DOSSIER – VENEZUELA en la encrucijada.

No hay como ser peronista y antichavista ya que el peronismo es, antes que nada, antiimperialista.

En defensa de la Venezuela bolivariana

 

Al país donde se volvió a alzar la voz de los oprimidos
Para gritarle al mundo que nosotros, todos nosotros, también existimos

Al país donde se levantó de nuevo ese faro de la unidad
De lo que nunca debió desunirse, de lo que soñamos siempre juntos

Por esa tremenda luz que nos inspiró, por ese fervoroso abrazo que nos dieron
Deberíamos acudir a ampararlo, deberíamos marchar a defenderlo

Ahora que lo azotan, ahora que lo incendian, ahora que lo niegan
Ahora que a esa patria, ahora que a ese pueblo, lo están martirizando y lo quieren crucificar.
PABLO CINGOLANI

Los escualidos bancados por la CIA, actúan como el Ku Klux Klan. “Extraños frutos cuelgan de los árboles”, canta la gran Billie Holiday.

Venezuela se encuentra hace mucho viviendo lo que Argentina vivió en 1955. Con una mucho mayor injerencia de la CIA y sus satélites, el PP español y Felipe González, las ONG’s financiadas por la NED, etc. Si el gobierno de Nicolás Maduro no ha caído a pesar de ello es porque conserva un gran apoyo entre las capas sociales menos favorecidas y el de un ejército que en gran medida Chávez -y Diosdado Cabello- modelaron bolivariano, libertador y plebeyo, antes que socialista. El domingo, cuando se vote (porque se votará en relativa paz, gracias al despliegue militar) se contarán los porotos. Desde aquí no nos queda mas que solidarizarnos con los descamisados de allí. A continuacion les ofrecemos artículos recientes de Gustavo Vera, Jorge Elbaum y Atlio Borón que, creo, son complementarios, a pesar de ser el primero un vocero oficioso del Papa Francisco; el segundo de los sectores más nac & pop y progresistas de la colectividad judeo-argentina (o, si se prefiere, de los argentinos culturalmente judíos) y el tercero de la izquierda latinoamericana más aggiornada de las corrientes que surgieron de la Revolución Cubana,

 

LA ENCRUCIJADA: DEFENDER A LA VENEZUELA BOLIVARIANA

 

POR GUSTAVO VERA

El debate entre el pensamiento de izquierda latinoamericano se centra, por estos días, en la defensa o no de la Venezuela Bolivariana conducida por Nicolás Maduro. La creciente escalada de violencia que azota al país del norte del continente sudamericano (que ya lleva más de tres años) ha despertado críticas en pensadores y militantes políticos que hasta hace no mucho apoyaban la Revolución Bolivariana.

Las criticas más escuchadas o que se pueden leer de los desencantados del Chavismo, suelen ser sobre que hay una supuesta reacción armada que el gobierno de Maduro aplica sobre aquellos “que piensan distinto a él”, que el pueblo venezolano “se muere de hambre” y que Venezuela ha dejado de ser una democracia para convertirse en un país gobernado por una suerte de dictadura, donde todo el poder político se acumula en el poder ejecutivo. Otras voces menos analíticas pero con tanta fuerza en la reproducción de sus opiniones, sostienen sin más, que “Maduro no es Chávez”, como si las capacidades de las personas pudieran ser trasladadas por arte de magia entre uno y otro. Y como si, además, algún otro fuera Chavéz, como si dirigentes políticos como Hugo Chavez aparecieran todos los días en este continente, en este mundo. ¿Maduro no es Chavez? Claro, ustedes tampoco lo son, nadie lo es. ¿Es aquella cuestión su culpa? Definitivamente, no. (Tal vez sería interesante que, si admiramos tanto a Chavez, se respete a quién él eligió como su sucesor, pero aquella es otra historia).

-Maduro reprime a los que piensan distinto a él:

¿Quiénes son los que piensan distinto al gobierno venezolano?, ¿expresiones voluntarias de la sociedad civil venezolana? ¿Ciudadanos civiles que quieren recuperar la patria de las garras de la tiranía opresora? ¿Políticos interesados en mejorar la calidad de vida de la inmensa mayoría del pueblo venezolano? ¿Son acaso parte de un proyecto popular superador de la experiencia bolivariana, que quieren reparar o fortalecer las cuestiones que seguramente fallan en la revolución? La respuesta parece obvia, y casi que da vergüenza intelectual tener que decirlo, pero dado el debate que generó que escriba esta modesta columna de opinión, lo haré:

