COMUNICACIÓN. Hay que pensar en futuro, lo que no se hizo cuando se votó la Ley de SCA en 2009

(Por Nahuel Coca) Leyendo este artículo (ver abajo), publicado por Kranear, recuerdo viejas discusiones que tuve, hace casi una década, con colegas y compañeros de clase. «La Ley de Medios nace vieja», decía, y muchos me insultaban. El kirchnerismo quería sacar a toda costa la mal llamada Ley de Medios, correctamente llamada Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Reemplazaba un decreto de Videla que, por presión de Clarín y su CEO, era el marco legal de nuestra comunicación desde la restauración democráticaa. Cualquier avance en ese sentido era una victoria, pero poniéndonos finos, esa Ley nacía vieja. Se había escrito mirando las tecnologías y usos del periodo vigente, el que había pasado desde el golpe de 1976 a la fecha de su tratamiento. Se detenía mucho en los cableros chicos del interior y las radios. Incorporaba como novedad la TV digital por aire, que luego avanzaría a paso de tortuga cuando la sociedad política con los hermanos Cirigliano, únicos importadores de los sintonizadores, descarrilara en la estación de Once.

El punto de la cuestión para nuestros legisladores de entonces eran las licencias de TV y radio analógicas. Eso los desvelaba. La Ley establecía de forma tajante cuántas licencias y para qué audicencias se podía transmitir desde un mismo grupo empresario. Algo que hoy, con un smartphone en la mano, suena casi ridículo. Los miembros de la coalición por una comunicación democrática, autores secretos del texto, decían que estaba en línea con los principios de democratización de la comunicación, y de hecho lo estaba. Según la academia, era un texto bueno para legislar lo que había entonces. No cabía mucha discusión al respecto, y por eso fue derogada por otro decreto autoritario como el de Videla, y rubricado por El Milico Oscar Aguad, un dinosaurio que acababa de descubrir Internet y que ahora está hundido en otro acto de vergüenza pública mucho más grave. Pero a la luz de la evolución técnica de los medios de comunicación, no se puede hacer una defensa técnica de aquel texto, más allá de denunciar la bravuconada política de su derogación.

Esa Ley de SCA que defendimos tanto en 2009, les decía entonces a los amigos y hoy compruebo, había nacido vieja. Por ella se libraba una guerra con un grupo empresario que defendía, casi por instinto, lo que consideraba suyo.

Gracias a un berrinche del por entonces activo Pino Solanas y el bloque del por entonces vigente Proyecto Sur, se aceptó quitar al Triple Play de aquel texto. La razón esgrimida era que así se evitaba dar a Telefónica otro monopolio parecido al de Clarín. El grupo español no iba a tener chance de comercializar contenidos audiovisuales a través de su banda ancha Speedy, así como se evitaba que Clarín fusionara Cablevisión con Fibertel. La convergencia, que se nombraba mucho en 2009 sin entender de qué se trataba, se terminó imponiendo.

Así fue como se quitó del texto de la Ley cualquier posibilidad de legislar sobre los contenidos audiovisuales estáticos o interactivos transmitidos por IP -es decir, por Internet; es decir, la convergencia-  que es como hoy se transmiten la mayoría de los contenidos que comentamos. Cada vez que recomendamos una serie de Netflix, estamos hablando de algo que aquella ley no supo entrever. Las plataformas hoy alimentan todas las pantallas, todas conectadas por Wi-Fi. Hoy una radio por Internet puede tener tanta audiencia como radio Mitre o incluso superarla. Es sólo una cuestión de tiempo, hasta que las personas cambien de costumbres.

¿No había forma de imaginar, por entonces, que la verdadera batalla legal era sobre las empresas de telecomunicaciones? Sí, se podía. Recuerdo que con un amigo miramos el debate del tratamiento de esa ley desde un celular, entrando por la página del Senado. Y recuerdo que reflexionamos que ese mismo acto de comunicación, para nada experimental por entonces, iba a estar huérfano de texto. O sea que la tecnología ya existía. Nuestros conductores de entonces prefirieron confiar en el criterio técnico de Pino Solanas, un visionario tecnológico como Binner o Aguad, antes que escuchar a los académicos, a los expertos en informática, a los hackers.

Para que las nuevas experiencias de comunicación popular, hechas con plataformas impensadas como la que cuenta esta nota, puedan dar un combate contracultural a los monopolios, es necesario concentrarse en las nuevas y futuras lógicas de la comunicación. «La radio de mi coche es AM/FM», podrá argumentar el lector. A lo que se le responde que en quince o veinte años, cuando su coche sea eléctrico y se conduzca solo, la radio va a ser digital. Como ya lo es en el teléfono celular que lleva en el bolsillo, y cuyas múltiples capacidades seguramente desconoce.

Es necesario un proyecto de Ley de neutralidad en la Red. Una agrupación movilizada de usuarios de servicios de conectividad, con capacidad de boicot comercial. Un marco legal que proteja los datos digitales y el derecho al anonimato y la desconexión. Y una ley de promoción de medios de comunicación digitales autogestivos. Urgente.

“El desafío está en generar redes de comunicación”

 

Comentario (1)

  1. AvatarCarlos

    Es posible que la «Ley de Medios» derogada necesite perfeccionamiento pero creo que se pueden decir dos cosas sobre su validez: una, que en la historia pocas leyes fueron tan discutidas como ésta ¿nadie se dio cuenta de esa deficiencia?. Y otra: una de las primeras medidas que tomó este gobierno fue derogarla. Si era tan deficiente, ¿por qué se apuró tanto en eliminarla?

    Responder

Responder a Carlos Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *