AMIA. Careo Beraja – Kollmann: El encubrimiento bajo la ominosa sombra de “La Morsa”

Recibi dos relatos sobre la audiencia nº 64 del juicio por el encubrimiento de los asesinos que cometieron el atentado a la AMIA que se realizó ayer, jueves, y los leí en este orden; el más breve de Memoria Activa y el más extenso de Claudio Gustavo Goldman, director de @EMETdigital y del programa  “La verdad de la gente” que se emite por FM Flores (90.7) los martes a las 21. Las crónicas de Goldman son replicadas tambuén por ItonGadol, órgano de la judeidad oficial que el Llamamiento Argentino Judío repudia. No conozco personalmente a Goldman pero si no fuera por él, no nos enteraríamos prácticamente de nada de lo que pasa en este juicio, acallado por todos los grandes medios. Claro que ­–una de cal y una de arena- Goldman no quiere malquistarse con nadie de “la cole”, incluyendo al imputado Rubén Beraja, ex banquero y ex presidente de la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas), entidad que todavía proclama, falsamente, representar al conjunto de los argentinos de religión o ancestros judíos.

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Beraja y su abogada, Valeria Corbacho. Desinteligencias fatales.

La audiencia de ayer se centró en el careo que mantuvieron el imputado Rubén Beraja y el periodista Raúl Kollmann a pedido del primero. El trámite parece haber sido netamente favorable al segundo, y Goldman así lo reflejó en su crónica, pero, todo indica que con el fin de no romper con la DAIA y con Beraja –que parece seguir digitando el rumbo de la entidad entre bastidores– también intentó justificar que Beraja perdiera la calma ante su contradictor. Escribió que “Es difícil que una persona conserve la calma cuando es acusada falsamente”, una chupada de medias lo que lo dejó servido en bandeja para que Memoria Activa lo denunciara por “defender” al reo.

No fue esta la única agachada de Goldman en aras de no perder la pitanza o no malquistarse con Beraja y sus secuaces. Más allá de que dio por probado contra toda evidencia que existió en ambos atentados una camioneta-bomba conducida por un chofer suicida, se puso desesperante al escribir una y otra vez  que se le pagó a Telleldín “para que acusara –se presume que falsamente– a policías bonaerenses”.

Goldman, no sea usted tan tímido porque al escribir reiteradamente “se presume que falsamente”, falsea los hechos: no se presume nada, Teleldín acusó falsamente a Ribelli y compañía a cambio de 475 mil pesos/dólares (400 mil en efectivo más otros 5.000 mensuales durante 15 meses) tal como el mismo Telleldín lo admitió, se probó y es cosa juzgada.

Una de cal y una de arena: Gracias a Goldman se despejó el misterio de por qué Beraja había pedido el careo con Kollmann que cualquiera podía adelantar que le iba a ser desfavorable. Y es que no lo pidió él sino su abogada en momentos en que él no se encontraba presente: “(Valeria) Corbacho, que está conmigo hace poco tiempo, pidió un careo sin consultarme, ya que (Kollmann) mencionó esa charla cuando yo había tenido que salir por cuestiones de salud (…) no es usual que un abogado haga eso…”, rezongó Beraja.

¿La verdadera Morsa?

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Demostración cabal del manto de silencio que se ha tendido sobre este juicio que involucra entre otros acusados a los entonces Presidente de la Nación, Secretario de Inteligencia del Estado, jefe del departamento de la Policía Federal encargado de la investigación del mayor atentado terrorista-mafioso de la historia nacional, el juez de la causa y los fiscales, a más del presidente de la entidad que todo indica fue la principal destinataria de los bombazos, en la jornada también declaró Julio César Posse, un importante ex agente de la disuelta SIDE, tan importante que está sospechado de haber sido nada menos que “La Morsa”, el misterioso personaje de grandes bigotes involucrado en el  llamado Triple Crimen de General Rodríguez, vinculado a grandes exportaciones de efedrina a los carteles de la drogas ilícitas de México.

Posse, un hombre pequeño, delgado y calvo, de unos 57 años -de ojos verdes y que supo llevar un arito en una oreja– apodado “El Gitano” y también “El Enano” integraba la “Sala Patria” a las órdenes directas del finado mayor retirado Alejandro Brousson, como el también finado Rodolfo Galimberti, que a la vez trabajaba para la CIA. Y tiene una acrisolada reputación de ser buchón de la DEA.

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Cuando se acusó al extraditado Ibar Esteban Pérez Corradi de haber sido “La Morsa” (un intermediario entre víctimas y victimarios que le había cobrado 200 mil dólares a los Sebastián Forza en concepto de “protección” y que posiblemente haya sido también el instigador del múltiple asesinato) sus abogados dijo que “La Morsa” era Posse. Y lo mismo dijo el abogado de los hermanos Cristian y Martín Lanatta, desmintiéndolos, cuando éstos dijeron frente a Jorge Lanata (que poco después compró un departamento en Miami por 6 millones de dólares) y las cámaras de Canal 13 que el pinnípedo era Aníbal Fernández, entonces jefe de Gabinete y candidato a la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires. Fueron estas falsedades las que provocaron la derrota electoral de Aníbal Fernández y con ello el inesperado advenimiento del gobierno nacional de la alianza Cambiemos.

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Las investigaciones sobre Posse nunca avanzaron, quizá a causa de que además de revistar en la SIDE y hacer changas para los servicios de inteligencia de Alemania y Francia –como el mismo dijo– era un veterano y calificado informante de la DEA (la que al parecer le pagaba dejándolo exportar efedrina) lo que ilustra el grado de colonización de los espías vernáculos por las potencias extranjeras.

Una síntesis parcial

El relato de Memoria Activa (ver más abajo) omite todo esto, y respecto al careo entre Beraja y Kollmann se muestra mucho más cerca de Kollmann, lo que es natural si se tiene en cuenta la lógica antipatía que sus miembros sienten por Beraja, que los tuvo durante años mareándoles la perdiz, haciéndoles perder el tiempo miserablemente, con la esperanza de cansarlos, desgastarlos y hacerlos desistir de su propósito inicial de acceder a toda la verdad.

Una digresión: No puede decirse que Beraja no haya logrado éxitos parciales en esta tarea, ya que Memoria Activa estuvo infiltrada desde su origen por agentes de una DAIA jugada desde un primer instante a ocultar a quienes, cómo y por qué habían volado el edificio de la mutual como, entre otros, Sergio Bergman, Luis Dobniewski y el finado Pablo Jacoby.

Con semejantes valores no me extraño demasiado que a pesar de haber hablado no una sino dos veces en los actos que se realizaban puntualmente a las 9.53 frente al Palacio de Tribunales, cuando Memoria Activa hizo un libro en el que puso la lista de todos los disertantes, no me incluyó.

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Rabino Bergman: Nunca movió un dedo para esclarecer la matanza.

Otra digresión: la incauta abogada Corbacho pidió el careo con Kollmann en nombre de Beraja sin advertir que lo ponía en un brete. Fue porque Beraja negaba haberle dicho a Kollmann que debía disculparse con el gobierno aquel día para él aciago del tercer aniversario del atentado cuando, después de la rechifla y sonora silbatina que recibieron tanto él como el representante del gobierno (Carlos Corach), cuando Laura Alche de Guinsberg (luego alejada de Memoria Activa por no transigir con sus apaños) acusó de encubrir a los asesinos a troche y moche, tanto al gobierno nacional como al bonaerense, encabezado por Eduardo Duhalde, Beraja le dijo a Kollmann que tenía que ir a pedirle disculpas a Menem por haberle fallado… que es lo que hizo de inmediato en compañía del presidente de la AMIA. Por lo que muy poca importancia tiene su negación de haberle dicho lo que seguramente le dijo.

En el careo –destacó Memoria Activa– Kollmann dijo con toda lógica que esa  frase “era coherente” con la situación de las investigaciones de ambos atentados, en la que, por no saberse ni siquiera se sabía -ni se sabe con certeza- que cantidad de muertos hubo en la Embajada.

Kollmann destacó que Beraja se las tomó con él pero “que el lío que se armó en el ’97 demuestra que muchos pensaban así”, lo que es rigurosamente cierto. Para entonces, la paciencia de los familiares parecía haberse agotado…

Una cucarda que llevo en el alma

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Un orgullo que llevaré conmigo hasta el momento de espichar es haber colaborado a ese estado de ánimo con mi libro “AMIA. El Atentado…” que había sido distribuido unos pocos días antes. En la víspera de aquel día, quien escribe había participado junto a Beraja en “Hora Clave”, el programa de Mariano Grondona, por entonces el espacio político con más audiencia de la TV. El acuerdo “por debajo de la mesa” de Grondona con Beraja me resultó entonces tan evidente como el que el conductor había tenido antes con los Yoma a la hora de exculpar a Amira por el trasiego de maletas Samsonite repletas de dólares. Solo faltaba que se guiñaran los ojos. Estaban de acuerdo en echar todas las responsabilidades afuera y bien lejos, depositándolas en un fantasmal “fundamentalismo islámico” chiíta que nunca existió. Hasta el punto que me vi obligados a interrumpirles para proclamar que dios no había tenido nada que ver.

La derrota de Beraja queda ilustrada cuando atacó a Kollmann citando a Roman Lejtman, quien  permaneció leal a aquel consenso, a Beraja y a su “fuente” (Corach), que le ofreció 400.000 pesos/dólares para vehiculizar una pista falsa, de modo de garantizar la impunidad de los asesinos.

Dijo Beraja que Lejtman (otro que hizo su parte para dejar a Amira Yoma fuera del Narcogate) calificó a Kollmann de “sicario”… lo que además de una enormidad es un saludo a la bandera, ya que quien protegió a los asesinos  (y sigue protegiéndolos) ostensiblemente son ellos, Lejtman y Beraja. Kollmann sólo fue y sigue siendo un participante secundario (pero no menor: ¡es muy trabajador!) en el encubrimiento, en la medida en que se obceca en no reconocer lo que hace mucho es evidente: que nunca hubo camionetas-bomba.  Claro que no es sólo Kollmann quien sostiene trabajosamente este engaño pergeñado por los asesinos, pues también lo hace Memoria Activa, y -teniendo en cuenta su dependencia del CELS, y la de éste con centros de poder internacionales- es imposible no concluir que el encubrimiento cuenta con poderosos respaldos que trascienden el ámbito local.

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Kollmann a Beraja: El amor no da pa’tanto.

Como sea, Kollmann sigue apuntalando la temblequeante  hipótesis de la camioneta-bomba, aunque hace rato viene admitiendo la posibilidad de que no haya habido kamikaze (¿postula que hubo un chofer sobreviviente? ¿qué se trató de un vehículo teledirigido?). Hasta el punto de que aparece diciendo hoy en Página 12 que le reprochó a Beraja que “después del acto del 18 de julio de 1994 (sic, es un error, se refiere a 1997) en que la gente le dijo a usted cosas muy graves, usted fue a la Casa de Gobierno por la tarde. Y nunca se puso firme ante el hecho de que habían pasado tres años del atentado y no se sabía ni de dónde salieron los explosivos, ni quién entró al país para el ataque ni quienes colaboraron ni dónde se armó la camioneta con los explosivos ni si hubo o no un suicida.”

Y digo que Kollmann colabora en el encubrimiento porque se sabe perfectamente que los explosivos fueron comprados en la fábrica Delbene y Serris de Olavarría; porque en 1994 no hacía falta importar asesinos de ninguna parte porque gracias a las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y al gracioso indulto de Menem en la Argentina los había sueltos y en buen estado físico por centenares; porque se supo dónde se había armado un volquete explosivo (lo que enseguida se tapó) que se  colocó en la puerta de la AMIA escasos minutos antes de su voladura y obviamente, como estoy cansado de repetir, porque también se sabía no que no había habido Trafic-bomba y mucho menos kamikaze libanés teledirigido desde Teherán.

Que Beraja haya negado la condición de judío de Kollmann (que es un conspicuo miembro del Club Naútico Hacoaj, el más paquete de “la cole”, donde además tengo entendido que dirige la comisión de fútbol) es un chiste, excepto que Beraje, por su condición de judío oriental (es oriundo de Alepo, es decir, “turco”) niegue que los mayoritarios judíos ashkenazis o europeos sean judíos cabales.

Beraja insiste en victimizarse cuando su participación en el encubrimiento lo puso del lado de los asesinos, no de las víctimas, cuyos deudos en abrumadora mayoría lo consideran cómplice de los victimarios.

Como desaparecer un libro

Del relato de Goldman me llamó la atención que Kollmann haya calificado la aparición del libro”AMIA-DAIA. La denuncia” a poco de un mes de aparecido el mio (AMIA, el Atentado…) y por la misma editorial (Planeta) de maniobra llena de “irregularidades y obstrucciones”.

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Como bien consigna Goldman, “el librito” (Kollmann dixit) era, básicamente, una evaluación de lo hasta entonces (des) investigado que se le encargó tan pronto como salió mi libro a cuatro destacados juristas, León Arslanian, el finado Andrés D’Alessio, Ricardo Gil Lavedra. Claro que la mano de la DAIA y de Dobniewski hizoque esos trabajos, críticos de la labor del juez Galeano, aparecieran respaldándolo (ver tapa). Respecto a los trabajos en sí, no soy quien para juzgar la labor de los eminentes juristas. Les pagaron para que se expidieran en pocos días sobre una causa complejísima y llena de pistas falsas laboriosamente sembradas por los asesinos y los miembros de la Policía Federal, de la SIDE y de servicios de inteligencia extranjeros que los protegieron y apañaron. Y aun así, estos jurisconsultos recomendaron enfáticamente que se investigara la posible calidad de instigadores del banquero saudí Gaith Pharaon (titular del Banco de Credito y Comercio Internacional, BCCI, disuelto por la justicia estadounidense por lavar dinero del narcotráfico a gran escala) y del traficante sirio Monzer al Kassar… lo que la DAIA no sólo no hizo jamás, sino que nunca volvió siquiera a mencionarlos.

Como ya expliqué, sé positivamente por una fuente de la propia editorial que el encargo de esas evaluaciones y la salida del librito (“50 o 70 páginas de suaves críticas”, anota Goldman que dijo Kollmann) fue producto de una negociación entre la DAIA-AMIA y el entonces gerente general de Planeta, Guillermo Schavelzon, al que me resulta difícil creer que haya sido ajeno mi editor, Pablo Avelluto, hoy ministro de Cultura.

Producto de esa negociación, se borró mi libro del catálogo de la editorial y de su house organ (una lujosa revista mensual para la que Gabriela Esquivada me había hecho una entrevista, con fotos de Alejandra López) como si nunca hubiera sido publicado, y cuando los libreros pedían “el de la AMIA” se les mandaba el librito en lugar del mío que, aun así y gracias al boca a boca, vendió 9000 ejemplares.

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Gabriela Esquivada

La persecución se extendió a Página/12, para cuyo suplemento cultural Primer Plano dirigido por Tomas Eloy Martínez, Gabriela Esquivada (que pronto se casaría con T.E.M,) también había preparado una entrevista. Sin embargo la dirección del diario (es decir, Jorge Lanata) prohibió publicarla. T.E.M., que me había dado su palabra, tuvo un cabreo tan monumental que proclamó que si no le dejaban publicarla la entrecvista conmigo, no publicaría más reseñas de libros políticos. Y así fue que durante meses retrasó la publicación de la correspondiente a El Jefe, la biografia no autorizada de Carlos Menem que Gabriela Cerruti –entonces periodista de la casa– acababa de publicar.

Volviendo a la crónica de Goldman, señaló que Beraja se mostró ofendido por el calificativo de “librito” que Kollmann le endilgó a los artículos de los mencionados juristas, cuando, dijo, se había tratado de “la única denuncia contra funcionarios públicos que se hizo antes de este juicio, y (Kollmann) dijo que era suave porque usa los parámetros de los medios y no los jurídicos; la hicieron prestigiosos juristas, con más de 170 pedidos de medidas de prueba”.

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Tomás Eloy Martínez

Como se aprecia, Beraja mintió escandalosamente al fingir la inexistencia de mi libro, y en cuanto a los pedidos de medidas de prueba omitió señalar que, como ya se ha dicho, jamás se adoptó ninguna tendiente a averiguar si Gaith Pharaon  y Monzer al Kassar habían sido instigadores del ataque.

En síntesis: Beraja está frito y arrastra en su caída a una DAIA sobre la que sigue teniendo gran influencia. Una DAIA que se ha distanciado irremisiblemente de las tres asociaciones de familiares de las víctimas, que la consideran cómplice de los asesinos. Y que a su vez ha arrastrado a la AMIA, otrora una institución muy apreciada por judíos y gentiles.

A continuación, los textos completos de los textos remitidos por Memoria Activa y EMETdigital (reproducido por Iton Gadol).

Memoria Activa

La audiencia del juicio por el encubrimiento del atentado a la AMIA se llevó a cabo hoy con una declaración reservada y un careo entre Rubén Beraja y Raúl Kollmann.

El primer testigo fue un agente de la SIDE, por lo que la audiencia se desarrolló sin público (sic). Con su relato, el agente confirmó datos acerca de la maniobra del pago a Carlos Telleldín que se corresponden con la acusación, y dejó la misma impresión que otros agentes de “sala patria” y fuerzas de seguridad: falta de idoneidad y preparación para el cargo.

