ATENTADOS: 25 años después, Lejtman y Kollmann vuelven a coincidir

Ayer, incentivados por Carlos Corach, fueron socios en la frustrada tarea de darle credibilidad a las mentiras de Telleldín. Hoy vuelven a coincidir en la ímproba tarea de reponer la presunta responsabilidad del gobierno de Irán como “autor intelectual” e instigador de los atentados –de lo que no hay la menor evidencia– luego de que el Mossad admitiera que no hubo ningún ciudadano iraní que interviniera en la factura del ataque a la DAIA-AMIA. Abajo, la contundente prueba de que tanto el presidente Menem, como su canciller Guido Di Tella y los jefes de la SIDE nunca creyeron que hubiera iraníes involucrados. 

El problema de la mentira es que después no tiene vuelta atrás.

Lula Da Silva

La publicación la semana pasada en el New York Times de un informe del Mossad que en su parte sustancial hace dos afirmaciones, una falsa y otra verdadera, motivó la rápida reacción de dos periodistas, Roman Lejtman y Raúl “Tuni” Kollmann, que se encontraban distanciados. Ambos se pusieron en contacto con el mismo vocero del gobierno de Israel (o aceptaron ser sus voceros) no para cuestionar la falsa sino para relativizar la verdadera.

La afirmación falsa es que no hubo participación de argentinos en la colocación y detonación de los explosivos en la Embajada de Israel y la AMIA. Es sencillamente ridícula en momentos en que la serie Iosi, el espía arrepentido ha dejado claro urbi et orbi la participación de efectivos de la Policía Federal.

Se trata de algo que quienes investigamos los atentados vimos desde un primer momento. Que ya estuvo claro en mi primer libro sobre el tema, AMIA, El atentado. Quienes son los autores y por qué no están presos (Planeta, 1997) y que denucié ese mismo año en Madrid ante el juez Baltasar Garzón.

Puede conjeturarse que la publicación del informe del Mossad ha sido una respuesta a la exitosa serie de Daniel Burman, cuyo guionista es Sebastián Borensztein.

Volveremos sobre este tema.

La segunda afirmación del documento, verídica, es que no hubo ningún ciudadano iraní implicado en la factura de ambos atentados. A admisión de partes, relevo de pruebas.

De esta manera, las acusaciones hechas por el fiscal Natalio Alberto Nisman contra Mohsen Rabbani, un religioso al que hasta ahora se consideraba oficialmente como el cerebro de ambos ataques en el terreno; así como contra los demás diplomáticos iraníes en Buenos Aires en tiempo de los atentados, se tornan papel mojado.

Cualquier observador atento podía presumirlo a partir de que el jefe de contrainteligencia de la SIDE, Antonio Horacio Stiuso, reconoció haber grabado decenas de miles de conversaciones telefónicas de la Embajada de Irán en Buenos Aires y de sus funcionarios por encargo del Mossad en vísperas de los bombazos a la AMIA, la mayoría de ellas en farsi. Stiuso dijo que como no tenía traductores, remitió los casetes a sus mandantes israelíes sin quedarse con copias.

Si en esas conversaciones hubiera habido la menor referencia a algún posible preparativo de un acto terrorista por tenue que fuese, va de suyo, Israel la hubiera difundido,

Ya desde un primer momento, en agosto de 1994, la SIDE inventó -con el concurso de un iraní mercenario, Majid Parvas- una indigesta historia para culpar a Irán y Hezbolá.

Esa historia, auspiciada por el presidente de la DAIA, el banquero Rubén Beraja y refrendada por Estados Unidos (ver afiche), tenía como punto nodal la existencia de un fantasmagórico personaje libanés (o colombiano, según convenga) uno de cuyos nombres sería Salman El Reda, y ha sido oportunamente exhumada por el Mossad a fin de relativizar la contundencia del informe dado a conocer por el NYT.

Es la base de la pretendida nueva “hipótesis” (una “puesta en valor” de aquella patraña) que “el instituto” acaba de lanzar 28 años después.

Un cuento que solo pueden creer gentes más que distraídas, pánfilas.

Y es que las versiones pergeñadas por Parvas era tan pero tan berretas (su eje fue que El Reda era el marido de una hermana de una secretaria de Rabbani) que los interesados en responsabilizar a Irán las dejaron de lado y se concentraron en la figura de Rabbani, un clérigo recientemente nombrado agregado cultural por la embajada de la República Islámica.

Rabbani estaba al frente de la única mezquita chií de la ciudad, At-Tahuid, ubicada en el barrio de Floresta, cuyos feligreses son mayoritariamente argentinos de familias libanesas que suelen simpatizar naturalmente con Hezbolá. Que, por cierto, no se trata de una subterránea organización terrorista, sino del partido más organizado y potente del Líbano, sobre todo en el sur del país, con amplia representación parlamentaria y una amplia red de asistencia social, que en los hechos ha cogobernado en alianza con el presidente catolico, el general Michel Aoun, hasta mediados de mayo pasado.

Hassan Nasrala, lider de Hezbolá (amenzado de muerte por Israel) habla al parlamento libanés.

 

Hezbolá se forjó a partir de 1982 como milicia que resistió la invasión israelí, esa misma que expulsó a la Organización de Liberación de Palestina de Beirut, obligándola a embarcarse hacia Túnez. Encabezó la resistencia y nunca ha reivindicado un ataque fuera de Medio Oriente.

¿De que se acusó a Rabbani? De estar relativamente cerca del estacionamiento en que unos muchachos santelminos vinculados a la Policía Federal dejaron una camioneta Trafic blanca el viernes previo a los bombazos que el lunes demolieron la AMIA.

Sin absolutamente ninguna prueba, la Historia Oficial postuló que esa Trafic, rellena de explosivos, habría impactado contra la puerta de la AMIA y explosionado.

Según la SIDE y los registros de la extinta Movicom (en aquellas épocas en que la telefonía celular estaba en pañales, los aparatos tenían el tamaño de un ladrillo y las antenas estaban espaciadas) aproximadamente a la misma hora en que se había dejado la camioneta y desde las cercanías, Rabbani había llamado a la mezquita.

¿Qué acusación era esa? ¿Qué tiene de raro que un párroco llame a su parroquia o un rabino se comunique con su sinagoga?

Rabbani estaba siendo “caminado” por la SIDE desde el atentado a la Embajada de Israel. Al punto de que su chofer era un espía de “la casa”, Isaac Eduardo García, que, entre otras cosas, había informado a sus jefes que Rabbani había preguntado en noviembre de 1993 el precio de una Trafic usada (sospecho que ese dato fue definitorio para que utilizara esa marca y modelo para plantar la idea de una camioneta-bomba).

En un último intento de justificar las acusaciones que el contubernio entre Israel, la DAIA-AMIA, el ex juez Galeano, el fiscal Nisman y otros funcionarios de nuestra putrefacta justicia federal mantuvieron sobre Rabbani durante casi tres décadas, en la entrevista de marras, Kollmann añade que Rabbani “habló con un teléfono de Hezbollah (?) enseguida después de la explosión”.

Lo cierto es que tan insustancial era la acusación, que la CIA decidió que no había que interrogar a Rabbani (lo que hubiera dejado en evidencia su vacuidad) y le informó a la SIDE que un agente de “la compañía” viajaría a Buenos Aires para ofrecerle dinero a fin de que se fuera del país. Lo que, obviamente, permitiría considerarlo prófugo y seguir acusándolo de haber organizado el ataque.

Lo que la CIA denominó “Operación Cacerola” (ver aquí, aquí y aquí) o bien no se llevó a cabo (Rabbani negó haber recibido una oferta de dinero para abandonar la Argentina), o bien fracasó. Fue el propio presidente Bill Clinton en ocasión de visitar la Argentina en octubre de 1997, quien le pidió al presidente Carlos Menem que impidiera que Rabbani regresara al país. Y habría sido el canciller Guido Di Tella quien, aprovechando que Rabbani pasaba sus vacaciones en Irán, habría llamado a su homólogo persa para pedirle que, por favor, consiguiera que Rabbani no volviera a la Argentina.

Ayer, viernes, en declaraciones a Radio 10 Rabbani confirmó esta noticia, que Pájaro Rojo había dado en exclusiva.

También sabemos que previamente a aquel pedido hubo dos reuniones entre la jefatura de la SIDE (el almirante Juan Carlos Anchézar, subsecretario de Inteligencia) y el embajador de la República Islámica de Irán… y el propio Rabbani. Reuniones cuya transcripción, hecha por la SIDE, deja claro que ni el presidente Menem ni el canciller Di Tella ni el secretario Hugo Anzorreguy creían que Irán tuviera la menor relación con el atentado. Por el contrario, Anchézar buscaba establecer estrechas relaciones con el servicio de inteligencia iraní (Vevak) a fin de prevenir futuros atentados.

