NIETA RECUPERADA nº 126. Por un instante la felicidad existió y tuvo cara de mujer

Estuve ayer en la presentación en la sede de las Abuelas de Plaza de Mayo de la nieta recuperada nº 126, Adriana Garnier (ver información de la agencia Télam debajo del video), Flipé. Si un cineasta, pongamos un Oliver Stone, se hubiera propuesto recrear la mejor de las imágenes de una restitución de identidad, no hubiera podido hacerlo mejor. Con el plus de la enorme espontaneidad de la joven (porque aunque tiene 40 años, parece mucho menor) que se había enterado quien habían sido sus padres -después de haber perdido las esperanzas- en la víspera.

Asistí a la rueda de prensa en trance. Lloré como una Magdalena (aunque en silencio y tratando de que nadie se diera demasiada cuenta, como solemos hacer los varones de nuestra generación, como me suele suceder con estas recuperaciones de la historia de horror que nos marcó). Fue un instante de felicidad, de plenitud, como la misma Adriana se encargó de sintetizar con muchísima gracia. Porque, como había adelantado una Estela de Carlotto exultante, Adriana es un personaje, un encanto de mujer.

 

Con gran desenvoltura, atendió la conferencia en casa de las Abuelas  

Adriana, nieta recuperada número 126: “Estoy feliz, plena. Se me completó la vida”

  • Memoria Verdad y Justicia - TélamLa nieta recuperada 126 dijo este mediodía, en conferencia de prensa, que “esta vez no pudieron” y que, con la restitución de su identidad, “el amor le ganó al odio”. “Estoy feliz, plena. Se me completó la vida”, expresó Adriana, de 40 años de edad, quien sólo quiso identificarse con su nombre. La nieta 126 es hija de los militantes Montoneros Edgardo Garnier y Violeta Ortonali. Nació durante el cautiverio de su madre, en enero de 1977. Violeta fue secuestrada el 14 de diciembre de 1976 en el Barrio La Granja de La Plata, con un embarazo de ocho meses. Desde entonces, Edgardo la buscó, tanto a ella como al hijo por venir. Lo secuestraron y desaparecieron también a él, en febrero de 1977.

Acompañada por la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto y por otras integrantes de la organización, y también por su tía Silvia y su prima Marcela, en el encuentro con la prensa, Adriana expresó reiteradamente su orgullo de ser una nieta restituida.

“Estoy muy orgullosa de serlo. No pudieron, esta vez no pudieron y el amor le ganó al odio”, sostuvo, a la vez que consideró que “el amor es más fuerte que el odio, siempre”.

Luego, relató en detalle cómo logró conocer su identidad y que ello ocurrió recién ayer, cuando fue informada del resultado definitivo de las pruebas genéticas por la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi).

“La sensación es muy distinta que pensar que había sido abandonada, no deseada, que sentir que fui una persona muy querida, muy buscada y que tengo una familia hermosa”, expresó. “Además que, con 40 años, tengo una abuela que es una genia y que hoy pude hablar con ella,” comentó en referencia a Blanca Díaz de Garnier, madre de su padre, que vive en la provincia de Entre Ríos.

Adriana admitió que dudó en participar de la conferencia de prensa de hoy, pero después cambió de opinión, al considerar que su testimonio “puede ayudar a darle ese empujoncito a la gente que tiene alguna duda acerca de su identidad”.

Por su parte, la tía Silvia, hermana de Edgardo Garnier, manifestó que no podía agregar “mucho” más de lo comentado por su sobrina. “Pero digo: qué importante es estar acá con todos ustedes y poder reconocer la tarea de estas Abuelas, que pese a todo siguieron y van a seguir”, sostuvo.

En la misma línea, Marcela, prima de Adriana, afirmó que “el amor que le tuvimos a tu mamá se resume en el nombre de mi hija: se llama Violeta como tu mamá. Violeta fue mi tía adorada”, señaló dirigiéndose a la nieta restituida. “Fuiste muy deseada, muy querida. Cuarenta años estuvimos esperando, pero acá la tenemos con nosotros”, agregó.

Previamente, Carlotto leyó un comunicado de Abuelas de Plaza de Mayo en el que anunció con “enorme felicidad el encuentro de la nieta 126. La nueva nieta, hija de Violeta Graciela Ortolani y Edgardo Roberto Garnier nacida en enero de 1977 durante el cautiverio de su madre”.

Relató que la pareja se conoció en La Plata, donde estudiaban Ingeniería Química, fueron primero militantes universitarios y luego se incorporación a la organización Montoneros, de la que formaban parte cuando fueron secuestrados.

“Estos encuentros nos llenan de esperanzas y nos dan fuerza para redoblar la búsqueda. Este caso vuelve a demostrar la importancia de que quienes tienen algún dato sobre un posible hijo de desaparecidos hablen con él o con ella, o nos acerque información”, dijo Carlotto. “Lejos de causarles un daño, los ayudarán a vivir en libertad que sólo ofrece la verdad”, completó.

Como en muchos de los últimos casos, Adriana acudió al área de Presentación Espontánea de Abuelas de Plaza de Mayo luego de que una persona de su entorno le dijo que no era hija biológica de quienes la habían criado. Hasta entonces, no había tenido dudas sobre su identidad.

Los padres

Violeta nació en la Ciudad de Buenos Aires el 11 de octubre de 1953. A los tres años su mamá murió y la crió una tía, en Bolívar. Era muy buena compañera, sensible, alegre. Le gustaba mucho la matemática y le apasionaba la investigación espacial. También le gustaba el fútbol. Era católica practicante. No era de salir ni ir a bailar. Era charlatana y vivaz. Se fue a estudiar a La Plata Ingeniería Química y obtuvo una beca. También trabajaba como mucama en el Hospital de Niños. Comenzó su militancia política en la facultad, donde conoció a Edgardo.

Edgardo nació el 7 de agosto de 1955 en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos. Ya de niño era muy ingenioso: desarmó y volvió a armar su primera bicicleta. Fue a la escuela N° 1 Nicolás Avellaneda y era excelente alumno. Leía historietas y prefería las materias humanísticas. Era hincha de Independiente. Le interesaba mucho todo lo relacionado con la conquista del espacio. Era juicioso y callado. Se mudó a la ciudad de La Plata para estudiar Ingeniería Electromecánica.

La pareja militó en la FAEP, Edgardo también militó en la JP y Violeta en la JUP. Luego, ambos formaron parte de Montoneros. Sus compañeros la llamaban “La Viole” y, a él, “La Vieja Bordolino” o “El Viejo”.

Durante sus estudios y militancia, Edgardo y Violeta vivieron en Ensenada en la misma casa que otros compañeros estudiantes de ingeniería, entre ellos Marita Aiub y Rafael Caielli, también desaparecidos junto con su hijo, a quien seguimos buscando.

En esa casa habían puesto un taller de reparaciones eléctricas que se llamaba “El pollo eléctrico”. Y en el fondo tenían una huerta.

Violeta y Edgardo se casaron el 7 de agosto de 1976 en una sencilla ceremonia religiosa realizada en Bolívar. Ella estaba embarazada de 3 meses. La pareja pensaba llamar a su bebé Vanesa, si era nena; Marcos o Enrique, si era varón.

Violeta fue secuestrada el 14 de diciembre de 1976 en el Barrio La Granja de La Plata, con un embarazo de 8 meses. Desde entonces, Edgardo buscó por cielo y tierra a su mujer y luego regresó a su pueblo en Entre Ríos. Cerca de la fecha probable de parto, emprendió nuevamente la búsqueda. Se despidió diciendo que iba a buscar a su hijo y, al poco tiempo, el 8 de febrero de 1977, en La Plata, él también fue secuestrado.

Desde entonces, su familia continuó la búsqueda y fue una de las primeras en hacer la denuncia en Abuelas de Plaza de Mayo. Pero nunca se obtuvo ningún dato fehaciente y concreto sobre la pareja ni sobre la niña o niño que debió nacer en cautiverio. Hasta ahora.

La búsqueda

Como en muchos de los últimos casos, una joven se acercó al área de Presentación Espontánea de Abuelas de Plaza de Mayo luego de que alguien de su entorno le confesara que no era hija biológica de quienes la habían criado. Hasta entonces, ella no tenía dudas sobre su identidad.

Su partida de nacimiento falsa está firmada por la médica Juana Franicevich, quien ya había fraguado las partidas de nacimiento de tres nietos que fueron restituidos recientemente.

Desde el área de Presentación Espontánea fue atendida y luego derivada a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) para completar la información documental y, después, realizar el análisis en el Banco Nacional de Datos Genéticos.

Ayer, 4 de diciembre, esta joven supo que es la hija de Violeta y Edgardo. Recibió la noticia en la CONADI con enorme felicidad e inmediatamente accedió a acercarse a Abuelas para encontrarse con su familia y compañeros de militancia de sus padres, con quienes ya pudo intercambiar algunas anécdotas y abrazos.

Los padres continúan continúan desaparecidos.

Comentario (1)

  1. Antonio Perez

    Trabaja en el estado la chica, espero que estos hijos de puta de CAMBIEMOS no la echen ahora, son muy hijos de puta.

    Responder

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: