LA EDUCACIÓN es nuestro Stalingrado: El cínico sincericidio del ministro Bullrich y la necesidad de ganar las calles

“La educación es uno de los primeros rubros de comercio  en el mundo”

 

Adriana Puiggrós habla sobre las políticas educativas de Cambiemos, los nuevos peligros y los problemas de la escuela para apropiarse de los avances tecnológicos.

 

adriana-puiggros

 

A contramano de lo que establece la Ley de Financiamiento Educativo, el gobierno de Mauricio Macri ya dejó en claro que no pretende abrir la paritaria nacional con los maestros y que, en cambio, apuesta a provincializar la negociación, además de forzar un techo del 18% a la mejora en los sueldos. Rechazada por el grueso de los gremios, la decisión tomada por el presidente y el ministro del área, Esteban Bullrich, se encamina a un conflicto de duración incierta, que de seguro afectará el dictado de las clases y se sumará al largo historial de desencuentros entre el PRO y los docentes. “Es una postura política, ideológica y, sobre todo, económica, porque ellos son, no diría sólo firmes defensores, sino beneficiarios del libre mercado, y siempre han estado de acuerdo con las políticas neoliberales acerca de la educación”, resumió Adriana Puiggrós, ex diputada nacional y doctora en Pedagogía, quien conversó con Revista Zoom sobre el escenario que atraviesa la enseñanza argentina desde la llegada de Cambiemos a la Casa Rosada. Autora de numerosos libros sobre la materia, titular de la comisión de Educación de Diputados entre 2007 y 2013, y directora de Cultura y Educación bonaerense de 2005 a 2007, Puiggrós sostuvo que el modelo que busca aplicar el macrismo se inscribe en un proceso de “avance de las grandes corporaciones sobre la educación pública”, en su búsqueda de “transformarla en un mercado”.

¿De dónde surgen estas políticas que ahora lleva adelante el oficialismo?

No son una novedad, sino que comienzan en los Estados Unidos con el gobierno de Ronald Reagan, cuando los grupos económicos descubren la posibilidad de hacer de la educación uno de los pocos mercados con una clientela asegurada, infinita y además regulable, algo en lo que han avanzado mucho técnicamente. Lo hicieron, por ejemplo, a través de las evaluaciones: lo que antes era un elemento pedagógico indispensable en la enseñanza, porque todos hemos pasado en la vida por algún examen, lo han convertido en un instrumento de regulación de ese mercado.

¿En qué aspectos se reflejan estos cambios?

Uno puede decir que nuestra educación sigue siendo pública, claro, pero se avanza hacia la privatización o tercerización de las tareas que realizan las instituciones educativas. Hoy hay empresas de capacitación docente, de administración escolar, de enseñanza de idiomas, de organización de eventos escolares, de limpieza, etcétera. Por eso, el tema no es si se funda una escuela privada más, ese es un problema del siglo XX. En el siglo XXI el problema son los negocios dentro de la escuela pública y las grandes cadenas, como la de Sunny Varkey –NdR: fundador de Gems Education Management Systems (GEMS)–. Lo menciono porque Varkey es dueño de la mayor red de servicios educativos privados, pero además es muy cercano a Macri. Recién asumido, una de las primeras cosas que hizo Macri fue encontrarse con él. En las reuniones de Davos, en 2016, tuvo una reunión con Varkey para invitarlo a la Argentina. Después, el año pasado, en Dubái, hubo un encuentro con los más grandes inversores en educación superior del mundo y ahí fue [Esteban] Bullrich. Toda esa es política de la Organización para el Comercio y el Desarrollo Económicos (OCDE), el llamado “club de los países ricos”, que hace unos 12 años colocó a la educación en la lista de bienes transables y les exigió a sus miembros que abran el mercado. O sea, que levanten toda intervención del Estado en la compra-venta de educación y que los estados nacionales dejen de entrometerse, vía legislación u otros medios, en las acciones privadas.

“El tema no es si se funda una escuela privada más, ese es un problema del siglo XX. En el siglo XXI el problema son los negocios dentro de la escuela pública”

¿Cuál es nuestra situación con respecto a esta directriz de la OCDE?

En aquel momento, Argentina no era miembro. Siendo presidente Néstor Kirchner, se firmó un acuerdo con Brasil, con el gobierno de Lula, por el cual ninguno de los dos países iba a acatar esa resolución de la OCDE. Pero Argentina acaba de ingresar, con lo cual la política de Macri, en ese sentido, queda legitimada.

¿Cómo funciona el mercado de la educación?

Se trata de un negocio que se da, por un lado, por la vía de la adquisición directa de escuelas, y por otra parte, mediante la tercerización de servicios. Un inicio de esto lo tuvimos en la época de Menem, que fue quien abrió el camino, cuando el Estado renunció a la capacitación docente. La forma en que el gobierno cumplía con la legislación era con autorizaciones a grupos privados para que impartieran cursos. Hubo un “shopping” de cursos, porque esas instancias otorgan puntaje y ese puntaje va a salarios. Con lo cual, en la época de Menem hubo muchas instituciones y grupos que daban capacitación docente de la manera en que se les ocurría. Además, se trata de un gran negocio para las universidades privadas. Después, está la tercerización de todo lo que es la edificación escolar. Un mercado enorme de tipo inmobiliario, porque no es sólo la construcción sino también el mantenimiento.

¿En qué lugar quedan los docentes frente a estas políticas?

Bueno, el gobierno ya dijo que no va a cumplir con la ley de paritarias. Bullrich se los dijo el año pasado en la cara a los docentes y ahora es uno de los conflictos más grandes que hay. El macrismo sabe que la normativa establece una convención colectiva de trabajo para fijar el piso salarial nacional, pero no les interesa, no la van a convocar. Hay que tener en cuenta que la paritaria no habla únicamente de salarios, también se discuten políticas educativas. Hay una Ley de Financiamiento Educativo y cada aspecto está atado a una meta. Entonces, en la medida en que el gobierno no llame a la paritaria, no sólo no está discutiendo salarios sino que además no está permitiendo la supervisión del cumplimiento de la política educativa que se ha consensuado y que es ley. El gobierno hace lo que quiere.

“En la medida en que el gobierno no llame a la paritaria, no sólo no está discutiendo salarios sino que además no está permitiendo la supervisión del cumplimiento de la política educativa que se ha consensuado y que es ley”

¿Qué alternativas le quedan a los gremios?

Es sumamente complicado. Los docentes no son, como dice Lugones, “avecillas poéticas”. Son trabajadores y hay una dificultad tradicional con eso. El asunto es que están entre la espada y la pared. La población debería reclamarle al gobierno que cumpla con su obligación de garantizar el derecho a la educación, y que lo haga pagando los salarios que corresponden a los maestros. El oficialismo está llevando a los docentes a un conflicto. Estoy en contacto permanente con los gremios y sé que están muy preocupados porque no quieren ir a un paro y que todo el mundo se queje, con razón, por otra parte, de que los chicos no van a la escuela. Pero a nadie se le ocurre ir frente al Ministerio de Educación a exigir que le paguen al docente de su hijo. ¿Y cuál sería la respuesta neoliberal, sobre la que hay muchísimo escrito?: “Usted, señor padre o señora madre, hágase responsable, cómo puede ser, si usted gana un salario normal, si no es indigente, ¿por qué no va a pagar por la educación de sus hijos?, ¿qué quiere?, ¿que le paguemos todo? Entonces, arancelemos la educación”. La sociedad tiene que hacerse cargo de este problema porque de lo contrario encontrarán, como ya ocurre, que no hay vacantes para sus hijos, que no se paga el salario a los maestros o que las escuelas se vienen abajo.

¿Es la idea de la libertad por sobre el derecho a la educación?

Exacto. Además, hay una inmediata reacción en contra de los docentes porque se desorganiza totalmente la vida de la gente cuando no pueden mandar a los chicos a la escuela. El otro aspecto es el negocio. Miremos lo que pasó en Chile y en Colombia. Es un gran mercado. Hay cálculos muy interesantes, sobre todo hechos por pedagogos y críticos norteamericanos, que han mostrado, hace ya más de 20 años, lo que significa ese negocio, en billones y billones de dólares. La educación es uno de los primeros rubros de comercio en el mundo.

¿Y qué pasa con el debate acerca de la calidad educativa y el tipo de contenidos? Parece quedar afuera de esta discusión…

Ahí también hay muchos problemas cruzados. Por un lado, está el hecho de que está muy mal la capacitación docente. Durante este año el gobierno no cumplió ni con la Ley Nacional de Educación, ni con las leyes provinciales ni con ninguna de las resoluciones del Consejo Federal al respecto. Es una locura que no haya capacitación docente y ese es uno de los reclamos gremiales. La Ley Nacional de Educación dice que debe ser “gratuita, obligatoria y en servicio”. A lo largo del tiempo, desde la dictadura, ha habido un deterioro cultural del conjunto de la Argentina, y ese deterioro se nota también en la capacitación docente. A esto hay que agregarle los cambios culturales. La capacitación de los maestros necesita también cambios, no solo acá, es al menos un problema de Occidente, porque está muy en crisis el sistema educativo moderno.

“Lo que creo es que desde el campo de la educación democrática y popular faltan esfuerzos para apropiarse de los avances científicos y tecnológicos”

Imagino que es una discusión difícil de dar si, en lugar de entender a la educación como un derecho, se la piensa como una mercancía.

Por supuesto. Si uno es un empresario propietario de una escuela el primer rubro para bajar costos es el salario. Entonces, gran parte del ataque sobre los docentes tiene que ver con eso: con descalificar y bajar sueldos. Hay dos películas, una norteamericana y otra mexicana, Waiting for Superman y De panzazo, ambas en contra de los maestros. La primera fue impulsada por Bill Gates, que es particularmente enemigo de los docentes. Los dos grandes sindicatos del sector en los Estados Unidos, que no son, digamos, precisamente socialistas, se presentaron a la justicia contra esa producción, porque lo que hace es denostar a los trabajadores de la educación. Es una campaña mundial. Y esto se da en medio de un momento de cambio tecnológico como el que estamos viviendo, desde la neurociencia hasta los diversos avances en la digitalización. Son innovaciones que deberían poder incorporarse a la enseñanza pero resulta que se tornan en peligros.

¿En qué sentido?

Porque no es solo que se quiere sustituir al docente, sino que acá hay algo más grave, respecto a la manipulación de las mentes. Lo que creo es que desde el campo de la educación democrática y popular faltan esfuerzos para apropiarse de los avances científicos y tecnológicos. No se trata de rechazarlos sino de darles un sentido que aporte a la emancipación y no a la producción de individuos–robot.

A %d blogueros les gusta esto: