca Muerta, los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner se fijaron obsesivamente el objetivo de conseguir soberanía energética a la par que siguiera funcionando la caldera industrial de la Argentina. Esto, sumado a la política de desendeudamiento produjo desequilibrios en la cuenta externa de la Nación.
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Néstor no sentó a un perro en el sillón, sentó a Juan Carlos Livraga, sobreviviente del fusilamiento de los basurales de José León Suárez.

Con Néstor  Kirchner no solo se revalorizó la institución presidencial y se refundó la política, sino que además el Estado comenzó a cumplir el rol de constructor del Proyecto Nacional que surgía de la reindustrialización de la Argentina con inclusión social. Se reconocieron viejos derechos como el de la negociación colectiva de salarios y condiciones de trabajo y el Estado fue vanguardia en admitir nuevos derechos como el del matrimonio entre personas del mismo sexo. Con el acuerdo de los tres poderes del Estado se derogaron las leyes de obediencia debida y punto final lo que permitió llevar a juicio a muchos responsables de delitos de lesa humanidad que permanecían impunes.
Este proceso de crecimiento fue posible porque desde la cima del poder del Estado hubo claridad sobre las dos cuestiones más importantes de ese tiempo, en primer lugar que el objetivo del proceso iniciado el 25 de Mayo de 2003 no era otro que reconstruir una Nación con más democracia y participación del pueblo, con autonomía en la toma de decisiones, con una industria nacional pujante y una clase trabajadora con crecientes derechos sociales, con aumento del producto bruto y del consumo popular, con progresivo aumento del valor agregado de nuestra producción agropecuaria e industrial. Ese era el “mandato” de la revuelta de 2001. En segundo lugar, Néstor Kirchner tuvo muy claro desde el comienzo el desafío que tenía por delante, aquel 22% con el que llegó a la Presidencia lo obligó a ampliar su poder político, lo impulsó a “seducir” a otros sectores, y lo llevó a “hacer política”, en el sentido que lo decía Perón, “la política no es mandar, es persuadir, es convencer”. Así, casi de la nada, construyó una nueva versión de aquella vieja idea de que la Argentina podía ser más Justa, más Libre y más Soberana.
Esa enseñanza, esa virtud surgida de la necesidad, no fue suficientemente valorada. Su lamentable y rápida partida no permitió comprender el sentido profundo y sencillo de su accionar. Pocos eran los que en 2002-2003 creían posible la reconstrucción de Argentina, luego de que fuera destituido De la Rua por una movilización popular que dio fin al lifting de la convertibilidad que intentara la Alianza UCR-FREPASO. En el pueblo era mayoría la ideología del sálvese quien pueda, el individualismo acentuado por la desconfianza en la política y las instituciones de la democracia. Y sin embargo, ladrillo sobre ladrillo, la Argentina fue reconstruyéndose en base a la sencilla fórmula de crear trabajo y aumentar, sistemáticamente, el poder de compra de los salarios. Los millones de nuevos empleos recrearon el poder histórico del Movimiento Obrero y de la mano de la sabia conducción de Nestor, el Peronismo dio vuelta la página de la traumática década neoliberal-menemista, antagónica con su historia y su doctrina.
En paralelo, Nestor fue “suturando” las heridas que el pasado había dejado en el seno del Peronismo, profundizando un camino que se había iniciado con la Renovación Peronista. La fratricida lucha interna de los años 70 que abriera el camino al golpe de estado de 1976 entre la “tendencia” y el “movimiento obrero”, fue reemplazada por la política de memoria, verdad y justicia, el abrazo a las madres y las abuelas, el díálogo, el acuerdo y la construcción de un destino común basado en el proyecto histórico del Peronismo. Ladrillo sobre ladrillo, Nestor fue ampliando su poder de convocatoria a otros sectores, progresistas, socialistas y radicales.
Lamentablemente, esa enseñanza ha sido dejada de lado. La conducción de nuestro movimiento se ha encerrado en un pequeño círculo y no ejerce el diálogo con todos los sectores, que es la esencia de la conducción. Ese encierro y cierto agotamiento del proyecto económico nos ha llevado a la derrota electoral que ha sido esencialmente una derrota política, y hay coincidencias en que hubo errores en la conducción del proceso electoral, destacándose la falta de apoyo a nuestro candidato y la ausencia de una interna ordenada del movimiento.

Pero otros compañeros directamente han olvidado la enseñanza de Néstor, porque no hay destino común si no respetamos una de nuestras máximas verdades, aquella de “todos unidos triunfaremos”. Es entendible que los gobernadores e intendentes peronistas tengan una posición negociadora e inclusive nuestras representaciones parlamentarias. Lo que es inadmisible es la ruptura de los bloques de diputados del FPV, hacer la vista gorda ante los despidos masivos y la detención de Milagro Sala, callar ante la vuelta de la policía de mano dura o ante la derogación de las retenciones a las exportaciones mineras, todo en nombre de un nuevo cantito que se está poniendo de moda: “queremos que le vaya bien a Macri, porque si le va bien a Macri le va bien a la Argentina”.¿Si le va bien a Macri le va a ir bien a la mayoría de los Argentinos?

A 70 años de su nacimiento, el Peronismo del siglo XXI, el kirchnerismo, tiene el desafío de volver a conquistar la confianza del pueblo, por eso los que dan por terminado al FPV y el proceso iniciado el 25 de Mayo de 2003 y salen raudos a pactar con el vencedor, deberían recordar que este no quiere construir sobre lo construido, sino sólo abaratar los salarios de los trabajadores mediante despidos, devaluación, quita de retenciones al campo y destruir lo más rápido posible el ascenso social de estos doce años. Se equivocan los que quieren construir un Peronismo adocenado, reverente y civilizado. Siempre seremos rebeldes y resistentes, siempre un movimiento, no la suma de patrullas perdidas. Unidos y solidarios, nuestra razón de ser es la defensa de los trabajadores y del pueblo, aunque muchos de ellos nos den la espalda. Esa es nuestra ideología. Es la enseñanza de Néstor.

 

Comentario (1)

  1. AvatarRuben

    Si alguien escucha decir eso , tengan por seguro que no es un compañero jejej

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