AMIA – ATENTADO. Prestigioso periodista de EE.UU. destaca el escándalo de que nunca se haya investigado la participación de policías federales

Gareth Porter es un periodista investigador estadounidense prestigioso, autor de muchos libros, especializado en temas de la llamada “seguridad nacional”. Su último libro, publicado en febrero es The CIA Insider’s Guide to the IranCrisis, en coautoría con John Kiriakou. Con la autoridad moral que me confiere haber denunciado ya en 1997 ante el juez Baltasar Garzón en Madrid la responsabilidad en la ejecución del atentado de policías federales que habían integrado los “grupos de tareas” de la dictadura, me atrevo a anotar (comentar a su término) su trabajo. Por cierto, hace horas publiqué una extensa nota en la que creo haber dejado claro que en los bombazos (porque fueron dos) estuvieron involucrados miembros del Departamento de Explosivos de la Superintendencia de Bomberos de la Policía Federal. Como decía Artigas, “con la verdad no ofendo ni temo”.
Ha pasado mucho tiempo y unos han de haber muerto y otros estar jubilados desde hace mucho tiempo. Me consta, por algunos gestos que han hecho (por ejemplo, de colaboración con la UFI-AMIA post-Nisman cuando esta trabajaba, lo que hace rato ha dejado de hacer) que los actuales jefes de la Federal están deseosos de poner océanos de distancia con esta tremenda historia.Y, por cierto, mi única pretensión es desbaratar ficciones como el supuesto asesinato de Nisman, la existencia de sendas camionetas-bomba en los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA y la supuesta responsabilidad de Irán en los bombazos. Y que los jueces que tienen a su cargo el ridículo juicio contra el antaño delincuente polirubro Carlos Telleldín desistan de condenarlo y ponerle un candado a una mentira tan vieja y deshilachada. A  Telleldín lo único que puede reprochársele es que nunca haya dicho que le entregó la Trafic (que se utilizó como señuelo para desviar la investigación o, según quiérase ver, que se la devolvió) a la sociedad Alejandro Monjo-Policía Federal (como bien dijo “Jaime” Stiuso en el juicio, esa camioneta nunca dejo de estar en su órbita) pero es bueno tener en cuenta que Telleldìn fue inicialmente alojado en Moreno 1417, es decir en manos de lo más granado de la Federal, y que no se trataba de un altruísta que luchaba por la verdad y la justicia sino, simplemente, por preservar su existencia, luego de entender cabalmente que era el Lee Harvey Oswald ideal de esta historia, que había escapado de ese destino por casualidad, y purgar largos años de prisión por un crimen que no cometió.
Me parece importante que añagazas de semejante envergadura no queden en la historia como verdades comprobadas.
Por favor, lean las notas después de la nota. Y si quieren, seguidamente, como yapa o bonus track, la historia del espía Pérez al que se refiere Porter, tal como la publiqué antes que nadie en Caso Nisman: Secretos inconfesables.


Las revelaciones de un ex espía de la policía dan un vuelco a la historia oficial que culpa a Irán del atentado al centro de la comunidad judía de Buenos Aires en 1994, y sugiere el encubrimiento de partícipes de “la guerra sucia” que pueden haber sido los verdaderos responsables, libres de toda culpa.

 

La bomba que explotó en la Asociación Mutual Israelí Argentina (AMIA) de la comunidad judía en el centro de Buenos Aires el 18 de julio de 1994 fue uno de los peores ataques terroristas en el hemisferio occidental previos al 11 de septiembre de 2001, matando a 85 personas e hiriendo a 300.

Por más de un cuarto de siglo, los gobiernos israelíes y estadounidense han culpado a Irán de la matanza, citando como evidencia principal el papel de Teherán como “el mayor promotor de terrorismo del mundo”.

Esta narrativa sigue formando parte de la ofensiva de propaganda contra Irán, y ha sido explotada por la administración de Donald Trump para justificar una campaña de estrangulación económica dirigida a, o bien desestabilizar la República Islámica o alcanzar el cambio de régimen.

Poco después del atentado (1), Estados Unidos e Israel presionaron con fuerza al gobierno argentino para que implicara a Irán. En ese tiempo, no obstante, funcionarios de la embajada en Buenos Aires estaban bien al tanto de que no existía evidencia concreta para apoyar semejante conclusión.

En un cable de agosto de 1994 al Departamento de Estado, el embajador estadounidense James Cheek se jactó de la “campaña estable” que estaba librando la embajada que “mantenía a Irán en el punto que le corresponde”. En un comentario sorprendente a este escritor en 2007, Cheek concedió: “Que yo sepa, nunca hubo evidencia real” de la responsabilidad iraní.

Bill Brencick, el jefe de la sección política de la embajada de 1994 a 1997, también reconoció en una entrevista en 2007 que las insinuaciones estadounidenses sobre la responsabilidad iraní se basaban únicamente en un “muro de presunciones” que carecían “de cualquier evidencia concreta que conectase aquellas presuposiciones en el caso”.

Brencick recordó que él y otros funcionarios reconocieron “suficiente respecto a una comunidad judía [en Buenos Aires] y una historia de antisemitismo en la que los antisemitas locales tenían que considerarse como sospechosos”. Pero esta línea de investigación nunca se condujo a un nivel oficial, probablemente porque contradecía los intereses del estado de seguridad nacional de Estados Unidos, resueltos a imputar a Irán por el atentado.

Sin embargo, una situación dramática amenazaba con darle un vuelco a la narrativa oficial estadounidense-israelí sobre el ataque de la AMIA. En 2014, el público supo que un ex espía de la Policía Federal se había infiltrado en la comunidad judía de Buenos Aires reveló a dos periodistas de investigación que se le había ordenado entregar unos planos del edificio de la AMIA a su oficial superior.

El espía estaba convencido de que los planos del edificio fueron empleados por los verdaderos responsables del atentado. Su revelación estremecedora provocó una serie de artículos en la prensa argentina. (2)

El recuento del ex infiltrado ofreció la primera señal clara de que veteranos antisemitas de la guerra sucia argentina y sus aliados en la policía y el servicio de inteligencia orquestaron la explosión.(3)

Pero el sistema legal argentino -todavía muy influenciado por la agencia de inteligencia que condicionó la investigación oficial para culpar a Irán, y un fiscal cuya carrera se había basado en esa premisa- testarudamente se negó a investigar la versión del ex policía.

Infiltracióń, tortura, conspiraciones antisemitas

 

El ex infiltrado de la polícia, José Alberto Pérez  (foto) creía que los planos del edificio de la AMIA que él le suministró a la Policía Federal fueron usados por aquellos que planificaron el atentado. Supo de su curso de entrenamiento policial en contraterrorismo que ese tipo de planos podían ser herramientas valiosas para la planificación de este tipo de operaciones.

Pérez también estaba convencido de que la bomba fue detonada dentro del edificio, en vez de en el frente, y que había sido colocada en el interior de la sede de la AMIA a través de un espacio entre este y un edificio vecino. Expertos de la Gendarmería Nacional llegaron a la misma conclusión, y la filtraron a Clarín, el tabloide más grande de Argentina, apenas dos días después del atentado. (4)

Pérez también suministró evidencia crucial que indicaba que aquellos que lo habían empleado para espiar a los líderes de la comunidad judía los motivaban las mismas creencias antisemitas que llevaron a la dictadura militar a elegir en especial a judíos para tratos crueles durante la guerra sucia en los años 70: su superior en el caso, a quien sólo conocía como “Laura”, le había dado la orden de averiguar todo lo que pudiera en la comunidad judía sobre el llamado “Plan Andinia”.

De acuerdo al supuesto plan, los inmigrantes judíos y sionistas extranjeros tramaban en secreto tomar el control sobre la vasta región de la Patagonia en el sur del país y crear un estado Judío llamado “Andinia”.

El mito del “Plan Andinia” provino del ascenso del antisemitismo como una fuerza social importante en Argentina durante los 30 y se convirtió en un elemento esencial de la narrativa de la derecha antisemita durante los días del apogeo del dominio militar de la sociedad y la política argentina de los 60, pasando por la “guerra sucia” contra la izquierda en los 70.

Al menos el 12 por ciento de quienes fueron sometidos a interrogación, tortura y asesinanto durante la guerra sucia fueron judíos, de acuerdo a una investigación de la Comisión de Solidaridad con los Familiares de los Desaparecidos, radicada en Barcelona, aunque representen el 1 por ciento de la población. Casi todos fueron interrogados sobre el “Plan Andinia”.(5)

El aguerrido periodista Jacobo Timerman, hijo de padres judíos y cuyo periódico ofrecía una cobertura crítica a la guerra sucia del régimen militar, estuvo entre los detenidos en las prisiones secretas de la junta.

Altri Tempi. Salinas con Jacobo Timerman en el Centro Cultural San Martín a comienzos de los ’90. En el medjo, tapada por el micrófono, Tilda Rabí.

En sus memorias, Timerman recordó cómo se le exigía insistentemente que revelara lo que supiera sobre el “Plan Andinia” durante los interrogatorios extendidos y las sesiones de tortura. Su interrogador se negó a aceptar su respuesta de que todo eso se trataba de pura ficción.

Mientras tanto Israel, que mantuvo con la Junta vínculos políticos y militares fuertes durante toda la guerra sucia, también se mantuvo en silencio a propósito de la detención de periodistas judíos a lo largo de la guerra.

“Iosi” va a la prensa

Por su lado, José Alberto Pérez, quedó arruinado por la culpa de haber posibilitado el atentado terrorista de la AMIA. Se había vuelto una parte integral de la comunidad judía, luego de estudiar hebreo por tres años, casarse con una mujer judía que era la secretaria de un funcionario de la embajada israelí, e incluso asumir la versión judía de su nombre, José. En la comunidad judía era conocido como “Iosi” Pérez.

Mientras caía en la desesperación, Iosi contactó a los periodistas de investigación Miriam Lewin y Horacio Lutzy para pedirles ayuda. Ambos periodistas habían intentado, por tres años, conseguir apoyo extranjero que le concediera asilo al ex espía fuera del país, sin lograrlo.

Mientras tanto, Iosi había grabado en secreto un video con el prominente periodista Gabriel Levinas, donde contaba cuál era su trabajo penetrando la comunidad judía y la petición inusual por los planos. Levinas publicó un video online a principios de julio, 2014, justo antes de la publicación de la segunda edición de su propio libro sobre el atentado de la AMIA, que ahora incorporó la historia de Iosi.

La publicación de ese video hizo que Lewin y Lutzky arreglaran las cosas para que Iosi se incorporara al Programa de Testigos Protegidos argentino. Los dos periodistas también urgieron al fiscal Alberto Nisman, quien había pasado una década acusando a Irán de los atentados, para que se reuniera en persona con Iosi.

Pero de acuerdo a Lewin, Nisman sólo aceptaría hablar con Iosi por teléfono. El fiscal insistió en llevar a tres de sus empleados a entrevistar en persona a Iosi, recordó en una entrevista con The Grayzone, luego firmó una declaración sobre aquella reunión de julio de 2014 como si hubiera estado presente, y “no manifestó interés por interrogarlo de nuevo”. Según Lewin, Iosi ingresó en el Programa de Testigos Protegidos el mismo día de la entrevista.

“Laura”, la oficial superior en el caso, que para ese momento se había retirado, se le libró de las exigencias de confidencialidad habitual del ministerio de seguridad sobre el trabajo de Iosi. Pero ella rechazó su testimonio, de acuerdo a Lewin, alegando que sus informes eran considerados “pobres”. Sus alegatos contrastaban notablemente con los propios informes que obtuvieron fiscales que claramente demostraban que sus hallazgos habían sido evaluados como “excelentes” año tras año.

Lewin le dijo a The Grayzone que ella estaba segura de que Iosi podía haber sido capaz de ofrecer “información sólida sobre la conexión local del atentado”, pero ninguno de los cuatro fiscales que heredaron el caso sin resolver de la AMIA tras la muerte de Nisman estaban dispuestos a continuar siguiendo las pistas que ofrecía.

Lewin se dio cuenta de que varios oficiales de alto nivel de la Policía Federal que pudieran estar involucrados en las decisiones de infiltrar a la comunidad judía y pedir los planos de la sede de la AMIA permanecían activos en 2015. Este hecho ayuda a explicar por qué se dejó que muriera el caso, a pesar de las revelaciones explosivas de Iosi.

La SIDE les cubre las espaldas

Otro factor esencial dentro de la corrupción de la investigación de la AMIA fue el papel que jugó la agencia de inteligencia del estado, la SIDE, en influenciar al investigador principal, el juez Juan José Galeano. No sólo existía una unidad especial dentro de la SIDE con la tarea de supervisar la investigación de Galeano, sino que otra unidad de la agencia operaba directamente dentro de la oficina del propio Galeano, como lo reportó el periodista Sergio Kiernan.

La SIDE procedió a explotar su poder para distraer la atención de los sospechosos, cerrando filas para proteger a su propia gente. (6)

Como reportaron para el diario La Prensa el 28 de noviembre de 1994 Sergio Moreno y Laura Termine, la unidad de la SIDE que manejaba la investigación de la AMIA era famosa por su odio a los judíos. El grupo estaba compuesto por veteranos de la guerra sucia conocidos como el “Grupo Cabildo”, su nombre inspirado en una revista antisemita publicada a principios de los 80 que había republicado un folleto donde se detallaba la conspiración del “Plan Andinia”. (7) 

El jefe del Grupo Cabildo (N. del E.: el coronel retirado Rodolfo Jorge Solís) demandó a Moreno y Termine por etiquetar de antisemita a su unidad. Luego de las quejas de los líderes de la comunidad judía sobre el papel del grupo en la investigación de la AMIA, fue removido del caso; pero no sin antes desviar la atención del público de los líderes de la guerra sucia hacia la presunta conspiración iraní.

La estrategia de relaciones públicas de la SIDE dependía de la teoría sobre la cual el atentado de la AMIA provino de un carro bomba suicida, por lo tanto generando sospechas sobre Irán y su aliado, Hezbolá.

Los servicios de inteligencia alegaron que una van comercial blanca había sido usada en el atentado. Supuestamente su motor fue encontrado dentro de los escombros el 25 de abril, una semana después de la explosión. (8)

El número serial del motor fue rastreado hasta dar con Carlos Alberto Telleldin, un propietario chií de una turbia operación de desarmadero que reconstruía carros averiados para ponerlos a la venta. Telleldín fue acusado de ser cómplice en la trama terrorista y encarcelado por otros cargos. (9)

Pero los archivos oficiales del caso AMIA revelaron que se le había puesto el ojo a Telleldín antes del atentado. Este hecho sorprendente fue detectado por un “investigador privado” contratado por Memoria Activa, la organización de las víctimas de la AMIA. (10)

De acuerdo a un minucioso análisis de la evidencia oficial de Alberto L. Zuppi, fue emitida una petición de la Policía Federal de intervenir el teléfono de Telledin el 25 de abril, al menos cinco días antes del supuesto descubrimiento del motor que condujo a los investigadores a inculpar a Telleldín. (11)

En las semanas a continuación del atentado, aparecieron más evidencias que apuntaban al papel de Telleldín como chivo expiatorio.

En septiembre de 1994, cinco ciudadanos de nacionalidad libanesa fueron detenidos intentando cruzar de Argentina a Paraguay. A través de una serie de filtraciones, la SIDE sembró historias en los medios que sugerían que los sospechosos estaban asociados a una red terrorista.

El mes siguiente, un agente a medio tiempo para la SIDE y ex jefe de un campo de prisioneros famoso por torturar sospechosos durante la guerra sucia, el capitán Héctor Pedro Verguez, comenzó a visitar a Telleldín a prisión.

En cuatro reuniones entre septiembre de 1994 y enero de 1995, Vergez le ofreció al sospechoso encarcelado 1 millón de dólares y su libertad si identificaba a dos de los libaneses que fueron detenidos en Paraguay de haberle comprado la van, de este modo haciendo posible el acusarlos del atentado. Pero Telleldin se negó a mentir, y el plan de la SIDE se descarriló.

No pasó mucho tiempo, no obstante, antes de que la SIDE y Galeano iniciaran su nuevo plan para implicar a dos policías de la provincia de Buenos Aires como los responsables del atentado, patrocinados por Irán. (12)

Recurrir al soborno, información del Mossad y fuentes del MEK para culpar a Irán

 

En su origen una organización guerrillera de izquierda, el MEK se volivó mercenario. Estuvo en las listas de organizaciones terroristas de EEUU y la UE, pero los servicios prestados lograron que se la borrara de ellas.

En julio de 1996, Juan José Galeano visitó en persona a Carlos Telleldín en la cárcel y le ofreció 400 mil dólares para culpar a los dos policías. La escena escandalosa fue registrada en un video que se mostró en la televisión argentina en 1997.

La SIDE estaba activamente involucrada en el encubrimiento de la operación, con el director de la agencia, Hugo Anzorreguy, aprobando un pago directo a la esposa de Telleldín.

El caso contra los dos policías provinciales fue desechado en 2004, pero Galeano y Anzorreguy quedaron impunes por unos 15 años más. No fue hasta que en 2019 fueron sentenciados a pasar tiempo en prisión por su papel en el asunto, subrayando la cultura de impunidad que rodeó a la SIDE.

Cuando el caso Galeano colapsó, Alberto Nisman intentó una nueva narrativa esta vez culpando a Irán del atentado. Para esto, dependía de información suministrada por el Mossad a Jaime Stiuso, funcionario de la SIDE a cargo de tareas de contrainteligencia. (13)

La acusación a siete funcionarios iraníes de Nisman en 2006 por la trama terrorista se apoyó por completo en las acusaciones de miembros de alto nivel del culto en el exilio financiado por Israel y Arabia Saudita, Muahedin-E-Khalq (el MEK).

No sólo los miembros del MEK estaban en posición de ofrecer información confiable sobre una supuesta trama iraní de alto nivel porque habían estado activamente involucrados en una campaña terrorista contra el gobierno islámico colaborando con el para entonces presidente de Irak, Saddam Hussein, seleccionando objetivos en Irán. (14)

El apoyo de Nisman en semejantes fuentes inescrupulosas demostró su aparente determinación por llegar a conclusiones predeterminadas sobre la culpa de Irán. Difícilmente se trataba de una sorpresa, para ese momento, que Nisman ignorara el revelador testimonio de Iosi.

La otra fuente principal de Nisman, Jaime Stiuso de la SIDE, era un famoso manipulador que había pasado años reuniendo grabaciones de políticos argentinos. En 2014, el jefe de inteligencia estaba armando un caso contra la presidente Cristina Fernández de Kirchner por supuestamente conspirar con Irán para eliminar la acusación oficial del país sobre la responsabilidad iraní. Pocos observadores creyeron que la acusación podía sostenerse tras revisarlo a detalle.

En enero de 2015, Nisman fue encontrado muerto en su apartamento con una herida de bala en la cabeza. Aunque los opositores de Kirchner estaban convencidos de que la muerte del fiscal fue el resultado de una trama promovida por el gobierno, un documental reciente detallando las varias investigaciones sobre su muerte, Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía, concluyó que se había suicidado.

Al momento de su muerte. Nisman estaba colaborando de forma directa en una campaña de desinformación que le permitía a la SIDE encubrir las figuras en la sombra del pasado violentamente antisemita de Argentina, y enterrar su probable papel en el atentado de la AMIA. (15)

El testimonio de Iosi debió haber acabado con el secreto sobre el caso, pero Nisman, la SIDE, y la Policía Federal conspiraron para suprimir una investigación seria.

Un cuarto de siglo después del atentado, la impunidad de los verdaderos terroristas de la AMIA continúa.

NOTAS

  1. En realidad, fue de inmediato.
  2. Dos años atrás sus jefes le habían hecho conseguir los planos de la Embajada de Israel, que también resulto volada con una participación clamorosa de policías federales en los prolegómenos del estallido.
  3. Tampoco la pavada. Los policías participantes lo hicieron como mano de obra mercenaria, n fue una iniciativa suya.
  4. La hipótesis de que una de las explosiones se haya producido en un hueco entre el edificio de la mutual y otro contiguo prácticamente no ha tenido ningún lugar en los medios (prometo abordarla próximamente) pero no es cierto que los bomberos la confirmaran. Lo que los bomberos rescatistas le dijeron a periodistas del diario Clarín, que lo publicó el miércoles 20, fue que la bomba (por entonces no se consideraba que hubiera habido más de una) había detonado dentro del volquete.
  5. En un sentido estricto, los judíos son todavía menos que ese 1 % que calculó Cosofam-Barcelona (benemérito grupo en el que participé desde su fundación en los años 70 hasta que regresé a la Argentina). Eso hace todavía más relevante el alto porcentaje de víctimas de origen judío de la dictadura, que se corresponden con el alto porcentaje de militantes políticos y sociales de esa ascendencia, casi sin excepción, no religiosos.
  6. No sólo a su propia gente. Hubo dos grupos que rivalizaban entre sí. Originalmente la investigación estuvo a cargo del sector Contrainteligencia o sector 85, cuyo nº 2 y hombre fuerte era el ingeniero electrónico Antonio Horacio Stiuso, alías “Stiles” pero más conocido como “Jaime”, quien reportaba directamente a los principales “colaterales”, el Mossad y la CIA (en ese orden). Este grupo fue desplazado por el llamado “Sala Patria”, encabezado por el mayor Alejandro Brousson, secundado por Patricio Pfinnen. Aunque presumía de nacionalista, este grupo respondía directamente al secretario Hugo Anzorreguy, quien recibía del presidente Carlos Menem instrucción de allanarse a todo lo que pidieran la CIA, el Mossad y el presidente de la DAIA, Rubén Beraja, Y así fue que se encargo de pagarle al detenido Telleldín 400 mil pesos/dólares de sus fondos reservados para que acusara falsamente a un grupo de policías bonaerenses, acto que precipitaría su ruina y permitiría el regreso triunfal de Stiuso a la jafatura operacional de la SIDE a comienzos de siglo.
  7. Ese grupo informal jamás tuvo a su cargo la investigación del atentado.
  8. Los jefes de los bomberos reconocieron en el juicio haber visto ese pedazo de block de motor en el Departamento de Explosivos de la Federal, en el Departamento Central, sobre la esquina de Avenida Belgrano y Virrey Cevallos el martes 19 y el miércoles 20. Reapareció al anochecer del lunes 25 entre los escombros de la AMIA. Según el acta de hallazgo lo había encontrado el oficial Lopardo, del Departamento de Explosivos. Peo en el juicio Lopardo reconoció -sin ningún perjuicio- que había fraguado el acta y que en realidad ese pedazo de bloc de motor de una camioneta Trafic lo habían encontrado militares israelíes.
  9. Decir que Telleldìn es chiì es tan exagerado como decir que es cristiano, religión en la que fue bautizado por su padre, que no practicaba la caridad mucho que digamos.
  10. Los únicos investigadores privados que facturamos a la AMIA son, que yo sepa, Pedro Brieger, que armó el equipo original, secundado por mi, y yo mismo, que trabajé para el abogado de la AMIA siendo pagado por esta hasta fines de 1997, primero al frente de parte de aquel equipo y luego individualmente. No recuerdo quien descubrió lo que se señala pero no fui yo.
  11. Zuppi, que fue brevemente abogado de Memoria Activa, se distanció de ésta y se fue a vivir a los Estados Unidos, por lo que probablemente haya sido una de las fuentes de Porter.
  12. El numen de este plan fue Carlos Vladimiro Corach, primero Ministro del Interior (del que dependía la Policía Federal) y luego jefe de Gabinete y cerebro gris del presidente Menem. Y su brazo ejecutor la camarista María Luisa “La Piru” Riva Aramayo, que visitó varias veces a Telleldín poniéndolo en una disyuntiva metálica casi de la cual era imposible zafar: plata o plomo. Meter presos a inocentes garantizó la impunidad de los culpables.
  13. Nisman terminó cobrando importantes sumas de dinero de un multimillonario israelí-estadounidense, Sheldon Adelson, el “rey del juego” en Las Vegas, dueño del diario de mayor circulación en Israe, gran aportante a las campañas electorales de Benjamín Netanyahu y Donald Trump, dinero presumiblemente de los servicios secretos israelíes.
  14. En épocas más recientes pistoleros mercenarios del MEK contratados por el Mossad mataron en Irán a varios científicos responsables de su plan nuclear.
  15. Nadie puede negar que la SIDE, como todas los servicios de inteligencia, las fuerzas de seguridad y armadas de la Argentina tengan antecedentes judeófobos, pero la paradoja es que la SIDE, ya sea de buen grado (Stiuso) o por órdenes superiores (la “Sala Patria”) trabajaron en sintonía con los servicios de inteligencia israelíes encubriendo a los autores materiales de los bombazos que, a no dudarlo, fueron judeófobos y debieron consideraron que matar judíos era conciliar el trabajo con el placer.

El infiltrado

A mediados de 2014, el periodista Gabriel Levinas emitió en el programa dominical de Jorge Lanata por Canal 13 un video con una entrevista que le realizó a José Alberto Pérez, un agente secreto de la Policía Federal que estuvo infiltrado en la dirigencia de la colectividad judía durante 14 años, desde 1986 hasta el año 2000, cuando sus jefes, desconfiando de él, lo enviaron a cumplir otras funciones a Paraná.

“Iosi” (diminutivo de José en hebreo), nombre por el que todos lo conocían en la comunidad judía, había terminado por sentirse judío y, presa de angustiantes remordimientos por creer que la información que le había proporcionado a sus superiores (entre otras muchas cosas, los planos del edificio) había servido para volar la AMIA, se pondría en contacto con Horacio Lutzky y Miriam Lewin —entonces reportera de Telenoche—, a quienes les contaría sin ahorrar detalles la historia de su infiltración en la “kehilá”, hasta llegar a secretario de actas de la Organización Sionista Argentina (OSA) e incluso, luego de hacer cursos con expertos israelíes, a jefe de seguridad de la propia AMIA post-atentado, cuando funcionaba en el Centro Cultural Marc Chagall, en la calle Ayacucho al 600.

Dice Iosi en el mencionado video que su infiltración fue tan profunda y exitosa que “yo podría haber sido perfectamente presidente de la OSA. Llegué a un alto nivel dentro de la DAIA porque la persona a la que yo, entre comillas, secundaba, (Jorge) Kirszembaum, llegó después a ser presidente de la DAIA”.

El que el rostro de Iosi Pérez saliera en la hora de mayor audiencia del canal insignia del Grupo Clarín puso en riesgo su vida, precipitando su declaración ante el fiscal Nisman y su ingreso al programa de protección de testigos. Poco después, Miriam Lewin se encontró con el autor en el café que está frente de la Basílica de Santo Domingo y le contó detalles de “la traición” de Levinas, a quien Lutzky y ella habían recurrido en el 2006 para que planteara el caso ante el American Jewish Committee, ocasión que Levinas aprovechó para grabar a sus espaldas aquel video, de cuya existencia se enteraron por Iosi.

“Levinas dijo que lo había grabado en resguardo, por si a Iosi le pasaba algo”, recordó Miriam.

Ocho años después, la preocupación por la suerte de Pérez no evitó que Levinas lo desenmascarara pública e intempestivamente. A comienzos de julio y a instancias de Lutzky, Pérez le contó su historia al fiscal Nisman, que dispuso su ingreso al programa de testigos protegidos. El día 7 Télam informó de ello y de que a lo largo de muchos años Pérez había “reportado en detalle a sus superiores de la Policía las principales actividades, proyectos, ubicaciones y disposiciones de seguridad” de las instituciones judías.

Dos días después, Página/12 agregó que Pérez “admitió haber entregado a sus jefes planos de la mutual antes del atentado” —entre 1992 y 1993—; que el fiscal Nisman ya había presentado la correspondiente denuncia por violación de la ley que prohíbe el espionaje interno, y que la causa estaba en manos del juez Sebastián Ramos.

“Sectores nazis de la propia Policía”

Pérez, informaba la crónica, había estado casado con “la secretaria de un altísimo cargo de la Embajada de Israel”, y tenía la firme sospecha de que el atentado a la AMIA había sido cometido “por sectores nazis de la propia Policía”, si bien también admitía la posibilidad de que la inteligencia de la PFA le hubiera vendido información a los autores materiales del ataque ya que, explicó, le constaba que en Moreno 1417 se vendía la información recopilada y rotulada como “secreto”.

Iosi había llegado a la conclusión de que al menos había habido complicidad policial en el ataque, explicó, a través de un proceso que se inició al comprobar que los dos custodios de la AMIA se habían alejado de la puerta poco antes de las explosiones, proceso que culminó en 1998, cuando ya habían aparecido los libros de Levinas y del autor, lo que le debe haber permitido atar cabos.

Del mismo modo, Iossi dijo que había acompañado el desembarco de los “rescatistas” israelíes (que no llegaron a tiempo para rescatar a nadie) y trabajado con ellos 40 horas seguidas, y que estaba seguro de que el supuesto hallazgo de un trozo de motor por ellos poco antes de marcharse era un bluff, un montaje.

Nueve días después, al cumplirse 20 años del ataque a la AMIA, La Nación y Perfil se hicieron eco de la noticia. En La Nación, Hernán Capiello —–un firme sostenedor de la Historia Oficial que acompañó a Galeano en su descenso para a último momento despegarse de él para seguir haciendo lo mismo con su continuador, Nisman— se apresuró a escribir que “la fiscalía (es decir, Nisman), la AMIA y la DAIA descreen de la posibilidad de que la Policía Federal sea parte de la conexión local”.

Capiello reveló el nombre de la secretaria del cónsul israelí con la que Pérez se había casado en 1993, que para entonces no solo había formado una nueva pareja, sino que tenía dos hijos con ella. En cuanto a Perfil, acompañó su crónica con el video hecho por Levinas ocho años atrás.

En primera persona

“Me llamo José Alberto Pérez. Nací en Flores en 1960. Fui a un colegio estatal, hice la secundaria en un industrial. Soy técnico en Óptica. Entre los años 78 y 80 quise entrar en la Fuerza Aérea, pero para eso debía viajar a Córdoba, y no lo quise hacer. Mi cuñado es de la Policía, y él me metió ahí”, aparece diciendo Iosi en el video. Luego de ingresar a Inteligencia de la PFA, continuó, le habían pedido que escribiera “monografías sobre los grupos terroristas de Medio Oriente que tenían vínculos con los grupos argentinos”, y especialmente una “sobre sionismo”.

“Funcionábamos en el edificio de Moreno y San José. En ese edificio de nueve pisos el 90% del personal revista en Inteligencia, ahora se llama GEOF”, es decir, Grupo Especial de Operaciones Federales. “El Ministerio del Interior tenía conocimiento de las infiltraciones. Dentro del edificio de Moreno funcionan diversos departamentos. El mío respondía directamente al comisario general, que se encuentra con el jefe de Policía e informa sobre el funcionamiento de los distintos departamentos”, siguió narrando.

“Los informes de mi infiltración iban a mi superintendente, que los podía elevar al jefe de la Policía, que podía a su vez informarlo al ministro del Interior. En aquel momento pensé que era el único infiltrado en la comunidad judía. Pero cuando me indicaron que me desinfiltre, tuve la noción de que había más gente. Yo creo que aún hoy tienen informantes dentro”, explicó.

Para infiltrarse, Iosi había estudiado tres años de hebreo y asistido a cursos fingiendo ser un judío que pretendía hacer aliá, es decir vivir al menos una temporada en Israel. De “Laura”, dijo que era su “manipulador” (sic) de la PFA, que solía encontrarse con ella en distintos bares, que por entonces tenía unos 40 años, que se movía con una cobertura (apariencia, ya sea basada en un trabajo real o ficticio) de periodista, y que atendía a varios plumas como él, que tenía 25.

En cuanto a los planos de la AMIA (que se suponía desaparecidos), dijo que había tenido acceso a ellos a fines de 1992 o principios de 1993, cuando se decidió hacer reformas en el edificio, y que le había pasado copia a sus jefes a través de “Laura”.

El hombre más buscado

Miriam Lewin lamentó el momento en que, después de haberse puesto en contacto con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ella y Lutzky pusieron al tanto de la situación a Levinas, sabiendo de sus relaciones con el American Jewish Committee. Habían creído que a este le interesaría que Iosi declarara como testigo protegido, pero que, tras algunos escarceos, a la postre sus directivos no mostraron interés. En cambio, elogió a la ex ministra de Seguridad, Nilda Garré, por haberse preocupado por la seguridad e integridad de Pérez.

Recordó luego que Iosi se infiltró en las instituciones judías imbuido “de la ideología procesista, el Plan Andinia (una supuesta conspiración judía para apoderarse de la Patagonia) y cosas por el estilo, pero terminó tan compenetrado (con el judaísmo) que se enamoró de una chica de la cole y se casó”. Miriam dijo que Iosi era “un capo, (que) se metió donde quiso y como quiso; hablaba perfecto hebreo y tenía un conocimiento profundo de la religión”, pero apuntó que “me llamó mucho la atención su aparente ingenuidad política”. Lutzky coincidió con Miriam (están escribiendo un libro juntos) pero subrayó que “lo más relevante es que, en un gobierno democrático, la Federal envió a alguien a espiar a la comunidad judía”.

El ex director de Nueva Sión dijo que al emitir la entrevista que le había hecho en 2006 “engañándolo, diciéndole que era para su seguridad”, Levinas había convertido a Iosi en “un blanco móvil”.

Tan pronto como sucedió, Lutzky, que también es abogado, llevó a Iosi a declarar ente Nisman. En esa entrevista, Iosi señaló que de acuerdo a la Ley Orgánica de la Policía Federal y decretos-ley secretos de la época de la “Revolución Argentina”, y más precisamente de los generales Juan Carlos Onganía y Roberto Marcelo Levingston, existe un cuerpo auxiliar de Inteligencia cuyos miembros podían desempeñarse incluso en trabajos en el Estado, y que en caso de ser descubiertos los jefes de la Policía Federal podían negarlos, decir que nunca habían trabajado para ellos.

Respecto de los cursos que se daban en el CAPE y que él había recibido dijo que tenían como objetivo “aprender a pensar como el enemigo, y que a pesar de estar en democracia el enemigo seguía siendo el zurdo, el comunista, el que formaba parte de grupos terroristas”. En cuanto a los judíos, dijo que eran considerados “no nacionales”, motivo por el que se le había dado la misión de infiltrarse entre ellos.

“La asignación era ingresar a la comunidad judía (…) ubicar planes secretos que podía tener la comunidad como tomar el sur, tomar el norte, tomar la Argentina con lo que se conoció en la década del 60 como Plan Andinia” o del más antiguo libro mandado a hacer por la policía zarista, Los Protocolos de los sabios de Sión.

Iosi dijo que Ofakim, el grupo universitario de la izquierda sionista, “se estaba diluyendo”, pero que él lo llevó de cinco personas a sesenta, lo que acrecentó su prestigio. “En el año 90, cuando estalló la guerra del Golfo (sic) estábamos a full trabajando con todo lo que tenía que ver con posibles atentados. Ahí todo lo que tiene que ver con el caudal de información que teníamos casi a diario pasaba por ‘Laura’. Según ella, teníamos que prever, tratar de evitar que se produjeran atentados en represalia por la participación argentina en la coalición. Quiero creer que era cierto…”, dijo con una media sonrisa irónica. “Al menos, mi participación siempre fue dirigida a evitar que se produjeran atentados”, agregó, ya con ceño adusto.

