AMIA – Encubrimiento / 3. El repelente ex capitán Vergez ofrece detalles escabrosos de su apriete a Telleldín

Ayer se publicó aquí una versión de la audiencia nº 59 por el juicio de encubrimiento a los asesinos de la AMIA, realizada el jueves. A continuación publicamos otra, escrita por Claudio Gustavo Goldman, que está cubriendo el juicio. Mucho debemos agradecer esta circunstancia, ante el “cono de silencio” que han puesto sobre el juicio los medios comerciales. Si no fuera por Goldman y algún otro, no nos enteraríamos de nada.

Además de la denuncia del repelente capitán Vergez al ex secretario de Inteligencia –imputado en la causa- Hugo Anzorreguy, hay más detalles del aprieto a que sometió Vergez a Telleldín en nombre del Gobierno nacional de entonces para que acusara falsamente a unos muchachos paraguayos de familia libanesa detenidos a causa de su condición de productores marginales de marihuana, de ser miembros de Hezbolá y partícipes del atentado.

Como en el caso de Lejtman, Vergez se abstuvo de decir quien lo había contratado, aunque en su caso es probable que nunca haya estado –como si lo estuvo el periodista- con el alto funcionario del Gobierno que ofrecía financiar el desvío de la investigación, que en ambos casos es la misma persona.

Luego del testimonio de un agente de la «Sala Patria» de la SIDE, de postre y yapa la admisión de Raúl Kollman de que al cubrir el caso, le cuidaba el tujes al jefe de la DAIA, Beraja, porque le tenía simpatía.

Al grano:

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Vergez se creyó impune y relató parte de sus hazañas.

La audiencia fue tan accidentada como rica en novedades. Con  atraso comenzó la declaración -por videoconferencia desde Córdoba- del ex capitán del Ejército Héctor Pedro Vergez, condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención La Perla, emplazado cerca de la ciudad de la capital de aquella provincia.

Previamente, una secretaria de un tribunal local, de apellido Sayago, leyó un acta que había redactado en base a otra recibida desde Buenos Aires, en la cual se consignaba que el testigo había sido asesor del ex secretario de Inteligencia Hugo Anzorreguy y que también conocía al destituido juez Juan José Galeano y a los ex fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia.

Acto seguido y tras el juramento de rigor, el fiscal Roberto Salum inició un tortuoso interrogatorio, por las dificultades de la comunicación y porque Vergez contestaba lo que quería, más allá de lo que le preguntaban.

“En 1994 tenía panaderías en Chivilcoy y meses después del atentado fui a visitar al capitán (retirado) Jorge Acosta, un amigo mío del Destacamento de Inteligencia 141, quien me presentó a (Daniel) Romero, un agente inorgánico de la SIDE”, relató “Vargas” (el nombre que utilizaba en sus labores represivas). Romero me preguntó si conocía a (el último poseedor conocido de la camioneta usada como coche-bomba, Carlos) Telleldín y le dije que sí, de muy chiquito, porque su padre (Raúl) había sido mi contacto extraoficial con el D2 (Departamento de Informaciones de la Policía) de Córdoba en 1975”, tras lo cual “trabajé unos meses con él para la SIDE y me pagaron poco: 12.000 pesos”, agregó. Pero luego, cuando Salum le preguntó cuándo había sido asesor de Anzorreguy, Vergez lo negó: “no lo conozco, nunca en mi vida lo vi”. Tras algunos minutos de desconcierto, finalmente el secretario del TOF nº 2 informó que, por error, habían enviado a Córdoba un acta con información incorporada que no había sido aportada por el testigo. Aun así, a Galeano “lo vi dos veces en su despacho, una en el edificio viejo de Tribunales y otra acá”, en Comodoro Py 2002; “un fiscal, hijo de un capitán de navío, me dijo que podía hablar con confianza con él”, agregó Vergez, que dijo que conoce a Mullen y Barbaccia por su actuación en la “causa AMIA”, e incluso a este último lo recuerda del juicio oral anterior, en el cual declaró dos veces.

Ante las dificultades de comunicación y habida cuenta que el testigo será trasladado mañana al penal de Ezeiza, tras una veintena de minutos Salum mocionó interrumpir su declaración y que la complete otro día en el estrado, a lo cual nadie se opuso y el tribunal decidió reprogramarla para el lunes, pese a que había otras personas citadas.

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Pero las sorpresas no terminaron ahí, ya que mientras se debatía esa cuestión y como no lo dejaban hablar, Vergez gritó: “¡Esto es importante: Anzorreguy me mandó a matar; estoy vivo de casualidad y lo voy a denunciar!”, pero el presidente del TOF por esta quincena, Néstor Costabel, le informó que su testimonio había sido suspendido y le impidió explayarse. No obstante lo cual, José Ubeira, de la querella de los ex policías bonaerenses, pidió “que se extremen las medidas de seguridad porque es un testigo importante”, lo cual el juez concedió. Según consta en la causa, el 24 de enero de 1995 Vergez se presentó en el Juzgado Federal N° 9, dijo llamarse Héctor Pedro y ser “pariente” de Telleldín, y pidió autorización para conversar con él en la Unidad 28 del Servicio Penitenciario Federal, la cárcel de Caseros. Galeano accedió, pero desde el penal informaron que las visitas de familiares no estaban permitidas, así que el 30 de enero el testigo, quien esa vez dijo ser “allegado” al imputado, solicitó entrevistarse con él en la secretaría del juzgado.

Ello ocurrió el 2 de febrero y por una media hora. Luego habrían mantenido otras reuniones -unas cuatro- en Caseros, que Telleldín denunció el 4 de abril ante Galeano y relató que también participó (Daniel) Romero y que ambos se presentaron como personal de la SIDE. También habría estado una persona de apellido Luna.

Esos encuentros fueron filmados sin conocimiento del detenido y las cintas, entregadas al juez y la SIDE. Telleldín denunció que le ofrecieron un millón de dólares a cambio de reconocer como quienes se habían llevado la camioneta a tres libaneses detenidos en Paraguay por tráfico de drogas.

Tanto Romero como Vergez lo negaron, pero su credibilidad es tan confiable como la de Telleldín. El tema se habría tocado en tres reuniones en Caseros hasta que el “doblador” de autos Telleldín echó al ex capitán y le dijo que no lo atendería más, tras lo cual éste habría “apretado” a su entonces mujer, Ana María Boragni, quien en este juicio dijo que le ofreció plata para pagar la fianza en una causa por falsificación de dinero en la que ella estaba acusada.

En el debate anterior, el testigo dijo que ella le pidió 3.000 pesos con ese fin.

Testigo secreto, careo anunciado, indagatorias pedidas

 

Tras un cuarto intermedio hasta el mediodía, declaró hoy, jueves, sin público ni prensa, en el juicio oral y público por encubrimiento de autores o cómplices del atentado a la AMIA el ex agente de inteligencia Luis Ruiz Díaz, quien participó en el operativo del primer pago de 200.000 dólares al último poseedor conocido de la camioneta (supuestamente) usada como coche-bomba, Carlos Telleldín, para que acusara -se presume que falsamente- a ex policías bonaerenses. Fue el 5 de julio de 1996, en la sucursal de Ramos Mejía del Banco Quilmes, ocasión en que el agente inorgánico Juan Carlos Legascue acompañó a los entonces mujer y abogado del acusado, Ana María Boragni y Víctor Stinfale, ambos imputados en este juicio justamente por haber cobrado ese dinero.

Según Memoria Activa, el testimonio del ex espía “dejó en evidencia el poco profesionalismo y la baja instrucción del personal que integraba el organismo”.

Hacia el final de la audiencia, presidente del Tribunal Oral Federal Nº 2 por esta quincena, Néstor Costabel, anunció que el jueves próximo se llevará a cabo el careo que el ex presidente de la DAIA Rubén Beraja pidió con el periodista Raúl Kollmann, quien -entre otras cosa saseguró que éste le habría dicho, en su despacho del desaparecido Banco Mayo, “que la comunidad debía disculparse con (el Presidente de la época, Carlos) Menem porque le había hecho mucho daño”, aunque no lo publicó “para protegerlo porque era muy ‘en falsa escuadra’ y le tenía cariño”.

Asimismo, el ex fiscal Eamon Mullen pidió ampliar su indagatoria y el destituido juez Juan José Galeano, declarar por primera vez.

 

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