Paco Ibañez: “Llevo el corazón en la mano”

“No miro para atrás”

El músico español retorna al país en septiembre tras 16 años de ausencia. Con “Clarín” habló de cómo ve la situación actual de la música, de la cultura y, más que de su pasado, de su presente y futuro. “Tengo ganas de ir, no de volver”, dice.
 

Por Gaspar Zimerman / Clarín
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Y un día volvió Paco Ibáñez. El emblema de la resistencia al franquismo, el que les puso música a varios de los mejores poetas de Hispanoamérica, el que allá por los ‘70 y los ‘80 era una de las voces inspiradoras de la clase media que todavía creía en la revolución. Paco Ibáñez, el que vino a la Argentina por última vez en 1994. Desde entonces, poco y nada se supo de él. “Me pasaba como me pasó en mi infancia. Yo vivía con mi madre y mis hermanos en un caserío en San Sebastián, mientras mi padre, un republicano que había huido de Franco, estaba refugiado en Francia. Así como los judíos decían el año que viene en Jerusalén, nosotros decíamos el año que viene en Francia. Y yo ahora decía che, ¡pero cuándo voy a ir a Buenos Aires! Bueno, pues ha llegado el año que viene”. Desde su casa en el barrio del Eixample de Barcelona, Paco suena exultante por el viaje que lo traerá el 3 y 4 de septiembre al Coliseo. Hace chistes, canta, ríe, imita el acento porteño y, a los 75 años, dice que no siente nostalgia por aquellos tiempos de las utopías. “En absoluto. Siempre vivo mirando pa’lante. Ahora estoy aquí, ya pensando lo que voy a hacer mañana: soy un hoy virtual. ¿Nostálgico? No, no miro pa’trás. Tengo ganas de ir, no de volver”.
¿No extraña las épocas en las que había una causa común?
Había una causa y una rebeldía comunes, había ilusión. Pero han sido ilusiones y exigencias cortas. Antes se vivía en clave de equipo: intentábamos compartir la vida. Hoy todo se ha individualizado. Muchos han quedado en el camino o se han retirado, otros se han pasado al otro lado… Si pienso en el Mayo del ‘68, de verdad te digo que me da asco: aquello fue una revolucioncita de señoritos. Cumplieron su cometido y después venga, a disfrutar que son dos días. Era una revolución de corbata. Yo he sido hecho por mis padres y mis abuelos, tenía más arraigados esos valores y los conservé.
Es que Paco Ibáñez tiene origen proletario: su madre era una campesina vasca y su padre, un ebanista valenciano que militaba en el sindicato de la madera y era dirigente de las juventudes anarquistas. Con la caída de la República española, en 1939, la familia se refugió en París, pero en 1940 los nazis invadieron Francia y el padre fue enviado a campos de trabajo forzado. Recién en 1948 la familia logró reunirse y se instaló en París. El cantor cuenta que era “un campesino bruto” ignorante de la poesía cuando un amigo chileno le regaló el Canto general de Pablo Neruda. Después le regalaron uno de Góngora: uno de los poemas, La más bella niña, fue el primero que musicalizó, a los 22 años. Poco antes había conocido a uno de sus referentes: Georges Brassens. París era una fiesta, la chanson florecía y, guiado por el pintor venezolano Jesús Rafael Soto, Paco entró en contacto con Atahualpa Yupanqui -su otro ídolo-, Salvador Dalí, y buena parte de la bohemia parisina de la época.
Pronto, Paco dejó su oficio de ebanista y se dedicó a la música. Los versos de Quevedo, García Lorca, Blas de Otero, Rafael Alberti, Nicolás Guillén, Jorge Manrique, Antonio Machado, Miguel Hernández, José Agustín Goytisolo, Pablo Neruda y tantos otros se transformaron en conmovedoras canciones gracias a él. Sus conciertos de fines de los ‘60 lo convirtieron en un símbolo de la lucha por la libertad, en el portavoz del exilio español y de toda una generación que quería poner al mundo patas arriba. Su primera gira por Latinoamérica, en 1971, empezó por Buenos Aires: “¡El susto que me llevé con el recibimiento! Empecé por la segunda canción; no pude empezar por la primera. ¡Madre mía! Aquello fue nuclear”.

¿Se puede seguir siendo cantor de protesta?

