Arte y desapariciones. Interesante mirada de un nieto de Ohesterheld

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Hay que llegar al final. Quizá tenga que ver con lo que dice este muchacho lo mucho que me gusta el monumento que está junto al río, debajo de los aviones, en medio de verde y esculturas y en un lugar que, al menos que yo sepa, nunca se mató ni torturó a nadie.  Apto para recordaciones sin lastres.

Arquitectura y dictadura: dos aproximaciones en el BAFICI

RIO NEGRO

En tiempos en que la última dictadura argentina (1976-1983) es debatida con intensidad, el cine se plantea como una herramienta más de pensamiento. Sin embargo, lejos de fórmulas más transitadas, como los documentales testimoniales o de archivo, el BAFICI exhibe dos trabajos de directores nacidos en los 70, Jonathan Perel y Martín Oesterheld, que abordan los años de plomo a través de la observación de ciertos paisajes y edificios.

En el caso de Perel se trata de "17 monumentos", film que forma parte de la competencia argentina del Buenos Aires Festival de Cine Independiente (BAFICI) y en el que el director muestra los 17 monumentos erigidos a lo largo del país en los antiguos centros clandestinos de detención, consistentes en tres pilares en los que se lee "Memoria, verdad y justicia".

Por otro lado, en la sección "Odiseas del espacio" se presenta "La multitud" de Oesterheld, hijo de desaparecidos y nieto del célebre autor de la historieta "El Eternauta" (Héctor Germán Oesterheld, secuestrado en 1977). En el film observa dos proyectos ideados durante gobiernos de facto en la ciudad de Buenos Aires y actualmente abandonados: la Ciudad Deportiva de la Boca, construida en tiempos de Juan Carlos Onganía (1966-1970), e Interama, parque de diversiones inaugurado hacia el final de la última dictadura.

"Lo que tiene un horror como el de la dictadura es que es un desafío para el cine o para cualquier otro arte tratar de registrarlo", dijo a dpa Perel, quien en su primer largometraje, "El predio", también un documental de observación, se internó con su cámara en el predio de la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los más célebres centros clandestinos de detención, convertido actualmente en museo y centro cultural. "Encuentro que en los sitios donde ocurrió el exterminio y la tortura hay alguna huella o fantasma habitándolos que me permite construir una estrategia narrativa saliendo de caminos más transitados".

Por su parte, Oesterheld contó a dpa que le interesaba lograr con su ópera prima "un montaje repetitivo y frontal que generara un tipo de empatía con el espectador que, frente a esas imágenes, está obligado a generar una respuesta, algún recuerdo de tipo emocional en relación a la dictadura". Autos abandonados en los que crecen plantas sin control, montañas rusas en desuso ennegrecidas por el polvo: los predios que muestra Oesterheld parecen la escenografía de una película de ciencia ficción. "Busco generar cierta incomodidad ante lo que creo que es un discurso cerrado sobre la memoria. Esa ciudad que muestro podría ser Buenos Aires o cualquier otra. La mirada es tan extraña, y tiene ese borde tan ficcional, que en un punto es una metáfora de si eso sucedió o no".

La propuesta de Perel es aún más radical: su película consiste en 17 planos fijos, de alrededor de cuatro minutos cada uno, en los que, sin diálogos ni sonido más que el ambiente, muestra los monumentos erigidos frente a antiguos centros clandestinos de detención como Campo de Mayo, en la provincia de Buenos Aires, o la Escuelita de Faimallá, en la provincia de Tucumán.

"Mi película es sobre los 17 monumentos existentes y no sobre los centros clandestinos en sí. Me interesaba una película que sea un viaje por todo el país para dar cuenta de la dimensión de ese plan de exterminio", apuntó Perel. "Quería plantear ciertas preguntas sobre esos monumentos, como por ejemplo: ¿Qué capacidad tienen de hacernos pensar la historia?" Una discusión -la de la utilidad de los monumentos- que, agrega, es muy antigua. "Claro que estoy a favor de que haya una política nacional que identifique los ex centros clandestinos. Pero no me gustan esos monumentos: son figurativos, estáticos, silenciosos, instauran olvido".

"El monumento tiene una cosa de conmemoración, como todo lo que tiene que ver con los homenajes. Pero cuando los homenajes son tantos empiezan a carecer de sentido. ¿Cuál es el homenaje? ¿Hay uno sólo?", reflexionó por su parte Oesterheld, quien en "La multitud" va más allá del registro de esos dos predios abandonados para mostrar la vida que crece a su alrededor, como el Barrio Rodrigo Bueno y la Villa 20, asentamientos humildes surgidos al margen de estos proyectos urbanísticos.

"En lo personal yo soy hijo de desaparecidos y a mí me definió mucho el relato sobre la dictadura en mi infancia. Me crié con mi abuela, en una familia devastada por la dictadura, y notaba que no se podía hablar mucho de que mis familiares habían sido militantes revolucionarios", recordó Oesterheld. "Con el tiempo ese statu quo fue cambiando, y ahí me di cuenta de que la mirada de la opinión pública era una construcción determinada por el contexto histórico y político. La memoria no puede quedar quieta en una foto, hay que ponerla en acción. Un discurso cerrado sobre la memoria es una clausura". (DPA)


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