POST VERDAD. El Face Swap inaugura una nueva era. Cada vez es más difícil distinguir lo cierto de lo falso

Si la imagen vale más de mil palabras, la unión entre imagen y palabra resultó mucho más que la suma de las partes. En tiempos de You Tube y los pequeños estudios de TV que casi todos llevamos en nuestros bolsillos, el testimonio en video es el instrumento para dar y compartir la propia verdad.

La llegada de la radio extendió la voz y con la TV llegó la imagen. La emisión de ambas constituía una extensión de los sentidos para los hombres y mujeres que estaban esperando, desde alguna parte de sus vidas, algún testimonio de referencia para sus luchas cotidianas. Proscripto el referente, hacía llegar cassetes desde el exilio, y a pesar del artificio de la voz grabada su testimonio se tomaba por veraz y sus palabras, por buenas. Luego todo se aceleró.

La edición de audio y video fue, más o menos, siempre igual. Al principio se editaba en serie, con perillas y botones. Se vio enormemente facilitada por la llegada de la tecnología digital, pero sus lógicas se mantuvieron idénticas: ahora se podía alterar el orden de factores, agregar pistas de imagen y sonido, impactar efectos, pero la alianza sagrada entre una imagen y su respectiva pista sonora no se manchaba.
Podía existir una edición en el orden y duración de las imágenes, y ahí la manipulación podía llegar a ser efectiva. Dependiendo de las palabras elegidas y de la astucia del editor, la manipulación podía ser más o menos creíble, y conseguir en cierta medida un efecto deseado.

Hasta ahora existía la posiiblidad de cortar y pegar una imagen, voltearla, acelerarla o alentizarla, pero el vínculo entre imagen y palabra seguía siendo sagrado. Una imagen modificada rompía el vínculo, dejando en evidencia unos labios desincronizados. El artificio no se aguantaba.

En los últimos meses, algunas páginas de la Red Oscura (o Dark Net, páginas cuyos servidores no están catalogados ni regulados) comenzaron a difundir una tecnología llamada Face Swap, basada en lo que se conoce como redes de aprendizaje neuronal, algo parecido a la inteligencia artificial. Estos programas pueden identificar a un personaje dentro de un video, entender cómo se mueve su cara, aprender esos movimientos, y luego reemplazar esas imágenes originales por otras, aprendidas a su vez de otra serie de videos.

Originalmente, la tecnología se aplicaba en el cine. Así se logró que Carrie Fisher, la actriz que personificó a la Princesa Leia Organa en Star Wars, pudiera rejuvenecer su imagen en la reciente Rogue One, precuela de los primeros films de George Lucas. O para escenas como la que puede verse en Blade Runner 2049, también de reciente estreno, en la que un Harrison Ford ya anciano vuelve a encontrarse con Rachel, su replicante amada, que por su naturaleza androide estaba recién salida de fábrica. No se puede evitar el paso del tiempo en actores y actrices, pero sí obligar a una computadora a aprender sus movimientos faciales y reemplazarlos por la imagen original de aquellas viejas películas.

El artificio, a la luz de los resultados, fue sorprendente. Y extiende las posibilidades narrativas en sagas como éstas. Se podrían agregar episodios a la trilogía de El Padrino, por ejemplo, sin necesidad de hacer un casting para contar con un nuevo Vitto o Mickey Corleone, que entonces fueron personificados con tanta altura.

Sin embargo, la reciente democratización del Face Swap ha tirado todo por la borda. Las aplicaciones posibles en manos de cualquiera son crueles. Ya comenzaron a circular falsos videos sexuales de conocidas actrices de Hollywood, cuyas imágenes son regeneradas en otras imágenes, tomadas de films porno. Con el nombre de Deepfakes, la circulación en la red de estos videos falsos está creciendo de forma exponencial con el paso de las semanas, no de los años, ya que cualquiera puede hacer esto en su casa, con una computadora más o menos normal.

Las aplicaciones políticas de estas tecnologías son nefastas y algunos ejemplos de su potencial empezaron a circular. El siguiente video muestra un discurso de Barack Obana, que efectivamente realizó, pero recreado con otras imágenes regeneradas por computadora. La comparación entre original y remix aparece en el segundo 00:10. Hasta que no se señala el artificio, no se hace evidente, y sólo en cierta medida.

En nuestro país, un bromista burdo decidió poner la cara del actor Bruno Ganz, aquel que personificó a Adolf Hitler en La Caída, sobre la cara de Mauricio Macri, haciendo promesas que ni el ex Canciller alemán hubiera osado.

El siguiente paso, sobre el que ya están experimentando quienes juegan con la Inteligencia Artificial como otros entonces con el átomo, es la recreación de la voz, más allá de la imagen. En base a discursos, entrevistas, audios y escuchas telefónicas, se podrá recrear la voz de una persona diciendo cualquier otra cosa.

Estamos a poco de convertirnos en meros modelos reales de una realidad virtual hegemónica que arrasará con todos los paradigmas de realidad y verdad que tuvimos hasta ahora. Es hora de cambiar abruptamente y de manera urgente nuestras costumbres de comunicación, o tendremos que atenernos a las consecuencias.

 

Comentarios (2)

  1. Ezequiel Estevez

    Cuando lei oryx y crake hace 11 años me parecio una exageracion la tecnologia que imitaba gestos yvoz humana, haciendo que la gente perdiera interes en elegir representantes pues no se sabia si en la pantalla aparecia el real o era artificial. Me parecia mas creible el portal de stargate… pienso que vamos a un pozo cada vez mas profundo con la robotica y la A.I. reemplazando trabajadores humanos y el cambio climatico…

    Responder
  2. Santiago

    Acabo de leer el artículo sobre Jauretche. Respecto de este tema de la tergiversación del formato video, su pensamiento adelantadísimo ya nos dió una respuesta más que válida “…todas las mañanas leo La Nación y me paro en la vereda de enfrente…”

    Responder

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: