CIENCIA Y SOCIEDAD: La «ley del más fuerte» no impera en la naturaleza, explican los científicos

En la naturaleza,  las oligarquías no sólo son poco comunes, sino que esas jerarquías imaginarias que atribuimos los humanos a las organizaciones animales,   y la llamada «ley de la selva»  son un disparate mayúsculo, explican las últimas investigaciones en ciencia. Fue el darwinismo social el que consiguió implantar  la idea de que «la ley del más fuerte» era el principio que regía la vida en todos los ámbitos de la naturaleza, para justificar el capitalismo y la perversidad de las acciones que promociona, M.Mestre

Los humanos NO somos tan inteligentes

Está demostrado que el mejor de los hombres siempre es superado por las posibilidades infinitamente mayores que ofrece el grupo en el que se asienta. 

ERNESTO RUIZ URETA / NUEVA TRIBUNA

En un mundo en el que la información circula a velocidades siderales, en el que el conocimiento del medio es cada día mejor, sorprende que aún estemos resolviendo conflictos e intereses a base de bombas y de persecución del otro. Si se considera que el hombre es el animal dotado de inteligencia, es muy probable que debamos modificar el concepto a la luz de los acontecimientos, ya que o no sabe utilizarla o la inteligencia supuesta es superada por otras pasiones de mayor fuerza y preponderancia. Así, las desigualdades artificialmente mantenidas a lo largo de la historia de la humanidad, la avaricia por tener más, el odio y el miedo al otro, contribuyen a pasar por alto soluciones más convenientes para la convivencia y el bienestar común en el planeta tierra.

Una mirada más profunda de la ciencia nos advierte que en la naturaleza la forma de resolver los problemas vitales tiene más que ver con el aprovechamiento de todas las posibilidades existentes en contra de intereses individuales o personalistas. Si volvéis a oír ese lugar común según el cual en la naturaleza impera la ley del más fuerte, sabed que no son más que bobadas: en la naturaleza, tomar decisiones consensuadas es la mejor garantía para resolver de manera correcta los problemas complejos (1).” Y nos sigue diciendo Stefano Mancuso que “Las plantas son, organismos capaces de utilizar las propiedades emergentes de las interacciones entre grupos para responder a problemas y adoptar soluciones que, en ocasiones, pueden ser muy complejas. Por lo demás, esta capacidad, debida a la organización distribuida y a la ausencia de niveles jerárquicos, posee una eficacia tan elevada que se halla presente en todos los rincones de la naturaleza, incluidas numerosas manifestaciones del comportamiento humano (2).” Aunque en este último caso parece que no es un comportamiento muy extendido a la luz de las maldades que se cometen.

El asombro con lo que ocurre en el comportamiento de los humanos no puede ser mayor. Impera la brutalidad y la anulación del otro en defensa de nuestro egoísmo y avaricia. Pero está claro, sin embargo, que los grandes avances de la humanidad se han basado más en la cooperación que en la lucha supremacista y por quedarse con el botín. “La vida no avanza mediante la competición, sino más bien por la cooperación y la organización de cada ser. Cincuenta millones de billones de células cooperan en la creación del cuerpo humano. Millones de especies colaboran para conformar los ecosistemas y el planeta». (3).

El uso guerrero de los que menos tienen para defender el poder de aquellos que han sabido encumbrarse a base de pisotones en la cabeza de los demás es una mala solución a los problemas vitales. “Las oligarquías no sólo son poco comunes, sino que las jerarquías imaginarias y la llamada ley de la selva son un dislate mayúsculo; lo que de veras importa es que estas estructuras no funcionan bien. En la naturaleza, las organizaciones amplias, distribuidas y sin centros de control son siempre las más eficaces. Los recientes avances en biología acerca del estudio del comportamiento grupal indican sin sombra de duda, que cuando las decisiones las toman un número elevado de individuos casi siempre son mejores que cuando las adoptan unos pocos. En algunos casos, la capacidad de los grupos para resolver problemas es pasmosa. De modo que la idea de que la democracia sea una institución contra natura no es más que una de las más seductoras patrañas inventadas por el hombre para justificar su connatural sed de poder individual”. (4)

Está demostrado que el mejor de los hombres siempre es superado por las posibilidades infinitamente mayores que ofrece el grupo en el que se asienta. No cabe duda de que la Democracia con mayúsculas sigue siendo el mejor sistema para organizar las sociedades humanas y que la solución es más y mejor Democracia. No obstante, como ya escribí en otra ocasión La Democracia está enfrentada claramente al capitalismo actual, al capitalismo basado en el fundamentalismo de mercado. Los intereses económicos más absolutos, centrados exclusivamente en el beneficio van, casi siempre, en sentido contrario a los intereses de una verdadera Democracia. Un voto hoy vale más o menos según la riqueza que manejes y el poder que esta riqueza te da. Que el egoísmo y el interés privado sea la solución a los problemas de la sociedad, parece, sólo, un lema teñido de engaño; una fórmula que sólo ha demostrado servir a los intereses de aquellos que defienden el inmovilismo porque la situación les es muy rentable. La verdadera Democracia, sin embargo, “sólo es posible sobre la base del fomento de la autonomía y la solidaridad, valores para los que la racionalidad instrumental, experta en destrezas técnicas y sociales, es totalmente ciega (5).”

(1) Mancuso, Stefano (2017-151). El futuro es vegetal. Galaxia Gutenberg.
(2) Ibídem (2017-144-5).
(3) Vandana, Shiva (2017-33). ¿Quién alimenta el mundo? Capitán Swing.
(4) Mancuso, Stefano (2017-147). El futuro es vegetal. Galaxia Gutenberg.
(5) Cortina, Adela (2007:214) Ética aplicada y democracia radical. 4ª edición. Tecnos.

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