BRASIL – CARLOS MARIGHELLA: El guerrillero muerto que obsesiona a Bolsonaro

Los bolsonaristas han impedido que se estrenara en Brasil la película sobre la vida del militante político, diputado,  escritor y guerrillero brasileño Carlos Marighella -asesinado por la dictadura en 1969-  basada en el libro de Mário Magalhães,  Marighella, el guerrillero que incendió el mundo. Para Bolsonaro y la ultraderecha brasilera, la figura de Marighella es una obsesión, y su odio se extiende al actor que le da vida en la película, Wagner Moura, que además apoya a Lula. Carlos Marighella personifica todo lo que odia  Bolsonaro: era comunista, nieto de una esclava negra, guerrillero y además era culto. El autor de Marighella, señala que el gobierno de ultraderecha en Brasil no sólo está atacando la democracia, sino los valores de la Ilustración, ese movimiento del siglo XVIII que pensaba que el conocimiento era la clave para combatir  la ignorancia, los prejuicios y evitar la tiranía. O dicho al modo de una canción de protesta argentina de los 70: «porque cuando el pueblo sabe / no lo engaña un brigadier». M. Mestre

Entrevista a Mário Magalhães, autor de  Marighella

«El bolsonarismo odia a Wagner Moura»

Carlos Marighella

ANDY ROBINSON / LA VANGUARDIA

Río de Janeiro,- Marighella, el guerrillero que incendió el mundo, la premiada biografía del líder guerrillero brasileño Carlos Marighella, fue llevada a la gran pantalla el año pasado por el actor de cine Wagner Moura, conocido en Europa por su interpretación de Pablo Escobar en la teleserie de Netflix, Narcos. La película repasa los últimos cinco años de la vida del escritor, y líder de la izquierda brasileña, de 1964 hasta su violenta muerte en una emboscada en 1969. Este periodo coincide con el golpe de estado y los primeros años de la dictadura militar (1964 a 1984) un episodio ya sometido a un fuerte revisionismo histórico por los seguidores del presidente de ultraderecha Jair Bolsonaro. Lo chocante es que la película de Moura aún no se ha estrenado en Brasil más de un año después de su proyección en el festival de Berlin. En esta entrevista, el autor de Marighella, Mário Magalhães, cuyo nuevo libro, Sobre luchas y lágrimas, una biografia del 2018, acaba de salir a la venta en Brasil, explica por qué la película de Moura ha incomodado tanto al gobierno de Bolsonaro.

¿Cómo es que la película Marighella aún no se ha proyectado en Brasil más de un año después de su estreno?

Buena pregunta. El libro salió a la venta en el 2012 y el año siguiente concedí los derechos. Wagner Moura los compró junto con la productora O2 Films, de Fernando Meirelles, que hizo Ciudad de Dios, y la productora del Grupo Globo. Hicieron la película y, en febrero de 2018, se estrenó en el festival de Berlín. Entonces, las falanges bolsonaristas en redes sociales insistieron en que la película había sido un fracaso en Berlín porque no había ganado un premio. Pero es que no habíamos participado en el concurso para ganar premios. Se proyectó en la muestra principal.

¿Y qué pasó?

En Berlín, durante el festival, Wagner y los productores anunciaron públicamente que había un problema para estrenar la película en Brasil. Dijeron que la distribuidora Paris Filmes creía que este no era el mejor momento político para que la película llegase a los cines. Uno de los socios de Paris Filmes, Andrea Barata Ribeiro dijo que se estudiaba la posibilidad de hacer un lanzamiento de la película en el circuito alternativo y no comercial.

¿Crees que estos recelos comerciales tenían que ver con presiones políticas?

Parece que sí. La semana pasada, un diputado federal de ultra derecha y ex actor porno Alexandre Frota dijo en la revista Piauí que, en la agencia de promoción de comercio exterior brasileño, se había producido una crisis en torno a la película entre ministros vinculados a los militares y los seguidores del ideólogo Olavo de Carvalho. Los militares son más pragmáticos y no querían atacar la película. De Carvalho, sí.

¿Quién es De Carvalho?

Es un periodista fracasado, sin brillo que, tras ser militante del Partido Comunista, se convirtió en astrólogo especializado en horóscopos… ¡Sí, es cierto! Y, ahora, es el gurú de la ultraderecha. Vive en Virginia, Estados Unidos.

¿Qué ocurrió con el asunto de la agencia de promoción?

Según Alexandre Frota, no se quería entregar dinero de la agencia para la participación del cine brasileño en el festival de Cannes y otros eventos, porque una parte podría ir a la productora de Marighella. Es decir que la película se había convertido en una cuestión de estado. La cuestión para mi es si Paris Filmes ha cedido ante las presiones del oscurantismo y va a aceptar la censura; Paris Filmes dice que no hay presión ninguna; que esperan el mejor momento de mercado; que no es el mejor momento comercial.

¿No le parece muy creíble ese argumento?

No. Wagner es la estrella de la película que fue el mayor éxito de taquilla de la historia brasileña, Tropa de élite. Ahora mismo, está rodando una película en Cuba, con Penélope Cruz, y va a ser el protagonista de la próxima película de Brian de Palma. Así que hay mucho interés en su debut de director. La película Marighella ha sido un éxito en festivales en Hong-Kong, Estambul y otras ciudades. En Bari, Italia, Seu Jorge, que interpreta a Marighella, ganó el premio a mejor actor. Seu Jorge empezó a tener éxito en el cine en Ciudad de dios, la película brasileña más conocida fuera de Brasil, y eso que es aún más conocido por su música. Marighella es una película de acción, la historia de Marighella durante los últimos años de la dictadura, así que tiene mucho suspense. En fin, el hecho es que la distribuidora de la película no habla de fechas para llevarla a los cines.

¿Por qué molestaría tanto la película al bolsonarismo?

La trayectoria de Carlos Marighella incomoda al gobierno. Había sido olvidado en Brasil pero es un personaje muy relevante en estos momentos. Era un defensor de los derechos de trabajadores que este gobierno está desmantelando. Se opuso al golpe de estado de 1964 y a la dictadura militar. Bolsonaro y los militares del gobierno son defensores de la memoria de esta dictadura. Marighella fue torturado en los años 30 y luchó contra la tortura. Bolsonaro defiende la tortura. O sea, para Bolsonaro, la figura de Marighella es una obsesión. Es más, la extrema derecha en Brasil odia a Wagner Moura por su apoyo a Lula y a Guilherme Boulos (el candidato de del partido de izquierdas PSOL en las elecciones del 2018).

¿Se trata entonces de censura?

Sí,  y no es el único ejemplo. Una exposición de diseño fue prohibida en Belémporque incluía una foto de un policía persiguiendo a un niño de la calle. El Santander cerró la exposición Queermuseu debido a las presiones de la ultraderecha. Ahora han prohibido un anuncio del Banco de Brasil porque incluye a actores negros y gais. En Pernambuco, prohibieron una obra de teatro. Durante meses prohibían entrevistas a Lula cuando estaba en la cárcel. El Supremo Tribunal Federal prohibió que el estado de São Paulo publicase información sobre la familia del ex presidente José Sarney. Hay un ambiente impulsado por la ultraderecha no sólo contra la democracia sino contra los valores de la ilustración.

¿Quieren maquillar la realidad de la dictadura militar de 1964 a 1984?

Yo nací en la primera semana de la dictadura después del golpe de 1964. Si tratas de imaginar el peor monstruo del franquismo, pues, en el caso de Brasil sería el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, que creó la prisión conocida como el DOI (el Destacamento de Operaciones de Información), en São Paulo, entre 1970 y 1974. Fue la instalación donde más torturaron, más ejecutaron  e hicieron desaparecer a la gente. Pese a esto, Ustra es un ídolo para Bolsonaro y sus ministros. Cuando Bolsonaro ganó las elecciones, se desplegó una enorme bandera delante de su casa con la frase “¡Viva Ustra!”. Cuando destituyeron a la presidenta Dilma Rousseff, dedicó su póstumo a Ustra. Bolsonaro ha dicho varias veces que le gustaría volver al tipo de régimen de la dictadura aunque jamás la llama dictadura.

George Orwell dijo que lo primero que tiene que hacer el estado totalitario es cambiar el pasado; luego el presente. ¿Bolsonaro está haciendo un revisionismo histórico?

Sí. El movimiento de “escuelas sin partido” de la extrema derecha es un ejemplo. Defiende cosas como, por ejemplo, que un maestro no tiene derecho de enseñar nada que vaya en contra de las ideas de los padres de sus alumnos. Que si los padres creen que la esclavitud fue buena, el maestro no puede enseñar lo contrario. Eso lo apoya Bolsonaro. No es de extrañar que tengamos a un ministro de educación que dijo “Kafta” en lugar de Kafka…

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