Un amplio resumen de esas conversaciones debajo de esta nota.

La reacción

La publicación hace una semana de las principales líneas argumentales del documento del Mossad por el NYT motivó que dos periodistas se precipitaran a entrevistar a un alto funcionario israelí a fin de restituir y refrendar el supuesto papel del gobierno de Irán como instigador y “autor intelectual” de los atentados.

Roman Lejtman, de Infobae, y Raúl “Tuni” Kollmann, de Página 12, trataron de contactarse con el flamante primer ministro Yair Lapid pero debieron conformarse con hacerlo con Lior Haiat, director del Centro Nacional de Diplomacia Pública de Israel, quien estuvo destinado en la embajada en Buenos Aires (¿en el momento del atentado?) “luego fue vocero de la Cancillería y ahora está en la oficina de coordinación de ministerios que depende de la máxima autoridad del poder ejecutivo israelí”, según explocó Kollmann.

Lior Haiat

Lejtman primereó a Kollmann al publicar su entrevista el 24 de julio, mientras Kollman lo hizo el 25, pero en compensación Kollmann había publicado antes, el 23, las principales “revelaciones” del paper del Mossad por el NYT, ocasión en que manifestó su sorpresa porque afirmara tonterías de grueso calibre como que “los explosivos entraron al país en botellas de shampoo y en cajas de chocolate” y se insistiera en “un dato muy poco creíble que ya se barajó antes: que se escondieron en una plaza o parque”, en referencia a Parque Centenario.

En esa primera nota Kollman escribió con justicia que “nada de esto se puede comprobar y parece poco creíble. En el caso de la AMIA se utilizaron 300 kilos de amonal, un fertilizante que seguro no vino del extranjero”, y destacó que le parecía absurdo que se hubieran traído explosivos en botellas de shampoo y cajas de chocolate “habiendo disponibilidad de ese material en el país”, y menos creíble todavía que esos explosivos se hubieran “escondido en un parque o plaza, lugares de acceso público”.

Al titular su entrevista con Haiat, Lejtman, cuya relación directa y habitual con la Embajada de Israel es pública, fue directo: “Israel ratificó que Irán organizó y financió a Hezbollah para ejecutar los ataques terroristas en la Embajada y la AMIA”.

Como si no lo hubiera dejado claro, seguidamente insistió: “Irán preparó, financió y definió que Hezbollah ejecutara los ataques terroristas a la embajada israelí y a la sede de la AMIA en Buenos Aires, ratificó Lior Haiat (…) Irán tuvo conexión con los atentados contra la embajada del Estado de Israel y la AMIA, Irán dio las órdenes, Irán financió los dos atentados, Irán hasta fue quien eligió los blancos de los dos atentados, y autorizó los atentados…”, recalcó como si recitara un mantra o jaculatoria.

Y agregó de su propio coleto que la investigación judicial “tiene suficientes evidencias para probar que Irán es el autor ideológico de los atentados y que Hezbollah actuó como brazo ejecutor en ambos crímenes de lesa humanidad” aunque no  citó ninguna.

Puesto a la labor, el servicial Lejtman también opinó que los dichos de Haiat “desalientan la posibilidad -por parte de Irán y Venezuela- de exigir a la justicia federal que se cierre la causa abierta para investigar la preparación de un presunto acto terrorista con el avión de (la empresa venezolana) Emtrasur que piloteó (el iraní) Ghasemi Ghomareza desde Caracas a Buenos Aires”.

No haré comentario alguno sobre esta frase delirante que parece sugerir que el avión venezolano estaba presto para estrellarse contra la AMIA, el Congreso, la Casa Rosada o váyase a saber qué otro objetivo. Que su autor con su pan se la coma.

La entrevista que le hizo Kollmann a Haiat es mas digna. Le hizo decir que “Israel nunca dijo que Rabbani haya tenido un papel operativo y, segundo, no es lo mismo tener responsabilidad que haber actuado en el terreno”.

