CASO MALDONADO. El juez Otranto se negó a allanar el casco de la estancia de Benetton

Publicado por Tiempo Argentino, que salió recién hoy por un desperfecto en la imprenta. Van dos notas  esclarecedoras.

La fiscal quiso allanar el casco de la estancia pero el juez se negó

El dato es clave porque los testigos declararon que Maldonado fue trasladado al lugar.

TÉLAM

 

POR RICARDO RAGENDORFER

El 7 de septiembre hubo en El Bolsón una marcha por la aparición con vida de Santiago Maldonado que partió desde la plaza Pagano. Ya entonces se notó la presencia de un sujeto que fotografiaba la columna desde una esquina. Luego el “espía” siguió esa procesión a bordo de una camioneta Toyota Hilux. Y tres cuadras después, a pocos metros del casino de suboficiales de la Gendarmería, fue increpado por los manifestantes, a quienes casi atropelló en su precipitado repliegue. Pero su imagen quedó registrada por cámaras y celulares, al igual que la patente INR 983 del vehículo. Así fue posible identificarlo; era un tal Federico Germán Magri. Un nombre a tener en cuenta.

Se trataba del gerente de Green Quality, una empresa de biotecnología agropecuaria asentada en la localidad chubutense de El Hoyo y miembro de la pata civil del pogrom contra la comunidad mapuche en alianza con el poder político y las fuerzas de seguridad. Una suerte de “Liga Patriótica” organizada –tal como adelantó Tiempo Argentino el 27 de agosto– por el funcionario del Ministerio de Seguridad, Pablo Noceti, tras ciertas reuniones que mantuvo junto a su jefa, Patricia Bullrich, con referentes de las sociedades rurales de Neuquén, Chubut y Río Negro. Entre ellos resaltaban los terratenientes Néstor Becerra, Julio Crespo Campos, Roberto Jimeno y el administrador general de las estancias del Grupo Benetton, Ronald McDonald (foto de presentación).

El administrador, secundado por el capataz Vivian Hughes, supo armar una guardia blanca con matones rurales armados con revólveres y escopetas. Suelen efectuar con regularidad tareas de hostigamiento contra los pobladores de la Lof de Cushamen. Y no son ajenos a las redadas represivas de Gendarmería y la policía local. Tanto es así que durante el ataque de 10 de enero, el propio McDonald comandó el robo de ocho caballos y una vaca de la comunidad, la cual fue carneada ante la vista de los prisioneros.

También en la mañana del 1º de agosto los paramilitares de Benetton se mostraron activos. Según el relato a este diario de Soraya Macoño –la vocera mapuche detenida con dos lamien (hermanos) al circular en un vehículo por la ruta 40, a la altura del ingreso a la estancia de Leleque– “sus camionetas iban y venían, se metían en la comisaría y volvían a la estancia para salir otra vez hacia la Lof. Los hombres de McDonald daban órdenes, indicaciones. Ellos sabían todo lo que pasaba”.

En la ya citada edición de Tiempo fue revelada la existencia de una base logística de Gendarmería en el casco de dicha estancia. Eso motivó que al día siguiente la fiscal Silvina Ávila elevara al juez –por orden de la Procuración de Violencia Institucional (Procuvin)–, un pedido de allanamiento en ese lugar. A tal efecto adjuntó a la solicitud una copia del artículo en cuestión. Pero para Otranto –un hombre de profundas convicciones religiosas– aquella ciudadela privada sería parte de un “territorio sagrado”. De modo que se negó a realizar aquella diligencia con el argumento de que “la información periodística resulta insuficiente” para acreditar la existencia de dicha unidad operativa.

Pero 23 días antes, durante el rastrillaje con canes en el predio mapuche, su señoría –de muy mal talante por el recelo que le dispensaban sus forzados anfitriones– se retiró a esperar los resultados del procedimiento justamente en aquella base secreta. Vueltas de la vida.

Otranto –amparado en el secreto sumarial– también se negó a cruzar las comunicaciones telefónicas de Noceti con los oficiales de todos los escuadrones de la Gendarmería en la región. La excusa esgrimida: “Al doctor no se lo vincula con la investigación”. ¿Acaso teme que ese entrecruzamiento pueda detectar llamadas entre ese funcionario y su propia línea antes, durante y después de que Santiago Maldonado fuera visto por última vez?

Por lo pronto, en una telegráfica entrevista publicada el 7 de septiembre por el diario La Nación, Noceti proclamó: “Nunca hablé con quien comandó el operativo antes de iniciarse”.

Los hechos –y su boca– lo desmienten. En sendas entrevistas radiales concedidas el 2 de agosto a Radio Nacional Esquel y FM Sol, Noceti se refirió con lujo de detalles a una reunión convocada por él en Bariloche el 31 de julio para impartir directivas de la acción del día siguiente. Y según sus palabras, se encontraban presentes “el ministro de Gobierno de Chubut y su jefe de policía; el secretario de Seguridad de Río Negro y su jefe de policía; la gente de Prefectura, Policía Federal y Policía de Seguridad Aeroportuaria. Además estuvieron todos los jefes de los escuadrones de Gendarmería en la zona cordillerana”. Se refería, entre otros, a los comandantes Fabián Méndez, de El Bolsón, y Pablo Escola, el segundo jefe de Esquel. Ambos encabezaron la represión.

Ahora se sabe que Noceti se jactó allí de poder encarcelar a integrantes de la RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), su enemigo interno favorito, sin orden de un juez, en base a una interpretación algo antojadiza del artículo 213 bis del Código Procesal, referido a situaciones de “flagrancia” que ponen en riesgo la seguridad nacional. “Las fuerzas federales –dispuso– van a actuar con autonomía respecto a la justicia”.

La reunión terminó al mediodía. Horas más tarde, a manera de ensayo, hizo detener a nueve mapuches que se manifestaban ante la fiscalía federal en protesta por la detención del lonko Facundo Jonas Huala.

A la mañana siguiente, Noceti salió en dirección al sur. Se detuvo en la Lof de Cushamen al ocurrir la bruta irrupción de los gendarmes; su presencia allí coincidió en el tiempo con la captura de Santiago. Luego partió a bordo de su camioneta blanca. Y a las 13:30 se lo vio llegar al sitio donde permanecía Soraya y sus dos acompañantes. Luego de bravuconearla siguió viaje rumbo a Esquel. Allí mantuvo una ríspida reunión con Otranto.

Según una fuente próxima al juzgado, hubo el siguiente diálogo:

–Le adelanto que Gendarmería actuó sin orden judicial –soltó Noceti– porque, usted sabe, con la figura de flagrancia nos basta.

–Vea –contestó Otranto–, con eso usted puede despejar la ruta. Pero no entrar al territorio mapuche. Para eso necesitaba una orden mía…

Noceti insistió con el criterio de la autonomía de las fuerzas. Y remató:

–De todos modos, el operativo ya está hecho.

Dicen que por toda reacción, Otranto se quedó en el molde.

Ya eran las 17:00 cuando Soraya volvió a verlo pasar, esta vez en dirección al norte. Entonces fue fotografiado por un reportero free lance. Esa imagen fue el primer peldaño de la vidriosa situación que ahora lo envuelve. Una situación que se expande como una mancha venenosa. Hay veces que la realidad no perdona.

 


 Télam

Las declaraciones de testigos y de funcionarios provinciales que apuntaron hacia Gendarmería echaron por tierra las hipótesis del gobierno sobre la desaparición de Maldonado y dejaron muy comprometida a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. La dimensión del caso y su cercanía con las elecciones preocupa al macrismo que intenta un tardío control de daños.

Esta semana, luego del derrumbe de las pistas que el gobierno esperaba confirmar en la causa, en la Casa Rosada comenzaron a prepararse para que el avance del caso empeore dentro del expediente judicial que se instruye en Chubut.