Respecto del ataque a la Embajada de Israel recordó que “oficialmente se habla de 29 muertos (*). Yo me acuerdo de haber visto un listado que me mostró Enrique Sinquier (fonético) y que luego se mandó a Israel en el que había más nombres. No sé si se quería (hacer) figurar a gente que no estuvo o hubo verdaderamente más gente… Otra cosa es que se decía que la Embajada no tenía sala de armas, y sí que la tenía”. Iosi dijo que, a su juicio, “hubo un arreglo político” para que la investigación no llegara a buen puerto. “Fijate que las presiones de Israel para el esclarecimiento al poco tiempo de diluyeron”.

Dijo que después del ataque a la AMIA “la presión fue más y yo quería que nos fuéramos de la Argentina. ¿Por qué? Por las cosas que pasaron, por las muchas preguntas sin respuesta que tenía del atentado”.

De los primeros momentos después del ataque Iossi dijo saber que había grupos de policías que “andaban entre los escombros llevándose cosas” y ante una pregunta de Levinas agregó que también pudieron haberlas plantado porque “la camioneta no existió y alguien la puso, alguien la llevó”. Sin embargo, para 1997, sus jefes le dijeron que su infiltración era un riesgo porque “las relaciones carnales” con Israel eran tan profundas “que no querían empañarlas” corriendo el riesgo de que se descubriera que había un infiltrado. “Calculo que ellos no podían determinar mi grado de veracidad en la información que les daba”, comentó.

Miriam dice al respecto que Iosi le contó que a partir de la relación con la que sería su esposa “se puso reticente en cuanto a la provisión de determinadas informaciones. Me dijo que empezó a negar algunas cosas. Por ejemplo, que le pedían el nombre real de una persona que la cana conocía solo por apodo y él decía que no lo sabía y que le era imposible averiguarlo. O que le preguntaban dónde se entrenaban los cuerpos de seguridad de la comunidad, dónde practicaban tiro, y él les decía que en un campo, pero no les daba precisiones de dónde quedaba… En fin, que empezó a dar señales de que no era tan útil, tan eficiente…”.

En cuanto a lo que habían hecho para procurarle seguridad a Iosi y conseguir que su testimonio fuera de utilidad para la causa, Miriam dijo que se puso en contacto con distintas organizaciones comunitarias: “Me sorprendió su total indiferencia. Voy por ejemplo a una organización como el Centro Simón Wiesenthal que si aparece torcida una placa en el cementerio de La Tablada denuncia una acción antisemita… No le parecía grave que la comunidad hubiera estado infiltrada por la Federal. Hablé con el abogado de Memoria Activa, nos entrevistamos con varios legisladores, e incluso las veces que nos pareció generar cierto entusiasmo en nuestros interlocutores, en la segunda reunión comprobábamos que el entusiasmo decaía”.

“Fuimos a todas las organizaciones dónde nos pareció a priori que el tema iba a interesar. Y una por una pasó lo mismo: después de un interés inicial, misteriosamente el interés decaía o nos pedían garantías de que su aporte iba a ser fundamental, cosa que nosotros no podíamos asegurar. Pasaron los años y se nos ocurrió que una vía podía ser el Comité Judío Norteamericano, que suele ser muy influyente, y así fue como lo pusimos al tanto a Levinas, que tenía buenos contactos en él. Levinas se interesó en el tema y yo tuve una reunión con una mujer de la conducción del Comité. Y luego una segunda reunión, ya no con ella sino con un delegado de ella y dos empresarios de la comunidad. Pero no pasó nada”, narró.

“Mi hipótesis —siguió diciendo Miriam Lewin— es que a quienes estaban del lado de los servicios o de la Policía no les interesaba que se revelara la infiltración por motivos obvios, y que a las víctimas y a la comunidad tampoco le interesaba porque apostaban a la convalidación de una hipótesis que geopolíticamente les era más útil. No les interesaba en absoluto investigar la conexión local ni a la Policía Federal, que es la fuerza que más evidentemente estuvo al tanto de los atentados porque en los dos hubo policías que tenían que estar en un determinado lugar y no estuvieron. A mí me cerraba bastante y a Horacio (Lutzky) también que era evidente que había un conocimiento, si no de toda la fuerza, o de la conducción institucional de la fuerza, de algún sector, que sabía lo que iba a ocurrir”.

“La actitud de él (Iosi) fue todo el tiempo de temor, tenía mucho miedo de que lo mataran”, destacó.

Comentario (1)

  1. Eduardo

    El atentado a la Embajada es el más importante para entenderlo todo.
    a) Estuvo dirigido a Menem para terminar de separarlo de todos sus compromisos preelectorales con los grupos sirios ( oficiales y no oficiales ), una vez lanzada la convertibilidad y plan de privatizaciones., y ya producido el giro menemista.
    b) Estuvo dirigido a Rabin para bloquear su plan de Paz x Territorios con Siria.
    Lo que se dice a dos bandas.
    El atentado a la AMIA, sería algo así como aplicar la ley del Talion, una venganza a todo lo anterior.
    Geopolítica, Grandes Negocios, traiciones y odios ancentrales.
    Es la visión que a mí más me cierra, de allí se deducen los autores y tecnologias diferentes en cada caso.

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