¿Sabes lo que es la canción de protesta? Cada canción bella, como La chacarera de las piedras, de Yupanqui. La protesta hay que enfocarla por ahí, y no en plan panfletario.
¿Cuál es la diferencia entre ser de izquierda ahora y antes?
En un plano no cambió: se es de izquierda si se es amante del arte, de la poesía, si es solidario con los demás, si se reconoce al otro como un individuo que tiene los mismos derechos que uno. En cuanto a los partidos, sí que cambió: están demasiado pendientes del electorado y de su poltrona. Ahora la izquierda va de capa caída porque no hay voluntad. Los han alienado con demasiado fútbol, rock, discotecas, lujos, revistas y tonterías.
¿El rock es enemigo de la rebeldía?
Es una rebeldía espectacular y comercial. No tiene hueso, no tiene esqueleto, está vacío por dentro. El rock de hoy es el blues frivolizado. Los americanos se encargan de eso, y el mundo sigue sus pautas.
¿Y el fútbol?
Es un veneno. Lo han convertido en un deporte de desviar la atención, vuelve a la gente cada vez más bestia. Marcando goles con las piernas de los demás ya te sientes realizado. Han convertido como meta sublime ser campeón. Por eso no vi ningún partido de España en el Mundial. Estamos cubiertos de piernas y musculaturas; la gente sólo piensa en eso. Si escucho una obra de Béla Bartók, ¿con quién la voy a compartir? ¿Con esos gilipollas que gritan como bestias mirando fútbol?
También le tiene antipatía al inglés.
No tengo nada contra el inglés como idioma, pero hoy vehicula los valores falsos que andan circulando por el mundo. Está aniquilando la identidad cultural de los países. Es la política de los americanos, que hace 250 años lo único que hacen es matar, invadir, ocupar. No me pidas que tenga simpatía por ellos.
¿Cómo se combate eso?
Con otra cultura. Lo que pasa es que tienes que tener medios para poder difundirla. Te enmudecen y quedan minorías, oasis, sin incidencia global. Si te fijas en Youtube, hay chatarra en todos lados. Poco a poco van a desaparecer Carlos Gardel, Rivero, Piazzolla, Los Chalchaleros, Yupanqui. Oirás menos tangos, menos chacareras y más rock: ¡pum chiqui pum pumba pan! Yo soy optimista por naturaleza, pero cuando te dan cañonazos apenas sales de casa, te metes de nuevo o no sales.
¿Ve alguna expresión artística que exprese rebeldía?
Desgraciadamente están desmovilizados, cada uno está en la suya. La última gran ilusión que tuve en este país fue cuando la guerra de Irak: en Barcelona salimos casi dos millones de personas a protestar. Pero luego se metieron otra vez en el molde.
¿Cómo ve la situación de España, en crisis y con mucha desocupación?
Es una cosa globalizada, y viene de lejos. Zapatero no tiene la sociedad que se merece.
¿En el plano de la poesía también ve un panorama desértico?
Busco poesía, pero no sé buscar o me huye. Hay mucho ombliguismo, jugar con palabras bellas, pero no hay poesía que da energía. Me está salvando la vida un poeta haitiano, René Depestre. ¿Pero dónde están los Depestre?
Es decir que tiene que seguir con su repertorio clásico.
Sí, no aparecen o no me salen nuevas canciones. Yo tengo el handicap de que no hago las letras: estoy esperando que llueva. Y si no llueve, estamos jodidos.
¿Por qué nunca escribió letras?
Yo qué sé. El complejo de no tener estudios, o creer que nunca superaré a los poetas que canto, o pensar que no es lo mío. Lo mío es buscar el poema que se convierta en canción y que después haga el trabajo en el corazón de cada uno.
¿Por qué la poesía es paria en el mercado de la literatura?
La poesía es un ser exigente que te juzga, te dice lo que eres. Y muchos no quiere saber lo que son. Además, para penetrarla hay que dedicarse.
Ha rechazado todos los premios que le dieron. ¿Por qué?
Yo no razono cuando los rechazo, simplemente siento un rechazo. Después lo razono. Y digo: ¿quién es esta gente para darme un premio? No les otorgo autoridad. El premio me lo da el público. No necesito otros premios especulativos.
¿Eso no lo lleva al ostracismo?
Si ostracismo será, que ostracismo sea. Sigo cantando por toda Francia, España y ahora en la Argentina. Gracias a esas minorías que te decía, hasta ahora me he salvado.
No tuvo que enfrentar la contradicción de muchos cantautores que se enriquecen con la protesta.
No, no tengo ese problema. Lo que más me molestaría sería tener dinero. Yo no canto de balde, pero acumular dinero es lo más asfixiante de la vida. Me da náuseas.
¿Qué relación tiene con los cantautores VIP españoles: Serrat, Víctor Manuel, Ana Belén?
Estamos en zonas distintas. Con Serrat nos conocimos en la época en que se hacía miles de preguntas. Muchas se las ha guardado, pero me gusta charlar y estar con él.
Se lo escucha con sentido del humor, pero muy enojado. ¿Cómo convive con este enojo todos los días?
Pues como mi tío Ramón, el vasco. Le decía “¿qué tal, cómo va todo?” Y él: “Mal”. Nunca le oí un “bien”. Pero llevo el corazón en la mano.
O sea que tiene alguna esperanza.
Sí, una gran esperanza. Pero muy lejos, che.
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