AMIA – APEMIA: Por una comisión de investigadores independientes

En busca de recuperar aunque sea un poco de su extinta credibilidad, Clarín publicó una breve nota de opinión de Laura Guinsberg y Pablo Gitter, de la Asociación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (Apemia). Aunque discrepo con ellos al igualar a todos los gobiernos en la tarea del encubrimiento de los autores de los bombazos que demolieron la mutual judía (entre otros motivos porque me parece encomiable la labor hecha por el GERAD, el Grupo Especial de Relevamiento y Análisis Documental formado por los fiscales que reemplazaron a Alberto Nisman al frente de UFI-AMIA) y soy escéptico acerca de la efectividad de una comisión investigadora integrada por personalidades (porque casi no conozco alguna que se haya interesado verdaderamente en los atentados y tengo presente aquello que decía Perón acerca de que se forman comisiones investigadoras cuando se quiere que no se llegue a ninguna conclusión), Guinsberg y Gitter tienen a su favor haber sido siempre consecuentes al señalar las evidentes responsabilidades de como bien los llamó el presidente Fernández, “los sótanos” del aparato estatal. Y ya se sabe, lo que abunda no daña, y una comisión de investigadores independientes quizá pueda lograr resultados sorprendentes si empieza por donde se debe empezar: por el atentado a la Embajada de Israel.

En esto, como en tantas otras cosas, la clave está en la Corte Suprema que tiene esa causa bajo siete llaves en un cajón húmedo y lleno de telarañas.

Escuchen a Laura y Pablo:

Causa Amia: para investigar hay que abrir los archivos

18-07-2019. Buenos Aires: Con reclamos de justicia, el 25 aniversario del atentado terrorista a la AMIA -que dejó 85 muertos y más de 300 heridos- Telam

Es difícil encontrar una introducción más adecuada para hablar de 26 años de impunidad en la masacre de la AMIA. Su discurso introdujo en la agenda política la necesidad de esclarecer el atentado al que asoció con “los sótanos de la democracia”. Hasta hoy, el Estado hizo lo indecible para no investigar este crimen de terrorismo de Estado cometido al amparo de su institucionalidad democrática.

El Presidente anunció una nueva desclasificación de testimonios de agentes de inteligencia y documentos secretos. En realidad, esto sucede desde hace 17 años: una decena de decretos presidenciales ya ordenaron la desclasificación de documentación y autorizaron a los ex agentes de la SIDE a declarar libremente en dos juicios orales. Se hizo en nombre de ayudar a investigar y esclarecer el atentado, y se repitió hasta el cansancio. (Cfr. Informe de la Fiscalía, págs. 6 a 26).

Sin embargo, hasta hoy no podemos acceder a esa documentación. Está en poder de la Fiscalía AMIA que tampoco mostró interés en esos archivos, por estar enfocados únicamente en una acusación internacional en la que nadie cree y sólo se sostiene para satisfacer intereses geopolíticos.

Aquello que se presentó como “desclasificación” de los archivos resultó en su opuesto: un bloqueo a su apertura, investigación y conocimiento público. No aportó a la investigación ni al esclarecimiento integral del atentado. ¿Por qué sería distinto ahora?

Repetir las mismas palabras y acciones no será un aporte para esclarecer el más importante crimen de Estado cometido en democracia. Para ello, es imprescindible cambiar el rumbo. Se trata de comenzar una investigación que, de gobierno en gobierno, se viene negando deliberadamente. O peor aún: se desplaza el objeto de una investigación hacia “el encubrimiento” exclusivamente, como si esto fuera ajeno a los tres Poderes del Estado.

Para no terminar enredados en palabras y comenzar una investigación hay que abrir los archivos y no restringir su acceso manipulando la palabra “desclasificar”, que sólo sirve para impedir su conocimiento.

Abrir los archivos de AMIA es ponerlos en la misma categoría que el Estado dio a archivos de la dictadura y de la guerra de Malvinas, que ya no son un secreto de Estado.

Las medidas que el Presidente dispuso resultan insuficientes y hasta inconducentes a la hora de transparentar la acción del Estado y abandonar la hipocresía que le reprochó a su dirección política.

Para que la palabra recupere su valor, el Presidente tiene una oportunidad que queremos que considere: la de facilitar la formación de una Comisión Investigadora Independiente, una Comisión de la Verdad, integrada por personalidades de diferentes ámbitos de la vida nacional y familiares de las víctimas, con representación parlamentaria, y con acceso irrestricto a los archivos secretos.

“Sin memoria, verdad y justicia la Argentina no se puede poner realmente de pie”. Para ello, es necesario sacarse las máscaras, dejar de poner el atentado al servicio de la política de los aliados y acreedores internacionales y facilitar que se forme una Comisión Investigadora del crimen de la AMIA.

Laura Ginsberg y Pablo Gitter son integrantes de APEMIA (Agrupación Por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA).

 

Comentario (1)

  1. xuxuyoc450

    No cubre ni tres meses la presidencia de AF, sin embargo los ocho años de CFK y otros cuatro más de NK DEMOSTRARON a todos que sí había una preocupación sobre NO ESCLARECER lo que verdaderamente ocurrió en la AMIA y en la Embajada de Israel en Argentina. Los RESULTADOS están a la vista, los que no quisieron aclarar nada son Clarín y todo aquél que prefiere acumular capital malhabido a llegar a la verdad. Una cosa dejó CLARA CFK, a quien le costó una causa traída de los pelos judiciales en absurdas teorías sobre el delito de “traición a la patria”, hacer saber al pueblo que el atentado a la AMIA es un caso de terrorismo en Argentina, de crímenes de ciudadanx argentinxs, y que el ATAQUE a la Embajada de Israel, con 22 muertes y 242 heridos pasaba indiferente para Israel, y del que hasta hoy no hay ninguna causa tratada por el poder judicial argentino, en su mayoría cómplice de los dos actos terroristas. No RECONOCER los intentos y reclamos de NK y CFK, quien intentó renovar, transformar, reformar ese poder judicial con sótanos de la Corte Suprema nacional, en complicidad con el sionismo de Israel, los EEUU y el capitalismo financiero mundial, es un acto totalmente injusto y plagado de claroscuros, como vienen estas intervenciones que no ayudaron nunca a poner los dedos donde habría que ponerlos.

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