AMIA – MEMORIA ACTIVA / 2. “Nisman nos engañó”

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La nota más importante es la anterior, sobre la declaración de ambas -Adriana Reisfeld y Diana Malamud- en el juicio por Encubrimiento, a cuyo término concedieron esta entrevista a Página/12. En esta quedan claros los límites de Memoria Activa, que apuesta todas sus fichas a la improbable hipótesis de que alguiñen se quiebre y cuente por que y cñomo fue volada la mutual judía. Dicen que Nisman las engañó y recuerdan que hacia más de un año (es decir, desde fines de 2013) que venían pidiendo que lo sacaran de la UFI-AMIA puesto que era evidente que no hacía nada. Por fin recuerdan que el actual secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, era un estrecho colaborador del reo Beraja y adelantan que de ningún modo están dispuestas a reunirse con él. JS

Reisfeld y Malamud, familiares de víctimas del atentado a la AMIA

“Son los que supieron todo”

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Banquero Rubén Beraja. Junto con el ex juez Galeano y al ausente Carlos Corach y los fiscales, son el rostro del encubrimiento.

Después de declarar en el juicio por el encubrimiento del atentado a la AMIA, Adriana Reisfeld y Diana Malamud dicen en esta entrevista que los acusados “son parte de la conexión local, son responsables de que hoy no tengamos ni verdad ni justicia”.

 

Por Ailín Bullentini

“¿Por qué?” Adriana Reisfeld y Diana Malamud promediaban los 30 años cuando la explosión de una bomba en la puerta de la sede porteña de la Asociación Mutual Israelita Argentina la dejó sin hermana a la primera y sin esposo a la segunda. No conocían jueces ni fiscales, pero se metieron en los despachos de Juan José Galeano, Eamón Mullen y José Barbaccia; no hablaban la lengua del poder, pero se enfrentaron a la cúpula de las organizaciones de la comunidad judía, con Rubén Beraja a la cabeza, y llegaron hasta la Presidencia de la Nación. Ya desde entonces se preguntaban lo mismo que hoy, a más de 21 años de aquella iniciación forzada en un camino que no van a abandonar, aseguran: “¿Por qué no podemos saber qué pasó, quién puso la bomba ni por qué lo hizo?”. En una entrevista con este diario, coinciden en que el juicio que se está siguiendo contra el Galeano, Mullen, Barbaccia, Beraja, el ex presidente Carlos Menem y varios ex funcionarios de su gobierno, entre otros, es el primer hecho de justicia que pueden llegar a encontrar en más dedos décadas de lucha.

–El jueves pasado las dos declararon como testigos ante el Tribunal Oral Federal N° 2. ¿Qué significó dar testimonio?

Adriana Reisfeld: –Estaba sentada ahí en el estrado y los miraba: Galeano, Barbaccia, Mullen, Telleldín, Beraja…. me puse nerviosa porque tuve la convicción de que eran ellos: son los que desde un primer momento supieron todo, los que nos lo ocultaron, los que no nos dejaron saber y fue un alivio poder decirlo ante los jueces. Siento que me saqué un peso de encima porque hicimos lo que debíamos hacer, lo que nadie podía hacer por nosotras y nosotros. Eramos la voz de lo 85 muertos; fuimos y somos su voz de reclamo. Dijimos lo que necesitábamos: que el encubrimiento pasó, que no fue un invento nuestro. Ellos nos engañaron y ningunearon durante años. Durante 21 años.

Diana Malamud: –Estamos convencidas de que en mucha soledad empujamos para que este juicio se lleve adelante y lo relativo al encubrimiento salga a la luz. Hicimos hincapié en las irregularidades que fueron sucediendo desde el inicio de la causa y de muchas de las cuales fuimos testigo. Nuestro testimonio fue sumamente válido y también creo que desde lo emocional fue un momento importante. Pero también intentamos echar por tierra algo que los acusados tomaron como política desde hace tiempo: el apropiarse del dolor de los familiares para convertirse ellos mismos en víctimas. Nos parece que esa actitud es un nuevo atentado contra las víctimas. Insisten en que son víctimas de una operación política. Por eso, también, nosotros necesitamos desenmascararlos. Porque nosotros sabemos que esta gente no es quien puso la bomba, pero son parte de la conexión local, son responsables de que hoy no tengamos ni verdad ni justicia. Estos tipos eran funcionarios de Estado y tenían la responsabilidad mayúscula de garantizarnos verdad y justicia.

–Diana, usted planteó durante su testimonio que lo que más le importa hoy es que haya condena por el encubrimiento del atentado, ¿más que el esclarecimiento?

D.M.: –Es que si esto se encubrió, cosa que ya está probada por el tribunal anterior (N.de R.: tras dos años de juicio, a comienzos de los 2000, el Tribunal Oral Federal número 3 volvió a foja cero la causa AMIA (no, no volvió del todo a fojas cero porque al día siguiente llamó a una conferencia de prensa para anunciar que la columna verteblar del encubrimiento, esto es la supuesta existencia de una camioneta-bomba tripulada por un chofer suicida, seguía en pie. N. del E.) e imputó a los acusados del juicio en curso por encubrimiento), hay un motivo. Es lo que desconocemos. Queremos saber por qué lo hicieron, un dato que los acusados conocen y nosotros no. Entonces sí, claro que para nosotros es importante saber quién puso la bomba, pero esto que estamos buscando hoy es fundamental para dar ese otro paso. Es fundamental para el esclarecimiento. Y tenemos esperanza de que de esta sala de audiencias salga algo, un dato, que eche luz a la causa principal. Consideramos que estamos ante una posibilidad histórica de que quienes saben mucho y callan, hablen. Si les cabe algo de moral, que digan qué supieron antes del atentado, qué supieron después.

A.R.: –Yo mantengo la esperanza de que alguno se quiebre. Pero para nosotros, el cierre de la masacre de la AMIA sería saber por qué no sabemos qué pasó aún: por qué encubrieron, por qué taparon la conexión local, por qué nos lo ocultaron. Esa es la pregunta que tiene más valor para nosotros. Hoy, pensar en volver a Irán… estamos tan lejos de poder enjuiciar a quien verdaderamente puso la bomba. Tuvimos oportunidad de hacerlo desde el primer día y por culpa de quienes hoy están sentados en el banquillo no pudimos. Entonces, claro que para nosotros es importantísimo este juicio. Incluso a pesar y en contra de quienes no lo consideran así: a veces parece que nos toman el pelo, incluso la Justicia. Se hace un día por semana, cuando el año pasado nos aseguraron que a partir de éste se tomarían dos días a la semana. Ahora nos dicen que en abril agregarán solo media audiencia.

–¿Qué opinan del tratamiento judicial y mediático que se da a la denuncia del fiscal Alberto Nisman en contra de la ex presidenta Cristina Fernández y ex funcionarios de su gobierno por presunto encubrimiento del atentado y del ahora inconstitucional Memorándum de entendimiento con Irán?

A.R.: –Cuando nos propusieron el Memorándum acompañamos porque pensábamos que toda posibilidad de que se abriera alguna puerta era digna de acompañar. Pero la realidad es que nunca existió ese acuerdo porque Irán nunca contestó. Entonces, mientras los políticos y las instituciones de la comunidad judía se mataban con que si se derogaba, si no, si se aceptaba o no, nosotros seguíamos trabajando en el juicio de encubrimiento. Respecto de la denuncia de Nisman, me incomoda hablar del tema realmente. Él nunca nos la mostró. Todo lo que teníamos para decir a él lo hicimos mientras él estaba con vida: un año antes de su fallecimiento pedimos por última vez que lo corrieran de la unidad especializada en AMIA porque no trabajaba. Nisman nos engañó, fue otro más que lo hizo.

D.M.: –Creo que es correr el eje de la atención. Después de 21 años siguen mirando para otro lado. Ahora, parece que todo lo relativo al atentado de la AMIA gira en torno a la causa del fiscal Nisman y su muerte, que por supuesto deben ser investigadas por la Justicia, sin lugar a dudas. No le resto importancia, pero sí considero que se lo sobrevalora en relación con otras cosas, por ejemplo con este juicio. Es una cortina de humo para que no se hable de este juicio.

–¿A quién le importa tender una cortina de humo sobre este juicio?

A.R.: –A la corporación judicial, a la corporación política, que se protegen mutuamente. Escuché a (el senador por Río Negro) Miguel Ángel Picchetto en la radio y recordaba cuando hablaba de nosotros los familiares con un grupo de personas entre las que yo estaba, sin saber que yo era una de esos familiares, y se quejaba de que habíamos pedido la destitución de (el juez federal Claudio) Bonadio. “Ya les entregamos un juez, no les vamos a entregar dos”, decía en referencia a Galeano, que ya había sido destituido.

Nosotros reclamábamos la destitución de Bonadio porque no avanzaba en la causa. Entonces, la corporación judicial y la política trabajan en clave de “hoy por ti, mañana por mí”. Y eso se sostiene hoy en día.

D.M.: –A los encubridores, sentados en el banquillo les interesa que este juicio no tenga difusión, pero también a todo su entorno. Hablamos de ex funcionarios de peso que están siendo juzgados por encubrir un atentado. Enjuiciamos a un ex presidente (Carlos Menem), a un ex jefe de inteligencia (Hugo Anzorreguy), a un ex comisario (Jorge Palacios). Entonces tenían mucho poder y hoy tienen muchos contactos, incluso con el gobierno actual. (José) Barbaccia es muy cercano al gobierno porteño. (El secretario de Derechos Humanos de la Nación, Claudio) Avruj ha sido el director ejecutivo de la DAIA cuando Beraja era su autoridad máxima y sigue vinculado a él.

–¿Qué relación tienen con el Gobierno nacional y la unidad especial de investigación sobre el Atentado a la AMIA?

D.M.: –En una reunión, (el ministro de Justicia, Germán) Garavano nos presentó a (el ex senador Mario) Cimadevilla (a cargo del organismo ejecutivo, con rango de Secretaría). Me parece bien que le hayan dado rango de secretaría. Se comprometieron a aplicar el decreto 812 (N.de R.: el cumplimiento de una serie de cuestiones relacionadas a la responsabilidad que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le endilgó al Estado a propósito de la impunidad del atentado). Pedimos entrevista a Macri, que nos respondió que por problemas de agenda no podía recibirnos y, en su lugar, nos invitó a que nos juntáramos con Avruj. Pero le dijimos que no lo íbamos a hacer. No nos vamos a ver con Avruj.


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