AMNESIA. Ofensiva macrista por el olvido: Ablación del prólogo kirchnerista al “¡Nunca más!” y conversión de la ESMA en un área de servicios

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Avruj, en su despacho de la ex ESMA con familiares de militares condenados por crímenes de lesa humanidad.

Está en marcha una blitzkrieg restauradora de la “Teoría de los dos demonios” que busca diluir la noción de Terrorismo de Estado.

(Por J.J.S.) En visperas de la magna, megamanifestación (y de otras más pequeñas, pero igualmente entusiastas, en Rosario y varias capitales provinciales) del pasado 24 de marzo, se publicó una interesante nota que luego de historiar por qué el prólogo original del Nunca más (el informe final de la CoNaDep, cuyo principal redactor fue Ernesto Sábato) había sido completado/rectificado en 2006 por un segundo prólogo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, escrito por el entonces titular de ésta, Eduardo Luis Duhalde (foto), a fin refutar “la teoría de los demonios” y su pretensión de equiparar la violencia ejercida por particulares (los miembros de las organizaciones guerrilleras de los años ’70) con la desatada por los ejecutores del Terrorismo de Estado, que el primer prólogo proclamó desde su inicio. Ya desde el título (“¿Habrá un tercer prólogo al Nunca más?”), la autora, Maria Beatriz Gentile, se preguntaba si en el futuro se le añadiría un tercer prólogo. No hubo que esperar mucho para tener la respuesta: para quienes llegaron a la dirección de la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba), que tiene los derechos de la obra, de la mano de la alianza  Cambiemos, les resultó más fácil extirpar el prólogo de Duhalde que embarcarse en la ardua tarea de terciar entre las posiciones expresadas por Sábato y Duhalde. Cercenamiento que alinea a este órgano autónomo pero estatal con quienes quieren, como mínimo, retrotraer todas las luchas por la sanción efectiva de los crímenes de lesa humanidad al día de 1985 en el que el fiscal Julio César Strassera, un arrepentido (había colaborado con el exterminio rechazando habeas corpus presentados por los familiares de los desaparecidos) pronunció la frase (“¡Nunca más!”) que se haría célebre.

Propósito que surge diáfano de las últimas declaraciones del secretario de Derechos Humanos actual, acerca de los avanzados planes gubernamentales para reconvertir el Espacio para la Memoria establecido en lo que fue la Escuela de Mecánica de la Armada en un “Centro Cívico Internacional”, es decir de diluir su contenido de monumento recordatorio, de ¡Nunca más! al Terrorismo de Estado.

Esa reconversión se pretende hacer en medio de innúmeras amenazas de bomba que producen la desocupación compulsiva del enorme predio (17 hectáreas) impidiendo cualquier actividad organizada, amenazas que ya pasan de las 35 (sin que quienes las formulan se hayan molestado jamás en dejar aunque sea una caja de zapatos con un cable adentro, de modo que como quien dice corrieron al personal sin siquiera esgrimir no ya una espada: ni siquiera su vaina) y que se iniciaron el año pasado sin que al entonces secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda (que nunca se apersonó en el lugar) se le haya ocurrido ante su reiteración más que autorizar que se instalara adentro de la Exma un camión de la Brigada de Explosivos de la Policía Federal… cuando en vida de Duhalde estaba tajantemente prohibido ingresar al predio con armas (la “Operación Hijitus” fue un fracaso estrepitoso y Cristina haría bien en tomar nota de ello).

Aquí, las declaraciones en las que Avruj adelanta los avanzados planes gubernamentales para diluir el Espacio para la Memoria.

A continuación y a modo de homenaje,  el cercenado prólogo de Duhalde, en muchos sentidos, un prócer irremplazado.

 

EDICIÓN DEL 30 ANIVERSARIO

DEL GOLPE DE ESTADO

 

Nuestro país está viviendo un momento histórico en el ámbito de los derechos humanos, treinta años después del golpe de Estado que instauró la más sangrienta dictadura militar de nuestra historia. Esta circunstancia excepcional es el resultado de la confluencia entre la decisión política del gobierno nacional, que ha hecho de los derechos humanos el pilar fundamental de las políticas públicas, y las inclaudicables exigencias de verdad, justicia y memoria mantenidas por nuestro pueblo a lo largo de las últimas tres décadas.

A partir del restablecimiento de las instituciones constitucionales, el 10 de diciembre de 1983, hubo grandes hitos como el informe de la CONADEP, que hoy vuelve a reeditarse, y el juicio a los integrantes de las tres primeras juntas militares, entre otros procesos judiciales. Hubo también pronunciados retrocesos como las llamadas leyes de “punto final” y de “obediencia debida” y los indultos presidenciales a condenados y procesados por la justicia federal.

