LA INTERNA SUNÍ, el asesinato de Kashogi por orden del príncipe MBS y el papel de los Hermanos Musulmanes

Un hallazgo de Montserrat Mestre. Al igual que la CIA, la ex embajadora estadounidense en Yemen Bárbara Bodine da por comprobado que el periodista Kashogi fue asesinado y descuartizado por orden del príncipe heredero del Reino Saudí Mohamed bin Salman (MBS) responsable del genocidio que se perpetra cotidianamente en aquel país. Pero, al igual que la CIA, Bodine cree que MBS quedará al menos por el momento impune a causa del importante papel que cumple el reino en el comercio mundial (sobre todo, de petróleo y armamentos). Esta nota de Christopher Dickey* pone énfasis en el papel que ha cumplido y cumple la nutrida cofradía de los Hermanos Musulmanes, que desde su nacimiento en  Egipto en los años 20 se ha expandido por todo el mundo árabe, y que en la actualidad  sólo cuenta con el apoyo de Catar.  Trump ha nombrado como nuevo embajador en Riad (luego de dos años de vacancia) a un general. No es imposible imaginar que más temprano que tarde el príncipe MBS perezca asesinado. Aunque moderado, Kashogi fue amigo de Osama bin Laden. JS

Los Hermanos Musulmanes se encuadran dentro de la extrema derecha, son anticomunistas y también antioccidentales, pero en este caso sólo en lo que hace a las libertades  y derechos civiles, porque no son anticapitalistas. Su estructura es sectaria, y salvando la diferencia del uso de la violencia, podrían ser comparables al Opus Dei. El discurso antioccidental de los Hermanos Musulmanes,  con vagas críticas  al liberalismo económico,  confunde a mucha gente de izquierda en Occidente, pero la Hermandad es anti-todo lo que no sean ellos mismos y su versión sunita del islam. Rusia y Egipto los consideran una organización terrorista. M. Mestre

Por qué el príncipe heredero saudita quería al periodista «vivo o muerto»… y, según parece, más muerto que vivo

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El asesinato de Kashogi implica más que la cuestión de la libertad de prensa. Su muerte se inscribe dentro de la dinámica de las fuerzas políticas de Oriente Medio, que han ayudado a convertir la región en un foco de violencia. Lo que nos remite al tema del miedo y el odio de los saudíes a los Hermanos  Musulmanes, las rivalidades regionales entre quienes apoyan y quienes combaten esta organización, y el “juego de tronos” en la propia Casa de Saúd. Kashogi no fue el centro en ninguno de esos conflictos, pero su carrera profesional lo implicó, fatalmente, en todos ellos.

Fuentes diversas ** y CHRISTOPHER DICKEY / THE DAILY BEST)

El papel de los Hermanos Musulmanes

Los Hermanos Musulmanes no son  una organización política benigna, pero tampoco son una organización terrorista propiamente dicha. La Hermandad nació en Egipto en la década de 1920 y se desarrolló en las décadas del 30 y del 40 como una alternativa religiosa islámica a las ideologías laicas de derechas y de izquierdas, que dominaban los movimientos revolucionarios anticoloniales del momento. La Hermandad copió las formas de organización de las fuerzas político-militares de la época: una estructura compleja; disciplina de partido y secretismo; una rama pública dedicada a la actividad política convencional –cuando fue posible– y una rama clandestina que recurría a la violencia cuando lo creían conveniente.

El manifiesto político del grupo en Egipto durante la Segunda Guerra Mundial explicado por un predicador, rezaba: “El Islam es un credo, una forma de adoración, una nación y una nacionalidad, una religión, un estado, una forma de espiritualidad, un Libro Sagrado y una espada. Preparémonos para una lucha prolongada. Nuestra misión no es sólo en Egipto, sino en todos los países musulmanes del mundo. No tendrá éxito hasta que Egipto y todas las demás naciones islámicas hayan aceptado estos principios del Corán en común. No guardaremos nuestras armas hasta que el Corán se haya convertido en una Constitución para todos los creyentes”.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la Hermandad fue eclipsada por el nacionalismo árabe laico que se convirtió en la corriente política dominante en la región y la Hermandad Musulmana fue aplastada. Se refugiaron, entonces, entre las monarquías del Golfo, especialmente en Arabia Saudita. Durante la Guerra Fría, las petromonarquías vieron a la Hermandad como un antídoto útil ante el avance de las ideologías de izquierda.

