UNViMe. El laboratorio de la interpretación macrista de la Reforma Universitaria, un siglo después

Conflicto en ciernes en la Universidad Nacional de Villa Mercedes, única del país sin normalizar.

La interpretación macrista de la Reforma

 

EGIDIO SÁNCHEZ

Junto con el proyecto ARSAT, el fomento a la investigación científica y tecnológica, la industrialización sustitutiva y la expansión de empleo, el desendeudamiento externo, la recuperación de Aerolíneas y de YPF, las viviendas Procrear (sin UVA) y la AUH, entre otros, la creación de nueve Universidades Nacionales es uno de los logros más valorados por la última gestión peronista, en sus tres administraciones. De esas nueve Universidades, ocho ya han sido normalizadas. La única que falta (acaso por haber sido tomada como trofeo de guerra después de diciembre de 2015) es la Universidad Nacional de Villa Mercedes.

Creada en noviembre de 2009, tuvo como primera rectora a la doctora Gladys Ciuffo, una docente e investigadora de la Universidad Nacional de San Luis, cuyo brillante curriculum académico contrastaba con las escasas luces de su primo y patrocinador, el ex senador nacional Daniel Pérsico, quien nunca se interesó por lo que pasaba en la UNViMe, siendo lo más grave que no pasaba nada. Cerradas en sí mismas y en su absoluta desconfianza hacia todos y en un patológico temor a “la política”, la rectora y su hermana Liliana –a la sazón, secretaria académica- no tuvieron la decisión de gestionar, porque es sabido que gestionar es hacer olas. No completaron la planta docente sino con algunos profesionales y graduados jóvenes sin experiencia docente ni más conocimiento de una universidad que el que deja el paso por sus aulas. Las hermanas Ciuffo se fueron dejando 85 millones de pesos en la cuenta de la UNViMe en el Banco Nación lo cual las libera de eventuales sospechas de corrupción, echadas por la comunidad universitaria a causa de la otra falta más grave que puede cometer un funcionario: no hacer nada.

Le sucedió, en un interregno promisorio, aunque brevísimo, el doctor Juan Carlos Geneiro, hombre experimentado en la gestión universitaria, ex vicerrector  de la UNLa. Los resultados electorales adversos al peronismo en su versión cristinista en casi todo el país también se dieron en la provincia de San Luis, por lo que –ya con Macri en el gobierno– los grupos fuertes del radicalismo de la Universidad Nacional de San Luis lograron imponer al Ingeniero Jorge Olguín, quien dio algunos pasos hacia la normalización, iniciando un camino que se vio repentinamente interrumpido. ¿La causa? “Alguien” le recordó a Macri que los votos sanluiseños que contribuyeron a su llegada a la presidencia tenían un sello que decía Rodríguez Saa. Con lo cual, el rectorado pasó a manos del hasta entonces ministro de Salud de la provincia, el médico Roberto Schwartz, quien asumió con el mandato de crear la carrera de Medicina y se autodesignó profesor, como para poder candidatearse cuando todo estuviera acomodado.

Pero una vez más, un resultado electoral hizo saltar el sillón del rectorado. Esta vez el escenario de la confrontación fueron las PASO de 2017, que inicialmente dieron un aplastante triunfo a la lista que postulaba como senador a Claudio Poggi, una “creación” de Adolfo Rodríguez Saa. Arrimado desde largo tiempo al macrismo y acreedor del mote de “traidor” entre todos los rodriguezsadistas y otros que no lo son pero no pueden no percibirlo así, Poggi cerró con el radicalismo sanluiseño una concordancia similar a la de fines de los años ’30 del siglo pasado. Rápidos para los mandados, los radicales (supuestos “expertos” en universidades) empujaron la designación como nuevo rector organizador del geólogo Doctor David Luciano Rivarola (foto), también hombre también de la Universidad Nacional de San Luis. Y nada cambió el hecho de que, tras la derrota en las primarias, “el Adolfo” –el hombre que reinventó la provincia de San Luis– revirtiera con maestría organizadora y números aplastantes el resultado de las previas y ganara la elección. No obstante lo cual, Rivarola quedó.

Algunas personas se entusiasmaron con la suposición de que el nuevo rector “entendía” de universidades, pues venía, como Olguín de la UNSL y había sido allí secretario de extensión. Pronto Rivarola dio a entender que quería “organizar todo”, y luego de un letargo bastante prolongado empezó a notarse el avance sobre los derechos de los trabajadores, docentes y no docentes, desconociendo hasta donde le fue posible el convenio paritario que especifica que los docentes ingresados hasta diciembre de 2015 tienen derecho a la estabilidad y a participar de concursos cerrados para formalizar y consolidar sus cargos.

La actitud de Rivarola, su reiterado maltrato a los secretarios generales de ambos gremios docentes –SINDULP y ADOI-UNVIME (CONADU)– facilitó la convergencia programática activa entre ambas organizaciones, encabezadas por el médico Diego Saber y el agrónomo Guillermo Zanón. Mientras tanto, se hacían evidentes situaciones de “apriete” sutil a varios docentes de parte del secretario de Planificación Educativa, (“un hombre sin experiencia en la gestión y de visible desconocimiento de cuanto ocurre en el mundo”, según lo define el biólogo JC) el ingeniero Carlos Aostri, quien materializó las amenazas (expresadas con forma de recordatorio), dejando sin asignar tarea docente a una treintena de docentes que, en virtud de aquel convenio paritario, lo son hasta que rindan el concurso respectivo, incluso en su segunda instancia, para el supuesto de que les fuera mal en la primera.

Esta violenta situación de cesantía impulsada por Rivarola y su “mejor equipo” ha provocado indignación no sólo en los afectados, sino en el conjunto de los docentes de la Universidad, quienes se encuentran muy movilizados por semejante nivel de violencia e injusticia. En este contexto, un estudiante de la nueva licenciatura en diseño de comunicación –comentó indignado el secretario Académico y General de la UNViMe, Ingeniero Ardissone– ha iniciado una campaña de victimización que pretende que los docentes y los estudiantes están “bloqueando con papel los sanitarios para que se tapen y así generar una situación de conflicto”.

Una joven trabajadora no docente que pidió reserva de su nombre por temor a las represalias comentó: Aahora nos exigen que los compañeros que están en Intendencia (Bedelía) tienen que hacer tareas de limpieza”. Con lo cual, a la indignación y confluencia de los dos sindicatos docentes, se podría sumar la de los no docentes y, seguramente la de los estudiantes.

Así, en este contexto de discriminación, persecución y calumnias que no hacen sino degradar a quienes las vociferan, la Universidad Nacional de Villa Mercedes sigue muy lejos de las condiciones de acuerdo y convivencia indispensables para normalizarse, lo que la gran mayoría de los miembros de la comunidad universitaria anhelan.

La gran paradoja es que en “el centenario de la Reforma Universitaria, surgida en 1918 para reclamar por la libertad de cátedra, la libertad de pensamiento, la armonía interna y la democratización de las estructuras universitarias  –y siendo el rector y su corte en su mayoría afiliados radicales– se esté en la vía diferente”, destacó un profesor de Matemáticas.

Los hechos denunciados por trabajadores y estudiantes le dan la razón, lo mismo que las quejas de los no docentes y el malestar entre los estudiantes. Pero a 100 años de la Reforma, cabe destacar que se trata de interpretación macrista de la historia. Reformar, en el lenguaje cambiemos, significa ejercer violencia, espiar, discriminar revocar derechos.

Mientras, la comunidad de Villa Mercedes y de la región, aguarda con impaciencia que la democratización llegue por fin a la Universidad “de toda la ciudad” para que esta de el salto que todos anhelan.

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