OPINIÓN. Pueblo o corporaciones, por Horacio Ghilini

Vigencia de las organizaciones libres del pueblo

HoracioGhillini

El Congreso de la Nación aceptó que un DNU derogue una ley, entre otras, que tuvo amplísima participación popular.

POR HORACIO GHILINI, secretario general de SADOP / http://www.trabajoyeconomia.com.ar

El conflicto que parte el campo político entre el kirchnerismo y otras expresiones electorales volvió a manifestarse de nuevo, esta vez en el programa televisivo que conduce Gustavo Silvestre en el canal C5N. Fue en la emisión del miércoles 13 de abril cuando la diputada del partido socialista Alicia Ciciliani se refirió al tratamiento de una nueva ley de medios.

Dijo que ahora sí el Congreso va a trabajar sobre un proyecto de ley que surgirá del consenso, condición antidemocrática que fue impuesta por el neoliberalismo en reemplazo del acuerdo.

Según Ciciliani, quien suele hablar desde un lugar apolítico, el de la moral, ahora sí y por fin va a haber una ley de medios que merezca ese calificativo porque será resultado del consenso parlamentario y no como la anterior a la que calificó de anticuada. Quedó implícita en su afirmación que la anterior ley no era producto de ese consenso. La pregunta que impone el juicio de Ciciliani es sobre cuál fue el origen de la ley de medios que presentó el kirchnerismo en el Congreso y la respuesta es que nació del trabajo de las organizaciones libres del pueblo. Fue uno de los mayores procesos de participación ciudadana en la construcción de una ley que incluyó las opiniones de cerca de 10 mil personas en 24 foros realizados en todo el país.

Para la corporación de políticos que se representa a sí misma mediante la coartada de elegir la moral como base de sus posiciones, artilugio que niega la representación popular y esconde la condición de mandatarios de intereses económicos particulares que portan algunos de sus integrantes, hacer aprobar por el Parlamento una propuesta surgida desde las organizaciones libres del pueblo es un peligro porque abre las puertas a una corriente de hechos que esa corporación no controla por su propia impotencia, resultado de haber elegido no asumir el conflicto como origen y destino de la política. De esa forma es funcional a los poderes constituidos y recibe el reconocimiento público que estos crean a través de sus socios mediáticos mediante el procedimiento de enajenar la participación popular sustituyéndola por audiencias que hacen suyas la necesidad de esos poderes.

El kirchenerismo asumió, premeditadamente o no y con limitaciones severas en algunos casos, ser el peronismo del siglo XXI. Eligió ser el hecho maldito de la burguesía, bloque que tiene en las organizaciones libres del pueblo a un enemigo, a veces fantasmático y otras, menos, real. Los sindicatos tienen mucho para hacer en esa disputa. Lo resumió Agustín Rossi en una sesión de la Cámara de Diputados cuando dijo “sincerémonos: estamos aquí para representar los intereses del pueblo o de las corporaciones”. Y el pueblo es el que necesita trabajar para vivir. Necesita de su representación política y de sus sindicatos.

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