¿Y SI EL DESEMBOLSO DEL FMI NO LLEGA? – Escribas al servicio del agónico gobierno de Macri revelan su falta de argumentos capaces de atraer votos

Batman Lammens y Guasón Larreta. Un combate de final abierto.

Como sé que en unas poca horas me llegará este resumen de los compañeros de COMUNA elaborado por Hugo Muleiro, me ahorro el trabajo de leer a los columnistas de la prensa hegemónica. Sin embargo, esta mañana, mientras participaba tal como hago habitualmente en el programa El gato escaldado, que dirige César Litvin (AM750, domingos de 6 a 9), miré la columna de Joaquín Morales Solá y me llamó la atención un largo párrafo que trasunta el  miedo del stablishment a que el FMI no desembolse los prometidos 5.400 millones de dólares en tiempo y forma para evitar una hecatombe peor que la catástrofe sufrida en las PASO el próximo 27 de octubre. Y me llamó la atención y lo subrayé antes de leer la columna que Alejandro Bercovich había publicado en el diario BAE (Buenos Aires Económico, del Grupo Olmos, el mismo que también publica Crónica) el viernes. Artículo que explica a la perfección las aprensiones de Joaco, que viene a comportarse respecto a la AEA como los canarios que los mineros del carbón llevaban adelante en su descenso a las profundidades a fin de que les advirtieran con sus postreros trinos la presencia del mortal gas grisú: «No hay soluciones fáciles porque en el Fondo Monetario talla más Trump que cualquier europeo. El desembolso de los perentorios 5400 millones de dólares no se concretará hasta que asuma la nueva directora general del organismo, la búlgara Kristalina Georgieva (foto de presentación junto al mendicante Macri) que sucederá a la elegante Christine Lagarde, quien fue designada presidenta del Banco Central Europeo. Macri y Lagarde tenían ya una relación personal; las conversaciones entre ellos eran habituales. Ahora, sin ella, la burocracia no se hará cargo de desembolsar esa cantidad de dinero en las condiciones políticas y económicas de la Argentina; ninguna burocracia asume semejante responsabilidad por sí sola. Georgieva tomará el control del Fondo en los primeros días de octubre. Estará en condiciones de enfrentar la decisión final sobre la Argentina solo a mediados de ese mes. ¿Y si decidiera esperar las elecciones argentinas? ¿Y si aguardara una definición del candidato triunfante el 27 de octubre, sobre todo si fuera el más probable, Alberto Fernández?

Morales Solá también adelanta que los cambiemitas, arrastrados por su neroniano jefe, insistirán durante toda esta campaña en que fueron los votos a los Fernández los que produjeron la súbita disparada del dólar, y que todo puede ser peor si se ratifica ese voto.

Para colmo, están aterrados con la posiilidad de que Matías Lammens fuerce un balotage con Horacio Rodríguez Larreta y pueda ganar la capital, lo que sería el fin del partido amarillo, cuyo último bastión es la antigua Capital Federal, hoy último feudo unitario.

Ahora si, los dejo con el comunero Muleiro. Debajo de su nota va la de Bercovich, que tiene un final impactante.

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Medios y columnistas que defendieron ciegamente a Macri extreman estrategias para condicionar a Alberto Fernández a nombre de los “mercados” que endiosan. Y además ensayan la estrategia que, parece, será central para el próximo período: anuncian un choque mortal entre AF y el kirchnerismo, sobre lo cual ya hallaron el extraordinario caso de los “cuchillazos invisibles”.
Un día escriben que Alberto Fernández es bueno y moderado. Al siguiente no: deslizan que sólo está actuando. Y si critica la especulación financiera con la que el macrismo aplasta al país, o si habla del desastre social, se vuelve peligroso kirchnerista.
En resumen, tipeó Nicolás Wiñazki el domingo en Clarín, no se sabe si AF impondrá sus ideas sobre el “ultracristinismo”. El candidato bueno, escribe el mismo día en ese diario Fernando González, piensa en Melconián, Redrado o Lavagna para Economía, pero no los menciona para que no se desgasten y sobre todo para evitarles “el examen más inquietante todavía, de Cristina y el kirchnerismo”.
El día anterior, Francisco Olivera escribió en La Nación: el empresario Galperín se reunió con AF y allí constató la “connivencia” con La Cámpora, que “inquieta al establisment económico”. La incógnita, machaca, es cómo se resolverá esa relación entre dos “facciones” (es decir, grupos facciosos).
También el sábado, en Infobae, Mónica Gutiérrez, casi en un copiar y pegar, pregunta si esta CFK “apaciguada” y lo dejará gobernar a AF, o si “el kirchnerismo convertirá su despacho en un infierno”.
El viernes en Clarín, el jefe de redacción, Ricardo Kirschbaum ubica a las protestas sociales de la semana como una forma del kirchnerismo de “marcarle la cancha” a AF, como si en el país no hubiera gente padeciendo por la crisis arrasadora causada por el macrismo. La receta del análisis es igual a todas las demás: si AF podrá hacer equilibrio entre su “corrimiento hacia el centro”, que tanto le gusta al poder financiero y bancario nacional e internacional y las “necesidades del kirchnerismo”.
Naturalmente, el dirigente social Juan Grabois es condenado al infierno, por su referencia a la necesidad de una reforma agraria.
Ese mismo día en La Nación, la redactora Laura Di Marco quiere explotar la hipótesis de caos entre AF y kirchnerismo basándose en La Plata, donde la ex presidenta presentó su libro “Sinceramente”: durante su intervención Ella “nombró poco” a Alberto Fernández y, en cambio, miró muchas veces y hasta ¡le sonrió! a Axel Kicillof, su “preferido”, ante quien Máximo K siente “celos”.
Tras este psicologismo de peluquería, la articulista quiere mostrar dotes de escritora con imaginación: dice que la candidata a intendenta de La Plata por el Frente de Todos, Florencia Saintout, se sacó una foto “para disimular” con su ex competidora Tolosa Paz, pareja de Albistur, amigo de AF. Pero ellas intercambian, dice, “cuchillazos invisibles”, una creación literaria ante la cual, fácil es adivinarlo, Stephen King ha de estar desfalleciendo de envidia.
Órdenes son órdenes: también Pablo Wende, en Infobae del domingo, donde no firmó esta vez Ernesto Tenembaum, instala la pregunta: AF quiere una “nueva Venezuela” o un esquema “súper ortodoxo”. Pero independientemente de ello, lo cierto es que no tendrá más alternativa que desarrollar “políticas amigables con los mercados”.
En ese punto está el nudo de la expectativa de los organizadores del modelo económico desarrollado por Macri, cuya continuidad está en duda después de las PASO. “El país gasta más de lo que produce”, escribió el miércoles Kirschbaum en Clarín, cual columnista de La Nación de hoy, de ayer y de siempre.
Criticar el modelo es pecado mortal: el mismo día en Clarin, González le reprocha a AF la temible osadía de mencionar la recesión y la pobreza: “que nadie espere gestos de grandeza”, que consistirían en negar lo que la mayoría abrumadora de las familias argentinas padecen cada día.
Proponer, como hizo AF, una relación más fluida con Europa y menos dependencia con Estados Unidos, significa desconocer, escribe el domingo Morales Solá en La Nación, que “el mundo cambió”. Europa está débil, con gobiernos que tambalean, así que los que importan son Estados Unidos y China. Macri “reinsertó a la Argentina en el mundo” y sería “importante” que AF dé continuidad a esa política pero eso sí, con generosidad republicana le concede la posibilidad de “modificaciones propias de otro gobierno”.
En tanto se reanuda la campaña electoral y parece que el ataque clasista y xenófobo lanzado por el candidato a vicepresidente del oficialismo, Miguel Ángel Pichetto, no es una idea exclusiva de él: un par de columnistas desnudan lo que parece será el intento macrista por recuperar amistad con la castigadísima clase media, sin esperanzas ya de conseguir adhesiones entre trabajadores y sectores populares.
En efecto, Ricardo Roa escribió en Clarín del jueves su queja por la derrota electoral macrista en la Villa 31 de Buenos Aires donde, se dice, el gobierno de Rodríguez Larreta hizo inversiones millonarias. Amargura y rencor clasemedieros: “No pocos votantes de Cambiemos viven como algo injusto que el gobierno construya con sus impuestos viviendas que no tienen nada que envidarles a las de cualquier barrio”.
Este odio de clase tiene algún emisor sin rostro, porque en La Nación, el mismo día, Olivera escribió casi, casi en los mismos términos: al final, advierte, la clase media es la que se sacrifica, como dijo el presidente Mau, es el tercio de la población que sostiene a los otros dos tercios: es decir empleados públicos, jubilados, planeros. Este “análisis” concluye con una reiterada consigna de La Nación, la misma que tecleó Kirschbaum: “Todo se reduce a un problema: el peso del Estado”.
La conexión de este relato con los dichos oprobiosos de Pichetto parece indicar que la apuesta macrista para la campaña hacia octubre es la balcanización social: que choquemos unos con otros, para perpetuar lo máximo posible las condiciones que permitan mantener cercado a Alberto Fernández.
https://www.comunanet.com.ar/combatiendo-la-unidad/
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La santa trinidad del Fondo, los planes de Héctor y Paolo y los reperfilamientos que vienen

Panorama Semanal

—Yo estuve bien con todos los gobiernos y también tuve problemas con todos los gobiernos. La cuestión es cómo se administran los conflictos. Eso pasa en todos los países. Acá el problema es que a veces convertimos conflictos manejables en cruzadas religiosas.

Héctor Magnetto habla con gran dificultad por las secuelas que le dejó un cáncer de laringe, pero elige cada palabra con cuidado e insiste hasta que el interlocutor decodifica el mensaje que quiere transmitir. Anteayer en el salón del Sheraton donde la poderosa Asociación Empresaria Argentina ( AEA) reunió a sus socios para darle la extremaunción política a Mauricio Macri y plantearle a Alberto Fernández su pliego de condiciones para el próximo cuatrienio, el CEO del grupo Clarín respondió así a la pregunta de BAE Negocios sobre sus expectativas acerca de un eventual gobierno del Frente de Todos.

—¿Cree que Alberto Fernández va a manejar ese conflicto mejor que Cristina Kirchner? -repreguntó este diario.

—No lo sé. Lo veremos con el tiempo. Yo a él lo conozco desde hace mucho. Y lo he tratado mucho también.

—¿Llega Macri al 10 de diciembre?

—¡Qué sé yo! Ojalá que sí. Más que por el gobierno, por toda la sociedad.

El jefe del pulpo info-comunicacional más grande de Latinoamérica ya pasó más años en el cuartel general de la calle Tacuarí que fuera de él. Entró en 1972, a los 27, como adscripto a la dirección cuando era apenas un diario. Durante casi cinco décadas hizo grandes negocios con militares, conservadores, radicales y peronistas de todo pelaje y lo convirtió en el gigante que es hoy. Por más default y control de cambios que hayan (re)aparecido, para él ésta es apenas una transición más.

Paolo Rocca también se muestra por encima de la coyuntura como muy pocos otros hombres de negocios en Argentina. El dueño de Techint aprovechó su espacio en el seminario de AEA para darle la bienvenida sin nombrarlo a Fernández -«soy positivo porque gane quien gane, el país no va a dar marcha atrás»- y para marcar la cancha en tres aspectos estratégicos:

1.- Vaca Muerta. «Su desarrollo (con subsidio estatal) necesita ser sancionado por el Congreso, porque la velocidad con que se desarrolló puede ser igual a la velocidad de su declinación».

2.- China. «La relación entre Estados Unidos y China se va a tensar más todavía en la próxima década y Argentina va a tener que elegir dónde estar. Yo creo que pertenece al mundo de las democracias liberales y es ahí donde tiene más para ganar».

3.- Rol de la industria. «Sería absurdo pensar un desarrollo argentino sin industria porque necesitamos empleo».

El último de los señalamientos, más que al próximo gobierno, parecía dirigido al resto del establishment. A Martín Migoya, por ejemplo, el fundador de Globant que habló en su mismo panel y que Macri levantó como ejemplo cuantas veces pudo, igual que a Marcos Galperín y su plataforma MercadoLibre. Los «unicornios» de Cambiemos, por quienes el mandatario saliente y sus sucesivos ministros de la Producción postergaron a los «llorones» de las fábricas. «La industria guía el 50% de los servicios. La digitalización, el transporte y la logística no se pueden desarrollar si no se permite crecer a la producción de bienes», la reivindicó Rocca.

El mismo tono de reproche había escuchado Dante Sica el lunes en la celebración del Día de la Industria en la Unión Industrial Argentina ( UIA), donde Macri declinó asistir para no ser abucheado ni silbado. A los funcionarios que acompañaron a Sica -los secretarios de Industria y de Pymes, Fernando Grasso y Mariano Mayer- los industriales apenas los saludaban al pasar. Para estrecharle la mano a Matías Kulfas, en cambio, hacían fila. «Mirá qué metáfora», comentó uno de ellos mientras subía la escalera Ariel Schale y la bajaba Paula Szenkman. El primero asesora a Fernández en temas productivos y la segunda fue secretaria de Transformación Productiva y subsecretaria de Planeamiento.

Hoja de ruta

La gran pregunta que cruza por estas horas al empresariado es de dónde saldrán los dólares para financiar la recuperación argentina tras el desbande del experimento Cambiemos. Después de la megadevaluación de 2002, cuando se formó AEA, aparecieron en simultáneo varias fuentes de divisas. El superávit comercial por desplome de las importaciones (que ahora también reapareció), el alivio en los pagos de deuda por el default (que Hernán Lacunza procuró revivir también con el «reperfilamiento» de los vencimientos de corto plazo) y las compras de oportunidad que hicieron capitales extranjeros, sobre todo brasileños, en la industria local.

