COLECTIVO OVEJA NEGRA: El Gobierno amarillo logró la “proeza” de superar en un año los índices económicos de la dictadura

Resistir, buscar la felicidad, convencer

 

COLECTIVO OVEJA NEGRA

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Rodolfo Walsh por El Tomi. Un faro que ilumina el oficio de periodista.

Mauricio Macri lleva un año al frente del Gobierno. Asumió con un baile espasmódico ante una Plaza de Mayo desierta. Así se consolidó la primera victoria  electoral de las clases dominantes en la historia nacional. Llegaba a la Casa Rosada un socio pleno de la Patria Contratista, un emergente de las grandes corporaciones económicas.

La supuesta “campaña del miedo”, de la que nos acusaron los gendarmes mediáticos que volvieron potables las mentiras desparramadas a diestra y siniestra en tiempos electorales por el candidato ganador empezaba a quedar corta para describir el destino de miseria al que nos condenaron los gerentes de las multinacionales que asaltaron los ministerios. Los sueños y esperanzas de todo un Pueblo comenzaron a transitar el nefasto ciclo de la postergación neoliberal.

Hace un tiempo, te contábamos que repasamos la célebre carta que Rodolfo Waslh le escribió a la junta militar a un año de haber asaltado el poder. Walsh  describió en ella sus crímenes, asesinatos, encarcelamientos, torturas y fusilamientos  y, en un punto de inflexión, expresó que esos hechos que sacudían la conciencia del mundo civilizado, no eran las peores violaciones a los derechos humanos que habían cometido ni las que mayores sufrimientos habían acarreado al pueblo argentino, subrayando que era en la política económica de ese gobierno una atrocidad aún mayor que castigaba a millones con la miseria planificada.

Repasaba Walsh en su carta los indicadores económicos que la propia dictadura había informado. Pues bien, en apenas un año, aquél programa económico instaurado a sangre y fuego por la dictadura militar, fue superado por los resultados del plan económico ejecutado por el Gobierno de Mauricio Macri, plan que constituye un crimen cuyas víctimas son las trabajadoras y trabajadores.

Walsh responsabilizaba a los dictadores de haber reducido su salario real en un 40%. Prat Gay, en una semana, devaluación aritmética mediante, se apropió del 50% del salario e ingreso real de los más humildes, transfiriéndolo a un puñado de diez empresas tenedoras del 80% de los dólares existentes en el país. Eso, sin contar la escalada especulativa de precios ni los tarifazos que agravaron la situación.

Walsh acusó a Videla, Massera y Agosti de haber hecho trepar la desocupación a un 9%. El Indec de Todesca reconoció que en los centros urbanos treparon a 11% de desocupación en la Argentina, sin contar los puestos de trabajo informales destruidos a consecuencia de la brutal ola de despidos desatada en el sector formal y la consecuente contracción del mercado interno.

Les reprochaba Walsh a los militares genocidas haber incrementado la deuda externa hasta 600 dólares por habitante. La emisión descontrolada de títulos de la deuda ha trepado a índices irracionales hasta un total de 90.000 millones de dolares, lo que iguala la tasa por habitante a los récord alcanzados durante los siete años de la dictadura.

La eficacia del saqueo macrista, que llegó para poblar los ministerios de los representantes de los grandes grupos económicos que operan en la Argentina, se explica porque su Gobierno expresa la mayor unidad conseguida por las clases dominantes a lo largo de la historia argentina. Ni la década infame ni la revolución fusiladora lograron sintetizar la unidad de los sectores financieros,  agroexportadores, patronales rurales, sectores monopólicos energéticos, de la industria de la alimentación y los industriales exportadores.

Pero esa unidad no está ausente de contradicciones. Cuando se liberalizan las importaciones de un modo tan brutal, para beneficiar a determinados grupos de poder, algunos comienzan a enojarse.

Pero aún resquebrajada la unidad de las clases dominantes, el gran dilema que nos ocupa, y que le otorga una fortaleza aún mayor al Gobierno de los poderosos, es el grado de dispersión y desarticulación del campo popular.

Ahí está el conjunto de nuestros desafíos en esta compleja etapa. Debemos ser capaces de construir victorias en el campo del pueblo. La primer gran conquista que tenemos por alcanzar, es dejar de mirar por sobre nuestros hombros sobre el campo propio en busca de enemigos o traidores. Debemos asumir el desafío, también, de postergar las facturas postergables, para que el oportunismo de unos pocos, no encuentre en la crítica y autocrítica, la razón de sus agachadas.

Precisamos frenar el ajuste que el Gobierno está decidido a profundizar. Y para ello, debemos ser eficaces en la construcción de una agenda política que nos permita ordenar los innumerables esfuerzos desplegados por las organizaciones populares en ésta etapa.

Precisamos frenar la persecución desatada sobre el liderazgo popular de Cristina. Y para eso, necesitamos mucho más de Cristina que de nuestro voluntarismo mágico. Persiguen a Cristina porque los sueños y esperanzas de nuestro Pueblo, no la de nuestros dirigentes, encuentran sentido en la remembranza de los años felices más cercanos. Pero precisamos ponerlo en valor, y para ello adentro de una urna, apenas, el año que viene. Para no repetir “volveremos”, como loros que no pueden escapar de su jaula.

Necesitamos reconstruir los sueños rotos en nuestras barriadas, y transformar el dolor, en organización popular. Nos precisamos en la calle, pero con la eficacia del que amucha voluntades, del que sacrifica y posterga su individualidad, por mucho mas, de la indignación por las redes sociales.

Nos tenemos que exigir más. Mucho más. Nos tenemos que exigir ser felices, y para ello necesitamos vencer porque nos impusieron la tristeza a fuerza de derrotas. Y para vencer, lo primero es resistir. Como resiste Milagro el encierro revanchista de los poderosos.

Por una Navidad sin presos ni presas políticas. Libertad ya a Milagro Sala y las presas de Morales y Macri.

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