El enfrentamiento Clarín-Gobierno visto desde la platea

Subo este artículo tal como me acaba de llegar. Discrepo al menos con el final: no fue Néstor Kircher quien le declaró la guerra a Clarín, sino Clarín quien le declaró la guerra a los K. con la misma técnica utilizada en Venezuela durante el intento de golpe de Estado. Tengo para mi que la protesta contra la 125 estuvo a un tris en convertirse en un golpe de estado «cívico», y que lo evitó la decisión de Luis D’Elia de competir por la ocupación de la Plaza de Mayo. Hay, en ese sentido, un hermoso dossier del diario Tiempo Argentino de hoy sobre los movimientos sociales. JS

La guerra Clarín-Gobierno: lo que nadie puede (ni quiere) contar 

El matutino que dirige Ernestina Herrera de Noble publicó una supuesta investigación basada en un documento sin autor ni fuente. Busca confundir más y envía mensajes a varios «públicos». Desenredamos la madeja de una historia que bien podría ser una novela de suspenso, pero estas peleas nunca son neutras para el común de los mortales.
   
LA GACETA MERCANTIL / 
El diario Clarín publicó ayer, domingo, una nota de una página bajo el título «Moneta le pidió US$ 100 millones a Garfunkel para comprar Clarín«. Se trata de un artículo destinado a varios públicos, pero -más allá de algunas desprolijidades que seguramente no son responsabilidad del autor- contiene suficiente tela para cortar, tanto para los que están al tanto de los detalles de la decisiva batalla entre la Administración K y el Grupo que lidera Héctor Magnetto como para aquellos que disfrutan de las novelas de suspenso por entregas.

Gaceta Mercantil decidió hacer una radiografía de la nota en cuestión, poblada de aclaraciones y notas como para que, al final de su lectura, esta nota permita comprender mejor la situación, algo que claramente no fue el objetivo de la de Clarín.

Como dijera un famoso rector de la Universidad de Buenos Aires, comencemos por el principio, en este caso el título: ya se verá que no es cierto que Moneta haya querido «comprar Clarín» con US$ 100 millones de dólares.

La guerra entre el ex banquero Raúl Moneta y Magnetto se remonta a finales de la década del ’90. Entonces, este escribano tradicionalista se sentó un día frente a Julio Saguier con la siguiente propuesta: «Julio, decime cuánto vale La Nación y yo hago el cheque». La humildad no es una de las virtudes que engalana la personalidad de este mendocino por adopción y, hasta donde se sabe, Saguier nunca se arrepintió de rechazar la soberbia oferta a pesar de que, en plata, era desproporcionada. Era una época de desproporciones, la del menemismo, pero Moneta no era dueño de la plata que ofrecía, como sería una constante en su vida como empresario y en la de muchos colegas suyos. En rigor, era la cara visible de un conglomerado conocido como CEI (Citicorp Equity Investments) que había construído con mucho oportunismo y la inestimable ayuda de Richard Handley, ex titular del banco en la Argentina y autor de uno de sus mejores negocios a la sombra de Carlos Menem: el canje de títulos de deuda argentinos por activos empresarios. Moneta se sentó a la misma mesa, en el CEI, con directivos de Telefónica Internacional y el fondo de inversión Hicks, Muse, Tate & Furst, y llegó a contar con un tiempo de confianza de parte de ellos. Así armaron un mega multimedios que llegó a incluir Editorial Atlántida, Telefé, TyC y Radio Continental, entre otros activos. Entre tantos negocios cruzados, el de la TV por cable encontró a Telefónica con Clarín y a ambos, con Moneta. La pelea entre Magnetto y el banquero se produjo por una diferencia de precio. O, para ser más precisos, por una denuncia privada vinculada al verdadero valor de una empresa de cable bonaerense. En fin, que la disputa no terminó bien pero algunos testigos usaron un dicho para explicar el resultado: «El que roba a un ladrón tiene cien años de perdón».

La nota de Clarín de este domingo debe leerse a la luz de aquella vieja disputa y de la nueva. Moneta es un hombre obsesionado con el fracaso de su primer y faraónico intento, y con Magnetto, a quien acusa de la mayoría de sus males desde entonces. Ha que aclarar que la segunda virtud con la que Moneta no cuenta es la autocrítica. O, si se quiere, se cruza en él dos defectos explosivos: la negación y la mitomanía.

Dice Clarín: «Desde que pergeñó la ley de medios, el Gobierno viene buscando la conformación de un multimedios propio, adicto o manejado por empresarios amigos. El primer paso en esa estrategia era la conquista de Telecom, a la que se buscaba convertir en operadora de televisión por cable, algo que no pudo ser por la oposición de algunos legisladores. El siguiente paso era la adquisición de activos que las empresas deberían desprenderse por la aplicación del artículo 161 de la ley.

«Raúl Moneta, que en los ’90 quiso armar un multimedios al servicio de Carlos Menem, ahora busca replicarlo en tiempos de Kirchner.

«Y así como en la década pasada confesó públicamente que quería adquirir La Nación , ahora su interés pasa por quedarse con las licencias que el Gobierno obliga a vender al Grupo Clarín» (subrayado en el original. NdR).

Bien, del título al párrafo hay una distancia, aunque se diga que el título debe ser la síntesis última de una nota. Pero con 100 millones de dólares Moneta quería quedarse con «licencias que el Gobierno obliga a vender al Grupo Clarín» no es lo mismo que afirmar que quería «quedarse con Clarín». Seguramente, Moneta quería meter un pie en el accionariado del Grupo, quizás comprando algo de las acciones que J.P.Morgan tiene allí desde antes de la crisis de 2001. Y luego, como tantos otros depredadores -incluso Clarín en otras empresas o el propio Kirchner en Papel Prensa- comenzar a corroer desde adentro al atribulado conglomerado mediático.

En efecto, el artículo en cuestión alude a la obligación de desinvertir (vender)  aquellos activos que excedieran lo establecido por la nueva norma. Es complejo el articulado pero no es cierto que, necesariamente, Clarín vaya a estar obligado a vender la señal de cable Todo Noticias (TN). Si el Estado redefine el negocio de la TV a través de su proyecto satelital, lo más probable es que TN se quede donde está, en CableVisión y Multicanal, ambos operadores de Clarín, y en otras redes del interior. Pero, por la ley de Medios TN no debería «desaparecer», como pretendía su aviso «terrorista». El tema es más profundo, pero todo en su medida y armoniosamente, como diría el General.

La nota de Clarín es la primera reacción pública importante de algo que ocurrió esta semana y sobre lo cual Gaceta Mercantil informó casi en soledad, sugestivamente (ver «Cristina Kirchner le quita…»). Afirma el diario fundado por Roberto Noble: «Pero (este) no es el único intento por forzar cambios en la propiedad de los medios. El ex Comfer intervino para que la radio rosarina LT8 no pasara a manos del grupo Vila, dueño del diario La Capital».

Aquí está el meollo de la cuestión. Sí, la nueva autoridad de radiodifusión que conduce Gabriel Mariotto rechazó el lunes pasado la transferencia de acciones de LT8 en manos de la empresa Voces S.A., del empresario del transporte rosario Orlando Vignatti, a dos compañías atribuídas a Daniel Vila, accionista de los multimedios La Capital y UNO, y de América TV y Radio La Red.

Para mayor escándalo, Clarín añade que, «además, en las pruebas pilotos (sic) de la televisión digital terrestre para canales privados fueron invitados Canal 9 y Telefé». Pero advierte que, «hace unas semanas, Osvaldo Nemirovsci –coordinador general de ese programa– dijo que era “obvio” que América 2 (Vila-De Narváez) y Canal 13 (Grupo Clarín) también participarían del proceso», lo cual hasta ahora no ha ocurrido.

En cuanto a LT8, el ex Comfer asegura que le reclamó a los actuales concesionarios que presentaran la documentación que demostrara que la transferencia de acciones se había producido y cómo, y que los abogados de Vila nunca respondieron a lops pedidos.

Hay que decir que es la primera vez en la historia de la radiodifusión argentina que se rechaza una transferencia de acciones. En realidad, y ya se verá más adelante, el grado de caos en el que se desarrolla el negocio en el país no debe atribuirse al desmanejo de este Gobierno: es histórico; y no sólo en el rama de las radios, pero en el ex Comfer ahora decidieron que lo correcto es lo correcto y que los explotadores de la radio rosarina estaban «flojos de papeles».  

A esta altura, la nota de Clarín se sumerge en el flujo y el reflujo de las operaciones que atraviesan hoy muchos negocios en los que el Gobierno y Clarín se cruzan (mal) y con una sola bola busca voltear varios bolos.  

«De acuerdo con un documento confidencial al que accedió Clarín, Moneta quiere comprar una parte de Grupo Clarín o algunas de sus empresas afiliadas. Con esa idea, el ex banquero le pidió a Matías Garfunkel (con quien iba a ser socio en otro proyecto, de radios) que le prestara US$ 100 millones.

«Moneta se comprometió a asistir a Garfunkel en el armado de la ingeniería financiera para comprar la mitad de Telecom (cuya mitad tenían en venta los italianos). Iba a cobrar un porcentaje por ese tejido, que resultó fallido y tiene destino de demanda penal. La segunda parte del acuerdo es la que, hasta ahora, estaba en secreto: Moneta le exigía a Garfunkel un aval bancario de US$ 100 millones que estuviera disponible en cualquier momento. El objetivo era Clarín».

La novela por entregas de la venta de Telecom justifica una nota aparte y no se la vamos a negar a nuestros lectores. Pero a su tiempo, que todavía no está todo dicho.

La nota que estamos analizando advierte, de inmediato, que los enjuages de Moneta y Garfunkel no contaban con el conocimiento de los accionistas del Grupo. «Aunque los accionistas del Grupo Clarín no encararon ninguna negociación con Moneta, al ex banquero le dijeron que su ingreso en la empresa sería un ‘trofeo’ que el Gobierno miraría con buenos ojos. ‘Sería una suerte de prueba de amor de fidelidad kirchnerista’, escucharon allegados al intento de Moneta».

Se deduce de aquí que todo esto se lo dijo a Moneta su interlocutor en el Gobierno, quien no es el mismo que le dio la orden al entonces titular del Comfer, Julio Bárbaro, de aceptar que otro menemista, Julio Mahárbiz, se quedara con la licencia de Radio Belgrano para luego pasársela a Moneta, tal como finalmente ocurrió. Ni el que dio luz verde a la venta de cuatro radios en manos del grupo mexicano CIE (entre ellas la Rock & Pop) a Moneta, en este caso en su carácter de intermediario entre el Estado -dueño de las licencias- y Garfunkel. Surge una pregunta obvia y sin ánimo de distraer la atención del tema central: la ley de Radiodifusión vigente no se aplica en el punto de la tenencia de una licencia de radio por zona, pero ¿esto impide que el Comfer controle y evite que sigan produciéndose nuevas operaciones de venta de varios medios a un solo dueño? No hace falta que entre en vigencia la nueva ley. En fin, sigamos. 

El extraño «documento exclusivo» de Clarín, reproducido por el diario, parece un borrador escrito por un asesor legal, más una suerte de expresión máxima de deseos que un «paper» secreto o un compromiso firme de algo.

Se asegura allí que Moneta «le iba a ceder a Garfunkel el 6,25% de las acciones de lo que obtuviera». Y que si el control de Clarín le permitiera a RM (Moneta) designar más de un director titular y un suplente en el directorio de sociedades del Grupo Clarín, «esto le permitiría a RM (debería decir aquí MG. NdR) designar más de un director titular y uno suplente en el directorio de sociedades del Grupo Clarín”.

Y aquí la conspiración. «El plan del ex arquitecto del fallido CEI era combinar las radios que compró (Rock & Pop y Metro) con los activos que el Gobierno obliga a vender a Grupo Clarín como el canal de cable TN».

Ahora bien: ¿por qué TN y por qué no Canal 13? ¿O por qué no tantas operadoras de TV por cable distribuídas en todo el país? ¿Por qué no la operación de Multicanal en Rosario o en Córdoba, donde Clarín es dueño de CableVisión e, indisimuladamente, ejerce allí una posición monopólica dominante? Sólo vendiendo esas operaciones Clarín perdería más de medio millón de clientes. O, lo que es igual, unos 900 millones de pesos anuales. No es poco. Pero es extraño: a Clarín le preocupa más que el Gobierno le obligue a vender una única señal de noticias, por más que se trate de la «multioperadora» TN.

Dos párrafos más adelante, Clarín vuelve a la carga con el caso de la radio rosarina. “’Con LT8, donde vetó el ingreso del grupo Vila, Mariotto volvió a mostrar que quiere influir en la titularidad de las licencias’, explica el ejecutivo de un grupo de medios que compite contra Clarín y Vila». Y sí, hacía falta una fuente «independiente» para una declaración clave.

Tras cartón, la nota comienza a señalar lo importante. Casi como un eco de Bertold Brecht, advierte que «flojos de papeles» están «casi» todos, en especial aquellos que han hecho buenas «migas» con los K. Por lo cual, si ayer vinieron por ellos, quién impide que hoy puedan hacerlo por nosotros.

«Los empresarios kirchneristas -apunta- vienen merodeando alrededor de Telefé y Canal 9 desde hace rato. El Gobierno mira con lupa las cuestiones administrativas y formales relacionadas con la propiedad y la titularidad de las licencias de ambos canales. Tanto a Telefónica (en Telefé) como al 9 (del mexicano Angel Remigio González y González) les falta algún sello oficial», describe Clarín.

Y una señal del mejor diálogo de estos canales con el Gobierno, agrega, «es que fueron invitados a las pruebas de la televisión digital terrestre del Gobierno, un proyecto de $ 1.400 millones que distribuye decodificadores gratis entre las personas de menores recursos». Ahora, esas cajas conversoras «sólo sintonizan Canal 7 y Encuentro. El 9 y Telefé podrían sumarse pronto. América y el 13 están excluidos».

Para completar el cuadro, en el último diálogo de la escena se advierte que Telefé y el 9 «tuvieron muchos dueños y eso siempre provoca algún inconveniente administrativo». Impresionante, tanto como las apuradas menciones del final de la nota a C5N, Wherthein y los italianos de Telecom.

Y acá llegamos a la esencia, a lo que se esconde a pesar de las varias miles de palabras escritas. Lo que nunca llega a decir en su nota Clarín es que las que más «flojas de papeles» están son sus propias empresas de TV por cable. Tanto CableVisión como Multicanal se constituyeron comprando pequeñas -y no tan pequeñas- empresas de cable (licencias) en todo el país. Muchas de esas transferencias nunca fueron «perfeccionadas», es decir, nunca terminaron de producirse, por muy diversos factores. Sucede que, como dijimos, el Comfer era un ámbito corrupto en el que muchos trámites eran eternos para que los urgentes se cotizaran. Aún así, las desprolijidades en las compras, la desidia y la impunidad dejaron muchos expedientes en el limbo. Pero en aquel entonces Clarín no tenía de qué preocuparse: el Comfer, como tantos otros ámbitos de un Estado «bobo», le respondían, no importaba quién estuviera en el Ejecutivo.

Nada de esto cambió con la llegada de Néstor Kirchner a la Presidencia. De hecho, Clarín se benefició con la prórroga de la licencia de Canal 13 por 25 años y, mucho más importante, con la autorización de la Comisión de Defensa de la Competencia para que fusionara CableVisión y Multicanal. Cristina necesitaba el apoyo del Grupo para suceder a su esposo y en la campaña sus medios no pusieron ningún obstáculo.   

Pero todo cambió, inesperadamente, a comienzos del 2008, cuando, por primera vez, un ex presidente se subió a una tribuna para jugar un juego inesperado. «Clarín miente», decía el cartel en la mano de Kirchner. Y ya nada volvió a ser igual.

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