¿Se aventurarán de nuevo durante esta crisis inversores reales en busca de negocios de ocasión como los que hicieron quienes les compraron la petrolera a los Perez Companc o la cementera a Amalita Lacroze de Fortabat? ¿Aparecerán émulos de Nicky Caputo o Marcelo Mindlin, dos tipos audaces que por esos años aprovecharon los precios de ganga de las empresas eléctricas para comprarlas con dólares que se habían ocupado de poner a buen resguardo en el exterior?

Alberto Fernández cree que sí. Y algunos de su equipo ven en Hernán Lacunza al Jorge Remes Lenicov del siglo XXI. Por eso habrían preferido que el Banco Central estabilizara al dólar en $62 y no en $58. Saben que ese escaloncito abajo significa sacrificar las reservas que se volaron en la semana fatídica del reperfilamiento y que se podrían haber recomprado parcialmente en las últimas 48 horas si se hubiera optado por un nivel algo superior.

En el seminario de AEA, al margen de los flashes en la oscuridad de Rocca y Magnetto, brilló por su ausencia una mirada estratégica sobre el futuro productivo y político del país. Desde el conservadurismo superficial de Alfredo Coto («los países más ordenados que el nuestro crecen más») hasta el consignismo de Charly Blaquier («respeto irrestricto a la propiedad privada y combate feroz a la corrupción»), desde el fiscalismo sin imaginación de Cristiano Rattazzi («¿cómo vamos a poner plata en el bolsillo de la gente si no hay?») hasta el institucionalismo de Luis Perez Companc («tenemos que ser previsibles»), el déficit más notable fue el de ideas nuevas. Acaso lo que más falta va a hacer, además de los dólares, en los años duros que le impondrá a su sucesor la pesada herencia de Macri.

Reperfilados

La escasez de dólares, sin embargo, es bastante más urgente que la ideas. Por eso en Hacienda encendieron las alarmas cuando el martes el Banco Mundial evitó aprobar el desembolso de un Development Policy Loan (DPL) por 500 millones de dólares que el Gobierno esperaba para antes del traspaso de mando. Es algo lógico porque el hermano menor del Fondo Monetario subordina sus «country strategies» (estrategias por país) a lo que se decide del otro lado de la calle 19. Y en el cuartel general del Fondo siguen sin dar señales sobre los desembolsos pendientes del acuerdo firmado con Christine Lagarde. No las dan en público ni en privado, aunque Lacunza y Guido Sandleris hablan a diario con Washington.

Anoche Hacienda celebró que el Banco Mundial aprobó otros dos tramos de préstamos para financiar el saneamiento de la cuenca Matanza-Riachuelo y subsidios para la tarifa eléctrica en la provincia de Buenos Aires. Pero entre ambos sumaron 395 millones de dólares. Menos que las reservas que sacrificó el Banco Central solamente ayer, el día en que pareció terminar de apaciguarse la corrida de los depósitos bancarios.

¿Llegarán los 5.400 millones de dólares que esperaba recibir Macri antes del 27 de octubre? ¿Tendría algún indicio Macri de que eso ocurrirá cuando ayer aventuró que sí, porque «hemos cumplido con todo»? ¿Será acaso solo una súplica? El asunto no es menor, porque cualquier duda sobre ese desembolso puede disparar otro episodio de pánico financiero como el de la última semana.

Lo que tampoco está claro es que, en caso de llegar, esos fondos lleguen a tiempo. El error, según dos veteranos negociadores consultados por este diario, fue haber aceptado que viniera a Buenos Aires una misión política antes que la técnica (que debe autorizar el desembolso). Eso implicó habilitar al Fondo a ganar tiempo. Ahora Washington tiene que anunciar el envío de la misión, mandarla, que los técnicos revisen los números de Lacunza durante al menos una semana, que después ellos redacten el Staff Report y que luego transcurra el «tiempo de circulación» de dos semanas antes de que el Directorio discuta el desembolso. Tiempos que exceden la urgencia argentina.

Lo que el Gobierno no discute es la santa trinidad del Fondo. Si es sujeto, objeto o sujeto-objeto de la crisis. Es lo que procurará poner en debate Fernández tomando como ejemplo al Portugal anti-austeridad de Antonio Costa, donde aterriza hoy. Otra vez, la pregunta es si alcanzará con eso. O si harán falta más «reperfilamientos». Como el de la deuda de la provincia de Buenos Aires.

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