Aquellos que enfrentan al gobierno de Nicolás Maduro son las élites propietarias venezolanas que reinaron para su propio beneficio hasta la aparición de Chávez en Venzuela, son aquellos que quieren recuperar para poner nuevamente en pocas manos y a las órdenes de las intereses trasnacionales el mar de petróleo que hay bajo la tierra en aquél país. Son la CIA y el Departamento de Estado, que no reconocen mandato político y actúan de la misma forma sea Obama o Trump el presidente de los Estados Unidos y son, por supuesto también, las grandes cadenas de medios de comunicación comerciales, que desparraman el pensamiento occidental hegemónico por todo el mundo y que son parte, además, del entramado político del Imperio de Norteamérica. Parece tan obvio tener que decir esto. Y es tan obvio que los que se diferencian “por izquierda” del Chavismo conducido por Maduro, también lo saben, que uno empieza a pensar que su crítica ya no es por izquierda, sino que lo es por derecha. Pero, además, hay que dejar sentado que aquellos que intentan terminar con la Revolución Bolivariana no lo hacen solamente desde la rosca política, desde lo propiamente discursivo, lo hacen también haciendo uso de las armas. Leopoldo López, por ejemplo, cuya situación algunos periodistas “progresistas” argentinos han comparado con la situación que vive Milagro Sala en nuestro país, es responsable de casi medio centenar de muertos en el año 2014. Podemos hablar además de los ya frecuentes episodios de terrorismo en los que “simples opositores” matan a chavistas, hacen explotar bombas en lugares públicos o balean escuelas. Es la contrarrevolución la que usa las armas en contra del pueblo en Venezuela.

¿Es entonces éticamente reprobable que el Gobierno se defienda y sobre todo defienda a los sectores populares que son los más atacados por estas acciones criminales? La respuesta es no, salvo que uno crea que las oligarquías son las únicas con derecho a ejercer la violencia armada en los países y que si los gobiernos populares osan responder, se convierten en dictaduras.

-El pueblo se muere de hambre en Venezuela:

Afirmar semejante cosa desde la comodidad de un escritorio parece al menos una posición algo fácil, cuando no de corte principesca. Pero aceptando que la situación de desabastecimiento en Venezuela es grave y que el pueblo tiene problemas mayúsculos para abastecerse de alimentos básicos, cabe nuevamente hacer algunas preguntas obvias: ¿Realmente se cree que los problemas alimenticios que existen en aquél país son producto de la política económica del Gobierno de Maduro? ¿Quiénes son los que tienen problemas para abastecerse de comida, los pobres o los ricos en Venezuela? ¿Son las posiciones ortodoxas económicas y de mercado que priman en la oposición venezolana, las que darán de comer al pueblo Venezolano? Otra vez las respuestas desde un pensamiento popular y de izquierda parecen obvias. Al gobierno de Maduro y a todas las experiencias de gobiernos populares que hay y hubo en nuestro continente se las critica, se las quiere derrotar justamente por darle de comer a los sectores populares, por imprimir un piso de derechos básicos para la inmensa mayoría de la población, que había sido excluida y convertida en poco menos de desecho humanos por años de neoliberalismo. Acusar a la Revolución Bolivariana de no poder satisfacer las necesidades básicas del pueblo es descontextualizar cualquier análisis, negar los procesos de condiciones de producción para que tal cosa ocurra y olvidar, por acción u omisión mal intencionada, que son las propias elites venezolanas y las firmas trasnacionales dueñas de las cadenas de supermercados las que desabastecen para provocar caos en Venezuela.

Es un argumento tan de derecha como aquel que sostiene que la inflación la genera la suba de salarios y no lo inescrupuloso de las empresas y la falta de control de los gobiernos pro mercado. Una crítica por izquierda al gobierno venezolano podría ser que en estos años de Revolución no ha encarado un proceso de industrialización que permita a Venezuela dejar de ser una economía que necesita exportar hasta el papel higiénico, pero de ninguna forma acusar a Maduro y a su gobierno de ser los responsables de la falta de alimentos, cuando saben perfectamente que esto no es así. Salvo que hayan dejado de ser de izquierda.

-Venezuela ha dejado de ser una democracia:

Existe entre el pensamiento de izquierda ilustrado y hegemónico cierto rechazo a los gobiernos populares que radicalizan sus posiciones. Sostienen y reivindican a estos gobiernos hasta que aquellos se meten con el ordenamiento político institucional del orden establecido. A partir de allí, las loas a la república empiezan a repetirse por todos lados. Con dos resultados: el primero es que terminan colaborando y siendo funcionales a la restauración conservadora que dicen combatir. La segunda y mucho más grave aún, es cuando directamente, este horror que les genera al progresismo ilustrado las representaciones populares más radicalizadas, terminan haciéndolos pasar al enemigo. Casos como estos abundan en nuestro país, sin ir más lejos.

Las recientes derrotas en Argentina y el golpe parlamentario ocurrido en Brasil demuestran que los procesos populares no pueden ser guiados por las leyes de la democracia burguesa, porque en esas leyes está la trampa para restablecer el statu quo. Necesitamos aprender que las revoluciones no tienen futuro, no tienen chances de triunfar si no radicalizan sus posiciones político económico de cara a construir un socialismo latinoamericano que construya una patria grande justa, libre y soberana. Las reglas de la oligarquía están pensadas para hacer fracasar cualquier intento emancipador en nuestro continente. Maduro y su gobierno parecen haberlo entendido, tal vez algo tarde, con la reciente convocatoria a una Constituyente que intenta cambiar a la democracia de la única forma que es conocida, a la manera liberal. Modesto Emilio Guerrero lo explica a la perfección: “la idea constituyente de Maduro alteraría, si se potencia, los factores de la ecuación de la única democracia conocida, que es la liberal y podría conducir a la extinción de la oposición como corriente política de la clase dominante. Porque esta constituyente cambiaría la naturaleza del voto como acto-fetiche de la democracia tradicional. Cambiaría el mecanismo de legitimación del poder estatal en forma legal, combinando el voto individual, liberal con el voto de clase, ‘sectorial’.” No es cuestión entonces de esperar vencer con los límites de la democracia liberal, sino cambiarla de raíz

¿Encrucijada?

En este marco no parece ser ninguna encrucijada para lxs que defendernos un posicionamiento político ideológico, latinoamericano, popular y revolucionario defender a la Venezuela Chavista que conduce Maduro. Difícil, cuando no imposible sería para muchos de nosotrxs, tener que hacernos los tontxs e ignorar el por qué de la situación que atraviesa el país hermano. Excepto, claro, que ya no defendamos las causas que decimos defender.

El lobby argentino contra Venezuela

 

POR JORGE ELBAUM / NODAL

La reciente derrota de los presidentes de Brasil y Argentina en su intención de expulsar a la República Bolivariana de Venezuela del Mercosur estuvo prologada por la labor de un colectivo de políticos y empresarios argentinos ligados a la más violenta oposición al gobierno de Maduro, con terminales en Think Tanks de Miami y Washington. La “Red V” tiene como objetivo desestabilizar las instituciones democráticas venezolanas, confundir a la opinión pública del continente latinoamericano e impulsar una guerra civil al interior del país caribeño para habilitar una mayor injerencia de los Estados Unidos, y legitimar, en última instancia, una intervención militar.

“La Red”, que se encuentra en su etapa de institucionalización tiene como uno de sus articuladores centrales al diputado argentino del oficialismo, Waldo Wolff. El vínculo de Wolff con vectores de este conglomerado agrupa a sectores del establishment del continente vinculados al mundo académico, empresarial y relacionado a la fundación ESTELA, un think tank vinculado a Esteban Bullrich, exministro de educación de Mauricio Macri.

Los vínculos comerciales de Wolff se establecieron durante el año 2014, cuando se asoció al venezolano Eduardo José Esquivel Ortega en el emprendimiento Massparking, inscripto con el número 829953 del registro público panameño, en uno de los emprendimientos que fue parte del escándalo internacional –a inicios de 2016– de los denominados “Panamá Papers”. Esta empresa, adscripta a un “paraíso fiscal”, nunca fue declarada ante el fisco argentino y se articula con otra iniciativa comercial caratulada como “Simulador Indoor Golf Center”, ubicado en el tercer subsuelo del Hotel Panamericano de la capital panameña, donde prominentes exiliados venezolanos asisten para practicar su “drive” y planificar acciones de los grupos de choque antichavistas conocidas como “guarimbas”.

Tiempo después de sustanciar estas asociaciones comerciales Wolff fue elegido vice presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) y es catapultado –inmediatamente– a la escena pública nacional debido alfallecimiento del fiscal Natalio Alberto Nisman, sucedidoen enero de 2015. El dirigente del sector más reaccionario de la colectividad judía argentina se montó en la muerte de Nisman para liderar una campaña de desprestigio contra Cristina Fernández de Kirchner del mismo tipo que la utilizada por la red antichavista que actualmente lidera, y cuyo objetivo es echar por tierra al gobierno de Maduro. Apenas conocido el deceso de Nisman se reveló la existencia de cuentas no declaradas del fiscal fallecido por casi 700 mil dólares en bancos de EEUU y propiedades no declaradas en Uruguay por 400 mil dólares. Wolff, sin embargo, organizó junto al secretario general de la DAIA, Jorge Knoblovits, una campaña internacional de difamación contra el entonces gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, que incluyó una gira por Estados Unidosen la que amplió los contactos políticos con sectores ligados a los denominados “fondos buitres” (b). Uno de los encuentros públicos más resonantes de esa “gira” fue la conferencia conjunta brindada por Knoblovits y el cubano –nacionalizado estadounidense– Carlos Alberto Montaner, sindicado por múltiples fuentes como un conspicuo instigador de todos los intentos golpistas existentes en América Latina en los últimos treinta años, y enemigo declarado de la revolución bolivariana iniciada por Hugo Chávez en 1999. En ese coloquio público, la DAIA y Montaner impugnaron a los gobiernos de Maduro y de CFK (en forma conjunta) en el seno de un Templo confesional, el Beth Torá Benny Rock Campus, ubicado en Miami, donde se asoció al fallecido Natalio Alberto Nisman con el golpista venezolano Leopoldo López. Ambos –Nisman y López– fueron equiparados como patriotas, víctimas de la persecución del “populismo” latinoamericano.

