CASO AMIA – COMISIÓN DE LA VERDAD. Consideraciones en torno a lo que es, en principio, una buena noticia

José Petrosino no para y me envió dos notas. Con atraso, aquí va la primera parte de la primera, que es muy larga. Subirla me hizo recordar que no he cumplido mi vieja promesa de subir todo el capítulo de El Caso Nisman: Secretos inconfesables / 1 referido al atentado a la Embajada de Israel (lo dividí en cuatro partes y subí dos, aquí y aquí; prometo subir la tercera parte el domingo). Quiero aclarar que yo no soy tan optimista como Petrosino. Recuerdo los dichos de Perón acerca de que cuando se quiere frenar una investigación, se forma una Comisión Investigadora. Esta impresión se me robustece cuando, siguiendo la propuesta original de APEMIA, se habla de una comisión de “personalidades”, que es lo dio pábulo para que Clarín bautizara a la comisión en ciernes como “CONADEP de la AMIA”. En su momento tuve la oportunidad de comparecer ante la Comisión Bicameral de Seguimiento de las Investigaciones de los Atentados a la Embajada de Israel y la AMIA y conocer su funcionamiento, y puedo decir que excepto algunos intentos de Cristina Fernández de Kirchner y Juan Pablo Cafiero, los demás diputados y senadores que la integraban hicieron poco y nada por esclarecer aquellos bombazos, y muchos, comenzando por su primer presidente, el senador radical (y luego ministro de Justicia) Melchor Cruchaga (foto) y quien lo sucedió el justicialista Carlos Ernesto Soria (que pronto pasaría a ser designado jefe de la SIDE) reportaban al ingeniero “Jaime” Stiuso. Es decir, trabajaban para encubrir, no para descubrir.

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Soria. Si Cruchaga era un tapado, él no lo era.

Por lo demás, los legisladores no conocían en profundidad la mecánica de los atentados, por lo que descansaban en /dependían de dos asesores de la comisión, Fernando Pocino y “el Chino” Estevez. Pocino reportaba a la SIDE, aunque estaba radiado de su jefatura desde que se había enfrentado a la llamada “Sala Patria” al mando del mayor retirado Alejandro Brousson, mano derecha del secretario Hugo Anzorreguy. Pocino era también entonces un subordinado de Stiuso.

Así las cosas, carezco de un mínimo de fe respecto a lo que pueda hacer un conjunto variopinto de “personalidades”, ya que dentro de esta equívoca denominación puede entrar tanto un científico como un actor, y no veo por qué podrían aportar más que un policía de la División Homicidos… si se pudiera confiar en alguno.

Entre esas “personalidades”, además, bien pueden quedar incluidos provocadores como Santiago Kovadloff y Marcos Aguinis, absolutamente comprometidos con el encubrimiento.

Quizá si se aprueba el nacimiento de la Comisión dotándola de presupuesto  a fin de que pueda contratar investigadores de confianza, pueda llegar a alguna conclusión.

Bueno, no los aburro más, los dejo con Petrosino, que es más optimista:

CASO AMIA: La conformación de una Comisión de la Verdad puede ser una noticia muy positiva

 

Por fin un tiro para el lado de la verdad en el Caso AMIA. Claro que al dar la noticia Clarín no aclara sino que oscurece al llamar a la Comisión de la Verdad que la Cámara de Diputados estudia crear “una CONADEP”, cuando aquí la única desaparecida, repito, es la verdad. Lamentablemente parece que no se piensa en incluir el también inesclarecido bombazo en la embajada de Israel, donde el encubrimiento por parte de la Corte Suprema de (in)Justicia ha sido todavía más alevoso.

A los sionistas de la DAIA que lograron voltear la formación de una Comisión de la Verdad integrada por juristas imparciales de países neutrales que hubiera sido creada en virtud del memorándum de entendimiento suscripto con Irán para desbloquear una investigación paralizada desde hacía muchos años, esta Comisión les puede resultar fatal puesto que una mínima investigación independiente puede demoler la mentira instalada de que fue Irán quien ordenó los bombazos. Por lo pronto sus “espadas” en el Congreso se han hecho olímpicamente los dolobus al respecto, sin oponerse frontalmente. Seguramente lo harán desde detrás de bastidores a fin de no quedar en evidencia.

La propuesta, de prosperar, enterrará el mamarracho del “juicio en ausencia”, adefesio jurídico que el sionismo promueve para cerrar con un moño la falsa acusación al enemigo de Israel, Irán. Un engendro que es rémora de los imperialismos europeos que rigieron el mundo antes de la Segunda Guerra Mundial, en el que los derechos elementales de las personas, especialmente el de la defensa en juicio, están soslayados, razón por la cual no existe en ninguno de los sistemas jurídicos de los países del Nuevo Mundo.

La Comisión de la Verdad argentina debería abocarse antes que ninguna otra cosa a determinar cuáles fueron los epicentros de las explosiones, que son los aspectos liminares y las divisorias de aguas en ambas investigaciones. Es muy fácil poner en evidencia la falacia de las camionetas-bomba a cargo de choferes suicidas impuesta por agentes israelíes para desviar las sospechas hacia los musulmanes.

En el bombazo a la Embajada es muy fácil hacerlo, sólo hay que exhumar las actas de la Audiencia Especial de Compatibilización de Pericias del 15 de mayo de 1997, resultado de los 12 horas de debates en los que quedó taxativamente probada la explosión interior, y por eso sus resultados han sido celosamente ocultados a la población. Sin embargo, dichas actas, devenidas secretas, se filtraron y están aquí.

 

 

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