ACTIVIDADES ESPACIALES. Stan Makarchuk, el científico que vino del frío

Stan es un científico ruso que estudió en la Unión Soviética y se vino a la Argentina de Menen huyendo de la Rusia de Yeltsin: Parecía saltar de la sartén al fuego pero supo hacer pie y se argentinizó al punto de ser lo opuesto a los gaznápiros que andan por ahí graznado que este es un país de mierda. Entre otras muchas cosas, es uno de los créditos locales que más y mejor conoce la estación espacial binacional de Neuquén, construida en cooperación con China. Aquí está el monólogo, más que entrevista, que acaba de publicarle la revista Mercado. Argentina avanza en el espacio exterior, mal que le pese a tantos cipayos, detractores de todo lo nacional.

Bonus track: Estaba subiendo esta nota cuando llegó desde el gobierno la noticia de que la CONAE en cooperación con el Instituto de Astronomía Aplicada de la Academia de Ciencias de Rusia, ha obtenido imágenes biestáticas de la luna, un avance significativo en el mapeo del único satélite natural de nuestro planeta. Noticia en la que Makarchuk ha sido protagonista, Va debajo.

Stanislav Makarchuk, promotor de cooperación espacial

Un sueño que adelanta diez años

Responsable de Cooperación en Proyectos Internacionales de Exploración del Universo, Navegación Satelital y Nuevas Tecnologías de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), Stan sostiene que el mundo aprendió a construir las alianzas y convenciones y dejar el sectarismo para épocas de mayor bonanza.

 

Estamos en Buenos Aires, agosto, 2031. Conversando con Stan.

–¿Cómo ves los logros alcanzados por la Argentina en los últimos 10 años?

–Veo que Argentina se transformó en una de las potencias espaciales mundiales de mayor relevancia en la región. El salto que logró es formidable y muy bien merecido. Me acuerdo de la pandemia de Covid–19 al principio de la década, que puso en evidencia las falencias del sistema y demostró que la civilización no estaba preparada para afrontar un fenómeno desconocido. Con todos los estragos que causó, las vidas humanas que costó y la crisis económica que produjo, nos permitió unirnos más como sociedad y como civilización, darnos cuenta de cuán vulnerables somos y qué frágil es nuestra civilización.

La pandemia modificó nuestra forma de relacionarnos, la distancia física nos impuso nuevas formas de colaboración a distancia utilizando nuevas herramientas tecnológicas a través de plataformas virtuales y gracias a Internet, permitiendo internacionalizarnos mucho más fácil, lo que permitió sin duda construir nuevos vínculos, que derivaron en colaboraciones tangibles.

El ser humano incorporó la omnipresencia virtual, aprendió la congregación global de forma inmediata en cualquier momento sea, de día o de noche. La facilidad con la cual aprendimos a comunicarnos nos hizo reconocer nuevamente que el recurso más escaso que tenemos es el tiempo.

La virtualidad fomentó la generación de educación a distancia a escala global sin fronteras. La abundancia de seminarios, webinars, cursos, estimuló la capacitación constante como forma de vida.

El espacio se posicionó como un importante objeto de estudio.

Nos dimos cuenta que el cambio climático es urgente. Y la exploración espacial, siendo una herramienta más, permitió estudiar mejor este fenómeno. Tanto para predecir como para responder. Las respuestas a los cataclismos requirieron indispensablemente aprender a manejar las emergencias de forma sistémica a diferente escala, y de forma interdisciplinaria.

Sistema solar

Los estudios del sistema solar también tomaron importancia, ya que tenemos que entender nuestro astro, cómo se comporta, cuándo está durmiendo y cuándo está despierto. Aprender a utilizar la energía del sol al máximo para disminuir nuestra dependencia  de los combustibles fósiles y así disminuir la contaminación.

Explorar el espacio es desarrollar tecnologías que pueden trabajar en nuevas condiciones espaciales, sin ser afectados por la radiación cósmica, el viento solar, objetos espaciales entre otros tanto orbitando la Tierra, en la luna, en Marte, o en cualquier rincón del sistema solar. Esto permitió a unirnos en pos de prepararnos para lo desconocido, identificar las amenazas, prepararnos para los cataclismos.

La ciencia, la tecnología, la innovación volvieron a ocupar un lugar entre las prioridades políticas, mediáticas, legislativas. Las normativas volvieron a ser herramientas orientadas a estimular, promover, contribuir, simplificar, facilitar, poner al servicio, generar y dar soluciones oportunas. No fue un proceso fácil, pero necesario. Los grandes desafíos suelen unir a la nación en pos de los objetivos superiores, y éste fue el caso.

El Estado, la empresa y la academia, la sociedad y los medios conformaron una rueda virtuosa que permitió lograr consensos sobre para qué lado ir.

En lo espacial el camino fue claro. Y el espacio fue un ámbito donde la cooperación logró alcances inesperados. La Argentina pudo lograr cosas sustantivas. Lograr poner satélites por sus propios medios, participar en exploración de la luna y el sistema solar con satélites diseñados por argentinos. Desarrollar importantes proyectos de cooperación internacional con los principales socios internacionales en observación de la Tierra, contribuir a los sistemas de navegación satelital para que trabajen mancomunadamente y brinden mejores prestaciones para los usuarios, lograr que cada escuela pueda bajar los datos satelitales a través de su antena en el techo. Desarrollar productos y servicios para la vida cotidiana.

Todo esto no fue posible sin haber entendido que el espacio nos une a todos, que el espacio es la fuente de inspiración que atraviesa y trasciende las generaciones. Que las generaciones venideras vienen con una mochila de aspiraciones cualitativamente mayores.

Hemos también entendido que podemos contribuir y participar en grandes proyectos de cooperación con los grandes líderes internacionales de forma igualitaria, y también liderar el desarrollo de capacidades regionales.

La virtud fue saber construir las alianzas y convenciones y dejar el sectarismo para épocas de mayor bonanza. Había que encarrilar el carro. Hacía falta el esfuerzo de muchos orientados en la misma dirección. Entender que juntos ganamos más y que logrando determinadas metas toda la sociedad global saldrá ganando. Mi sueño habrá adelantado 10 años, pero se va haciendo realidad.

Argentina y Rusia lograron obtener una imagen de radar biestática intercontinental de la Luna

Se utilizaron dos antenas, ubicadas una en cada país. La CONAE dirigió las operaciones locales, desde la estación de espacio profundo DS3 Malargüe en Mendoza.

La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) en el ámbito del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, junto al Instituto de Astronomía Aplicada de la Academia de Ciencias de Rusia (IAA RAS), con la asistencia de la empresa Telespazio, realizaron con éxito un experimento sobre observaciones de radar biestático intercontinental para obtener una imagen de la Luna. Esto implica la utilización de dos antenas, ubicadas en la Argentina y en Rusia, que actúan como emisor y receptor del pulso del radar, respectivamente, para generar información de valor sobre el movimiento y la forma de los objetos, con gran resolución.


Imagen de radar de la Luna, muestra el cráter de Arquímedes en el este de Mare Imbrium a una longitud de onda de radar de 4,2 cm

La imagen, lograda el 1 de septiembre de 2021, se generó a partir de un pulso de radar emitido desde la Argentina, utilizando la Estación Deep Space 3 – Malargüe (DS3), de la Agencia Espacial Europea (ESA), instalada en la provincia de Mendoza por acuerdo con la CONAE, cuya moderna antena de 35 metros de diámetro, irradió el cráter de Arquímedes, en el este de Mare Imbrium, con una señal a 7190 MHz (4,2 cm). El eco de ese pulso de radar fue recibido por el Observatorio de Radioastronomía de Svetloe, de la red rusa Quasar, mediante su radiotelescopio de 13,2 metros (RT-13). Como resultado de las observaciones, se obtuvieron imágenes de radar de la superficie lunar con una resolución espacial de unos 300 metros.

“El instrumental sofisticado disponible en el país, sumado al instrumental de avanzada disponible alrededor del mundo, permite idear proyectos vertiginosos de exploración del universo a través de la colaboración, donde el rol de la Argentina resulta clave’’, indicó Stanislav Makarchuk, responsable de Área de Cooperación Internacional en Espacio Ultraterrestre de la CONAE, quien coordinó el experimento del lado argentino, realizado en el marco de un acuerdo de colaboración vigente entre la agencia espacial argentina y el IAA RAS.

“El experimento conjunto realizado no solo representa un salto tecnológico en la instrumentación, ofreciendo oportunidades para el desarrollo de capacidades nuevas de medición y generación de datos científicos de mucho valor, demuestra la sinergia que se logra establecer con nuestros socios, sino también desvela nuevas capacidades tecnológicas versátiles y perspectivas científicas exponenciales, resultantes de la cooperación espacial internacional, dijo.

Las observaciones por radar son uno de los métodos más efectivos de detección remota de la Luna desde la Tierra, lo que permite el mapeo de alta resolución espacial y la exploración de propiedades físicas de la superficie y del subsuelo. Estos datos se pueden utilizar para seleccionar lugares de aterrizaje para naves espaciales, prospección y minería, lo cual es especialmente importante debido al mayor interés de muchos países en la exploración lunar.


Superposición de la imagen radar de la Luna, con la polarización circular (en color) que indica el grado de rugosidad de la superficie y la presencia de estructuras subterráneas

Yuri Bondarenko, quien dirige el grupo de astronomía de radar en el Instituto de Astronomía Aplicada de la Academia de Ciencias de Rusia, afirmó: “Este experimento demostró nuestra capacidad para realizar y procesar observaciones de radar de la Luna sin utilizar radares potentes especialmente diseñados y radiotelescopios de alta sensibilidad. La experiencia adquirida abre nuevas perspectivas para el estudio de Mercurio, Venus, Marte y los asteroides que se acercan a la Tierra en un futuro próximo, concluyó.

Más investigaciones argentinas

Argentina posee dos estaciones para la exploración del espacio profundo, instadas en las provincias de Mendoza y Neuquén, generadas a partir de los acuerdos alcanzados entre la CONAE con la agencia espacial europea, en un caso, y en otro con China. La Deep Space 3 (DS3) fue inaugurada en 2012, a partir de un acuerdo con la ESA, y forma parte de la Red Europea de Seguimiento Espacial (ESTRACK).

En ambos casos, la comunidad científica nacional puede acceder al 10% de uso de estas antenas de avanzada tecnología, para realizar observaciones aplicadas a proyectos de investigación del universo. En relación a este punto, Marcelo Colazo, responsable del Área de Estudios Ultraterrestres y Clima Espacial de la CONAE, sostuvo que “desde la Argentina podemos aprovechar el uso de la antena DS3 para realizar investigaciones en relación a la técnica de radar biestática y avanzar, en un futuro, en el procesamiento de los datos, que para obtener la imagen de la Luna se realizó en Rusia”.

“Esta técnica permite hacer estudios muy interesantes para conocer los movimientos y la velocidad relativa de los objetos, así como las características de las superficies, no sólo para la Luna, sino también para asteroides e incluso chatarra espacial, por ejemplo”, explicó. “La ventaja radica en que con el pulso del radar podemos iluminar objetos que no podríamos ver de otra manera, porque reflejan la luz del sol pero de manera muy tenue, detalló.

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