Los contactos de 2015, incluyeron consultas con AIPAC (el lobby de la derecha comunitaria donde las corporaciones petroleras tienen un lugar relevante), organización que ha sido ampliamente repudiada por amplios sectores de la judeidad estadounidense, por carecer de compromiso con la paz en Medio Oriente, y promover soluciones bélicas en distintos puntos del planeta. Dos de los acaudalados donantes más relevantes de AIPAC son –curiosamente— Paul Singer y Sheldon Adelson, quienes han sido a) asociados al oscuro financiamiento de Natalio Alberto Nisman descubierto poco después de su fallecimiento; b) integrantes de los “fondos buitres” que pretendieron llevar al default al gobierno de los Kirchner y que terminaron cobrando sus inversiones e intereses usurarios, luego del triunfo de Mauricio Macri; c) el vínculo con el partido de la derecha israelí, el Likud, defensor de las políticas coloniales de ocupación sobre los territorios palestinos, y d) quienes –según el propio presidente Maduro—son los máximos responsables de la “guerra económica” desatada contra el chavismo, cuyo interés fundamental es la apropiación y control de la cuenca petrolífera venezolana.

Las simpatías y confianzas con estos sectores ya habían sido puestas en evidencia por el propio jefe de Wolff, Mauricio Macri cuando afirmó frente a las cámaras de TV (el 23 de noviembre de 2009) que había consultado con las embajadas de Israel y Estados Unidos antes de nombrar a su jefe de policía. Macri, en forma textual, afirmó: “Fuimos a la embajada de Estados Unidos y a la de Israel y les dijimos: ‘Queremos que nos recomienden cuál es el mejor policía’, y los dos, sin hablar entre ellos, dijeron: ‘El señor (Jorge) Palacios’”. Luego, el actual presidente remarcó: “Fue una recomendación de dos servicios de inteligencia extranjeros”, refiriéndose a la CIA y el Mossad.

La tarea de articulación internacional y la concomitante deslegitimación del chavismo (y de Cristina Kirchner), le granjeó a Wolff la confianza de Mauricio Macri, quien lo incorporó en las listas legislativas en diciembre de ese año 2015, permitiéndole acceder a la cámara de diputados de la Nación. El 6 de marzo de 2016, a los pocos meses de incorporarse a la Cámara Baja, Wolff participó del vigésimo primer encuentro de parlamentarios judíos de América Latina y el Caribe que se desarrolló en Miami, auspiciado por una organización ligada a la derecha del partido republicano, la Fundación Alianza por Israel (IAF, por sus siglas en inglés).

El representante por la República Bolivariana de Venezuela fue el congresista Julio Borges, líder de la oposición al chavismo, que utilizó el evento para acompañar la perspectiva de Wolff, orientada a desprestigiar a la totalidad de los gobiernos progresistas de América Latina. Según un legislador asistente al evento, Wolff y Borges (quien carece de ancestros judíos, lo que demuestra que dichos eventos son una mascarada para articulaciones políticas no precisamente identitarias) lideraron las comunicaciones ofrecidas con posterioridad al encuentro y participaron en reuniones bilaterales con exiliados cubanos y venezolanos comprometidos en campañas digitales anti bolivarianas.

Una amplia diversidad de medios señalan a Borges como uno de los líderes de los grupos de choque fascistas comprometidos en el sabotaje y los actos terroristas que llevan al acrecentamiento de la violencia en Venezuela que tienen como objetivo final la concreción de una guerra civil que permita legitimar la intervención militar de EEUU. El documento final, divulgado por la AIF, afirma textualmente que “…el gobierno argentino corroboró que la muerte de Nisman en 2015 fue un asesinato. Esta confirmación cuestiona la posición del gobierno de Kirchner. (…) Nisman se preparaba para acusar a la entonces presidenta argentina Cristina Fernández Kirchner quien intentaba encubrir el papel de Irán en el atentado de 1994, de la AMIA.”

Los acuerdos alcanzados en EEUU fueron operativizados, en nuestro país, a través de una campaña contra el chavismo lanzada conjuntamente desde Buenos Aires, Santiago de Chile y Bogotá y que se inició exactamente luego del regreso de Knoblovits a la Argentina. Campaña que fue implementada en una primera fase a través de “trolls” (perfiles falsos insertos en las redes sociales) con el objetivo de difundir fakes (falsedades viralizables) o dispositivos orientados a confundir a la opinión pública. Dicha campaña fue ampliada, posteriormente por el periódico Nuevo Herald de Miami y otros integrantes de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). El propio Wolff acompañó la viralización de noticias difundidas por los “guarimberos virtuales”, a través de su cuenta de Twitter @WolffWaldo, también reproducida en su site http://www.waldowolff.com.ar.

Estas aproximaciones político-comerciales motivaron el posterior desarrollo de actividades conjuntas entre el Ministerio de seguridad nacional, dirigido por Patricia Bullrich desde la asunción de Macri, que incluyeron su compromiso de otorgamiento de avales al gobierno de Israel, por parte de Argentina, en los foros internacionales.

El 18 de enero de 2016 –exactamente un año después de la muerte de Nisman–, el Financial Times dio cuenta de una de dichas articulaciones a través de la participación del coronel Uzi Moskovitz, referente de ciberseguridad del ejército de Israel, en una conferencia en Buenos Aires. Meses después, en mayo de 2016 Waldo Wolff fue sumado a la “Comisión bicameral de seguimiento de temáticas de la seguridad interior” y al final del mismo mes dieciséis empresas israelíes desembarcaron en Buenos Aires con el objetivo de “ofrecer a las fuerzas policiales locales de drones, globos, dispositivos sensibles e instrumentos de lucha contra el ciberterrorismo”. Dicho encuentro motivó unas llamativas declaraciones al diario Clarín, por parte de Patricia Bullrich,el 24 de julio de 2016: “…estamos trabajando con la Dirección de Comunicaciones de la Corte (la oficina encargada de las escuchas telefónicas ligadas históricamente con los servicios de inteligencia) para el establecimiento de protocolos. (…) El diputado Waldo Wolff lo está trabajando con expertos de distintos lugares en el mundo, para saber qué hacer y cómo operar …”. El reconocimiento público divulgado por la ministra lo llevó ese mismo día (24 de julio de 2016) a tuitiar –eufóricamente– desde su cuenta: “‏@WolffWaldo Gracias Ministra. @PatoBullrich por la confianza!!”.

El 27 de septiembre de 2016 el diputado Wolff sugiere que el gobierno de Maduro ha tenido responsabilidad en la muerte de Natalio Alberto Nisman y solicita a la justicia argentina que llame a declaración testimonial a un militar venezolano. (http://bit.ly/2tRvX0v). La encarnizada guerra comunicacional continúa en noviembre de 2016 cuando la ministra Bullrich es invitada por el gobierno de Israel al cuarto encuentro de ciberseguridad a realizarse en Tel Aviv, donde se exhibe y vende aparatología informática destinada al control de la seguridad pública y el “terrorismo”. Entre la decena de acompañantes de la ministra resultó sorpresivo el acompañamiento del diputado Wolff como “representante del Congreso Nacional”.

La delegación argentina mantuvo contactos con funcionarios de SIBAT, dirección de Cooperación de Defensa Internacional de Israel, quienes manejan el comercio de equipamiento bélico israelí y reúne a la totalidad de las empresas de seguridad pública, mixta y privadahttp://bit.ly/2trfe4B. Los contactos entablados en Jerusalén incluyeron la visita a uno de los políticos más extremistas del arco político israelí, su actual ministro de Defensa, Avigdor Lieberman. En retribución a sus variados vínculos internacionales y su participación en programas televisivos que entremezclan pseudo-periodismo y debates de alcoba, Wolff fue designado como uno de los doce comunicadores encargados de defender el proyecto gubernamental del PRO.

El colectivo del que forma parte Wolff ha sido denominado por sus propios creadores como “Los Ángeles de Macri”, y lo componen nueve legisladores de la cámara baja y tres senadores nacionales. Wolff es, además, desde mediados de 2016 el encargado de expresar la posición extra-diplomática del gobierno en relación a la situación venezolana. Los informantes consultados en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina coinciden en afirmar que Waldo Wolff fue el más enérgico oponente de la ex canciller Susana Malcorra, quien se vio en la obligación de renunciar a su cargo al no compartir la posición extremista sustentada por el congresista argentino. Coincidentemente, en el mismo periodo de incorporación al “grupo de comunicación los ángeles de Macri” se conocieron públicamente conversaciones privadas de la ex presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, a partir de escuchas telefónicas divulgadas sin autorización judicial, sobre la base de la utilización de tecnologías de seguridad informática.

El 16 de mayo, Wolff divulgó a través de medios afines una pretenciosa carta pública en la que comparó a Nicolás Maduro con Adolf Hitler e invitó a declararle la guerra al chavismo como hizo Churchill con el nazismo (http://bit.ly/2vz6w5S). En junio el diputado presentó en la Cámara de Diputados una denuncia contra Nicolás Maduro por supuestos delitos de lesa humanidad y anunció la conformación de una “mesa de trabajo ad hoc” para seguir los acontecimientos en Venezuela. El 5 de julio, en ocasión de celebrarse la independencia de Venezuela, participó en una manifestación, ocasión en la que pronunció un discurso de barricada alentando a continuar con el enfrentamiento al gobierno. Entre los convocantes estuvo el venezolano Ernesto Humberto Tinoco Egui, quien se autodenominó “referente” en Argentina del partido “Voluntad Popular”, el mismo que encabeza el golpista Leopoldo López.

Tinoco fue partícipe de hechos violentos sucedidos en la puerta de la embajada de Venezuela en Buenos Aires, durante los dos últimos años.

Una semana después del discurso de solidaridad con las “guarimbas”, Waldo Wolff fue distinguido por el Congreso Judío Latinoamericano (organización continental de la derecha de la colectividad judía) como “presidente del grupo de parlamentario judío”, un cargo apto para darle continuidad a la confusión identitaria dispuesta para asociar lo hebreo a una impronta conservadora, desligada de toda la historia popular y emancipatoria que también implica la tradición judía.

Spykjman

Nicholas Spykman (1893-1943) fue uno de los teóricos de las relaciones internacionales que mayor influencia tuvieron en la formación de diplomáticos y académicos del servicio exterior de los Estados Unidos. Spykman consideraba que el Caribe era la zona prioritaria de control que necesitaba EEEUU para garantizar su hegemonía hacia el mundo y que dicha zona debía ser infranqueable si se pretendía continuar con poderes geopolíticos claves. La autonomía política de Venezuela, sus estrechos vínculos con Cuba y sus crecientes lazos comerciales con China y Rusia suponen un desafío al orden imperial que Washington pretende perpetuar, garantizándose de ese modo los recursos naturales de América Latina como (su) capital estratégico. Para ese cometido se requieren “malinches” capaces de hacer el trabajo sucio desde las entrañas doloridas y traicionadas de América Latina. El diputado argentino Waldo Wolff no es más que uno más de sus espectros repetidos.

La CIA y la contrarrevolución en Venezuela

 

 

POR ATILIO BORÓN / LOBOALPHA

La sociedad capitalista tiene como uno de sus rasgos principales la opacidad. Si en los viejos modos de producción precapitalistas la opresión y la explotación de los pueblos saltaba a la vista y adquiría inclusive una expresión formal e institucional en jerarquías y potestades, en el capitalismo prevalece la oscuridad y, con ella, el desconcierto y la confusión. Fue Marx quien con el descubrimiento de la plusvalía descorrió el velo que ocultaba la explotación a la que eran sometidos los trabajadores “libres”, emancipados del yugo medieval . Y fue él también quien denunció el fetichismo de la mercancía en una sociedad en donde todo se convierte en mercancía y por lo tanto todo se presenta fantasmagóricamente ante los ojos de la población.

Lo anterior viene a cuento de la negación sobre el papel de la CIA en la vida política de los países latinoamericanos, aunque no sólo en ellos. Su permanente activismo es insoslayable y no puede pasar desapercibido para una mirada mínimamente atenta. Peso a ello al hablarse de la crisis en Venezuela –para tomar el ejemplo que ahora nos preocupa- y las amenazas que se ciernen sobre ese país hermano a la “Agencia” nunca se la nombra, salvo pocas y aisladas excepciones. La confusión que con su opacidad y su fetichismo genera la sociedad capitalista se cobra nuevas víctimas en el campo de la izquierda. No debería sorprender que la derecha alentara ese encubrimiento de la CIA. La prensa hegemónica –en realidad, la prensa corrupta y canalla- jamás la menciona. Es un tema tabú para estos impostores seriales. Ni a ella, la CIA, ni a ninguna de las otras quince agencias que constituyen en conjunto lo que en Estados Unidos amablemente se denomina “comunidad de inteligencia”. Eufemismos aparte, es un temible conglomerado de dieciséis pandillas criminales financiadas con fondos del Congreso de Estados Unidos y cuya misión es doble: recoger y analizar información y, sobre todo, intervenir activamente en los diversos escenarios nacionales con un rango de acción que va desde el manejo y la manipulación de la información y el control de los medios de comunicación hasta la captación de líderes sociales, funcionarios y políticos, la creación de organizaciones de pantalla disimuladas como inocentes e insospechadas ONGs dedicadas a inobjetables causas humanitarias hasta el asesinato de líderes sociales y políticos molestos y la infiltración en – y destrucción de- toda clase de organizaciones populares. Varios arrepentidos y asqueados ex agentes de la CIA han descrito todo lo anterior en sumo detalle, con nombres y fechas, lo que me excusa de abundar sobre el tema. [1]

Que la derecha sea cómplice del encubrimiento del protagonismo de los aparatos de inteligencia de Estados Unidos es comprensible. Son parte del mismo bando y protege con un muro de silencio a sus compinches y sicarios. Lo que es absolutamente incomprensible es que representantes de algunos sectores de la izquierda –notablemente el trotksismo-, el progresismo y cierta intelectualidad atrapada en los embriagantes vapores del posmodernismo se inscriban en este negacionismo donde no sólo la CIA desaparece del horizonte de visibilidad sino también el imperialismo. Estas dos palabras, CIA e imperialismo, ni por asomo irrumpen en los numerosos textos escritos por personeros de aquellas corrientes acerca del drama que hoy se desenvuelve en Venezuela y que, ante sus ojos, parece tener como único responsable al gobierno bolivariano. Quienes se inscriben en esa errónea – insanablemente errónea- perspectiva de interpretación se olvidan también de la lucha de clases, que brilla por su ausencia sobre todo en los análisis de supuestos marxistas que no son otra cosa que “marxólogos”, esto es, cultos doctores embriagados por las palabras, como a veces decía Trotsky, pero que no comprenden la teoría ni mucho menos la metodología del análisis marxista y por eso ante los ataques que sufre la revolución bolivariana exhiben una gélida indiferencia que, en los hechos, se convierte en complacencia con los reaccionarios planes del imperio.