Tras un cuarto intermedio, a las 13.45, los jueces del Tribunal Oral Federal 2 ingresaron a la sala de audiencias y Karina Perilli llamó al frente al imputado Rubén Beraja, ex presidente de la DAIA y al periodista de Página 12, Raúl Kollmann. Entre ambos se llevó a cabo un careo debido a las contradicciones surgidas de las declaraciones de ambos en este juicio.

El primero en hablar fue Raúl Kollmann, quien con una tranquilidad que mantuvo hasta el final, ratificó su declaración anterior y aportó aún más detalles: “Ocurrió la conversación en el Banco Mayo, en un piso alto. Creo que a fines del 97. Habrá sido la única vez que fui. Lo esperé en la oficina de su vocera. Estaba sentado de frente a la puerta y hubo un llamado de un periodista mientras esperaba a Beraja”, describió el testigo sobre la reunión que mantuvo con el ex presidente de la DAIA.

En ese encuentro, según declaró Kollmann tiempo atrás, Beraja dijo que “la comunidad había perjudicado a Menem y había que pedirle disculpas”.

El periodista explicó hoy que esa conversación fue coherente con lo que estaba ocurriendo en la causa: “Fue tres años después del atentado. No se sabía nada. Era una muy mala investigación. No sabían ni la cantidad de muertos del atentado a la Embajada de Israel. La frase que conté era coherente con esa situación”.

También dijo sobre Beraja: “Él se ofende conmigo porque conté esto pero no era sólo yo el que opinaba eso. El lío que se armó en el 97 demuestra que muchos pensaban así”, dijo Kollmann en referencia al acto por el aniversario del atentado de 1997, en el cual los familiares denunciamos la falta de justicia y la responsabilidad del Estado, acto tras el cual Beraja y Oscar Hansman (ex presidente de la AMIA) fueron a pedir disculpas a la Casa Rosada.

Beraja reaccionó con nerviosismo ante los dichos del testigo sentado a su lado, a menos de un metro de distancia. Su negativa fue rotunda: “Acá hay una supuesta conversación que jamás existió por lo que no me deja más remedio que acusarlo de mentiroso”.

También dijo que se convenció de ello cuando Román Lejtman, quien trabajó con Kollmann en Página 12, lo presentó como “sicario”. “Él cumple su función periodística pero como testigo ha faltado a la verdad porque contó algo que no existió”, expresó agresivo.

Además de esos argumentos, el ex DAIA arremetió directamente contra el testigo sobre un aspecto que nada tenía que ver con el tema del careo: “Él se planta como si perteneciera a la comunidad pero, si bien es judío, no es de la comunidad”.

“Sí soy integrante de la comunidad y (Beraja) no tiene derecho a decir quién es parte de la comunidad y quién no”, contestó Kollmann y con eso, terminó el careo.

Ambos se levantaron y Beraja incluso se tropezó sin caerse en el camino al banquillo de los acusados.

Según expresó el Tribunal, el próximo jueves 10.30 será el turno del ex fiscal de la causa, Eamon Mullen, de ampliar su declaración indagatoria.

EMETdigital

Audiencia Nº 64, 24/11/16

Careo entre Beraja y Kollmann, y otro testigo de SIDE

Finalmente se llevó a cabo hoy, jueves, el dos veces postergado careo pedido por el imputado ex presidente de la DAIA Rubén Beraja con el testigo Raúl Kollmann, en el marco del juicio oral y público por encubrimiento de autores o cómplices del atentado a la AMIA, en el cual ambos mantuvieron sus dichos, pero al periodista se lo vio más tranquilo y seguro, lo cual no significa que fuera veraz, ya que es difícil que una persona conserve la calma cuando es acusada falsamente.

Por la mañana había declarado el ex agente inorgánico de la desaparecida Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) Julio Posse, cuyo testimonio se había anunciado secreto y finalmente no lo fue, para desconcierto de las partes, el público y la prensa, el cual continuó una vez culminada la audiencia.

“Tuve una reunión con Beraja en su oficina del Banco Mayo (que también encabezaba hasta su liquidación, en 1998) y me dijo que la comunidad debía disculparse con (el Presidente de la época, Carlos) Menem porque le había hecho mucho daño, pero no lo publiqué para protegerlo porque era muy ‘en falsa escuadra’ y le tenía cariño”, aseguró el colega el 1º de septiembre, en la 50ª audiencia, ante los constantes cuestionamientos de la defensora del primero, Valeria Corbacho, quien acto seguido reclamó confrontar a ambos cuando los jueces lo determinasen.

Si bien “había un gran clima de disconformidad antes del acto por el aniversario de 1997, me sorprendió el discurso de Laura Ginsberg en nombre de los familiares (de víctimas), que denunció lo que se veía desde el primer día: que los dirigentes de la AMIA y la DAIA tenían una posición blanda y condescendiente y no eran firmes a la hora de exigir respuestas”, e incluso “por la tarde fueron a pedir disculpas a la Casa Rosada; eso ya fue demasiado”, recordó con evidente molestia.

La decepción de la defensa de Beraja con el testigo venía de antes, cuando dijo no recordar varias de sus críticas al Gobierno y la investigación, incluso en una entrevista que él le habría hecho, o cuando calificó a la denuncia de irregularidades y obstrucciones efectuada por la AMIA y la DAIA en 1997 como “una evaluación de cuatro juristas -(Raúl) Zaffaroni, (Ricardo) Gil Lavedra, (León Arslanián y Andrés D’Alessio)- que pidieron las autoridades comunitarias, con 50 ó 70 páginas de suaves críticas”.

El ex presidente de la DAIA ya había comparecido en tres audiencias, y en la del 29 de septiembre aseguró: “Es falso y con total alevosía que le hayamos pedido disculpas al gobierno o que lo haya propuesto no sé por qué, como aseguró con mala fe el periodista”.

“Con esta descabellada imputación quieren crear el mito de que estaba todo el tiempo con (el destituido juez Juan José) Galeano y los fiscales (para esa época, Eamon Mullen y José Barbaccia) como si nada hubiese tenido que hacer en mi vida”, se defendió el ex titular de la DAIA.

“Lo más grave es la traición a la historia, mintiendo sin medir las consecuencias: Kollmann habló de ‘un librito’ en referencia a la única denuncia contra funcionarios públicos que se hizo antes de este juicio, y dijo que era suave porque usa los parámetros de los medios y no los jurídicos; la hicieron prestigiosos juristas, con más de 170 pedidos de medidas de prueba”, destacó.

El periodista “creó una figura que es mentira: un entramado de dirigentes comunitarios y funcionarios judiciales; debería medir cuál fue su papel en estos hechos: pareció sincero cuando dijo que se involucró en el libro con Lejtman -seguramente llevados por la buena fe- para hacer un aporte a la investigación y sacar su tajada; así descubrí que Telleldín tenía un interés económico y que ése fue el germen del pago” de los 400.000 dólares de fondos reservados de la desaparecida Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) para que acusara -se presume que falsamente- a policías bonaerenses, alegó Beraja.

“Fue una decisión imprudente e inoportuna por iniciativa de ellos”, insistió.

“Con todo lo que le veníamos diciendo al Gobierno desde 1994, ¿cómo alguien puede pensar que podíamos pedirle disculpas? Esto me irrita: exigíamos respuestas”, afirmó el presidente de la DAIA entre 1991 y 1998.

“Kollmann nada le creía al Gobierno, pero eso sí”, deslizó con perspicacia.

“No sé por qué afirmó que me tenía cariño si siempre tuvimos una relación funcional, y me habría gustado que declarase delante mío (que le dije que la comunidad judía debía pedirle perdón a Menem porque le había hecho daño) y no cuando me había retirado”, lo desafió Beraja.

Sentado uno al lado del otro, en la sala AMIA de los tribunales federales de Comodoro Py 2002, el imputado ex presidente de la DAIA Rubén Beraja y el testigo Raúl Kollman se cruzaron duramente hoy, jueves, durante poco más de 20 minutos, después que un secretario del Tribunal Oral Federal Nº 2 leyera fragmentos contrapuestos de sus declaraciones anteriores en el juicio oral y público por encubrimiento de autores o cómplices del atentado.

“Me mantengo en mis dichos: creo que fue la única vez que fui al Banco Mayo y lo esperé en el despacho de su (entonces) vocera, Débora Levy, en un piso alto; después tuvimos un diálogo largo, en el cual estuvimos solos”, precisó este último.

“Recuerdo esa frase (sobre las disculpas que presuntamente la comunidad judía debía pedirle al Presidente de la época, Carlos Menem) y mi respuesta sobre que la Argentina había sufrido tal cantidad de muertos, pero no lo publiqué porque era una conversación entre nosotros y no una entrevista”, justificó.

“Le tenía afecto a Beraja porque lo respetaba como dirigente, e incluso en 1998 publiqué que una parte de la comunidad opinaba que no era exigente y estaba demasiado ‘pegado’ al Gobierno para salvar su banco, y otra decía que era un gran directivo”, refirió el periodista para negar cualquier tipo de animosidad.

El imputado “se ofende conmigo por una opinión generalizada”, se quejó.

“Es falso lo dicho por Kollman: esa supuesta conversación en mi despacho jamás existió y no me queda otra que acusarlo de mentiroso; lo respeto como periodista, pero como testigo ha faltado a la verdad”, le espetó el ex presidente de la DAIA, que no aclaró si lo había recibido en otra oportunidad, dada la precisión de la descripción del periodista respecto de los detalles del lugar.

“Siempre tuvimos opiniones contrapuestas por diferencias ideológicas, pero me enoja porque es un hecho aberrante: ¿cómo una víctima va a pensar en pedirle disculpas a quien debía cuidarla, como responsable de la seguridad pública?”, refutó.

Beraja dijo haberse convencido de una presunta intencionalidad aviesa del periodista cuando su colega Román Lejtman lo calificó de “sicario” y denunció que “una pregunta de una querella (por la de Laura Ginsberg, actual titular de la Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA, a cargo de Omar Dib) le hizo recordar que se había salteado una línea del libreto”, la referida a esa controvertida conversación entre ambos.

“Kollmann desprecia el trabajo de la dirigencia porque no integra la comunidad” judía, lo descalificó.

Asimismo, Valeria “Corbacho, que está conmigo hace poco tiempo, enseguida pidió un careo sin consultarme, ya que (el testigo) mencionó esa charla cuando yo había tenido que salir por cuestiones de salud, porque sabía que era un absurdo; no es usual que un abogado haga eso…”, enfatizó el imputado.

“No vi que Beraja se había ido, e integro la comunidad: voy a un club judío (por el Náutico Hacoaj) y mis hijos también lo son”, le contestó Kollmann, que enfatizó que “él no es quién para decir” qué persona forma parte de la colectividad.

“Hay una flagrante contradicción porque cuando declaró dijo que lamentaba que yo no estuviese…”, lo cruzó el ex presidente de la DAIA.

“No lo sabía cuando empecé a decirlo, lo advertí después”, aclaró el periodista antes de que la jueza Karina Perilli, presidenta del tribunal por esta quincena, diera por concluido el careo sin permitir la intervención de las partes.

Por la mañana, el ex agente inorgánico de la desaparecida Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) Julio Posse ratificó haber llevado al Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal N° 9, entonces a cargo de Juan José Galeano, un teléfono celular “descartable” el 5 de julio de 1996, el cual entregó a personal del mismo y luego le llegó al agente Carlos Molina Quiroga, cuyo testimonio estaba previsto para hoy, pero debió ser pospuesto debido a que se encuentra de viaje.

Ese aparato luego le fue provisto al último poseedor conocido de la camioneta-bomba, Carlos Telleldín, y a través del mismo, su entonces concubina, Ana María Boragni, le confirmó que había cobrado la primera cuota de 200.000 dólares de fondos reservados de la SIDE para que el primero afirmara -se presume que falsamente- que les había entregado la Trafic a policías bonaerenses.

Entre imprecisas idas y vueltas, el ex colaborador de este organismo y servicios de inteligencia de otros países (Alemania, Francia y los Estados Unidos, además de la DEA, sigla en inglés de la Administración para el Control de Drogas) relató que trabajaba para el sector especializado en terrorismo internacional denominado “Sala Patria”, cuyo jefe operativo, el fallecido imputado y mayor retirado del Ejército Alejandro Brousson, le hizo llegar ese teléfono, que previamente había comprado a un proveedor habitual del organismo, a su pedido.

“Te van a llamar; cuando suene, golpeás la puerta y lo entregás”, le indicó con Luis Ruidíaz, su habitual chofer, lo cual cumplió después de haber atendido el llamado.

“Esperé en el pasillo hasta que me lo devolvieron, al mediodía, pero no vi a los fiscales”, aseguró Posse en beneficio de los ex funcionarios, quienes afirman que no asistieron a la indagatoria de Telleldín ni sabían que le habían pagado para cambiar su versión.

