ESPAÑA: A las puertas de una peligrosa involución

Aproximadamente en cinco meses, el gobierno de Rajoy podría ser sustituido de facto por el gobierno de los jueces, al igual que en Italia el gobierno Andreotti fue reemplazado por el gobierno togado, señala el veterano analista político español Fernando López Agudín. Explica, que así como cayó la I República italiana en 1992, podría también caer en España el régimen del 78. Si bien en Roma se fue hacia adelante, en Madrid se iría hacia atrás. López Agudín advierte de la gravedad de la situación española, con la escalada de tensión entre la derecha constitucional y la derecha preconstitucional, protagonizada respectivamente por el presidente Rajoy y Albert Rivera, líder de Ciudadanos. Rajoy está solo, no tiene más apoyo que la del Partido Nacionalista Vasco (PNV). Tanto el PSOE como Podemos, permanecen inconscientes del grave peligro de enfrentamiento territorial y social que encierra el proyecto de Ciudadanos de eliminar el Estado de las Autonomías. López Agudín sostiene que sólo un “ataque de sensatez” de los españoles podría corregir en las urnas a una clase dirigente que ha perdido el norte. Montserrat Mestre

Rajoy entre Torra y Rivera

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FERNANDO LÓPEZ AGUDÍN / PÚBLICO

El régimen del 78, hoy cercado por la involución democrática, vuelve a revivir el dilema con el que nació tras la dictadura de Franco. Rajoy y el PP se enfrentan a la misma experiencia que vivieron entonces (el presidente Adolfo) Suárez y la Unión de Centro Democrático (UCD). Y Albert Rivera y Ciudadanos reeditan la que protagonizaron (Manuel) Fraga y la Alianza Popular. En definitiva, la posible reforma de la Constitución, implícita en el acuerdo de la Moncloa con (Iñigo) Urkullu (lendakari del gobierno vasco), o la probable ruptura de la Constitución, con la recentralización que reconvertiría en coros y danzas del franquismo el Estado de las Autonomías (N.de la E: es decir, en una mera representación folklórica). No es asual, por lo tanto, que ahora como entonces la alianza de Rajoy con el nacionalismo, tanto vasco como catalán, sea objeto de soflamas por la Brunete Mediática  y la Brigada Azanzadi de la Fiel Infantería (N. de la E.: en alusión al bloque de medios reaccionarios) que lidera Rivera.

La batalla por Cataluña es la batalla por la Moncloa. La mera posibilidad de un diálogo del presidente Rajoy con Quim Torra, nuevo president de la Generalitat, enciende todas las alarmas de los partidarios del choque de trenes nacionalistas en el Estado español. Pese a sus cuantiosas dificultades y escasas posibilidades, el hecho de que la Moncloa y la Generalitat puedan sentarse a hablar les parece harto peligroso. El fantasma de la alianza de (Josep) Tarradellas con Suárez sobrevuela el tenso escenario político español. Tras nueve meses de agitación sobre el procés (N. de la E.: así se llama  familiarmente en Cataluña al proceso diseñado por las fuerzas soberanistas para que el pueblo catalán pueda lograr un Estado independiente) y el cupo vasco, cualquier conversación, siempre dentro del Estado de Derecho, es toda una derrota para quienes ven la paja nacionalista en Cataluña y Euskadi sin ver la viga españolista en su ojo.

Una vez derogado el (artículo) 155 ¿qué sentido tiene continuar con la prisión preventiva de los presos políticos catalanes ? Que duda cabe que su puesta en libertad, tras más de un semestre encarcelados, engrasaría el diálogo de la Moncloa con la Generalitat sin atentar para nada su procesamiento y su próximo juicio ante el Tribunal Supremo. No se trata de indultarles o amnistiarles, como se hizo en la época de Suárez, sino simplemente de liberarles, en espera de que mañana mismo puedan ser sentenciados. Si no existe ya la excepcionalidad política, dado que hemos regresado a la normalidad institucional, ¿por qué y para qué seguir con la excepcionalidad jurídica ? Precisamente para evitar la lógica que se desprende de estas preguntas, los enemigos de Rajoy, que lo son del Régimen del 78, insisten en que continue con el 155.

Rivera propone un 155 reforzado que incluya el control de TV–3 y de la Enseñanza como primer paso hacia la suspensión de las restantes competencias autonómicas. En esa dirección, Cataluña no sería más que un ensayo general de lo que preconizan para todo el Estado de las Autonomías, o Autonosuyas como dicen su apologistas. No en vano, tanto en Euskadi como en Navarra, en lo que se refiere a los fueros y a la lengua , se vive ya bajo la espada de Damocles de Ciudadanos. Este claro proyecto recentralizador, que tan claramente expresa Rivera, fracasaría, si no logra impedir la aproximación política entre Rajoy y Quim Torras. De ahí que las señas ideológicas del presidente de la Generalitat, tan católico y conservador como el que habita la Moncloa, sean ninguneadas por los propagandistas de la ruptura.

En esta creciente pugna entre la derecha constitucional y la derecha preconstitucional, protagonizada por Rajoy y Rivera, la izquierda no está ni se la espera. Al contrario de Suárez, presionado pero también alentado por (Felipe) González y (Santiago) Carrillo, Rajoy está solo, no tiene más apoyo que la lucidez política del PNV. (Pedro) Sánchez (líder del PSOE) le ayuda, pero no le presiona; (Pablo) Iglesias está ausente. En la medida en que PSOE y Podemos no denuncian la identidad ideológica de Ciudadanos, ni el grave peligro de enfrentamiento territorial y social que encierra su proyecto, facilitan el proyecto de recentralización del Estado de las Autonomías. Si Rajoy no cuenta con el apoyo de todo su partido, el del PSOE es irrelevante y el de Podemos inexistente, su futuro será tan negro como togado.

Aproximadamente en cinco meses, veremos si el gobierno de Rajoy es sustituido de facto por el gobierno de los jueces, al igual que en Italia el gobierno (del capo mafia Giulio) Andreotti fue reemplazado por el gobierno “mani pulite” togado. Así cayó la I República italiana en 1992, así podría también caer, probablemente, el régimen del 78. Si bien en Roma se fue hacia adelante, en Madrid se iría hacia atrás. Paradójicamente, lo que el catedrático Rodríguez Aragón, por entonces en el Tribunal Constitucional, inició en 2010, votando la inconstitucionalidad del Estatut de Cataluña, lo remataría ahora, desde el Tribunal Supremo, Pablo Llarena. Sería entonces la hora de Rivera, salvo que en un ataque de sensatez los españoles corrigiesen desde las urnas a una clase política incapaz de ver cómo se intenta reconfigurar los Pirineos como si fuesen los Balcanes.

Comentario (1)

  1. Ezequiel Estevez

    El avance de la derecha cavernaria es general en occidente…

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