Toda esta horrible confusión, estimulada como decíamos al comienzo por la naturaleza misma de la sociedad capitalista, se disipa en cuanto se recuerda el sinfín de intervenciones criminales que la CIA llevó a cabo en América Latina (y en donde fuera necesario) para desestabilizar procesos reformistas o revolucionarios.

Una somera enumeración a vuelo de pájaro, inevitablemente incompleta, subrayaría el siniestro papel desempeñado por “la Agencia” en Guatemala, en 1954, derrocando al gobierno de Jacobo Árbenz organizando una invasión dirigida por un coronel mercenario, Carlos Castillo Armas, quien luego de hacer lo que le fuera ordenado sería asesinado tres años después en el Palacio Presidencial. Sigamos: Haití, en 1959, sosteniendo al por entonces amenazado régimen de François Duvalier y garantizando la perpetuidad y el apoyo a esa criminal dinastía hasta 1986.

Ni hablemos del intenso involucramiento de “la Agencia” en Cuba, desde los comienzos mismos de la Revolución Cubana, actividad que continúa hasta el día de hoy y que registra como uno de sus principales hitos la invasión de Playa Girón en 1961; o en Brasil, 1964, asumiendo un activísimo papel en el golpe militar que derribó al gobierno de Joao Goulart y sumió a ese país sudamericano en una brutal dictadura que perduró por dos décadas; en Santo Domingo, República Dominicana, en 1965, apoyando la intervención de los marines luchando contra los patriotas dirigidos por el Coronel Francisco Caamaño Deño; en Bolivia, en 1967, organizando la cacería del Che y ordenando su cobarde ejecución una vez que había caído herido y capturado en combate.

La CIA permaneció en el terreno y ante la radicalización política que tenía lugar en Bolivia conspiró para derribar el gobierno popular de Juan J. Torres en 1971. En Uruguay, en 1969, cuando la CIA envió a Dan Mitrione, un especialista en técnicas de tortura, para entrenar a los militares y la policía para arrancar confesiones a los Tupamaros. Mitrione fue ajusticiado por estos en 1970, pero la dictadura instalada por “la embajada” desde 1969 perduró hasta 1985; en Chile, desde comienzos de los años sesenta e intensificando su acción con la complicidad del gobierno democristiano de Eduardo Frei. La misma noche en que Salvador Allende ganara las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970 el presidente Richard Nixon convocó de urgencia al Consejo Nacional de Seguridad y ordenó a la CIA que impidiera por todos los medios la asunción del líder chileno y, en caso de tal cosa ser imposible, no ahorrar esfuerzos ni dinero para derrocarlo. “Ni un tornillo ni una tuerca para Chile” dijo ese patán que luego sería desalojado de la Casa Blanca por un juicio político.

En Argentina, en 1976, la CIA y la embajada fueron activas colaboradoras de la dictadura genocida del general Jorge R. Videla, contando inclusive con la desembozada ayuda y consejo del por entonces Secretario de Estado Henry Kissinger; en Nicaragua, sosteniendo contra viento y marea a la dictadura somocista y, a partir del triunfo del sandinismo, organizando a la “contra” apelando inclusive al tráfico ilegal de armas y drogas desde la misma Casa Blanca para lograr sus objetivos; en El Salvador, desde 1980, para contener el avance de la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, involucrándose activamente durante los doce años que duró la guerra civil que dejó un saldo de más de 75.000 muertos. En Granada, liquidando al gobierno marxista de Maurice Bishop. En Panamá, 1989, invasión orquestada por la CIA para derrocar a Manuel Noriega, un ex agente que pensó que podía independizarse de sus jefes, ocasionando al menos 3.000 muertos en la población.

En Perú, a partir de 1990, la CIA colaboró con el presidente Alberto Fujimori y su Jefe del Servicio de Inteligencia, Vladimiro Montesinos para organizar fuerzas paramilitares para combatir a Sendero Luminoso y, de paso, cuando izquierdista se les pusiera a tiro, o dejando un saldo luctuoso que se mide en miles de víctimas. Dados estos antecedentes, ¿alguien podría pensar que la CIA ha permanecido de brazos cruzados ante la presencia de las FARC-EP y el ELN en Colombia, donde Estados Unidos cuenta con siete bases militares para el despliegue de sus fuerzas? ¿O que no actúa sistemáticamente para corroer las bases de sustentación de gobiernos como los de Evo Morales y, en su momento, de Rafael Correa y hoy Lenín Moreno? ¿O que se ha retirado a cuarteles de invierno y dejado de actuar en Argentina, Brasil, y en toda esta inmensa región constituida por América Latina y el Caribe, considerada con justa razón como la reserva estratégica del imperio? Sólo por un alarde de ignorancia o ingenuidad podría pensarse tal cosa.