En los 80, varios gobernantes de la región usaron a la Hermandad para destruir a la oposición política laica. Anwar Sadat de Egipto los cortejó, pero luego los combatió pagándolo con su vida en 1981, cuando fue asesinado por miembros de un grupo vinculado a la Hermandad. El sucesor de Sadat, Hosni Mubarak, prohibió el partido de la Hermandad Musulmana, pero permitió que sus miembros conocidos se presentaran para ser elegidos en el parlamento, en la cual formaron un bloque que no pasó desapercibido.

Jordania utilizó a los Hermanos Musulmanes contra Siria

El rey Hussein de Jordania desarrolló un juego similar, pero fue más allá, apoyando clandestinamente a la Hermandad en su agresión a Siria, donde intentaba derrocar al presidente socialista Hafez al-Assad. Fueron vencidos en febrero de 1982, en la ciudad de Hama (al norte de Damasco, en el centro de Siria), por el Ejército de la República Árabe Siria, milicias de militantes izquierdistas sirios, e iraquíes del Partido Baaz Árabe Socialista, en un enfrentamiento que se cacula que dejó cerca de 25.000 muertos. 

Israel apoyó a los Hermanos Musulmanes contra la OLP 

Incluso Israel no resistió a la tentación de querer utilizar en beneficio propio a los Hermanos Musulmanes, apoyando inicialmente a Hamas -la rama de la Hermandad entre los palestinos– para socavar a la Organización de Liberación de Palestina, que era de izquierda. 

Hamás confiaba en que el triunfo de los Hermanos Musulmanes  en las llamadas «Primaveras Árabes» y sus victorias electorales en Egipto y Túnez les proporcionaría una nueva situación internacional. Hamás,  hasta  se distanció de Irán y Siria -incluida la Hermandad en  ese país que intentaba derrocar al gobierno de Damasco-  para ofrecer una imagen de neutralidad. Pero  tras la destitución del gobierno de los Hermanos Musulmanes en Egipto  en julio de 2013, el nuevo régimen de El Cairo dejó clara su posición ante cualquier  rama de la Hermandad  y destruyó los túneles de Rafah, con los que Hamas burlaba  el bloqueo israelí, y  constituían una importante fuente de ingresos para la organización, además de ser la comunicación de  los palestinos de Gaza con el exterior. Irán, por su parte, les ha reducido considerablemente el apoyo económico.

Ennahda: la rama de la Hermandad en Túnez 

La realeza saudí, también pensó en que podía utilizar a la Hermandad para sus propios fines, pero con el paso de los años, la relación entre los saudíes y la Hermandad decayó, explica Lorenzo Vidino, uno de los principales académicos de EEUU que estudian la historia y las actividades de la Hermandad. Con el paso del tiempo, las facciones de la Hermandad -como cualquier fuerza de implantación internacional- adquirieron diferentes características en cada país, adaptándose al medio, dice Vidino. Es así como Hamás, o su ala militar, sea fácilmente etiquetada como terrorista, mientras que Ennahda  -rama local de la Hermandad en Túnez–   que era llamada terrorista por el derrocado régimen de  Ben Ali, se ha comportado como un partido político responsable en un entorno democrático complejo. (N.de la E: el Partido Ennahda, en las  primeras elecciones tras la «Primavera Árabe»,   obtuvo el 37% de los sufragios,y formó un gobierno de coalición. Pero la represión y la corrupción continuaron, la inflación se disparó y sus intentos de aplacar a salafistas y yihadistas con medidas retrógradas no funcionaron, y además marginaron a los partidos laicos. Intentaron anular  en la nueva Constitución la igualdad entre hombres y mujeres que había establecido el fundador de la República, Habib Bourguiba, líder de la independencia, e impulsor del socialismo laico. Temiendo correr la misma suerte que la Hermandad egipcia, Ennahda dejó el gobierno en 2014, y no lo recuperó en las elecciones siguientes. A pesar de ello, continúan siendo una fuerza política que espera su oportunidad de llegar al poder.)

En la medida en que Jamal Kashogi se identificó con la Hermandad, lo hizo con la corriente de Túnez.

Turquía y Qatar

Otros gobiernos de la región que pensaron que podrían usar la Hermandad para extender su influencia fueron el de Turquía y el de Qatar. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan tiene vínculos tan antiguos con este movimiento islamista que algunos estudiosos se refieren a su gobierno como la “Hermandad 2.0”. Qatar, a través de su popular canal de televisión Al Jazeera, parecía hacer propaganda a favor de la Hermandad tanto como la Fox News la hace de los republicanos estadounidenses. Con esto, como con otras políticas, los cataríes esperaban tener una presencia en el escenario internacional, que les diera alguna protección contra sus agresivos vecinos sauditas, quienes les impusieron un bloqueo acusándolos, entre otras cosas, de connivencia con Irán.

Egipto 

Egipto, el país más poblado del mundo árabe, y el lugar de nacimiento de la Hermandad, se convirtió en un caso de estudio. Aunque Jamal Kashogi identificaba a la Hermandad con el movimiento popular que derribó a Mubarak, de hecho, la Hermandad egipcia no participó en él. Sus líderes eran tolerados por Mubarak y no tenían claro qué querían los acampados en la Plaza Tahrir ni los militares que permitían ese acampe. Sin embargo, tras la caída de Mubarak se convocaron elecciones y la Hermandad hizo su aparición utilizando su organización y disciplina del partido, así como su lema perenne, “El Islam es la solución”, para poner a su hombre, Mohamed Morsi, en el palacio presidencial y controlar por completo el gobierno con su gente. O eso creía: el gobierno de la Hermandad duró sólo un año. En el verano de 2013, el general Abdel Fattah al-Sissi, comandante de las fuerzas armadas egipcias, encabezó un golpe militar con un apoyo popular sustancial contra el gobierno de Morsi, evidentemente inepto, que había demostrado rápidamente que el islam no era realmente la “solución” de nada.

Al-Sissi había sido una vez el agregado militar egipcio en Riad, donde tenía conexiones, y los saudíes rápidamente vertieron dinero en Egipto para apuntalar al nuevo régimen. Al mismo tiempo, Al Sissi declaró a la Hermandad una organización terrorista y lanzó una dura campaña en su contra, en la cual han muerto cientos de sus militantes.

Hoy, Morsi cumple tres condenas, la más larga de 25 años, en una de las prisiones más duras de Egipto, al igual que más de cien dirigentes de los Hermanos Musulmanes. Está acusado, entre otras cosas, de entegar información secreta a servicios de inteligencia extranjeros.

Siria: la obsesión de los Hermanos Musulmanes 

La Hermandad creyó que en Siria podía liderar un levantamiento contra el gobierno de Bashar al Assad, como lo había intentado 30 años contra el gobierno de su padre. Durante más de un año pareció que las distintas ramas de los Hermanos Musulmanes podrían llegar al poder en el inestable mundo árabe, y la administración de Obama, a falta de alternativas serias, se inclinó a seguirles la corriente. Pero entonces los saudíes contraatacaron.

En Siria, los esfuerzos por organizar una oposición política creíble contra el presidente Bashar al Asad resultaron infructuosos. Los cataríes y los turcos apoyaron a la Hermandad mientras que los saudíes continuaron con su vehemente oposición. Pero eso no significa que Riad apoyara fuerzas laicas moderadas. Los saudíes querían tener un papel, más importante todavía, en el derribo del gobierno sirio, por ser éste aliado de uno de sus archienemigos: Irán. De modo que los saudíes decidieron contar con los ultra conservadores salafistas para sus planes, pensando que podrían ser más fáciles de controlar que los Hermanos Musulmanes.

Arabia Saudí

En enero de 2015, en medio del caos y la agitación regional, el anciano y enfermo Salman bin Abdelaziz ascendió al trono de Arabia Saudí y su hijo, Mohammed bin Salman, tomó en sus manos prácticamente todas las riendas del poder. La familia gobernante Saúd, con sus decenas de príncipes, tradicionalmente ha hecho un esfuerzo por llegar a un consenso para repartirse el poder. Cuando Salman se hizo cargo, finalmente nombró sucesores de la siguiente generación: su sobrino Mohammed bin Nayef, de 57 años, se convirtió en príncipe heredero;  y su hijo Mohammed bin Salman (MBS), se convirtió en diputado y príncipe heredero.

Bin Nayef fue obligado a renunciar al cargo de príncipe heredero en 2017. El New York Times informó que durante una reunión de fin de Ramadán en el palacio, «le dijeron que debía reunirse con el rey y lo llevaron a otra habitación, donde los guardias de la corte le quitaron sus teléfonos y lo presionaron para que renunciara a sus cargos de príncipe heredero y ministro del Interior (…) Al principio, se negó. Pero a medida que avanzaba la noche, el príncipe, un diabético que sufre secuelas de un intento de asesinato de un terrorista suicida en 2009, se cansó “. Mientras tanto, los guardias de la corte llamaron a otros príncipes y les dijeron que Bin Nayef tenía un problema de drogas y que no era apto para ser rey.

