Apartheid en Baires. Proliferan los muros de Macri – La novela El Muro, de Maristella Svampa

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Ayer salió en Página esta nota sobre el apartheid perpetrado impunemente por los clarinetos contra la población de la villa 21. Me resulta insólito que no haya habido hasta ahora alguna organización social (pienso especialmente en las kirchneristas) con actuación en esa villa que no se haya abocado a demoler el muro construido en la más crasa ilegalidad, visto y considerando que el gobierno de Macri se niega a a hacerlo pero que carece de todo argumento para impedir que otros lo hagan.

Y es que el artículo 14º de la Constituciòn Nacional ampara el derecho de “entrar, permanecer,  transitar y salir de territorio argentino”, lo que este muro de 4 metros de altura impide.

¿Qué pasa? ¿También para esto tienen que pedirle permiso a Cristina?

En otras épocas, los muchachos de la Jotapé, ni lerdos ni perezosos, sencillamente lo hubieran dinamitado. Hoy se trata, menos belicosamente, de “deconstruirlo”.

Las relaciones carnales entre Clarin y Macri son harto evidentes por más que Magnetto le haya pegado últimamente un par de coscorrones a Mauri, a quien, en la misma onda que su papá Franco, considera un salame. En  el mismo barrio de Barracas y con el pretexto de que alguien alguna vez desde un coche que transitaba por la autopista Arturo Frondizi (9 de Julio sur) habría disparado contra el edificio que Timerman hizó construir para La (efímera) Razón en los ’80, que después ocupó NCR y ahora Cablevisión, con ese pretexto, digo, una cuadrilla de operarios de AUSA viene cerrando la entrada a la misma sobre Brandsen todos los domingos para colocar cansinamente paneles de chapa que hurten en el edificio (con más precisiòn, los pisos donde laboran sus directivos) de la mirada de los automovilistas y con ellos, de algún hipotético tirador.  Obreros de la misma AUSA que le facilitó estacionamientos gratuitos a Canal 13 y cuyo presidente le acaba de adjudicar el tunel que unirá el metrobús de la Avenida Nueve de Julio con Plaza Constitución a la empresa José Cartellone, vinculada a Macri y presidida por su suegro (del presidente de AUSA), a cambio de más de 127 millones de pesos. Como lo leen, no es un chiste.

Por cierto, los Macri tienen un a larga tradición de apropiadores de espacios públicos, por ejemplo, se han apropiado impunemente de una calle y la han cerrado porque atravesaba sus propiedades en Villa de Mayo, junto a la guarnición de ídem. Alucinante.

Y hablando de muros, de sus escisiones y naturalizaciones, acaba de aparecer la novela El Muro, de la socióloga Maristella Svampa, a quien entrevistó Pablo Chacón. Muy interesante. 


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