GEORGE BRASSENS, un crack que ameniza horas muertas resucitándolas

George Brassens siempre me ha conmovido. Admiro su facilidad para volver sencillas las emociones más complejas, su sentido del humor y de la síntesis, su humanidad. Claro que no pretendo que mi gusto sea mayoritario, en caso sufrí repudios cuando exhibí El día de la bestia, del vasco Alex de Iglesia presentándola como una película humorística. Sospecho que algo parecido me puede pasar si insisto en que para mi una de las mejores canciones de amor que conozco es La tormenta.

En estas horas de expecxtativa, y para amenizar la espera, quiero dejarles aqui tres muestras poco conocidas de su talento como poeta. La primera es una versión de una de las canciones mas conocidas de Brassens, esta vez por los argentinos Claudina y Alberto Gambino, a los que escuché varias veces durante mi exilio en Barcelona y cuyo rastro perdí después.

Luego, por el propio Brassens, una canción que podríamos decir es un himno de la misoginia. La descripción de una mujer que  fuerza de aburrirnos, nos saca de quicio.

Y por fin, en un looping, una vuelta de campana que causa vértigo, una hermosa letra hecha desde un punto de vista femenino cantada por la bella Emmanuelle Béart.

 

 

A %d blogueros les gusta esto: