MURIÓ RAIMUNDO ONGARO. Con él y la CGT de los Argentinos comenzó la cosa

Foto de Ronberto Bacardini.

Pensaba escribir algo decente, pero si lo hago, no llegó a despedirme de él en la Federación Gráfica Bonaerense. Me limito pues a decir que fue bajo el ala de la CGT de los Argentinos y de la suya que comencé mi militancia política como miembro de un minúsculo grupo de estudiantes secundarios con sede en la buhardilla del entrepiso del local de la Acción Sindical Argentina (ASA, su principales dirigentes era Armando Croatto y Oberlin, según recuerdo) de la calle Combate de los Pozos (hoy local de ATE) y actividad, además de en los colegios (particularmente el Nacional de Buenos Aires y el Pueyrredón), en el Bloque Peronista de la Zona Sur de la CGTA, basado en Avellaneda y que solía hacer sus reuniones en iglesias, reuniones en las que recuerdo que alguna vez fue el propio Ongaro. Con él y con Taco Ralo comenzó la cosa. Que me trajo a mi hasta aquí, y a tantos los llevó a la fosa.

El próximo congreso normalizador de la CGT debería llevar su nombre.

PS: Cristina fue al velorio y dijo frente al cuerpo yacente del gran sindicalista: “Raimundo enfrentó a todos los sindicalistas que querían traicionar a Perón, al vandorismo. Marcó un hito para mi generación y para la historia. La CGT de los Argentinos marcó un hito, que fue el de la lealtad a un proyecto político y a la patria. Por eso hoy era tan importante estar aquí junto a él. Raimundo fue un sindicalista muy comprometido y lo fue hasta el último día de su vida.”

Comparto con ustedes el texto que subió a su Facebook desde México “Ronberto Bacardini”, esto es el escritor Roberto Bardini:

Combativo, culto, creyente, místico… Solidario con la juventud, no discriminó a pibes ex tacuaras o troskos, a los que encaminó por la buena senda. Se enfrentó a Onganía y Lanusse mientras otros negociaban, estuvo preso catorce veces y la Triple A asesinó a uno de sus hijos. De viejito, extravió un poco la brújula, pero nunca robó, ni se enriqueció, ni se atornilló a un sillón. Con defectos y todo, fue de los buenos, quizás el mejor: los de ahora no le llegan a las rodillas. Descanse en paz, Raimundo Ongaro.

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