CONFIRMACIONES. Hezbolá es, con mucho, la fuerza política más importante del Líbano

Hace más de dos décadas que Hezbolá es un partido con representación parlamentaria, y hace más de una que es el árbitro de la política libanesa. Ahora ha quedado claro lo que se sabe hace años: que si no ejerce directamente el poder es porque, atento a la multiplicidad de confesiones religiosas y expresiones políticas, mantiene su política de formar alianzas y coaliciones con fuerzas cristianas. Entre tanto, los gobiernos ultraderechistas de Israel persisten en tacharlo de “terrorista”… aunque no haya la menor prueba de que alguna vez haya realizado acciones militares fuera del Cercano Oriente (actualmente combate en Siria en apoyo a su gobierno).

La coalición de Hezbolá sale reforzada en las legislativas libanesas

Los resultados provisionales señalan al bloque organizado en torno al partido chií como principal vencedor frente al retroceso del liderado por el primer ministro suní Saad Hariri

A la espera de resultados oficiales en las primeras legislativas que celebra Líbano en casi una década, los seguidores de Hezbolá festejan la victoria. Según el recuento provisional avanzado por los diferentes partidos, son la alianza liderada por el grupo chií Hezbolá y los dos principales partidos cristianos, el Movimiento Patriótico Libre del presidente Michel Aoun y su contrincante Fuerzas Libanesas de Samir Geagea, los grandes vencedores de estos comicios. En el bando perdedor se sitúa el partido El Futuro, liderado por el primer ministro Saad Hariri y mayor fuerza suní del país. Cerca de 3,7 millones de libaneses votaron el domingo para elegir a los 128 diputados de entre 595 candidatos.

El primer ministro libanés, Saad Hariri, durante una rueda de prensa celebrada este lunes en Beirut.
El primer ministro libanés, Saad Hariri, durante una rueda de prensa celebrada este lunes en Beirut. Bilal Hussein AP

El poder de facto que ejerce Hezbolá sobre las instituciones políticas y de seguridad del país saldría así legitimado por las urnas. A pesar de que la injerencia de su brazo armado en la vecina guerra siria, donde combaten junto a las tropas de Bachar el Asad, puso en la mira de atentados terroristas a la población chií libanesa, el Partido de Dios ha sabido capitalizar el voto en sus bastiones sumando 13 escaños y otros 15 de su aliado Amal. Por su parte, Hariri ha recibido un duro golpe al perder 12 de los 33 escaños que tenía en 2009, según el recuento que hace su propio partido. Unas pérdidas que reflejan la fragmentación del campo suní libanés donde varios contendientes compiten por el liderazgo y de paso por la silla del futuro premier.

La baja participación, del 49,2% (cinco puntos menos que en 2009), ha puesto de manifiesto el grado de apatía y escepticismo del electorado tras una década de giros políticos y de la vertiginosa deterioración económica. La mayoría optó por quedarse en casa y el resto por votar en clave confesional frustrando las expectativas de los candidatos de la sociedad civil. Tan sólo uno ha llegado al hemiciclo y tiene nombre de mujer. En un intento de restar hierro al asunto, los líderes políticos han achacado la baja participación a la complejidad de la nueva ley electoral, evitando pronunciarse sobre sus respectivas estrategias en la movilización de las bases sociales.

Transcurridas 26 horas desde el cierre de los colegios electorales, el ministro del Interior, Nohad Machnouq, anunció los nombres de los 128 diputados provisionales a la espera del conteo final en el norteño distrito de Akkar. Con cara de circunstancia pero con buen humor, ha sido el primer ministro, Saad Hariri, el primero en dirigirse en una rueda de prensa a la nación. “Varios escaños más o menos no son el fin del mundo”, bromeó. En un discurso conciliador ha asegurado que su partido “seguirá trabajando al servicio de Líbano y de los libaneses y apostando por un Gobierno de unidad”. Asi mismo felicitó al pueblo libanés “por haber expresado su voto en unas elecciones democráticas”.

Por su parte, el secretario general de Hezbolá, Hasan Nasralá, se ha mostrado igualmente prudente. Tras recalcar la “victoria política y moral de la resistencia”, ha alabado la persistencia de sus aliados y amigos “que han soportado las presiones políticas y mediáticas llegadas del extranjero en los últimos años”. El partido chií está catalogado como grupo terrorista por EE UU y su brazo armado por la Unión Europea. “Hezbolá ha respetado las reglas del juego electoral y defendido los derechos de sus votantes”, valoraba tres días atrás en Beirut Elena Valenciano, jefa de la delegación de observadores electorales de la UE en Líbano.

Hezbolá refuerza hoy su apoyo en el senado tras anunciar varias semanas atrás “un retorno a la política doméstica y a la histórica lucha contra Israel”. Al igual que Hariri ha alabado la labor de las fuerzas del orden durante los comicios y “ha llamado a la colaboración entre las diferentes formaciones políticas para preservar la estabilidad en el país”.

El portavoz del Parlamento, Nabih Berri, ha llamado a la inmediata formación del nuevo Gobierno que habrá de refrendar al actual primer ministro o nominar uno nuevo. Será el reparto definitivo de escaños el que determine las nuevas alianzas políticas que habrán de fraguarse en un plazo estimado de 15 días. “Las nuevas alianzas determinarán si se forma un Gobierno de unidad o uno de mayoría versus oposición”, resume en Beirut Wadih al Asmar, miembro de la junta directiva de la coalición Al Watani.

Las alianzas que una década atrás partieron el espectro político libanés en dos bloques entre Hariri y Hezbolá quedan hoy caducas y la receta para el nuevo Gobierno en manos del partido de Aoun. Este, al igual que su contrincante Samir Geagea, se ha visto beneficiado por la nueva ley electoral, ganando un tercio de escaños el primero y doblando el número de diputados el segundo. Si bien el General Aoun se ha mantenido como principal aliado político de Hezbolá durante dos lustros, su nuero y actual ministro de asuntos exteriores, Gebran Bassil, ha tejido nueves alianzas electorales con Hariri en estos  comicios.

Reverberación regional

En el plano regional, los resultados provisionales de las elecciones generales prometen levantar más de una ampolla. El ministro israelí Naftali Bennet ha sido el primero en pronunciarse. “Líbano equivale a Hezbolá”, ha sentenciado mediante un tuit, para después añadir que “Israel no hará diferencias entre el Estado soberano libanés y Hezbolá, responsabilizando a Líbano de cualquier acción que emane de su territorio”. Y ello en un contexto de alta tensión tanto en su frontera norte que comparte con Líbano como en la contienda siria, donde el Ejército hebreo ha bombardeado en repetidas ocasiones a efectivos de Hezbolá y su aliado iraní. “Las armas de Hezbolá son un problema regional y no se puede responsabilizar a Líbano de ello”, ha defendido Hariri.

Queda por ver la reacción de Arabia Saudí, cuyas rencillas con su competidor chií iraní han convertido a Líbano en el tablero predilecto para ventilar sus puyas regionales. A la victoria militar de Irán y Hezbolá en Siria, ambos aliados de Damasco, se suma este lunes la victoria política en Líbano. Un nuevo giro en el statu quo regional al que Riad e Israel intentan poner freno a toda costa. Fue precisamente el creciente poder de Hezbolá en Líbano el que llevó al príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salmán, a forzar la dimisión temporal de su hasta entonces aliado Saad Hariri. Esta ha sido la última de la larga lista de crisis políticas internas y regionales que han azotado a Líbano en la última década.

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