DICTADURA FINANCIERA. En Nueva York, los ciudadanos cada vez recelan más de Wall Street

En Nueva York, donde es vox populi que en las internas hubo un fraude monumental contra Sanders y a favor de Hillary Clinton, los ciudadanos se muestran cada vez más enojados con la dictadura del poder financiero. Ya Franklin D. Roosevelt había ordenado que ningún esbirro de JP Morgan se infiltrara en su gobierno. En Argentina, de la mano de Macri y con Prat Gat, están en el poder. JS

Neoyorquinos contra Wall Street

MeyersonHAROLD MEYERSON / SIN PERMISO / THE AMERICAN  PROSPECT

Wall Street ha perdido claramente la batalla de la opinion pública en 2016. Que eso significa que vaya a perder la batalla por el poder en 2017 es, ay, otra cuestión.

La encuesta a pie de urna de las primarias presidenciales de Nueva York del martes pasado [19 de abril] preguntaba a los votantes si creían que Wall Street ayudaba a perjudicaba a la economía. Como no es de sorprender, un 63 % de los votantes demócratas afirmó que resultaba perjudicial mientras que sólo un 43 %  dijo que fuera de ayuda. Considerando que Nueva York es solo uno de los tres estados (junto a Connecticut y Nueva Jersey) en los que vive la gente de Wall Street, este rechazo bipartidista tiene que dolerle a Wall Street como un tajo más fuerte.

Cuando los sondeos revelan las respuestas de los votantes a los diversos candidatos presidenciales, las cifras demócratas no resultan tan sorprendentes. Entre el 30 % de los demócratas que creen que Wall Street es de ayuda a los demás, un 79 % apoyó a Hillary Clinton y un 21 % a Bernie Sanders. Entre el 63 % que pensaba que Wall Street trata como un trapo a todos los demás, un 46 % era partidario de Hillary y un 54 % respaldaba a Bernie.

Los votantes republicanos, por contraposición…Bueno, he aquí lo que decían los votantes republicanos: entre el 48 % que declaraba que Wall Street es perjudicial para la economía, un 15 % respaldaba a Ted Cruz, un 25 % apoyaba a John Kasich y un 60 %  se decantaba por Donald Trump. Entre el 43 % que creía que beneficia a la economía, un 15 % respaldaba a Cruz, un 24 % a  Kasich, y un 61 % Trump. En las primarias del martes, un 15 % de votantes republicanos respaldó a Cruz, un 25 % a Kasich, y un 60 % a Trump.

¿Detectamos aquí algún patrón? Estos tres conjuntos electorales diferenciados constituyen partes idénticas de las multitudes del “Me gusta Wall Street” y “Odio Wall Street”, lo que a su vez deja claro que los tres candidatos republicanos no se han diferenciado respect a la cuestión o no la han subrayado siquiera de modo que influya en cualquiera de sus votantes. Pero pese al fracaso de cualquiera de los candidatos republicanos a la hora de suscitar la cuestión, una clara pluralidad de votantes republicanos —a falta de toda indicación por parte de Trump, Cruz, o Kasich (o por lo que a eso respecta, de cualquiera de los catorce candidatos republicanos anteriores que ya han abandonado la carrera) — afirma que el efecto de Wall Street sobre el país es negativo.

En el lado de los demócratas, el hecho de que los clintonianos superen en número a los sanderistas por un margen de cuatro a uno entre quienes tienen buena opinión de Wall Street, refleja la que puede ser la diferencia más fundamental entre los dos candidatos: Sanders reconoce la existencia de una guerra de clases y le pone nombre al enemigo a (Wall Street); Clinton, paseándose tranquilamente por el trillado camino de todo líder político destacado desde Franklin Roosevelt (aunque sin incluirle a él), no hace nada de este género.

Clinton ha condenado determinadas prácticas de Wall Street y ha propuesto reformas, pero reconocer que el sector financiero ha crecido a expensas del resto del país y que debe disminuir y limitarse en gran medida si se quiere que la clase media crezca de nuevo, está claro que no resulta plato de su gusto. A diferencia de Sanders, no respaldará los impuestos a las transacciones financieras comunes en muchos países europeos, salvo en el caso de los operadores de alta frecuencia; no apoyará un aumento global en el impuesto a las ganancias del capital (lo apoya sólo en el caso de los inversores a corto plazo solamente); no está favor de dividir los bancos grandes (aunque sí está a favor de controlar la banca en la sombra no regulada). Tanto Clinton como Sanders quieren reducir de verdad la desigualdad de rentas y tienen multiples propuestas para llegar a ello, pero Sanders va más allá de ello cuando trata de darle la vuelta al flujo, que dura ya cuatro décadas, del trabajo hacia el capital.

Últimamente, Sanders ha sido víctima de ataques de partidarios de Clinton por sus persistentes críticas a sus conferencias en Goldman Sachs y otros mastodontes de Wall Street. No conozco ningún sondeo público que haya distinguido las diversas causas del declive de la creencia pública en la honestidad y fiabilidad de Clinton, pero el acento que Sanders pone en las conferencias en Goldman seguramente contribuyó a su problema de credibilidad. Para empezar, fue, por supuesto, un acto de estupidez política por parte de Clinton pronunciar esas conferencias, después de que sucediera, como sucedió, la Gran Recesión, Occupy Wall Street, y de la creciente toxicidad de los grandes bancos a ojos de la opinión pública. Dicho esto, al poner de relieve las conferencias de Clinton, Sanders ha arrojado verdaderamente un foco de luz sobre una de sus más patentes vulnerabilidades.

Sin embargo, puede que sus ataques hayan tenido un efecto positivo de forma muy particular. Si resulta elegida Clinton, se enfrentará a enormes presiones para mantener a destacadas figuras de Wall Street fuera de su equipo económico más importante. Entre ellos se cuenta gente semejante a Robert Rubin y Timothy Geithner, que fueron quienes formularon la política económica de las administraciones de Bill Clinton y Barack Obama de forma que apuntalaron los grandes bancos, y dañaron la economía real, o, si se quiere, ese capital privilegiado a expensas del trabajo.

Cuando Franklin Roosevelt andaba considerando a quién nombrar para los puestos más altos del Tesoro en los meses que mediaron entre su elección en 1932 y la inauguración presidencial, le comentó a su ayudante, Raymond Moley que no podía nombrar “a nadie del 23”: el 23 de Wall Street era la dirección del banco J.P. Morgan. Al poner de relieve los lazos de Clinton con Wall Street, Sanders no la ha perjudicado hasta el punto de vaya a ser él quien sea designado como candidato por los demócratas, pero ha hecho más difícil que elija a alguien del 23 de hoy. Y al obrar así, ha obligado a Clinton, si es elegida, a ser mejor presidente.

¿Quién es Harold Meyerson?

Columnista del diario The Washington Post y editor general de la revista The American Prospect, está considerado por la revista The Atlantic Monthly como uno de los cincuenta columnistas mas influyentes de Norteamérica. Meyerson es además vicepresidente del Comité Político Nacional de Democratic Socialists of America y, según propia confesión, «uno de los dos socialistas que te puedes encontrar caminando por la capital de la nación» (el otro es Bernie Sanders, combativo y legendario senador por el estado de Vermont).

Fuente:

The American Prospect, 21 de abril de 2016

Traducción: Lucas Antón

Comentarios (2)

  1. Hans R

    CAMPAÑA DE CONCIENTIZACIÓN.

    1 offshore = paso previo al delito.
    2 offshores = delito.
    3 offshores = asociación ilícita.
    4 offshores = crimen organizado.
    5 offshores = usureros.
    6 offshores = represores.
    7 offshores = sociópatas peligrosos.
    8 offshores = genocidas.

    NOS ESTAN ROBANDO, NOS ESTAN MATANDO.

    Responder
  2. Hans R

    Psiquiatría y Psicología.

    Sería muy interesante que alguno de los psicólogos y psiquiatras que pululan por los medios a la hora de socializar culpas por las desgracias que sufrimos, analicen el PERFIL SOCIOPATICO de las élites que nos gobiernan. El caso americano y el argentino actual son muy ilustrativos.

    Responder

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: