AMIA – ENCUBRIMIENTO. «La investigación fue un desastre catastrófico», sostuvo Claudio Lifschitz

Cobertura del juicio por encubrimiento del atentado a la AMIA  /  30 de marzo de 2017

Audiencia Nº 82, 30/3/17. Texto basado en la crónica redactada por Claudio Gustavo Goldman para EMET Digit@l.

Continuó Lifschitz tras la renuncia de dos querellantes:

 

Claudio Lifschitz. Foto: Rolando Andrade

El jueves 30 de marzo, tras la renuncia de dos de los tres representantes de la querella del Ministerio Púlico Fiscal, continuó declarando (esta es la tercera vez consecutiva que lo hace, esta vez por espacio de tres horas y media, con lo cual ya lleva declarando once horas) Claudio Lifschitz, en el juicio oral y -a veces- público por encubrimiento de autores o cómplices del atentado a la AMIA. Como se recordará, Lifschitz es un ex agente de inteligencia de la Policía Federal, ex prosecretario del Juzgado Federal nº 9 en épocas en que su titular era el hoy enjuiciado Juan José Galeano, y también quien denunció parte sustancial de sus matufias. Es también un ex agente inorgánico de la disuelta “Sala Patria” de la SIDE y el autor del libro AMIA, Cómo se hizo fracasar la investigación, en el que se denuncian, sobre todo, maniobras del Sector 85 (Contrainteligencia) de la SIDE, dirigido en los años ’90 por el ingeniero Antonio Horacio “Jaime” Stiuso.

Lo más atrayente de la jornada estuvo relacionado con que horas antes se había conocido la información acerca de las renuncias de Mariana Stilman y Ezequiel Strajman como apoderados de la querella del Ministerio de Justicia, raíz de desavenencias con Miguel Inchausti, el nuevo abogado designado por el titular de esa cartera, Germán Garavano. Inchausti estuvo menos de noventa minutos y en ningún momento se sentó al escritorio que tiene asignado, ni tomó la palabra, cumpliendo estrictamente las órdenes del ministro de “ir a menos”.

La audiencia comenzó con una manifestación de Rodrigo Borda, letrado de Memoria Activa, quien aludió a las presiones recibidas por los renunciante por parte del ministro y al reemplazo de la “búsqueda de la verdad” por la promoción de “intereses contrapuestos” denunciados por Stilman, y la  prohibición al Strajman de asistir al debate en las últimas tres semanas por una presunta “violación del deber de objetividad”. Borda reclamó “darles publicidad” a sus notas de dimisión (que fueron publicadas por Pájaro Rojo) y pidió “copias certificadas de las mismas para agregar a la denuncia” que esa entidad “presentará ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por violación del decreto 812” de 2005, por el cual el Estado se comprometió a investigar el atentado y juzgar a sus encubridores, entre otras cosas.

Asimismo, agregó, “nos preocupa cómo pueden influir los verdaderos intereses del Ministerio de Justicia en el espíritu del tribunal y la Unidad Fiscal”, sin poner por ello en duda la honorabilidad d sus miembros, explicó.

El presidente del tribunal, Jorge Gorini, le respondió que los jueces no pueden decidir por las partes, que ese organismo regional tiene un veedor para el juicio, el relator Paulo Vanucci, y que las copias solicitadas estaban a disposición.

“Ya tuvimos una mala experiencia con el Estado argentino y no queremos ‘toros mochos’ en la querella; la obligación del tribunal es velar por el cumplimiento de los roles”, advirtió José Ubeira, abogado de los ex policías bonaerenses absueltos.

“No hay un hecho que lo justifique”, le replicó el titular del cuerpo.

Por otra parte, Elena Carubín, defensora del ex comisario Carlos Castañeda, que era al producirse el atentado el segundo jefe del Departamento de Protección del Orden Constitucional (POC) de la Policial Federal y poco después pasó a ser su titular, pidió que el jueves 6 de abril no haya audiencia por el paro nacional, lo cual así se dispuso, sin oposición de las otras partes.

Con casi media hora de atraso prosiguió la declaración de Lifschitz: en esta oportunidad se completó la primera ronda de preguntas de las querellas que pidieron su testimonio y comenzó la de las defensas, que continuarán el lunes con la incógnita de saber si harán falta más sesiones.

De todos modos, el testigo advirtió que ese día tiene un juicio oral y Gorini le informó que ya buscaban subsanar el tema de algún modo.

