INDUSTRIA SALMONERA: Tras contaminar el sur de Chile, buscan aguas limpias del lado argentino

La industria del salmón instalada desde hace 30 años en el sur de Chile busca ahora establecerse en Argentina a la caza de aguas limpias, después de contaminar el lado chileno. Chile se ha convertido en el segundo mayor productor de salmón del mundo, pero al precio de afectar gravemente el entorno natural y el ecosistema de la Patagonia. Según un informe de 2018, en Chile «los criadores de salmón están usando hasta 950 gramos de antibióticos para criar una tonelada de pescado«. Están aplicando más medicamentos por tonelada que cualquier otra industria pesquera en el mundo, por ejemplo veinte veces más por tonelada que Noruega. La razón de que se utilicen todos estos antibióticos es que los salmones  están confinados hacinados, en corrales llenos hasta el máximo de su capacidad, en medio de su propia materia fecal, restos de alimentos y subproductos químicos. Según un informe de la Universidad de Los Lagos, en Chile la cría del salmón genera evacuaciones fisiológicas comparables a los residuos generados por una población de entre 2,7 y 4,1 millones de personas, y además las piscifactorías vierten los desechos sin ningún tratamiento. El estudio indica que, de todos los alimentos suministrados al salmón, sólo consume un 25%. El otro 75% permanece en el medio  y junto a la materia fecal, se depositan en el fondo donde producen una acumulación de fósforo y nitrógeno que elimina el oxígeno del agua, haciendo que ningún ser vivo pueda prosperar.  Muchos corrales se encuentran cerca de las desembocaduras de los ríos y contaminan a otros peces cuando se dirigen río abajo hacia el océano. En 2016 en Chiloé se produjo una catástrofe ambiental cuando las piscifactorías arrojaron al océano más de 9.000 toneladas de cadáveres de peces en descomposición, provocando  la muerte de miles de animales marinos. Las enfermedades infecciosas que contraen los salmones debido a las insalubres condiciones de las piscifactorías  pueden provocar la extinción de los peces nativos por la introducción de patógenos para los cuales no tienen defensas. Ahora, pretenden instalarse del lado argentino. M.Mestre

El salmón, una industria que puede causar desastres medioambientales en Argentina y Chile

 

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Leyes más permisivas en esa parte del globo han permitido a las empresas europeas beneficiarse de las ganancias, provocando un desastre ambiental que se extiende cada vez más al sur.

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La industria del salmón trata de afianzarse en la frontera entre Argentina y Chile, cercana al Cabo de Hornos. Un negocio que puede suponer un gran impacto medioambiental, y choca con los intereses económicos de Chile, ya que es el segundo mayor productor del mundo de esta especie.

Un chef argentino contra el salmón

Es la opción de pescado ofrecida por la mayoría de los restaurantes del mundo. Pero a pesar de confesar que tuvo que resignar jugosas ganancias, el reconocido chef argentino Lino Adillon no sólo la sacó de su menú, si no que en los últimos años se convirtió en un activo luchador contra la industria del salmón.

«Lo están desarrollando acá diciéndonos que nos van a dar trabajo. Lo que nos están dando es matarnos el mar. Y ya somos cada vez más los que estamos dispuestos a no permitirlo», señaló Adillon.

El restaurante de Lino está ubicado en Ushuaia a la orilla de las aguas del canal de Beagle, una región que se prepara para combatir un acuerdo del Gobierno del país con Noruega para analizar la instalación de salmoneras.

Aguas chilenas, beneficios europeos

A 5 horas de navegación, estas mismas aguas heladas bañan las costas de Chile, donde al otro lado, una pequeña comunidad libra la misma batalla

Chile es el segundo productor de salmón del mundo. Según los ambientalistas, las leyes más laxas de esta parte del globo han permitido a las empresas europeas beneficiarse de las ganancias, provocando un desastre ambiental que se extiende cada vez más al sur. Un dato revelador es que la industria usa allí 20 veces más antibióticos que en Noruega

«Están viniendo de Chile para Arentina porque han contaminado todo ese sector y tienen que buscar aguas más puras y más limpias para los peces, o sea en otros sectores de Chile ya está todo contaminado», explicó María Luisa Muñoz, representante de la comunidad yagán

Debajo de las jaulas instaladas en las aguas chilenas van cayendo los restos de alimentos y los desechos orgánicos de los salmones que crecen hacinados. Y todo esto se va acumulando en el fondo del mar, contaminándolo. Esta es una de las formas en que los ambientalistas dicen que esta industria afecta el ambiente, y por supuesto, también a las especies autóctonas, muchas de las cuales denuncian que ya desaparecieron.

Las fugas de peces

Otro problema son los escapes. El más grave fue de 690.000 ejemplares que una vez en libertad se convierten en feroces depredadores. A diferencia del hemisferio norte, de donde son originarios, allí no tienen otra especie que frene su colonización.

«En nuestros estudios hemos visto cómo salmones escapados de lugares más al norte del país ya están colonizando los ríos de esta zona. Porque tienen un ciclo de vida donde los adultos ponen los huevos en el río y luego el adulto se va al mar», detalló Tamara Contador, bióloga del Parque etnobotánico Omora.

Pueblos originarios

La comunidad de pescadores ancestrales en estas aguas es el principal actor en contra de la instalación de las salmoneras. La ley chilena establece que, como pueblo originario, los yaganes debían ser consultados antes de otorgar los permisos, y como ese paso fue omitido, por ahora las concesiones están frenadas.

En este caso como en tantos otros, la amenaza no existía hasta que fue introducida por la actividad económica, una lección que, a pesar de la insistencia de los científicos, el mundo todavía se resiste a aprender

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