EVA PERÓN. El conmovedor homenaje de Homero Manzi y Hugo del Carril

Un baño de humildad. Después de haber publicado a mediados de los ’90 el (prácticamente desconocido) testamento político de Eva Perón, en una primorosa edición de Albertp Schprejer (Ediciones Futuro) con textos de homenaje de, entre otros, Rodolfo y María Elena Walsh, Horacio González, María Moreno, Carlos Eichelbaum  y mi hermano Luis, me tenía, sino por un experto, al menos si como un conocedor de la vida de Eva Perón. Sin embargo, viendo hace un rato Crónica TV, me desayuné ¡con 70 años de atraso! de la existencia de una payada de homenaje a Evita que le cantó nada menos que Hugo Carril con letra del que es para mi el mayor poeta porteño… siendo santiagueño (y patrón del equipo de mis amores, San Lorenzo… a pesar de sospechar que como mis ídolos futbolísticos Coco Rossi, Héctor Veira, Alberto Rendo y Leandro Romagnoli, eran, en el fondo, hinchas de Huracán), Homero Manzi.

Desde pequeño me conmueve el amor de los más humildes por Evita, por lo que comparto estas décimas con mucha emoción.

Abajo, el audio. Y más abajo, la letra.

 

Con aire de payador entro a su casa, señora,
con la guitarra canora templada por el fervor.
Cada clavija, una flor, y cada cuerda cantora,
una pulsación sonora que resalta con amor
para vibrar en su honor, mi dignísima señora.

No se acostumbra actualmente este estilo de canción,
se fue con la tradición del payador elocuente.
Pero siento, de repente, que en esta noble ocasión
debo hacer una excepción para cantar gentilmente
mis décimas oferentes que dedico a Eva Perón.

Mas debo, con su licencia, o tal vez con su perdón,
reanudar la improvisación y borrar mi inexperiencia.
Cegado por la impaciencia cometí la incorrección
de hacer la salutación olvidando, en mi imprudencia,
de festejar en su ausencia al General Juan Perón.

Él es el verbo mayor y usted la mayor templanza.
Él es la punta de lanza y usted la punta de amor.
Él es un grito de honor que hasta el deber nos alcanza,
y usted la mano que amansa cuando castiga el dolor.
Él es el gran sembrador y usted la gran esperanza.

Él es el gran constructor de la patria liberada
y usted, la descamisada que se juega con valor.
Los dos uncidos de amor son vanguardia en la cruzada,
las masas, emocionadas al brillo de este fervor,
han jurado con honor morir en esta patriada.

En estilo payador canté en su casa, señora,
con la guitarra sonora templada para su honor.
Perdóneme si al favor de su mano acogedora,
mi pobre musa cantora no supo cantar mejor
al restallar con amor en esta casa, señora.

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