Israel: Ser «gay friendly» como parte de la guerra propagandística

La negativa de los organizadores del reciente desfile del Orgullo Gay de Madrid, el pasado 4 de julio, a que participara una carroza subvencionada por el ayuntamiento de Tel Aviv y la embajada de Israel (las organizaciones gays y lesbianas israelíes fueron invitadas a participar en igualdad de condiciones del desfile junto a activistas palestinos y del Reino de España) provocó una discreta polémica sobre la que pueden arrojar luz los argumentos que, en paralelo, despliega la especialista Jasbir Puar. Pueden resumirse en que, al retratarse como único país receptivo a los gays en una región homófoba, el Estado de Israel revela una estrategia desesperada.
Jasbir Puar* / Sin permiso


El reciente ataque de Israel a una flotilla que transportaba ayuda humanitaria a Gaza, con el resultado de al menos nueve muertos, sugiere una creciente indiferencia del gobierno israelí a la condena global que suscita su política palestina. Pero, al mismo tiempo, Israel parece preocuparse de forma activa por configurarse como una democracia benéfica y hasta progresista.

Israel ha apostado fuerte por una campaña a gran escala de la marca Israel (Brand Israel), generosamente subvencionada y elaborada por el ministerio de Asuntos Exteriores israelí a fin de contrarrestar una reputación cada vez más abultada como agresor imperial: en un reciente informe de East West Communicaciones figuraba en el puesto 194 entre 200 naciones en términos de «percepción positiva».

Tomando como objetivo ciudades globales como Nueva York, Toronto y Londres, la campaña Brand Israel ha empleado celebraciones culturales del género de festivales de cine para promover su imagen de país cultivado y moderno. 

Uno de los rasgos más notables de la campaña Brand Israel consiste en  vender el moderno Israel como un Israel tolerante hacia los gays. Stand With Us, [1] una organización declaradamente sionista, apareció citada en el Jerusalem Post declarando que «decidimos mejorar la imagen de Israel por medio de la comunidad gay israelí». Este «pinkwashing» («enjuague rosa»), tal como se denomina corrientemente en círculos de activistas, es moneda corriente más allá de los grupos gays israelíes. Dentro de los circuitos globales organizativos de gays y lesbianas, la cordialidad para con los gays significa ser modernos, cosmopolitas, desarrollados, Primer Mundo, Norte global y, lo más importante de todo, democráticos.

Acontecimientos como el WorldPride 2006 celebrado en Jerusalén y el «Out in Israel», que tuvo lugar hace poco en San Francisco, destacan a Israel como un país comprometido con los ideales democráticos de libertad para todos, incluyendo a gays y lesbianas. Sin embargo, el «enjuague rosa» deja en la sombra una ausencia de libertad más fundacional, incorregible y, de acuerdo con la constitución israelí, necesaria, la que sufren los palestinos a causa de la opresión ejercida por el Estado de Israel.

El «enjuague rosa» israelí es un método potente gracias al cual se reiteran los términos de la ocupación israelí de Palestina: Israel es civilizado, los palestinos son fanáticos bárbaros, homófobos, incivilizados y terroristas suicidas. Presenta a Israel como el único país tolerante con los gays en una región por lo demás hostil, lo cual tiene múltiples efectos: niega la misma opresión israelí de sus propios gays y lesbianas, que no es poca [2], y recluta a gays y lesbianas de otros países, a menudo sin que se den cuenta, en una forma de colusión con la violencia israelí hacia Palestina.

Al reproducir los tropos orientalistas del atraso sexual palestino, niega a su vez las repercusiones de la ocupación colonial en la degradación y contención de las normas y valores culturales palestinos. El «enjuague rosa» aprovecha a los gays de todo el mundo como nueva fuente de afiliación, reclutando a gays liberales en un sucio regateo de su seguridad contra la ininterrumpida opresión de los palestinos, ahora por fuerza rebautizados como «intolerantes hacia los gays». Esta estrategia funciona también al efecto de ignorar la presencia de numerosas organizaciones palestinas gays y lesbianas, por ejemplo, Palestinian Queers for Boycott, Divestment and Sanctions [Maricas Palestinos por el Boicot, Desinversión y Sanciones] (PQBDS).[3]

Este «enjuague rosa» no es obra solamente de elementos del gobierno israelí. Tras la invasión de Gaza de enero de 2009, muchos educadores norteamericanos firmaron una carta, dirigida a Barack Obama, promovida por Teachers Against Occupation [Profesores Contra la Ocupación]condenando la ocupación. Unos seis meses más tarde, quienes habían firmado la petición recibieron una solicitud de uno de los signatarios para que respaldaran una misiva en la que se condenaba la homofobia y la opresión contra las mujeres de Palestina, Oriente Medio y norte de África, regiones que no se definen todas ellas por el predominio religioso islámico, pero que se escogieron como diana al abrazar normas culturales represivas musulmanas. 

Esta particular respuesta, en la que se aprueba y se aboga por una postura contra la violencia israelí pero acompañada por una condena suplementaria de las culturas sexuales musulmanas, se ha convertido en un encuadramiento retórico habitual elaborado por los apoyos liberales de la causa palestina (nótese el mensaje de OutRage, [4] la principal organización de derechos humanos queer en un mitin propalestino en londres el 21 de mayo de 2005:  «Israel: ¡Basta de persecuciones contra los palestinos!»,  «Palestina: ¡Basta de perseguir a los maricas!» y también «Basta de  asesinatos por ‘honor’ de mujeres y gays en Palestina».) Este encuadramiento tiene el efecto, por muy involuntario que sea, de hacer semejante la opresión del Estado de Israel sobre los palestinos y la opresión palestina de sus gays y lesbianas, como si las dos cosas fueran equivalentes o contiguas.

Lo que es más importante, diluye la solidaridad con la causa palestina al reiterar los términos en que justifica Israel su violencia: los palestinos están demasiado atrasados, son demasiado incivilizados y poco modernos como para disponer de su propio estado, y mucho menos tratar correctamente a los homosexuales. La política de solidaridad con Palestina no puede quedar socavada por una postura tan simplona.

Dicho esto, empero, el «enjuague rosa» constituye una estrategia agotada que en última instancia revela la desesperación del Estado de Israel. Al igual que la estrategia de Brand Israel de reclutar a iconos culturales para promocionar la modernidad de Israel ha decaído a la vista de las  cancelaciones de prominentes figuras de conciertos y otros actos, sus esfuerzos se han topado con una amplia contestación, sobre todo en celebraciones gays y lesbianas, y a despecho de la censura contra grupos de gays y lesbianas que se oponen activamente a la ocupación israelí. Prohibir, [5] como se hizo recientemente, la frase «apartheid israeli» durante la semana del Orgullo Gay por parte de Pride Toronto, en respuesta a la presión ejercida por la municipalidad de Toronto y los grupos de cabildeo proisraelí, dejó fuera de forma efectiva al grupo Queers Against Israeli Apartheid [Maricas Contra el Apartheid Israelí] (QUAIA). Sin embargo, el 23 de junio se rescindió la prohibición en respuesta al activismo comunitario y de los galardonados con el premio 23 Pride, que habían devuelto sus premios como protesta por el veto.

Frameline, el festival de cine LGBT [lésbico, gay, bisexual y transexual] de San Francisco, hubo de enfrentarse a la oposición, entre otros grupos, de Queers Undermining Israeli Terrorism [Maricas Socavadores del Terrorismo Israelí] (Quit) [Abandonar], por haber aceptado el patrocinio del gobierno israelí. La semana pasada, tras producirse protestas árabes, musulmanas y de otros segmentos antisionistas, el Foro Social norteamericano de Detroit canceló uno de los talleres previstos, «Liberación LGBTQI [6] en Oriente Medio», cuya celebración había preparado Stand With Us, y que intentaba promocionar la imagen de Israel como paraíso gay a expensas de la liberación palestina.

Por más que Israel pueda hacer desvergonzado caso omiso de la indignación que despiertan sus acciones guerreras, ha apostado, sin embargo, mucho en proyectar su imagen de sociedad liberal tolerante, tolerante sobre todo con los homosexuales. No deberían considerarse contradictorias las dos tendencias sino más bien constitutivas de los mismos mecanismos merced a los cuales las democracias liberales consienten sus regímenes totalitarios.
NOTAS DEL TRADUCTOR:

[1] www.standwithus.com.
[2] «Homophobia in Israel still high but declining slowly, says survey» Sydney Morning Herald, 7 de agosto de 2009.
[3]
http://pqbds.wordpress.com.
[4]
www.outrage.org.uk.
[5] «Canada: Israel´s new defender», Jesse Rosenfeld, The Guardian, 17 de junio de 2010.
[6] LGBTQI significa «Lesbian, Gay, Bisexual, Transgender, Queer, Questioning and Intersex». Los dos últimos términos «Questioning  and Intersex» se refieren a quienes no han llegado a una conclusión definida sobre su condición sexual y a quienes poseen rasgos en distinto grado de ambos sexos. 

*Jasbir Puar es profesora asociada de estudios feministas y de género en la Universidad de Rutgers y autora de Terrorist Assemblages: Homonationalism in Queer Times, que ganó en 2007 el Cultural Studies Book Award de la Asociación de Estudios Asiático-Americanos.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

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