ESPAÑA – ENCRUCIJADAS. La crisis entre el estado español y Cataluña amenaza ser el Stalingrado de Podemos

El veterano analista político español Fernando López Agudín, es una de las pocas voces progresistas que se atreve a señalar el error de la izquierda estatal al analizar la crisis catalana. A pesar de que los medios hegemónicos presenten unos cálculos muy creativos para ocultar la victoria del bloque soberanista en las elecciones catalanas del 21 de diciembre pasado, como dijo Perón, la única verdad es la realidad. Y la realidad es que las fuerzas independentistas tienen mayoría absoluta, suficiente para formar gobierno. Los demás partidos no pueden, ni aunque Podemos apoyara al bloque del 155, es decir al eje PP-PSOE y Ciudadanos, fuerzas que apoyaron la polémica aplicación del artículo 155.

La crisis catalana está siendo el Stalingrado de Podemos, simplemente porque interpretan mal lo que está ocurriendo a nivel político en Cataluña. Se equivoca Iñigo Errejón, simplificando  la durísima pugna entre el estado central y el gobierno catalán como “un partido Madrid-Barça”  en el cual Podemos “quiere ser el árbitro”.  En 2014  Pablo Iglesias  decía “el cielo no se toma por consenso, se toma por asalto” pero en  2017, reprochó a los catalanes haber despertado a la ultraderecha con sus demandas,  cuando dijo en la reciente campaña electoral que  “los independentistas han despertado el fantasma del fascismo en España”. Otro desafortunado traspié lo tuvo Juan Carlos Monedero, que si bien le honra haberse pronunciado repetidas veces en contra de la aplicación del artículo 155, agregó en una entrevista en un medio estatal “pero seguramente al gobierno (de Rajoy) no le quedó otro recurso que aplicarlo porque los independentistas se volvieron locos”.

Podemos repite como un mantra  que en Cataluña hay que hablar de la “agenda social” antes que de la soberanía. Pero, ¿cómo se puede aplicar agenda social alguna si no se tiene el poder real?   En los 18 meses de andadura del gobierno catalán destituido por Rajoy, se legislaron 15 leyes progresistas y todas  fueron tumbadas en los tribunales del estado español tras ser denunciadas por el gobierno del PP. Entre las leyes sociales catalanas derogadas por el  estado español  se encuentran las medidas contra la pobreza energética; la  ley de emergencia social contra los desahucios; las leyes de protección medioambiental para frenar el cambio climático; leyes de igualdad efectiva entre hombres y mujeres; protección del comercio de barrio frente a las grandes superficies; ley de impuestos a las viviendas vacías, etc. Desde 2012 el gobierno del PP ha llevado a los tribunales 32 leyes catalanas y ha conseguido dejarlas sin efecto. Eso, sin  contar que el Estatuto de Cataluña aprobado por el Parlamento catalán, las Cortes españolas y votado en referéndum durante el gobierno de Zapatero, está suspendido desde 2010 por una sentencia del Constitucional tras una denuncia del PP.

Los independentistas no “se han vuelto locos” como cree el profesor Monedero,  sino que a una mayoría suficiente de catalanes “se´ls han inflat els collons” (dejo la traducción a la sabiduría del lector) y han dado el gobierno a las fuerzas que tienen en su ideario político y en  su programa electoral,  la construcción de una República catalana independiente .

Otro error de los dirigentes de Podemos es insistir en interpretar el conflicto catalán dentro de la dinámica de  partidos políticos, y de pugna entre derechas e izquierdas. Resulta extraño, porque los dirigentes de Podemos han sido  capaces  de comprender procesos populares latinoamericamos, como el chavismo,  pero ante los acontecimientos en Cataluña reaccionan como la izquierda de salón ante el  peronismo. En Cataluña se está viviendo un proceso emancipador que se supera a si mismo a una velocidad vertiginosa, y lo que empezó siendo un clamor por la independencia, hoy es por una República, de marcado contenido social. Y como todo proceso de esa trascendencia, es transversal, hay una alianza de clases, y una profunda cohesión entre todos los que sostienen el ideal. MONTSERRAT MESTRE

 

Sánchez e Iglesias en el laberinto catalán

 

Dibujo publicado en The New York Times

 

 

FERNANDO LÓPEZ AGUDÍN / PÚBLICO

Ni con el 155, (Pedro) Sánchez , ni contra el 155, (Pablo) Iglesias, tienen remedio los males de las fuerzas progresistas españolas. Iceta (líder de los socialistas en Cataluña,N.del E.) de la mano de Albert Rivera (presidente de Ciudadanos, N.del E.), Domènech (candidadato de Podemos en las elecciones catalanas del  pasado 21D) equidistante, entre los que ejecutan el 155 y los ejecutados por el 155, se han quedado sin la llave de Borgen (sede de gobierno de Dinamarca, popularizado en la serie del mismo nombre, sobre política danesa, N.de la E.). El resultado del 21 D no les ha podido ser más adverso. El problema nacional catalán, como el vasco o gallego, sigue siendo una de las asignaturas pendientes del Estado español, que no acaba de encontrar aún una mínima respuesta de izquierdas viable. En ese laberinto sin ninguna salida se encuentran también encerrados tanto Sánchez, una muy mala copia del original Rajoy, como Iglesias, árbitro inútil entre unionistas e independentistas. Intentar marcar hoy la agenda de la Historia, pasando la página territorial para imponer la social, es un esfuerzo vano que solo conduce a la melancolía.