Al ser la tercera declaración que presta, la mayoría de las preguntas apuntó a aclarar o precisar algunos de sus dichos previos y en pocas oportunidades sus respuestas fueron extensas.

En 1983 “estuve nueve meses como meritorio en el Juzgado de Instrucción Nº 23 (entonces a cargo de Fernando Laffite) y después trabajé en un estudio jurídico hasta entrar en la Policía Federal”, más precisamente en el Cuerpo de Informaciones, cinco años después, contó.

“Una vez, Galeano me dijo: ‘No te olvides, Claudio, que saber es poder’”, lo citó Lifschitz, quien reconoció que “no se capacitó al personal del juzgado para investigar el terrorismo”.

“El personal era muy joven, no tenía más de 30 años, y no contaba con recursos tecnológicos: tuve que comprarme una notebook para trabajar y le dije a (Esther) Guarignelo cómo desarrollar un programa informático (de entrecruzamiento de teléfonos) anterior al Excalibur”, pero al mismo tiempo, “todos los prosecretarios nos quedábamos hasta la noche o la madrugada, salvo ‘Grace’ (por Graciela Burzomi) porque tenía hijos”, describió.

Sin embargo, “no había que ser muy avezado en terrorismo internacional para ver que todo era un desastre catastrófico por la voluntad política y judicial de que no se investigara”, de modo tal que “ninguna línea puede probarse”, sentenció el ex prosecretario.

“No hice la denuncia en su momento por temor; esperé el cambio de gobierno (menemista) y tuve más de diez atentados”, pero aun así “me llama mucho la atención que solo yo hablara de (las causas paralelas contra presuntas ‘células dormidas’ iraníes abiertas a pedido de la desaparecida Secretaría de Inteligencia del Estado -SIDE- en el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional Nº 1 de Lomas de Zamora, todavía a cargo de Alberto) Santa Marina y que no se haya avanzado” contra el juez, se quejó.

 “El encubrimiento fue posible gracias a la AMIA y la DAIA”

“Si la AMIA y la DAIA hubiesen repudiado a Galeano, no habríamos llegado adonde estamos” porque “¿quién iba a cuestionar la investigación si (ambas entidades) la apoyaban”, criticó el testigo.

“Todo el encubrimiento fue posible por ese acérrimo respaldo, y cuando lo denuncié, (el entonces titular de la segunda y actual imputado Rubén) Beraja y (su ex abogada, Marta) Nercellas me quisieron destruir para proteger al juez, sin escucharme como si lo hicieron los familiares” de Memoria Activa, diferenció.

En ese marco, “relacioné el pedido de disculpas” dado por Beraja al entonces Presidente y hoy juzgado Carlos Menem “después del discurso de Laura Ginsberg” en el acto por el tercer aniversario del atentado, el 18 de julio “de 1997 con la reunión del día anterior” en la base del Área Exterior de la SIDE, conocida como “Sala Patria”, y el “compromiso de no hablar contra la investigación” por parte de Beraja, que era entonces el indiscutido líder comunitario, explicó Lifschitz.

Por otra parte, “cuando (el ex juez Juan Pedro) Cortelezzi dejó la Cámara (Nacional en lo Criminal y Correccional Federal, cuya Sala I supervisaba esta causa), se fue a trabajar con una de las querellas”; más precisamente, al estudio de Luis Dobniewski, entonces abogado de la AMIA, puntualizó.

Además, tras la difusión pública del video de su entrevista con el último poseedor conocido de la camioneta-bomba Trafic, Carlos Telleldín, del 1º de julio de 1996, “Galeano buscó apoyo periodístico, de la AMIA, la DAIA y de afines a él sobre la supuesta legalidad de lo que había hecho para que no fueran contra él”, y en ese contexto Lifschitz recordó “reuniones con Joaquín Morales Solá, Magdalena Ruiz Guiñazú” y otros periodistas.

“No me comunicaba con periodistas cuando estaba en el juzgado”, salvo por “un simulacro de explosión de una Trafic”, cuando si lo hizo, pero aun así allí “se armaron muchos titulares, como los de Clarín” a partir de reuniones que sostenían casi diariamente Beraja y Galeano, e incluso Omar “Lavieri –destacado por Clarín– usaba la computadora del despacho de (el entonces secretario y hoy juez en Ushuaia, Tierra del Fuego, Javier) De Gamas”, añadió.

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