CAMPAÑA ELECTORAL: Freddy Krueger nos acecha, zancadillas y golpes bajos, únicos recusos del oficialismo

La semana pasada elogié vivamente el resumen hecho por los compañeros de COMUNA, que se toman el trabajo insalubre de leer las columnas de opinión de la prensa hegemónica (principalmente Clarín, La Nación e Infobae) y luego nos los resumen con una mirada tan profunda como sintética, no exenta de ironía y gracejo. Me enteré luego por variadas fuentes que el redactor suele ser Hugo Muleiro. Estos textos tan sustanciosos suelen llegarnos los domingos por la noche y en estos tiempos tan acelerados nos evitan la hercúlea tarea que acometía David Viñas, que religiosamente birome o rotulador en mano sajaba las páginas de La Nación siguiendo el precepto de que la «tribuna de doctrina» mitrista era el house organ del enemigo. Trataré de aqui en mas de reproducirlos en tiempo y forma. Este último texto se difundiò el domingo pasado y aún así merece la pena ser leído hoy como aperitivo a la espera del próximo, tan cercano.

Freddy Krueger nos acecha

Alberto Fernández es culpable de coacción, Kicillof es “exacerbado” (además de marxista y comunista). Y CFK se “oculta agazapada” en una “cuidada clandestinidad”, aunque nos persiguen sus “fantasmas”. Y su “autoritarismo contagia” a Alberto, a quien Ella “le quitará el bastón”, el 10 de diciembre. En suma, la línea editorial oficialista nos trae a la campaña a Freddy Krueger.
   Un batallón de comentaristas de Clarín y La Nación remó para instalar a Alberto Fernández como candidato incómodo y lidiando con desacuerdos y peleas internas: Así coincidieron, seguro que por pura casualidad, Van der Kooy, De León y Kirschbaum, de Clarín; y Morales Solá, Suppo, Olivera, Berensztein y Guyot, de La Nación. Todos ellos escribieron idénticas versiones e interpretaciones.
   Pero parece que no es suficiente: el tono fue elevado bruscamente, al compás de las expresiones “republicanas” de Pichetto y Vidal que, tirando la política argentina un siglo hacia atrás, se aferran a la doctrina del senador Joseph McCarthy para descalificar a Axel Kicillof.
   Kirschbaum hizo punta el miércoles en Clarín, poniendo a Alberto como co-autor de mecanismos de coacción, persecución y censura, y reforzó la línea de Pichetto-Vidal el viernes, nombrando a Kicillof en el “ala más dura” de la oposición. Táctica que en La Nación expresó también el viernes Berensztein, calificándolo como “exacerbado”.
    En ese mismo diario, el sábado Guyot juega más fuerte: Ella está “oculta” detrás de Alberto Fernández, quien está “atribulado y solitario”. Ella está “agazapada”. Ella es “un fantasma” que puso “un vicario”. Ella dirige “desde las sombras, escondida”. Ella se “refugió”. Y lo que hay que saber: el 10 de diciembre Alberto tomará el bastón pero Ella “querrá quitárselo”.
   Lo curioso, por no decir ridículo, es que a cinco centímetros de este suelto, La Nación mostraba el sábado en línea un artículo con este título: “Cristina se mete en la campaña con críticas a Vidal y la economía”. Pareciera que es la misma Cristina que, según la otra nota, está oculta, ausente, refugiada y clandestina.
   Ya este domingo 21, Van der Kooy en Clarín repite: estamos ante la “cuidada clandestinidad” de Cristina aunque sus “fantasmas” acechen. Uno de ellos es el “populismo y autoritarismo”, como lo llama Morales Solá en La Nación. Otro es el desorden propio del peronismo, como escribe el mismo día Sirvén, con la “gran anomalía” que nos aterrorizará si gana Alberto. Caso en el que, tipeó Wende en Infobae, el dólar saltará a 70 pesos y los “mercados castigarán duramente”.
   ¿Puede haber vía de salida para este relato periodístico que solo distribuye pánico? Pareciera que no, que en esta línea de aterrorizar al electorado no hay límite, no hay pudor por el grotesco, dada la necesidad de explotar la desinformación más profunda de una parte de la ciudadanía. Así, Fernández Díaz en La Nación se permite escribir el domingo que el “progresismo cultural” del que el kirchnerismo sería su máxima expresión destruyó a las fuerzas armadas y entonces es “uno de los grandes culpables del hundimiento del ARA San Juan”.
   Y así también, Tenembaum escribe en Infobae, el domingo, que Cristina es como Trump, Maduro, Bolsonaro y el “último Lula”, todo al mismo tiempo. En la línea de los presuntos doctores-periodistas, diagnostica que ella padece una “obsesión” contra el “periodismo”. Y esa “obsesión” ya “empieza a contagiar” a Alberto.
   De aterrorizar se trata: el cumplimiento de la orden estadounidense a Macri para que declare a Hezbollah como “organización terrorista”, con lo que vuelve a poner a la Argentina en un conflicto geopolítico que Washington exporta a la periferia, tuvo gran escolta de los tanques mediáticos, con infinidad de despliegues. No podía faltar, en esto, la recurrente mención manipulada de la Triple Frontera, donde a juzgar por este relato no hay humano que no circule con una ametralladora debajo de largas túnicas. ¿Quién podrá ayudarnos? No es necesario que lo digan.
   Tampoco podía faltar la impúdica manipulación de la memoria de las víctimas del atentado a la AMIA para volver a editorializar sobre el “eje” kirchnerismo-Chávez-Irán. Y la metralla sobre el movimiento libanés Hezbollah, presentado como una suerte de estado autónomo en la Triple Frontera, con nexos con el narcotráfico en Brasil y, no podía faltar, con la guerrilla colombiana, pasando por “toneladas de explosivos” en Bolivia. Terrorismo, lavado de dinero, contrabando, narcotráfico, milicias e Irán que “se infiltró en el populismo latinoamericano”, como tecleó el sábado Miguel Wiñazki en Clarín. Y por esto Van der Kooy aplaude el “paso adelante” dado por Macri, para contentar a Donald Trump, su apoyo principal en el proyecto reeleccionista.
   En este despliegue tan compacto, se deslizan apenas unos pocos, aislados matices: la fake news de Clarín, titulando que la CGT es prescindente en la elección, fue desmentida 48 horas después en la portada de La Nación, con el título (pequeñito): «La CGT respaldó a Alberto Fernández».

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