ESPAÑA: Una sociedad autocomplaciente y una democracia fallida

La mayoría de ciudadanos del Estado español son muy poco dados a la autocrítica y reaccionan mal si se habla de los defectos del país. A tal punto, que llaman  “aprovechados” a los vascos y “victimistas” a los catalanes, cuando señalan lo que funciona mal en el Estado. Esta autocomplacencia, suele quedar bien retratada en los resultados de  investigaciones sociológicas que miden el grado de satisfacción de los nacionales de diferentes países de la UE: los españoles destacan por ser los más satisfechos en todo,  como si vivieran en el mejor de los mundos, lo cual revela un nivel casi nulo de autoexigencia. En el otro extremo suelen estar los ciudadanos alemanes, que son muy autocríticos y quisieran mejorar su vida y su país en casi todos los aspectos. Esta aclaración sirve para entender por qué tiene importancia que aparezcan notas como la que pueden leer a continuación: hay que dar la bienvenida a la autocritica de la sociedad española. M. Mestre

En un país de mierda

Imagen del 15M. ¿En qué quedó el movimiento que se creyó estar forjando una revolución?

Vivimos en un país de mierda. Esto es así, nos guste o no. El control social junto a errores metodológicos, el miedo a salir de una falsa zona de confort y la incultura política hacen que España sea diferente, un Estado alejado del sentido común y un pueblo ajeno a la realidad.

JOSÉ BUJALANCE CARMONA / VOCES CANARIAS /NUEVA TRIBUNA

No voy a exponer datos sobre el PIB per cápita, ni sobre índices de pobreza, tasas de inflación o desempleo; tampoco citaré el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ni haré constar los datos sobre desigualdades sociales. Como dice Angus Deaton, “las líneas de pobreza son tan científicas como políticas”.

Los medios de comunicación (los escasos que no están comprados y son meras empresas publicitarias) se hacen eco constantemente de la mejora de la economía, pero no facilitan datos sobre, por ejemplo, los estándares de consumo de la población de referencia (clase media/baja)

Insultan nuestra inteligencia facilitándonos datos macroeconómicos y variables socioeconómicas sesgadas e incluso maquilladas sin pudor. El índice de Desarrollo Humano (IDH) que además del PIB per cápita tiene en cuenta la esperanza de vida y los años de escolarización, no se ajusta por desigualdad, esto es, tomando en cuenta las desigualdades de ingreso, salud y educación.

Los españolitos, ignorantes como somos la mayoría, nos resignamos y conformamos pensando que no estamos tan mal, sin ni tan siquiera tener en cuenta el futuro, las próximas generaciones, nuestros hijos y nietos. Tenemos enormes déficits (no solo socioeconómicos, también políticos) y numerosas asignaturas pendientes de cara al desarrollo de nuestro país. Las claves no admiten discusión: crecimiento con mayores niveles de distribución del ingreso.

En los últimos años no sólo hemos sufrido un retroceso en cuanto a desindustrialización sino que hemos padecido un grave deterioro distributivo, aumentando dramáticamente la brecha entre quienes tienen ingresos y aumentando la pobreza urbana.

España es un país maravilloso lleno de políticos de mierda y muchos insensatos que les apoyan. Los países son lo que son sus personas y ahí es donde deberíamos incidir. Los españoles tenemos baja calidad ética y un déficit de valores tan enorme como la clase política. Como pueblo no pintamos nada: no somos capaces de protestar, ni de exigir, ni de expulsar del poder a esos indeseables gobernantes, ineptos que además no rinden cuentas a nadie.

Desde la amnistía fiscal inconstitucional hasta la Gurtel o la Púnica, pasando por los casos Bankia o Noos, sin olvidar Palma Arena, Mercamadrid, Pokemon, Imelsa, Bárcenas o Lezola lista de casos de corrupción (conocidos) supera los cien. De los  900 cargos del Partido Popular imputados por corrupción, incluidos todos sus Tesoreros, y no llegan a 90 los condenados.

Los casos de indultos y absoluciones dan una enorme vergüenza ajena. Las denuncias de jueces y fiscales sobre injerencias políticas son tercermundistas; y no hablemos ya de la pérdida de pruebas con métodos mafiosos, ya sea vía robo, incendio o incluso martillazos al más puro estilo Anacleto.

¿Alguien cree que en algún país decente un jefe policial afirmaría en las Cortes que el ya ex presidente del Gobierno recibió dinero de una caja B? ¿Se puede consentir en un Estado de Derecho que el partido político que sostenía a dicho Presidente se considere una organización delictiva? El jefe de la UDEF (Unidad Delincuencia Económica y Fiscal) denunció diferentes presiones, pero no debe extrañarnos ya que tenemos antecedentes similares con jueces y fiscales.

En esta mierda de país bajamos la cabeza a ras de suelo como avestruces, unos por formar parte o ser cuando menos cómplices de una organización criminal, y otros por ser débiles, pusilánimes, cobardes en definitiva. Sabemos, pues hay sentencias judiciales que lo avalan, que vivimos a la sombra de un lobby, con conexiones internacionales sin duda, pero nos escondemos tras banderas y otras argucias. Tenemos claro que el tema catalán (como el venezolano) es una estratagema para tapar a unas élites reprobables cuando menos, pero nos sentimos cómodos siendo manipulados, sometidos y oprimidos, encadenados, cautivos.

La mal llamada Justicia ha quedado, otra vez, en entredicho, dado que sus órganos de gobierno y más altas jerarquías no sólo no son independientes pues las nombran los políticos, sino que deben favores para llegar y sin duda los devuelven; esto no es nuevo, es la realidad decimonónica -por no decir feudal- con una manita de barniz.

Somos un país de mierdas -en plural,  y sálvese quien pueda- y  un estado fallido democráticamente.

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