En los próximos días se esperan novedades en la causa que instruye Otranto, en un frente judicial que ahora sumó dos nuevos capítulos en Buenos Aires que apuntan directamente al Ejecutivo. Se trata de la investigación por encubrimiento que inició el fiscal federal Federico Delgado y el requerimiento enviado por el fiscal nacional de investigaciones administrativas Sergio Rodríguez a la ministra Bullrich para que inicie los sumarios internos que lleva un mes sin abrir, ni notificar a ese organismo, como exige la ley.

Según consta en la causa que investiga Delgado, alrededor de la desaparición de Maldonado existiría un “pacto de silencio” de los funcionarios nacionales que buscan “deslindarse de toda responsabilidad, generando una campaña de desinformación, en descalificable alianza con los medios masivos de comunicación social”.

A principios de la semana y luego de las declaraciones de testigos que vincularon a la Gendarmería con la desaparición del joven, Bullrich fue removida de la escena y su par de Justicia, Germán Garavano, y el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, quedaron a cargo de la comunicación del caso.

Pocas horas antes se había caído la pista, sembrada por el oficialismo, sobre la participación de Maldonado en un enfrentamiento con un puestero de la zona, quien había herido a uno de sus atacantes. Pero las pericias demostraron que el ADN del herido no era el del joven tatuador.

Con el caso en tapa de varios medios internacionales, el gobierno intentó con esquiva suerte influir en la agenda del caso. Para eso organizó un encuentro con algunos corresponsales extranjeros y acreditados en la Casa Rosada, en el que participaron dos diarios y agencias de noticias. Los medios extranjeros fueron hasta ahora muy críticos del accionar del macrismo en el caso y nada hace parecer que en los próximos días haya posiciones más cercanas a los deseos del oficialismo.

Por lo pronto desde Casa Rosada intentan conocer el impacto que el caso tiene en la opinión pública argentina, en donde más de dos tercios de la población estaría al tanto de la desaparición del joven. Los esfuerzos del macrismo están centrados en determinar a quién responsabilizan los ciudadanos. Sobre todo buscan saber cuál es la posición frente a Bullrich y si el gobierno aparece como responsable del caso.

A pesar de sus constantes pasos en falso, en el macrismo aún defienden a Bullrich. “Ella está en la obligación de ser orgánica y defender la fuerza”, dijeron a Tiempo desde gobierno. De todos modos algunos pusieron reparos frente a los manejos de “La Piba” y sin salir a atacarla aseguraron que “se apresuró” en desligar desde el primer día a Gendarmería del caso.

El ministro de Gobierno de Chubut, Pablo Durán, fue decisivo a la hora de volver todas las miradas sobre Pablo Noceti, jefe de Gabinete de Bullrich, quien según la explicación oficial estaba de paso por la zona el mismo día en que la Gendarmería reprimió a los mapuches y desapareció Santiago Maldonado.

El chubutense no dejó lugar a dudas cuando fue interpelado en la Legislatura provincial y señaló a Noceti como el responsable del operativo de seguridad en el Pu Lof de Cushamen. También dijo que el día anterior había participado de una reunión en Bariloche junto a su par de Río Negro y los responsables de Gendarmería, Prefectura y la Policía de Seguridad Aeroportuaria que encabezó el propio Noceti.

Hasta ahora en el macrismo prefieren no profundizar en los vidriosos vínculos de Noceti con las agencias de seguridad que tienen presencia en la zona y relaciones más que aceitadas con las fuerzas estatales. Pero el oficialismo sigue sin esgrimir una explicación solvente, o creíble, sobre el rol de Noceti durante esas jornadas, aunque hay varios testimonios en la causa que señalan su directa participación en los hechos. Se trata de la mano derecha de la ministra, que ahora se mantendrá en silencio, pero con el mismo respaldo de Macri que tuvo antes.

 

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