Vacaciones-Notición: El Gobierno estudia extenderlas

El segundo trabajo formal que tuve en Barcelona fue en la Editorial Granica, luego Gedisa. Aunque no llevaba un año trabajando, al llegar agosto la editorial cerró y tuve un mes de vacaciones pagas. Con doble paga, pues hay allí dos «aguinaldos», y más completos ambos que el nuestro. Tuve suerte, pero todo trabajador con más de un año de antigüedad en blanco tenía un mes de vacaciones. Éramos pobres, pero pasar las vacaciones yendo en tren cada día a las playas de Sitges nos sabía a gloria. JS   

Sin derecho al ocio

Por Santiago Casanello
sociedad@miradasalsur.com

Si bien Argentina es reconocida por su avanzada legislación laboral, es uno de los países con menos días de vacaciones al año. ¿Por qué?

Terminaron las vacaciones de invierno más exitosas de la última década: once millones de turistas dando vueltas por la Argentina y una ocupación hotelera que en todo el país trepó hasta el 80 por ciento. Habría que tomarlo como una buena noticia sino fuera porque para una gran parte de la población activa hacer una pausa en mitad del año está prácticamente prohibido. Sí, por ley: el Artículo 150 de la Ley de Contrato de Trabajo –el que dispone cuántos días de descanso anual le corresponde a la mayoría de los argentinos en relación de dependencia– es el responsable de que la Argentina ostente el patético récord de ser uno de los países con menos vacaciones en el mundo. Tan sólo 14 días para los que tienen una antigüedad en el trabajo de menos de cinco años, 21 días para los que tienen entre cinco y diez, y recién un mes para los que superan los veinte años. En este aspecto, naciones latinoamericanas como Brasil o Perú, entre otros, y ni hablar de las europeas, podrían parecer, a ojos del estresado trabajador local, como paraísos del ocio. Una buena entre tantas pálidas es que el diputado del bloque del Frente para la Victoria, Héctor Recalde, presentó en abril un proyecto de ley para que el grillete empiece a aflojarse.

Muchos derechos, poco descanso. “Ojalá me hubiera podido tomar algunos días, me hubiera hecho re bien descansar un poco de tanto laburo y bajar un cambio. No llego de plata para viajar, pero aunque sea parar la pelota relajado en casa ya sirve. La verdad que si lo pensamos, dos semanas de vacaciones en todo un año, es una miseria, un chiste”, dice Francisco Reyes, empleado administrativo en una inmobiliaria de zona norte. Y agrega más analítico y afilado: “Encima, los únicos que se benefician son los dueños de las empresas, nadie más, negocio redondo”. Las vacaciones raquíticas son una paradoja argentina: un país que en el contexto regional está a la vanguardia en derechos laborales, tiene trabajadores que yugan como japoneses –el país donde hay menos vacaciones– sin ser concientes de lo mal parados que están. En Uruguay tienen 20 días de vacaciones como mínimo. En Brasil, si se le pregunta a un asalariado cuantos días de vacaciones podrá tomarse después del primer año en un empleo, la respuesta puede helarle la sangre a un argentino: treinta días. En Chile los empleados tienen derecho como mínimo a 15 días hábiles de vacaciones, es decir, tres semanas. Los peruanos y los panameños, treinta días.

En Europa, donde se suele presumir que se “trabaja para vivir y no se vive para trabajar” para diferenciarse del modelo de vida norteamericano, muchos países pueden dar cátedra en materia de vacaciones. Para empezar ningún estado miembro de la Unión Europea puede otorgar menos de 20 días de vacaciones pagas. En los países nórdicos, siempre asombrando a la periferia con sus estados sociales, las vacaciones más cortas rondan las cuatro semanas. Países más cercanos culturalmente como Francia y España no se quedan muy atrás. En el primero, el trabajador tiene derecho a nada más y nada menos que cinco semanas de vacaciones luego de un año trabajado y en el segundo, treinta días es lo mínimo. En 1970, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sancionó el convenio Nº 132 en el cual se establece que por ninguna razón las vacaciones serán inferiores a tres semanas: Argentina no adhirió.

Gabriela Vasquez tiene 28 años y es una de las miles de argentinas que el 2001 eyectó a España y que ahora, con la tierra prometida naufragando y su tierra antes ingrata creciendo y dando empleo, decidió volver. Es recepcionista en un gimnasio y asegura que una de las cosas que más le impactó para mal del país, es el tema vacaciones: “Es que me había acostumbrado a que mis vacaciones fueran un mes, me parecía algo absolutamente lógico, no un delirio. Cuando caí acá y vi que gozaba de sólo 14 días fue una especie de shock. Si le contás a un español no lo puede creer”. Indignación parecida deben sentir los 73.629 miembros del grupo de Facebook Un mes de vacaciones mínimo. Terminemos con la farsa de los 15 días.

Necesidad y urgencia

Tomarse vacaciones no es un lujo recreativo sino una necesidad física y espiritual. Eso sostienen los psicoanalistas especializados en agotamiento laboral. Ilustran con un ejemplo: las vacaciones son para la vida, como el sueño nocturno para el día a día. Si se duerme menos de lo necesario, se rinde poco y mal, se anda irritado y deprimido. Si se toman menos vacaciones de las necesarias, se es poco creativo y cuesta más resolver los problemas que se vayan presentando en el año.
“Catorce días de vacaciones es demasiado poco. Sólo para bajar los decibeles está estudiado que se necesita una semana. Que después quede una semana más, es nada”, señala la psicoanalista Ana Krieger, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina. “Las vacaciones son fundamentales porque tienen que ver con una pausa, con un corte a la rutina del esfuerzo del trabajo y de las exigencias cotidianas de la vida –explica Krieger– recreación es justamente re-crear, la nueva creación que el ocio nos permite, el descanso hace su trabajo y empieza a crear, la persona empieza a tener proyectos nuevos, para eso dos semanas no bastan.” Si se pudiera disponer de más tiempo, la gente podría organizarse y tomarse una semana en invierno. Ese oasis en mitad del año, para Krieger sería muy beneficioso: “sería un corte ideal para recrear energía, que trasunta en beneficios para la sociedad, porque se andaría más relajado, con menos violencia y ansiedad. Ganaría la sociedad entera, habría más alegría y la alegría, aunque a veces nos olvidemos, es muy importante”.

Además, más vacaciones sería mayor impulso para el sector turístico. Mario Zavaleta, secretario general de la Cámara Argentina de Turismo y vicepresidente de Fehgra (Federación Hotelera Gastronómica de la República Argentina) no lo duda: “Claramente, si se extendieran, desde el punto de vista del turismo, sería benéfico. El viejo concepto de las vacaciones, con la familia tres meses en Mar del Plata, quedó archivado. Ahora hay gente que prefiere poder tomarse distintas semanas en diversas épocas del año. Tomarse una en invierno es muy bueno porque da más fuerzas para seguir laburando”.

Proyectos para descansar. En el mediano plazo, podría haber buenas nuevas para los trabajadores argentinos. En abril, los diputados nacionales por el Frente para la Victoria Héctor Recalde y Juan Arturo Salim presentaron un proyecto de ley para corregir el rezago de la Argentina. La iniciativa establece que las vacaciones mínimas pasen a ser 21 días. Recalde es optimista con que el proyecto avance hasta convertirse en norma legal y cree que tendrá apoyo del Gobierno Nacional: “Es importante instalar temas de discusión como este para que se conviertan en ley. Estoy convencido de que el Gobierno, que siempre direcciona hacia la justicia social, acompañará. A lo mejor, no ahora, en este mismo momento, pero mañana sí. Yo soy partidario de los procesos graduales. Me preocupa más el rumbo que el grado de avance”. El legislador considera que una de las ventajas de contar con más días de vacaciones será “la consolidación de la familia, porque el hombre y la mujer trabajando le restan dedicación a su familia”. En 1880, Paul Lafargue, pensador socialista y yerno de Marx despotricó en su ensayo El Derecho a la Pereza contra el trabajo en el sistema capitalista. “El trabajo –escribió Lafargue– es la causa de toda degeneración intelectual y de toda deformación orgánica”. Y exclamó: “¡Oh, pereza, madre de las artes y de las nobles virtudes, sé el bálsamo de las angustias humanas!” Aunque sea por más de dos semanas.

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