¿Puede, por lo tanto, alguien sorprenderse del protagonismo que la CIA está teniendo hoy en Venezuela, el “punto caliente” del hemisferio occidental?

¿Puede la dirigencia norteamericana –la real, el “deep state” como dicen sus más lúcidos observadores, no los mascarones de proa que despachan desde la Casa Blanca- ser tan pero tan inepta como para desentenderse de la suerte que pueda correr la lucha planteada contra la Revolución Bolivariana en el país que cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo?

Puede que para el trotskismo latinoamericano y otras corrientes igualmente extraviadas en la estratósfera política la MUD y el chavismo “sean lo mismo” y no provoque en esas corrientes otra cosa que una suicida indiferencia. Pero los administradores imperiales, que saben lo que está en juego, son conscientes de que la única opción que tienen para apoderarse del petróleo venezolano –objetivo no declarado pero excluyente de Washington- es acabar con el gobierno de Nicolás Maduro dejando de lado cualquier escrúpulo con tal de obtener ese resultado, desde quemar vivas a personas a incendiar hospitales y guarderías infantiles .

Saben también que el “cambio de régimen” en Venezuela sería un triunfo extraordinario del imperialismo norteamericano porque, instalando en Caracas a sus peones y lacayos, los mismos que se enorgullecen de su condición de lamebotas del imperio, ese país se convertiría de facto en un protectorado norteamericano, montando una farsa pseudodemocrática –como la que ya hay en varios países de la región- que sólo una nueva oleada revolucionaria podría llegar a desbaratar.

Y ante esa opción, imperio versus chavismo, no hay neutralidad que valga.

No nos da lo mismo, ¡no puede darnos lo mismo una cosa o la otra!.

Porque por más defectos, errores y deformaciones que haya sufrido el proceso iniciado por Chávez en 1999; por más responsabilidad que tenga el presidente Nicolás Maduro en evitar la desestabilización de su gobierno, los aciertos históricos del chavismo superan ampliamente sus desaciertos y ponerlo a salvo de la agresión norteamericana y sus sirvientes es una obligación moral y política insoslayable para quienes dicen defender al socialismo, la autodeterminación nacional y la revolución anticapitalista.

Y esto, nada menos que esto, es lo que está en juego los próximos días en la tierra de Bolívar y de Chávez, y en esta encrucijada nadie puede apelar a la neutralidad o la indiferencia.

Sería bueno recordar la advertencia que Dante colocó a la entrada del Séptimo Círculo del Infierno: “este lugar, el más horrendo y ardiente del Infierno, está reservado para aquellos que en tiempos de crisis moral optaron por la neutralidad”. Tomar nota.

Nota:

1] Ver John Perkins, Confesiones de un gángster económico. La cara oculta del imperialismo norteamericano (Barcelona: Ediciones Urano, 2005). Edición original: Título original: Confessions of an Economic Hit Man First published by Berrett-Koehler Publishers, Inc., San Francisco, CA, USA. Ver también el texto pionero de Philip Agee, de 1975, Inside the Company,y publicado en la Argentina bajo el título La CIA por dentro. Diario de un espía (Buenos Aires: Editorial Sudamericana 1987).

Comentarios (4)

  1. Enrique Juarez

    Tal vez la historia no se repita, pero lo que sucede en Venezuela se parece mucho a lo ocurrido en Irán 1953

    https://www.youtube.com/watch?v=rJ0kf5vON0E

    https://www.youtube.com/watch?v=i4FTiGHHz6k

  2. Joaquín Bertran

    ¿REVOLUCION BOLIVARIANA? Por favor, no mancillen la memoria de este gran hombre, civil y militar, que honramos los americanos, sin excepción y sin discriminación por los del Norte, Centro o Sur de nuestra América Colombiana y Vespusiana; Bolivariana y Sanmartiniana. En efecto, si Bolívar se ha encontrado en el más allá con Chávez, seguro que lo está “cagando a patadas en culo”, por los desaguisados que cometió el morocho en vida. Y si de pronto el libertador resucitara y volviera por unas horas a la tierra venezolana, lo agarraría a Maduro (a quien los arrancaron verde) del cogote y le daría de bofetadas en esa cara gorda, negra y deplorable, hasta que se le acalambrara el brazo.

  3. carlos ranquelino (@retobao)

    Queda probado que el eje del mal-Israel-USA y OTAN,son los responsables de todas las calamidades de este mundo.-

  4. Emiliano Martel Heiland

    me surgen muchas preguntas.. para comenzar: Si EEUU y pasises asociados son los culpables, por que los hijos de maduro estudian en esas universidades? por que maduro tiene dinero e inversiones en esos lugares? Es para que me aclares esas cosas, porque no entiendo muchas cosas.

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