Luego se quedó con ese celular, además de “información secreta recolectada trabajando para la SIDE, sobre todo en la Triple Frontera”, adonde lo enviaron por varios años como informante sobre diversos temas y no solo el atentado a la AMIA, reconoció al borde de la autoincriminación.

Sin embargo, después que entraran a la casa del ex comisario bonaerense Luis Vicat, procesado por desviar la investigación, y le encontraran información vinculada a la causa, el testigo se asustó y pidió que se llevaran todo, lo cual ocurrió.

No obstante, desde entonces “vivo con temor a que allanen mi casa”, admitió.

Allí había una agenda donde figuraban el sospechoso empresario descendiente de sirios Alberto Jacinto Kanoore Edul y Juan José Ribelli, sobreseído como cabecilla de la “conexión local”, a quienes Posse afirmó no haber investigado.

En la instrucción había declarado que Brousson le ordenó hacerlo respecto del ex comisario bonaerense, pero esta vez aclaró que no lo logró.

Por otra parte, el testigo reveló que en la SIDE se decía que el ex subsecretario y posterior denunciante de muchas de las irregularidades que derivaron en este proceso, Claudio Lifschitz, llevaba “información cambiada” al juzgado.

Diego Álvarez, defensor del destituido juez Juan José Galeano, anunció hoy, jueves, en el juicio oral y público por encubrimiento de autores o cómplices del atentado a la AMIA, que éste se encuentra en condiciones de responder las preguntas que el juez Jorge Gorini le formulara la semana pasada, cuando el Tribunal Oral Federal Nº 2 lo considere pertinente.

Antes de concluir la audiencia, José Ubeira, por la querella de los ex policías bonaerenses, solicitó que el debate se interrumpa durante la feria judicial de enero, lo cual los magistrados dispusieron ante la falta de oposición del resto de las partes.

Por lo pronto, continuará el jueves, con la ampliación de indagatoria solicitada por el ex fiscal Mullen, quien ya le anticipó a “La Verdad de la Gente” que será larga, ya que hará un “minucioso” repaso sobre las pruebas e indicios que los llevaron a impulsar la detención de los entonces uniformados provinciales.

Comentario (1)

  1. Lic. Claudio Gustavo Goldman

    Hola, Juan.
    Me permito hacerte algunos comentarios en respuesta a ciertas consideraciones que hiciste sobre mi trabajo.
    En primer lugar, agradezco la difusión que le das y tus opiniones generalmente elogiosas.
    Trato de hacer mi labor con la mayor objetividad y ecuanimidad posibles y no para evitar “malquistar[m]e con nadie de ‘la cole’” ni “con el fin de no romper con la DAIA y con Beraja”, lo cual no impide que cometa errores, como cualquier persona.
    No fue mi intención “justificar que Beraja perdiera la calma ante su contradictor” ni fue “una chupada de medias”, como la calificaste, sino que en el afán de la mayor ecuanimidad traté de ponerme en sus zapatos y explicar que “es difícil que una persona conserve la calma cuando es acusada falsamente”. Sí te concedo que la frase no fue feliz y debí haber puesto “cuando considera que es acusada falsamente”, tal como él alega, pero ello lo advertí a posteriori…
    No me resulta agradable que hables de mi trabajo como “una chupada de medias” ni “la única agachada de Goldman en aras de no perder la pitanza o no malquistarse con Beraja y sus secuaces” porque eso no es cierto en absoluto ni recibo un centavo de la DAIA, Beraja, etc., pero respeto la libertad de expresión y solo me limitaré a rechazarlo.
    Sobre la autoría material de ambos atentados, la Justicia determinó la existencia de las camionetas-bomba y estás en tu derecho de no creerle, pero no me parece correcto que intentes descalificarme por hacerlo.
    Finalmente y sobre la frase que se le pagó a Telleldín “para que acusara –se presume que falsamente– a policías bonaerenses”, te agradezco que me hayas hecho notar que tampoco en este caso fui claro: la idea es plantear mi duda acerca de si éste mintió por propia voluntad y después Galeano y compañía le “compraron” esa versión o si directamente se la dictaron, sin intervención del imputado en su elucubración.
    Espero que ahora haya quedado clara mi posición, más allá de los lógicos disensos, que acepto cuando son respetuosos.
    Saludos.

    Lic. Claudio Gustavo Goldman
    Director de EMET “La Verdad de la Gente”

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