Verbitsky, el atentado a Videla y las reformas a la Policía Federal

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Desde Europa, un periodista me escribe manifestando su extrañeza porque ni los periodistas de Clarín, ni los de La Nación, ni los de Pefil, ni la Carrió, ni la Bullrich, ni Lanata, hayan escrito o hecho el menor comentario sobre la alegación de Videla acerca de que Verbitsky habría comandado un atentado con bomba (colocada en un pozo del playón del Edificio Libertador) con el que los Montoneros quisieron matarlo el 16 de marzo de 1976, es decir, una semana antes del golpe.

«(Verbistky) Fue enjuiciado severamente por la dirigencia de la organización Montoneros, en razón de haber abandonado el lugar de los hechos sin haber comprobado previamente los resultados de la operación y, fundamentalmente, (sin) haber cubierto la retirada del personal participante»,
añadió Videla, maligno, según La Nación.

Página/12, el diario de Verbitsky, no informó nada, lo que es tan curioso como sugestivo.

Sobre todo porque la acusación no es nueva: la formuló hace ya más de veinte años el condotiero Rodolfo Galimberti. Por entonces, yo solía visitar con alguna frecuencia las oficinas de Verbitsky -ambos habíamos formado parte de la agrupación de periodistas Rodolfo Walsh y yo lo admiraba- por lo que, indignado con el proceder policíaco de Galimberti publiqué una nota en El Porteño diciendo que no sabía si Verbitsky había intentado matar a Videla, pero que, si así hubiera sido, eso en ningún caso era un baldón sino un motivo de orgullo.

 
Matar a Videla fue un sueño de muchos. Hasta se hizo una película con ese título. 


Acaso matar a Videla en esa fecha hubiera podido ralentizar algo la máquina de torturar y matar que estaba poniéndose en funcionamiento. ¿Quién puede saberlo?

Como era de esperar, Verbitsky no me agradeció el gesto. Lo que no esperaba era que muy poco después, por pura paranoia, se pusiera a la cabeza de una vasta operación para denigrarme. No les voy a dar la lata con los detalles, pero Verbitsky, en lugar de preguntarme, pensó que yo y mi entonces socio, Julio Villalonga -con quien escribía un libro sobre el intento de copamiento del cuartel de La Tablada- íbamos a revelar… algo que ni siquiera sabíamos y que, por cierto, reveló años después Lanata. 

No tiene abuela… ni amigos

El lugar común dice que «El Perro es el mejor amigo del hombre», pero Verbitsky -un gran periodista, el mejor de la Argentina- así apodado, no tiene amigos, sólo gente que lo respeta y/o le teme.

Alguna vez, incluso, se ha jactado de esta carencia parafraseando a Jacobo Timerman, que solía intentar hacer pasar una mutilación afectiva como virtud diciendo que «los periodistas no tenemos amigos, tenemos fuentes».

Pruebas al canto: recientemente Página/12 publicó un suplemento dedicado a los 50 años de ejercicio del periodismo por parte de  Verbitsky. El suplemento se inició con una nota dedicada a su niñez, adolescencia y primeros pininos en el oficio, y lo escribe… su tercera esposa, la médica Mónica Müller, cuya fuente principal, está claro, ha sido el propio Verbitsky, a quien conoció ya veterano. Por lo visto, El Perro no conserva amigos de la juventud capaces de escribir el panegirico que deseaba para tan magna ocasión. Por lo que comisionó a su esposa para que lo elogiara.

Esta es la razón por la que nadie se atreve a meterse con Verbitsky. Ni siquiera sus supuestos enemigos de Clarín: porque le tienen miedo. Yo lo perdí porque estimo improbable que pueda hacerme más daño del que me ha hecho. Por cierto, pago un alto precio por no masticar la bronca y no participar del besamanos. Tengo cerradas las puertas de diarios, radioemisoras, programas de radio y de TV progres o partidarios del gobierno cuyo responsables o bien se le subordinan o le temen. Periodistas que quiero y respeto evitan dirigirme la palabra si él está presente. Aun así, puedo darme el lujo de decir que Verbitsky fue alcahuete de la patronal de Clarín a comienzos de los ’70 -tal como solía recordar José María Pasquini Durán y sigue recordando Osvaldo Bayer-, que disfrutó de la protección de aquella durante la dictadura con la que estaba asociada, y lo retribuyó callando durante largos años el hecho de que Ernestina Herrera de Noble se había apropiado de dos niños, casi con total certeza arrebatados a detenidos-desaparecidos, y que gracias a esta conducta pudo conseguir después que Magnetto invirtiera dinero en Página/12… motivo por el cual cuando La Apropiadora fue detenida en 2002 se puso de su lado, volcó el decisivo peso del CELS en el mismo sentido y disolvió la Asociación PERIODISTAS por no poder garantizar su unanimidad en la misma faena.

Puedo decir también que Verbitsky fue el «inventor» del ex juez federal Gabriel Cavallo (el mercenario que por una cifra millonaria en dólares trata de impedir por todos los medios que se averigüe de quienes son hijos los muchachos apropiados por la Ernestina Herrera de Noble) como defensor de la Derechos Humanos, maniobra gracias a la cual, Cavallo se salvó de ser procesado por encubridor de los sobornos del Senado y, lejos de ser removido y procesado, ascendió a camarista y luego se convirtió en CEO del diario Crítica, dirigido por Lanata.

A la retranca y sin otras alternativas a causa de la firmeza de Néstor y Cristina, Verbitsky fue de los últimos en romper con Clarín. A mi juicio, ahora que no está Néstor, no hay garantías de que esa ruptura no pueda revertirse una vez que tampoco esté Magnetto. Ayer, por lo pronto, Clarín -donde talla otro ex montonero, Ricardo Roa- fue exquisitamente cuidadoso con él:

Consultado por Clarín, Verbitsky dijo que no tenía nada que decir al respecto: “Cualquier ataque que venga de Videla me enaltece”, señaló, y agregó que le parecía muy bien que “el país recuerde y escuche como era esa gente, para que se entienda mejor lo que se padeció. Todo lo que pueda explicar uno sobre ellos es pálido frente a las cosas que dicen”.

Como sucede con más del 95 por ciento -acaso más- de sus dichos y escritos, también esta vez estoy de acuerdo con lo que Verbitsky dijo.

Yendo a lo más importante: El Gobierno nacional tiene por delante la ardua, dificilísima tarea de reformar la Policía Federal. Y de hacerlo en un año electoral. Es realmente un asunto de vida o muerte y todo indica que el CELS que Verbitsky preside tendrá un importante papel asesor. Espero que ahora no siga mirando para otro lado como cuando durante este año un policía de civil mató por la espalda a un ratero en Corrientes y Callao frente a innumerables testigos, o cuando un sargento baleó en pleno centro y frente a cámaras de TV a un ladrón que acababa de «levantar» un auto inducido por un entregador en una típica ratonera.

Cuando la ministra Nilda Garré asumió en Defensa, me mandó convocar para que colaborase en la reforma de los servicios de inteligencia militares. Duré lo que un suspiro: hasta que Verbitsky se enteró y le pidió que me echara. A pesar de estas amarguras, juro no ser ni un miligramo cínico al desearle a Nilda y a todos los que la secunden el mayor de los éxitos. ¿Recuerdan? «Primero la Patria».

En ese entender, a instancias de su abogado, Jorge Prim, he declarado en los tribunales federales a favor de Verbitsky, para eximirlo de las infundadas acusaciones que le hicieron unos vecinos de la Amia relacionados con la policía, por una de las escasísimas notas que escribió sobre los atentados a la Embajada de Israel y la mutual hebrea (una entrevista a Gabriel Levinas), cosa que tampoco jamás me agradeció. 

En fin, que el Perro Verbitsky es un buen bicho… nadie me lo escuchará decir. Basta recordar cuál fue su trato hacia Fray Antonio Puigjané cuando lo metieron preso, o con el maestro Julio Nudler, cuando agonizaba. Pura maldad.

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