EEUU-Default. Dogmatismo y especulación electoral amenazan a la economía

Por Osvaldo Jauretche / Télam

Los variados análisis de los medios alternativos estadounidenses coinciden en que la intransigencia de la derecha republicana está llevando a peligrosos extremos la pulseada por el presupuesto y el límite de endeudamiento federal. Desde «borrachera ideológica» hasta «guerra de clases», los calificativos usados muestran el grado de preocupación de algunos observadores cuyos pronósticos también coinciden en que, gane quien gane políticamente, los pobres y la clase media ya perdieron esta batalla.

El tan resistido y criticado proyecto de presupuesto del presidente de la Cámara de Representantes del congreso de los EE.UU., John Boehner, parece ya instalado como el eje de la negociación entre demócratas y republicanos, a pesar del rechazo del senado. Es que los republicanos en el Capitolio han alcanzado una posición dominante, impulsados por la facción llamada Tea Party, su extrema derecha.

Ralph Nader, respetado ícono de la defensa del consumidor y varias veces candidato a la presidencia de la nación como tercera alternativa frente a demócratas y republicanos, escribió en CommonDreams.org que «legislar bajo la influencia de la borrachera ideológica no es aún un crimen bajo la ley… es sólo una amenaza multidireccional a mucho de lo que los estadounidenses anhelan para sí y para sus hijos». Y cita al columnista conservador David Brooks alarmado porque «el Partido Republicano (GOP) puede ya no ser una partido normal… infectado por una facción que es más una protesta sicológica que una alternativa práctica de gobierno».

Esta facción dominante, el llamado Tea Party, para Brooks «no tiene sentido de decencia moral… ni una teoría económica que merezca ese nombre». Más a la izquierda, Katrina vanden Heuvel afirmó en entrevista televisiva que «el GOP quiere sabotear la economía… políticos republicanos y activistas han tomado a la economía de rehén… hasta que sus demandas sean satisfechas». Y denunció que el propio Boehner admitió que los miembros de su bancada «tratan ahora de precipitar un default del gobierno para forzar la aprobación de su enmienda para balancear el presupuesto, agotando los ingresos fiscales».

Robert Scheer, desde TruthDig.com, no duda de que lo está en juego es «la agenda republicana para revertir totalmente el progreso que en justicia económica comenzó con las grandes reformas de Franklin Roosevelt y su «New Deal»… veamos las directas consecuencias de la crisis provocada por la codicia sin límites de Wall Street, en particular el retroceso de las conquistas de los sectores menos privilegiados de la población».

Ralph Nader se pregunta «¿porqué no elevar el límite de endeudamiento para pagar obligaciones establecidos por el Congreso, como se ha hecho rutinariamente cerca de 60 veces desde el año 1930?» Y destaca que esta intransigencia republicana va en contra hasta de la opinión de sus propios votantes, ya que encuestas recientes muestran que el 70% de los republicanos creen que son necesarios aumentos de impuestos, y aún cerca de la mitad de los simpatizantes del Tea Party opinan lo mismo. Pero los ideólogos de esta derecha consideran la ingerencia del estado inaceptable, nada quieren saber de impuestos, y tienen en su mira a los programas de bienestar social y el Seguro Social, como «distorsionadores» de una economía «libre».

El Centro sobre Presupuesto y Prioridades Políticas (CBPP), del que se have eco la central sindical AFL-CIO, ha calificado al proyecto de presupuesto de Boehner como «equivalente a una forma de guerra de clases». De aprobarse, dice, «bien puede significar el más grande aumento de pobreza y adversidad producido por cualquier ley en la historia moderna de los EE.UU.» En su análisis afirma que ese plan forzaría a los legisladores a «elegir entre rebajar los ingresos y beneficios de salud de los jubilados, abolir la esencia de la reforma de salud y dejar sin seguro a unos 34 millones de ciudadanos más… o llevar al default a la nación el próximo año».

Esto mientras protege las reducciones de impuestos aún de los más ricos y poderosos. Pero el rechazo del senado lo devuelve a la mesa de negociaciones, donde según varios observadores conservará en caso de acuerdo buena parte de sus contenidos. A juicio de Ralph Nader el presidente Obama ya les ha dado un 80% de lo que querían, «y parece dispuesto a deslizarse más en su abismo presupuestario». Y refiere que Bill Curry, quien fuera asistente especial del presidente Clinton, afirma que no es debilidad, sino que Obama «es más cercano a sus oponentes en sus ideas reales de lo que sus seguidores liberales progresistas quieren creer».

Las especulaciones sobre el curso que seguirá esta pulseada no descartan el default y sus consecuencias. Consultado por quien esto escribe, un «lobista» chicano de California expresó sus temores: «Creo que no lo llevarán hasta ese extremo porque a un punto saben cuales serán las consecuencias, pero son capaces de llevarlo hasta un fin desastroso: son tan radicales y dogmáticos que podrían llegar a causar mucho daño a su país y compatriotas».

William Rivers Pitt, en Truth-out.org, cree que «podría aprobarse alguna medida provisoria que no resolvería nada, llevando el debate a la temporada electoral y a más ignominia». Pero advierte que «estamos hablando de políticos que han posado tan vigorosamente que podría impedirles retroceder. Si esto ocurre y no hubiera acuerdo legislativo, Obama sería forzado a apelar a la opción ejecutiva que le ofrece la Enmienda 14. Esto terminaría en la justicia, y es enteramente posible que esos chiflados de la Cámara de Representantes lancen un movimiento de revocación de mandato contra Obama justo en la temporada electoral».

El proyecto  Boehner ya preveía su aplicación en etapas que extenderían las negociaciones hasta entrado el año venidero, año electoral.

En el sitio FireDogLake, bajo el título «¿Standard and Poors manipula la calificación de la deuda de los EE.UU. para eludir su responsabilidad en la crisis hipotecaria», Jane Hamsher dice que lo que realmente obsesiona a la Casa Blanca es la perspectiva real, alimentada have dos semanas por Standards and Poors, de que Barack Obama quede en la historia como quien presidió el país perdiendo su dorada calificación Triple A de los bonos». Tal cosa significaría más de mil millones de dólares al año en mayores intereses a pagar.

Es oportuno observar que los tenedores de bonos de EE.UU. están en su mayoría en su propio país, en manos de fondos públicos y privados, y de millonarios locales, quienes se beneficiarían de un aumento en los intereses.

Pero eso no sería todo, dice Hamsher: «Sería un golpe sicológico a una nación que ya mira sobre sus hombres a poderosas economías como China, preguntándose que es lo que está mal… y jugaría en las manos de los republicanos». Al tiempo de la campaña electoral, agreguemos.

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