Las exigencias de verdad, justica y memoria están hoy instaladas como demandas centrales de vastos sectores sociales. Como lo afirmaban las Madres de Plaza de Mayo ya bajo la dictadura militar, cuando planteaban los dilemas de la verdadera reconciliación nacional, “el silencio no será una respuesta ni el tiempo cerrará las heridas”.

Por ello, recordar el pasado reciente con la reedición del NUNCA MÁS este año del 30 Aniversario del golpe de Estado de 1976 tiene un significado particular cuando, a instancias del Poder Ejecutivo, el Congreso ha anulado las leyes de impunidad y una Corte Suprema renovada las ha declarado inconstitucionales y ha confirmado el carácter imprescriptible de los crímenes de lesa humanidad.

Reafirmar el valor de la ética y de los derechos humanos en la profunda crisis heredada de dictadura militar y de las políticas neoliberales no es una retórica declaración de principios en la Argentina posterior a los estallidos sociales de diciembre de 2001. Se trata de afianzar la ética de la responsabilidad en todos los órdenes de la actividad pública y la única manera de otorgar a las políticas públicas un contenido de justicia real y concreto.

Hace dos años, el 24 de marzo de 2004, se firmó en el predio de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) el Acuerdo para establecer el Espacio de la Memoria entre el Gobierno Nacional y el de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que puso fin de manera simbólica a cualquier intento de justificación de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el terrorismo de Estado.

Es preciso dejar claramente establecido –porque lo requiere la construcción del futuro sobre bases firmes- que es inaceptable pretender justificar el terrorismo de Estado como una suerte de juego de violencias contrapuestas como si fuera posibles buscar una simetría justificatoria en la acción de particulares frente al apartamiento de los fines propios de la Nación y del Estado que son irrenunciables.

Por otra parte, el terrorismo de Estado fue desencadenado de manera masiva y sistemática por la Junta Militar a partir del 24 de marzo de 1976, cuando no existían desafíos estratégicos de seguridad para el statu quo, porque la guerrilla ya había sido derrotada militarmente. La dictadura se propuso imponer un sistema económico de tipo neoliberal y arrasar con las conquistas sociales de muchas décadas, que la resistencia popular impedía fueran conculcadas. La pedagogía del terror convirtió a los militares golpistas en señores de la vida y la muerte de todos los habitantes del país. En la aplicación de estas políticas, con la finalidad de evitar el resurgimiento de los movimientos políticos y sociales, la dictadura hizo desaparecer a 30.000 personas, conforme a la doctrina de la seguridad nacional, al servicio del privilegio y de intereses extranacionales. Disciplinar a la sociedad ahogando dirigentes de comisiones internas de fábricas, sindicalistas, periodistas, abogados, psicólogos, profesores universitarios, docentes, estudiantes, niños jóvenes, hombres y mujeres de todas las edades y estamentos sociales fueron su blanco. Los testimonios y la documentación recogidos en el NUNCA MÁS son un testimonio hoy más vigente que nunca de esa tragedia.

Es responsabilidad de las instituciones constitucionales de la República el recuerdo permanente de esta cruel etapa de la historia argentina como ejercicio colectivo de la memoria, con el fin de enseñar a las actuales y futuras generaciones las consecuencias irreparables que trae aparejada la sustitución del Estado de Derecho por la aplicación de la violencia ilegal por quienes ejercen el poder del Estado, para evitar que el olvido sea caldo de cultivo de su futura repetición.

La enseñanza de la historia no encuentra sustento en el odio o en la división en bandos enfrentados del pueblo argentino, sino que, por el contrario, busca unir a la sociedad tras las banderas de la justicia, la verdad y la memoria en defensa de los derechos humanos, la democracia y el orden republicano.

Actualmente tenemos por delante la inmensa tarea de revertir una situación de impunidad y de injusticia social, lo que supone vencer la hostilidad de poderosos sectores que con su complicidad de ayer y de hoy con el terrorismo de Estado y las políticas neoliberales la hicieron posible. Por ello, al mismo tiempo nos interpelan los grandes desafíos de continuar haciendo de la Argentina, frente a esas fuertes resistencias, no sólo un país más democrático y menos autoritario, sino también más igualitario y más equitativo.

El NUNCA MÁS del Estado y de la sociedad argentina debe dirigirse tanto a los crímenes del terrorismo de Estado –la desaparición forzada, la apropiación de niños, los asesinados y la tortura- como a las injusticias sociales que son una afrenta a la dignidad humana.

El NUNCA MÁS es un vasto programa a realizar por el Estado nacional, por las provincias y municipios y por la sociedad argentina en su conjunto, si queremos construir una Nación realmente integrada y un país más justo y más humano para todos.

Marzo de 2006

SECRETARÍA DE DERECHOS HUMANOS DE LA NACIÓN

 

 

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