CASO NISMAN – SECRETOS INCONFESABLES: No hace falta ser Sherlock Holmes para ver quien impulsó al fiscal a presentar su denuncia

Leí con mucha atención en Página/12 dos notas muy buenas, casi impecables, de Raúl Kollmann sobre las resucitadas acusaciones de “traición a la patria” contra CFK y su canciller Timerman a propósito del Memorándum de Entendimiento con Irán, y el dictamen elogioso hacia ambos por esa iniciativa que firmó el fiscal Nisman en octubre, noviembre y diciembre de 2014, es decir al mismo tiempo que preparaba la acusación contra ellos, acusación que presentó extemporáneamente en medio de la feria judicial en enero de 2015. Se trata de El caso del memorándum para principiantes y Cuando Nisman jugaba a dos puntas, notas que recomiendo leer con mucha atención. El “casi impecables” viene a cuento de dos frases de la primera:

“En diciembre de 2014 alguien le metió en la cabeza a Nisman que lo iban a echar de la Unidad Fiscal AMIA” y, más adelante, “La UFI-AMIA también ratificó en forma científica que se usó una camioneta en el ataque”.

 

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Respecto a la última, ya demostré en Un balde rojo cuanta chantada puede esconderse detrás de la supuesta cientificidad, y respecto a la primera, destaco que no hace falta ser Sherlock Holmes para sospechar quien pudo ser ese alguien. Y aunque se ha escrito en este sitio mucho sobre el particular, preferimos esta vez citar la última nota dominical de Horacio Verbitsky, Prepárense, que muy precisa. Y es que mientras Kollmann se refiere a “oscuras transferencias de dinero, entre ellas una del Rey de las Vegas, Sheldon Adelson, desde Israel. Nisman recibió 200.000 dólares en una cuenta oculta de Colonia, Uruguay”, Verbitsky precisa que “Entre 2010 y 2014, Nisman recibió 282.000 dólares transferidos por una empresa de Sheldon Adelson a la cuenta bancaria 9700-7548-MAJ-6325-AC874, de la sucursal uruguaya en Colonia del Banco israelí Hapoalim, cuyo detalle publiqué aquí el 24 de enero de este interminable 2016. Adelson es socio de Paul Singer en el fondo buitre Elliot, y uno de los mayores aportantes a las campañas del primer ministro de Israel Benjamin Netanhayu y del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump. La cooperación israelí en tecnología de inteligencia, seguridad y defensa fue acordada por Macri y Netanhayu ese mismo mes de enero cuando se encontraron en Davos, donde el presidente llevó un bufón. La declaración de emergencia en seguridad permite comprar esos juguetes sin licitación. También coincidieron sobre el juzgamiento en ausencia de los acusados iraníes por la explosión de la DAIA en 1994. Macrì y Netanyahu ya se habían visto en Israel, en junio de 2014, cuando hablaron del fallo del juez de Wall Street, Thomas Griesa. “Habrá que pagar al contado”, opinó Macrì. Esa es una de las promesas que cumplió desde el gobierno. El gestor del encuentro fue su actual secretario de derechos humanos Claudio Avruj, socio del compañero sentimental de Patricia Bullrich, Guillermo Yanco. Juntos administran la agencia de noticias Vis-A-Vis, financiada con publicidad oficial argentina y cuya principal fuente informativa internacional es el diario Israel Hayom, propiedad de Sheldon Adelson, desde el que se giraron las subsistencias a Nisman. ¿Me acusará la DAIA de antisemita por revelar estos pormenores?

Todo indica pues que Sheldon le envió a Nisman 282.000 dólares (equivalentes a más 5000 dólares mensuales durante cuatro años) en nombre y representación de los servicios secretos israelíes, en pago por sus buenos oficios.

¿Cuáles fueron esos buenos oficios? Está claro que el eje fue mantener contra viento y marea acusaciones insustanciales contra altos funcionarios iraníes por haber sido supuestamente los instigadores de la voladura de la mutual judía de Buenos Aires. Tal como reconoce Kollmann, “las únicas pruebas son declaraciones de opositores al régimen iraní”, para mas escarnio casi sin excepción de miembros de los Mujaidines al Jalk (MKO), una organización considerada terrorista tanto por los Estados Unidos como por la Unión Europea, amparada hasta su derrocamiento por Sadam Hussein y sospechada de servir de brazo ejecutor del Mossad en el asesinato de científicos nucleares iraníes.

Es a causa de esta falta de pruebas que me atreví a pronosticar, años antes de su muerte, que el fiscal Nisman nunca acudiría a Teherán a entrevistar a los funcionarios iraníes a los que tan livianamente acusaba e incluso a pronosticar que antes de ello se suicidaría quemándose a la bonzo, punto donde debo reconocer, no fui preciso.

El banco Hapoalim, originalmente vinculado a la central obrera israelí, estuvo vinculado a la quiebra fraudulenta del Banco Mayo, cuyo presidente era Rubén Ezra Beraja, a la vez presidente de la DAIA, quien está siendo hoy juzgado, acusado de haber participado en el desvío de la investigación del atentado a la AMIA con el obvio propósito de que no se identifique a los asesinos.

Le damos la palabra a Daniel Schnitman, director del periódico judío La Voz y La Opinión:

“Los medios hegemónicos casi ni informan sobre lo que sucede en las audiencias del juicio por el Encubrimiento, a pesar de que un de los acusados es nada menos que el ex presidente (Carlos) Menem, el ex juez de la causa (Juan José) Galeano, y los fiscales (Eamon Mullen y José Barbaccia). Fue Galeano quien imputó, sin ninguna prueba confiable, a funcionarios iraníes. O sea, el mismo magistrado que encubrió a los verdaderos asesinos es el que imputó a los persas.

“A mi modo de ver, hay otro juicio indisolublemente ligado a éste–continuá Schnitman–. Fue el que se hizo por la quiebra fraudulenta del Banco Mayo en 1998. Beraja, Salomón Cheb Terrab y otros 18 imputados fueron procesados por los delitos de asociación ilícita, administración fraudulenta y estafa en perjuicio de la administración pública. Se investigaron maniobras que derivaron en un perjuicio al Banco Central de entre 300 y 600 millones de dólares, además de los perjuicios causados a los clientes de la propia entidad. La cifra en cuestión es muy pequeña si seguimos la ruta del dinero del Mayo. Medios israelíes asocian a los bancos Hapoalim, Discount y Leumí, que tenían oficinas en Argentina, con el Banco Mayo. Beraja manejaba mediante testaferros mesas de dinero como Mayflower International Bank Limited, con sede en Bahamas y utilizando su condición de presidente de una federación de bancos cooperativos con sede en Panamá, entre otros muchos negocios turbios que según varios investigadores incluyeron el lavado de dinero proveniente del tráfico de drogas vía Ibrahim al Ibrahim y Monzer al Kassar. La quiebra del Banco Mayo también se vinculó en marzo de 2015 con la fuga de dinero a través del HSBC por el entonces titular de la AFIP, Ricardo Echegaray. Cito de memoria:‘Existe un alto grado de conexidad entre nombres de las personas que fugaron dinero a través del HSBC e integrantes del Banco Mayo. Una vez que tengan reunidas esas pruebas las pondremos a disposición de la justicia’, dijo entonces Echegaray, que le pidió a la jueza María Verónica Straccia que detuviera e imputara al argentino Miguel Ángel Abadi,  administrador de un fondo que manejaba cuentas por 1.300 millones de dólares en el HSBC sin siquiera tener CUIT en la Argentina”.

Schnitman no lo dice pero Abadi, como Beraja, es un argentino descendiente de judíos sirios. Como se recordará, el traficante sirio Al Kassar –que repartía metralletas Uzi de fabricación israelí como si fueran tarjetas de presentación– fue el principal sospechoso de haber instigado los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA (tal como reafirmaron los juristas Andrés D’Alessio, León Arslanian, Raúl Zaffaroni y Ricardo Gil Lavedra, contratados por la DAIA y la AMIA en 1997 para estudiar la causa) hasta que Galeano acusó sin mayores fundamentos a los iraníes.

En cuanto a quien fue el “alguien” que convenció a Nisman de que la AFIP estaba tras sus pasos y que la Procuradora Alejandra Gils Carbó se disponía a relevarlo amparándose en el clamor de los tres grupos de familiares de las víctimas que estaban hartos de él y pedían que se lo relevara, cabe sospechar que han de haber sido los servicios secretos israelíes, no sólo por su interés en que no se identifique a los asesinos materiales (que fueron mercenarios locales) por el riesgo de que estos hicieran lo propio con quienes los contrataron desde en el entorno de Menem y ello permitiera barruntar cuáles fueron los pérfidos motivos del ataque, sino, sobre todo, porque el premier israelí Benjamín Netanyahu se había autoinvitado al Congreso de los Estados Unidos pasando por encima del presidente Obama en un desesperado intento de impedir el acuerdo entre Estados Unidos y las demás potencias occidentales e Irán en materia nuclear… para lo cual debía darle alguna encarnadura a sus denuncias de que Irán era un estado “terrorista”… que no está acusado de cometer atentados en ninguna parte, excepto en Argentina.

La extemporánea denuncia de Nisman contra CFK y Timerman le dio pie a Netanyahu para que a principios de marzo y en el Capitolio se refiriera a los lejanos atentados de Buenos Aires.

Queda en pie –aunque temblequeante, en falsa escuadra, derrumbándose en el fangal, como dice el tango– el asunto de si existió o no una Trafic-bomba. Insisto en mi desafío a Kollmann o quien raye para que lo debatamos en público.

 

 

 

 

 

 

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