Una presión similar sufrieron muchos de los príncipes más ricos y poderosos del reino, que fueron encerrados en el hotel Ritz Carlton en 2017, con la excusa de una lucha -extralegal- contra la corrupción. Fueron obligados a dar su lealtad a MBS al mismo tiempo que le entregaron una gran parte de sus fortunas. Esa sumisión forzada de lealtad, es lo que los saudíes ahora admiten que pretendían de Jamal Kashogi. Él no era un príncipe, pero había tenido una relación estrecha con los hijos del difunto rey Faisal, particularmente con Turki al-Faisal, quien durante muchos años había sido el jefe del aparato de inteligencia saudí, y posteriormente embajador en el Reino Unido y los EEUU. Aunque Turki siempre negó que tuviera ambiciones de ser rey, su nombre sonaba a menudo entre los aspirantes al trono. Hasta el momento ha sobrevivido a las maquinaciones del príncipe herededo MBS. Pero la cercanía a él de Kashogi lo dejó en una posición peligrosa.

La ex embajadora de EEUU en Yemen, Bárbara Bodine, exlica que «MBS es impulsado por un esfuerzo despiadado por obtener el control total nacional y regional. Básicamente, ha quebrado la espina dorsal del principado, del sistema religioso y de la élite empresarial; ha puesto a todos los ministerios y agencias de poder bajo su control único («solo yo puedo arreglarlo»), y encarcelado, asesinado o puesto bajo arresto domiciliario a cualquier opositor real o potencial, incluida su madre”. Según Bodine, MBS aspira a tener tanto peso político como el del presidente Putin, y al parecer sueña con que lo llamen «el Putin del desierto».

En 2017, MBS y sus seguidores en los Emiratos Árabes Unidos acusaron a Qatar de «apoyar el terrorismo”, emitiendo una serie de demandas que incluían el cierre de Al Jazeera, el cierre de la frontera y otras formas -incluidas opciones militares- de presionar al diminuto país que juega en tantos ángulos que se las ha arreglado para apoyar a la Hermandad, sentirse cómodo con Irán y albergar una enorme base militar de los Estados Unidos.

La ex embajadora estadounidense señala que el problema básico es que Arabia Saudí no tolera que progresen  estructuras de gobierno también basadas en el islam, pero que no son monarquías, como el caso de Irán o la que plantean los Hermanos Musulmanes. Sobre Kashogi , dice Bodine, MBS lo habría considerado peligroso porque “era un hombre informado creíble, no un radical. Escribía y hablaba en inglés para una audiencia estadounidense a través de los principales medios de comunicación creíbles, estaba bien considerado y era muy visible dentro de las charlas en Washington. Era accesible, moderado y operaba en Occidente. No desafió la estructura central del Reino sino la legitimidad de los gobernantes actuales, especialmente de MBS”.

La ex embajadora estadouniense cree que el plan final del príncipe heredero siempre fue asesinar a Kashogi, posiblemente haciéndolo desaparecer primero. No cree que se hubiera planteado mantenerlo encarcelado en Arabia Saudí, por la gran presión internacional que se hubiera ejercido reclamando su liberación. El asesinato, reflexiona la ex embajadora, es un gran costo a corto plazo -por un tiempo mayor o menor del esperado-  pero Jamal Khashoggi se convertirá en una nota al pie de página y no en una larga campaña.

*Dickey tiene 67 añosy es editor de noticias mundiales de The Daily Beast en París. Es autor de siete libros, entre ellos Our Man in Charleston: El agente secreto de Gran Bretaña en la Guerra Civil de los Estados Unidos, sobre Robert Bunch , publicado en 2015,  Asegurando la ciudad: dentro de la mejor fuerza antiterrorista de Estados Unidos: el NYPD , sobre el Departamento de Policía de Nueva York , publicado en febrero de 2009; y el más antiguo Con los contras. Origen de la guerrilla antisandinista. sus conexiones con la Argentina, Cuba y EEUU, publicado por Sudamericana en los años 80. 

Otras fuentes ** 

The Muslim Brotherhood: Evolution of an Islamist Movement, (Los Hermanos Musulmanes: Evolución de un movimiento islamista)  por  Carrie Rosefsky Wickham

Les Frères musulmans et le pouvoir, (Los Hermanos Musulmanes y el  poder). por Pierre Puchot 

Frères musulmans. Enquête sur la dernière idéologie totalitaire, (Los Hermanos Musulmanes. Investigación sobre la última ideología totalitaria), del escritor y realizador francés Michaël Prazan

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