Rajoy maniata fuertemente a las siglas progresistas como también las maniató ayer Aznar. Cataluña ahora, como sucedió antes con Euskadi, ata las manos y los pies del PSOE y Podemos. Una parte de sus dirigentes, cuadros y publicistas practican una política de alianzas con el unionismo español que desemboca en el 155; mientras que la otra minoría que denuncia la represión no llega sin embargo a formular alianza alguna con el independentismo en defensa de las reivindicaciones democráticas. Así se entiende que unos , PP y Cs, tengan ya mayoría absoluta en España según todos los sondeos y que otros , Esquerra y JxC, hayan revalidado su mayoria absoluta en Cataluña. Y es que para aplicar la política de la derecha, mejor el PP o Cs, y para cuestionar tan solo una brutal represión, sin proponer una sola alternativa política, mejor Esquerra y JxC.

 

Es tal la irrelevancia política del PSOE y de Podemos que toda la derecha se permite protagonizar una de sus más ásperas luchas internas en torno a la futura política de la Moncloa en Cataluña, tras la muy ridícula derrota del 155 siempre a manos de la mayoría absoluta de los independentistas. Mientras Rajoy cambia el tono, Rivera lo radicaliza, No en vano casi toda la artillería mediática, la famosa Brunete (por la división de tanques que combatió del lado “nacional” durante la guerra civil. N. del E.) de la derecha, ataca hoy la cobardía del Partido Popular para exaltar la valentía de Ciudadanos. Con Aznar al fondo y Susana Díaz (dirigente socialista que preside el gobierno de Andalucía, N. de la E.) de perfil, Rivera cree estar en vísperas de poder afrontar hoy la recentralización del Estado en claro beneficio de unas élites madrileñas bastante inquietas ante una negociación que pudiera abordarse desde la Moncloa. En esta pugna de Rajoy y Rivera, Sánchez e Iglesias son convidados de piedra.

Es, sin embargo, una polémica crucial. Probablemente, tiene tanto de ficción como de realidad; pero mientras exista esta lucha entre ambos bandos de la derecha, todas las fuerzas parlamentarias, sobre todo PSOE y Podemos, deberían denunciarla. El PNV no puede hacer más de lo que hace, negándose a aprobar los Presupuestos, sobre todo si el resto de las siglas de oposición no contrapresionan la constante creciente presión de la derecha extrema que la Moncloa recibe desde Ciudadanos. No es una batalla más, porque de su desenlace depende el frenar o no la deriva autoritaria del régimen del 78. De quebrarse ahora esta hipotética negociación entre unionistas e independentistas, sería tan lesivo para Cataluña como para toda España. Como asimismo lo sería para el sistema democrático y, sobre todo, para las perspectivas de las fuerzas progresistas.

Si Inglaterra coexiste bien con un gobierno independentista en Escocia y Bélgica con uno igualmente independentista en Flandes, ¿por qué no puede España convivir con el gobierno independentista en Cataluña? Los resultados del 21 de diciembre, dos mitades sociológicas en la sociedad catalana, no dejan lugar a ninguna otra política democrática. Es el cálculo electoral de la derecha quien lo impide y la complicidad o neutralidad de la izquierda quien lo favorece. Sobre la base de una nueva financiación de las autonomías, que incorpore el principio de ordinalidad vigente hoy en los länders alemanes, y un referéndum pactado, tipo escocés, cabe encauzar tanto la enorme tensión entre España y Cataluña como la existente entre catalanes. Intentar el cambio de vías, por las que circulan ahora los extremistas de derecha que viven de, por y para el choque del tren español con el catalán, es una necesidad urgente e imperiosa para las fuerzas progresistas españolas.

Esa es la única salida viable del laberinto catalán en el que se encuentran atrapados Sánchez e Iglesias. Si no logran salir, se verán abocados a vivir bajo la intermitencia del 155. O, lo que es lo mismo, a unos estados de excepción sucesivos que harían casi imposible una política progresista. Si Cataluña costó tres guerras civiles (1640, 1714 y 1939) y unos ochenta años de estado de excepción en el siglo XIX, según Vicens Vives, ¿por qué no podría vivir otros tantos en el siglo XXI ? Ya advertía Marx que no cabía elegir ni el momento, ni las condiciones bajo las que se vive. No cabe, pues, traspapelar la hoja territorial de la agenda de la Historia para escoger la social. Sin resolver la primera, no hay resolución posible de la segunda.

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