Sin embargo, Kollman que desde siempre sostiene la piedra basal del encubrimiento: la presunta existencia de camionetas-bomba en ambos atentados, terminó su nota con su habitual sonsonete: “nunca se supo nada de la ejecución misma del atentado: ni de dónde salieron los explosivos ni quién compró la camioneta luego convertida en vehículo bomba ni dónde se hizo el armado final de la Trafic ni quién la manejó hasta la mutual judía”.

Es decir, el recitado completo del tapón que impide avanzar en las investigaciones, pues no hubo camionetas-bomba en los atentados, solo camionetas-señuelo plantadas por los asesinos para desviar las investigaciones.

Lo que lo convierte a Kollmann, un periodista muy trabajador y que ha cubierto otros temas (por ejemplo, el caso Nisman) de manera casi perfecta, en el encubridor más eficiente.

¿Por qué? No estoy dentro de su mente para entenderlo cabalmente, pero me parece obvio que al igual que Lejtman en última instancia rinde pleitesía y presta servicios a los gobiernos de Israel (y, es cierto, también de Argentina) que –es más que obvio– no desean que se esclarezca quienes cómo y por qué hicieron detonar las bombas.

En verdad, no hay ninguna organización que se planteé investigar hasta llegar a la verdad, por dolorosa que sea. Que Kollman y Lejtman hayan reaccionado casi al unísono al entrevistar al mismo alto funcionario israelí para reponer la supuesta responsabilidad del gobierno de Teheran en los atentados luego de que el Mossad admitiese que no tiene pruebas de la participación de un solo iraní en la preparación y ejecución de los ataques tiene un remoto antecedente que quizá ayude a explicar esta nueva coincidencia.

A mediados de los años 90 ambos, Kollmann y Lejtman, cubrían el tema para un diario Página 12 que estaba controlado por Héctor Magnetto a través de interpósita persona. Entonces, los tres diarios, Clarin, La Nación y Página/12, acordaron con la SIDE de Hugo Anzorreguy (y mas precisamente con su “Sala Patria”) no publicar nada que no surgiera o fuera aprobado por el juzgado de Juan José Galeano, quien casi todas las tardes se reunía con Rubén Beraja para acordar que carnaza abombada se le ofrecería a los periodistas, cosa de mantener entretenido al público.

Gracias a este contubernio, casi desde el primer momento se había conseguido desviar la pesquisa que apuntaba contra miembros del círculo aúlico e incluso familiar del presidente Menem hacia los supuestamente protervos ayatolás iraníes. Faltaba entonces que se quitara la lupa sobre la Policía Federal.

De esa tarea se encargó el “cerebro gris” del gobierno, Carlos Vladimiro Corach. La historia es conocida, tras varios intentos fracasados de emisarios como el asesino serial Héctor Pedro Vergés y la camarista Luisa “La Piru” Riva Aramayo, mediante el pago de 400 mil dólares y otras canonjías, Corach, Galeano, Anzorreguy y Beraja consiguieron que Telleldín acusara falsamente a un grupo de policías bonaerenses encabezados por el comisario Juan José Ribelli, policías que eran delincuentes, si, pero que no tenían nada que ver con los atentados.

Corach y Emir Yoma.

De esta manera, además, se quitó el sambenito de las sospechas del gobierno nacional y se lo pasó al de la provincia de Buenos Aires en una época en la que el gobernador Eduardo Duhalde se había convertido en acérrimo rival del presidente Menem.

La causa fue pues como un cuchillo al que primero se le cambia la hoja y luego el mango, fingiéndose que se trata del mismo cuchillo porque conserva el remache que unía ambas piezas: Carlos Alberto Telleldín. Que aunque la opinión pública lo ignorara, no estaba preso por su supuesta participación en el atentado, sino por otros delitos. Y sometido a una feroz extorsión: plata o plomo.

A propuesta de Corach, el dúo compuesto entonces por Lejtman y Kollmann se prestó a escribir un libro con “la confesión” de Telleldín. El acuerdo consistía en que el prisionero le dictara a su compañero de celda, el falso fiscal Jorge Damonte, el embuste acordado con el juez Galeano (según se ve y escucha en el célebre video que difundió Jorge Lanata) llamado por quienes estaban en la pomada “la causa Brigadas”, y que ambos lo convirtieran en un libro, dándole así crédito y ofreciendo una coartada que pudiera justificar la entrega de los 400 mil dólares de los fondos reservados de la SIDE a la pareja de Telledín, Ana Boragni, algo que parece obvio, no pudo hacerse sin la aprobación de Menem.

La propuesta que llevaron a la Editorial Sudamericana fue, colijo, que ésta aceptara blanquear el pago de los 400 mil dólares, a lo que la entonces dueña de casa, Gloria Rodrigué, se negó de plano, explicando que ni a Gabriel García Márquez se le pagaría un adelanto a cuenta de derechos de autor de cien mil dólares, con lo que nadie creería en un desembolso semejante.

Así lo contó La Nación, cargándole la romana a Telleldín cosa de no escrachar a periodistas que, tal como hacían los propios, participaban del contubernio:

“Cuando Telleldín llevaba un año detenido fue contactado por los periodistas Román Lejtman y Raúl Kolman (sic), quienes le propusieron hace un libro en forma de reportaje. Lejtman se entrevistó con el acusado y éste le entregó, a través de una tercera persona, el manuscrito que le había dictado a Damonte, su compañero de celda. Allí narraba su versión de cómo habían ocurrido los hechos. Telleldín pretendía que el libro fuera publicado y que la editorial Sudamericana le pagara 400.000 dólares por los derechos, lo que fue rechazado de plano.

“En ese ínterin, enviados del gobierno de Carlos Menem le ofrecieron a Lejtman pagar los 400.000 dólares, la mitad de los cuales eran para el acusado y el resto se lo iban a dividir los periodistas, pero ellos rechazaron la oferta” (pueden leer el resto de esta crónica aquí).

Así fue como la maniobra capotó, Lejtman y Kollmann se quedaron sin los 100 mil verdes per capita prometidos e iniciaron caminos divergentes. Lejtman fue claro en sus opciones: trabaja en perfecta sintonía con ambas embajadas y en un medio que lo hace a tal punto que es llamado socarronamente “Infoembas”.

En ambos juicios, el primero y el que se sustanció por el encubrimiento (en el que fueron condenados, entre otros, el juez, los fiscales y los jefes de la SIDE) y con la infinita tolerancia de los jueces (que debatieron largamente si no correspondía detenerlo por su reticencia al declarar) Lejtman se obcecó en calificar a Corach como “mi fuente” negándose a pronunciar su nombre. En el segundo juicio, Kollmann procuró despegarse de Lejtman, cuya servidumbre al encubrimiento llegó al punto de proclamar su supuesta creencia en que Telleldín le había entregado la meneada Trafic a policías bonaerenses, falacia sobre la cual, precisamente se había montado el juicio luego de que una década larga antes el primer proceso hubiera demostrado que eso no era mas que una mentira del extorsionado Telleldín inducida por un gobierno que le había pagado más de 400 mil pesos/dólares a fin de desviar las investigaciones hacia una vía muerta. Ver aquí.

Si quieren analizar las diferencias entre los dichos y balbuceos de Kollmann y Lejtman en ambos juicios, entender su distanciamiento y comprobar como desde fechas tempranas, en 1997, el entonces abogado de la AMIA Luis Dobnieski reconocía sin ambages que no había rastros de la existencia de un chofer suicida y si, muchos, de que la factura del atentado a la AMIA había sido eminentemente local, les recomiendo enfáticamente que lean esto.

Pero el destino ha vuelto a reunir a Kollmann y Letjman, que han acometido casi al unísono la ímproba tarea de mantener en pie las vacuas acusaciones contra Irán y, por supuesto, el timo fraudulento de las camionetas-bomba.

El Mossad afirma ahora, pasadas tres décadas de la explosión en la Embajada de Israel sabe quien fue el chofer suicida… algo que ni siquiera es creído ni defendido por Kollmann. Y es que en 1999, bajo presión de Israel, la Corte Suprema, a cargo de la investigación, dictaminó que el fantasmagórico chofer suicida era… “un argentino converso llamado Abu Yaser”, pero ahora el Mossad aduce que sería  un “libanés que vivía en la Triple frontera llamado Al-Din-Nuer”.

Contra toda evidencia, el Mossad insiste en inventar kamikazes. ¿Por qué lo hace?

 

Pasados 30 años desde aquel bombazo, La Corte Suprema no permite que los investigadores accedan al expediente judicial, en el que se sabe que hay múltiples indicios tanto de que no hubo ninguna camioneta-bomba como que la explosión se produjo adentro del edificio.

