España: El futuro es negro

Desde que estalló la crisis José Luis Rodríguez Zapatero (RZ) se empeñó en hacer los deberes para la derecha, dejándole las cosas ordenadas quién todo indica habrá de sucederlo, el neofranquista Mariano Rajoy. Pero hete aqui que éste no le reconoce nada. Ekaizer, nacido argentino (estaba vinculado al PO cuando se exilió a mediados de los ’70) escribió muchos libros en España, donde llegó a ser parte del estado mayor de El País antes de rompero con él e irse lo que de algún modo fue una escisión por izquierda, el diario público. En al debacle, RZ tuvo la humorada de convocar las elecciones para el 20 de noviembre, fecha de la muerte de Franco y efémeride que gustan recordar los ultras cara al sol y brazo derecho en alto. Rajoy dice que los sacrificios hechos hasta ahora por los españoles no valen nada, que si lo eligen, conocerán verdaderamente el sudor, el llanto, el crujir de dientes y las auténticas capacidades de dilatación anal y rectal. Y bueno, dicen en la penísnula que el que avisa no es traidor…

Diagnóstico equivocado

Por Ernesto Ekaizer / Público
¿Saben aquello de que la película empieza cuando uno llega al cine? Es lo que parece creer Mariano Rajoy. Lean ustedes lo que dijo ayer en el Congreso al «despedir» a Zapatero: «Ahora todos los españoles tendremos que hacer un gran esfuerzo, pero estoy absolutamente convencido de que España es un gran país y que, por tanto, va a superar esta situación».

¿Ahora, es decir, cuando llegue Rajoy a la Moncloa, vamos a tener que hacer un gran esfuerzo? Pero ¿y el plan de ajuste y austeridad vigente desde mayo de 2010, durante el cual se añadieron, hasta el segundo trimestre de este año, 288.000 parados a los 4,6 millones ya existentes en aquellas fechas? ¿Y los recortes sociales y salariales?
  

Tanto el Gobierno nacional, como el Gobierno de la Comunidad de Madrid niegan la realidad de esos recortes. ¿Y qué otra cosa es reducir los salarios de los funcionarios, alargar la edad de jubilación y anular rebajas fiscales, en el caso del Gobierno nacional, y adelgazar en 2010 y 2011 un total de 287 millones en el capítulo de educación, en el caso de la Comunidad de Madrid?

Prueba del nueve

La prueba del nueve es muy sencilla. Si se leen los informes del FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, y las declaraciones del rey del mambo en Europa, Mercozy, es decir Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, el aplauso a las medidas «valientes» adoptadas por Zapatero es una realidad. Como son ellos quienes las han sugerido y han presionado a favor de su puesta en práctica, les parece, obviamente, muy bien. Para todos ellos, esas medidas que ha iniciado el Gobierno de Zapatero marcan el camino que debería continuar Rajoy hasta completarlas.

Rajoy reivindicó ayer su diagnóstico. ¿Cuál es ese diagnóstico? ¿Que Zapatero tiene la culpa? ¿Que el problema es que el gasto público se ha expandido sin control? ¿Y si ese diagnóstico está equivocado?

En el año 2000, la deuda pública representaba en la España de Aznar el 59,3% del PIB. En 2007, esa misma deuda había descendido al 36,2 %. Y ahora mismo supone alrededor del 62%. ¿Dónde está el crecimiento catastrófico de la deuda pública? Ah, ¿pero y el déficit?, dirá Rajoy. ¿No llegó al 11,2% en 2009? Así ha sido. Pero el déficit ha sido el producto de la crisis: caída de la recaudación de los impuestos que pagan las empresas, esos que Rajoy promete bajar (por cierto, ¿los cinco puntos de rebaja serán desde el 30% nominal que deberían pagar o del 10 que pagan realmente?) y la subida de las prestaciones por desempleo.

Una vez más, ¿y si el diagnóstico está equivocado? Timothy Geithner, secretario del Tesoro de EEUU, intentó explicar en Breslavia a nuestros grandes ministros de Finanzas que la austeridad coordinada actualmente vigente en Europa es un peligro. Olivier Blanchard, economista jefe del FMI, lo ha dicho el martes en Washington: «Lo que es necesario para sostener el crecimiento es que las familias y empresas aumenten su demanda al tiempo que se van reduciendo los déficits fiscales. Y observamos que esto no va bien por varias razones, porque la mayoría de ellos tienen que reparar sus balances».

Es que el diagnóstico de Rajoy, el mismo que compró Zapatero, está equivocado. Estamos, en efecto, en una recesión de balance. El sector privado español tiene un largo proceso de desendeudamiento por delante para sanear sus balances. Todo lo que Rajoy les eche vía rebajas fiscales a las empresas va a ser utilizado para reducir más esa deuda.

Esa exhortación de Rajoy al «gran esfuerzo» supone reconocer que a partir de diciembre, cuando asuma el nuevo Gobierno, tendremos más sangre, sudor y lágrimas. ¿Es este el mandato que busca en las urnas el 20-N?

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