Si les interesa, aquí, en Pájaro Rojo, podrán encontrar una serie de nota al respecto. Basta poner “embajada de Israel” en el buscador del sitio (arriba a la derecha).

Es pertinente recordar que el jefe de Seguridad de la embajada, el israelí Roni Gorni, se empecinó desde un primer momento en sostener que el ataque había sido cometido con un vehículo-bomba contra la opinión del jefe de la PFA, comisario Jorge Luis Passero, y de su jefe de Bomberos, quienes afirmaban que era claro que la explosión se había producido en el interior de la legación diplomática; que el jefe del Departamento de Explosivos de la Policía de Tel Aviv, Yacob Levy, que analizó in situ el tema concluyó que a su leal saber y entender  no había existido un vehículo-bomba, y que Israel jamás quiso ser querellante en la causa ni impulsar las investigaciones. Y que una pericia encargada por la Corte a un panel de expertos inobjetables concluyó que la explosión había sido interna… algo que era observable a simple vista ya que los arbolitos de la vereda habían quedado tronchados hacia afuera.

Como vengo diciendo desde fines de los 90: estoy dispuesto a debatir en público con quien quien se preste a defender semejantes embelecos, albóndigas indigeribles preparadas por los asesinos, a saber: la existencia de camionetas-bomba como vectores de explosiones en ambos atentados.

ANEXO DOCUMENTAL: Las amistosas reuniones de la SIDE con el embajador de Irán y el mismísimo Moshen Rabbani

 

Almirante Anchezar

Embajador Sadatifar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conversación entre “HD” (el “Señor 8”, contralmirante Juan Carlos Anchezar, subsecretario de Inteligencia) y el encargado de negocios de Irán (Abdolrahim Sadatifar). Se produce en un lugar abierto, en una de las sedes de la SIDE. Y, tal como resulta evidente, la conversación fue grabada en audio y acaso también en video. De la conversación surge que era la primera vez que ambos hombres estaban frente a frente y se hace referencia a una reunión anterior, en la que Rabbani había acudido al encuentro de Anchezar y otros jerarcas de la SIDE en compañía de Norberto Ceresole (quien sostenía que agentes de servicios secretos de Israel estaban involucrados en los atentados).

HD – Hacelo pasar (ruido de sillas)

HD – ¿Cómo anda el señor Rabbani? Tenemos que comer un día con el señor Rabbani…

Z- Con mucho gusto (Carcajadas de ambos)

HD- Es joven usted. Le doy mi tarjeta…

Z- Gracias. Este edificio es más lindo que el de la Cancillería.

HD- No sé si es más lindo pero si es más cordial.

Z- ¿Cómo está?

HD- Bien, ¿y usted?

Z- Bien, gracias.

HD- Habla bien español.

Z- Más o menos. Hace dos años y medio que estoy acá.

Anchezar le explicó a Sadatifar que anteriormente se había reunido con Rabbani, ante lo cual el agregado, mostrándose muy molesto, le pidió que de aquí en mas no lo salteén y que todo se haga por vía diplomática.

Anchezar le dice a Sadatifar que su jefe, Hugo Anzorreguy, está al tanto de estos contactos que se extienden a sectores de la colectividad chiíta local, y que él le propuso seguir con las reuniones informales “a los efectos de que, ante cualquier problema, conociéndonos, es más fácil intercambiar inquietudes, pedidos, etcétera”. Y remató: “Este es el campo de la inteligencia, no el de las relaciones internacionales”.

“Desde ya –siguió diciendo Anchezar tras una pausa– desarrollamos todos los cursos de investigación (sobre el atentado) de la AMIA y otros episodios como auxiliares de la justicia, pero no somos nosotros quienes determinamos un curso de acción (…) Desgraciadamente, este episodio trágico -según expresiones del doctor Rabbani y también mías- nos afectó a todos. Las hipótesis de nuestras autoridades y demás… corren por cuenta y riesgo de quienes las formulan. Nosotros, como gente de inteligencia, no tenemos un determinismo, una exactitud, una precisión al respecto. Al contrario, nos interesa conocer todas las opiniones”.

Con plena conciencia que lo que decía estaba siendo grabado, ¿Qué más podría decir Anchezar para que su interlocutor entendiera que ni el ni su jefe creían que Irán estuviera involucrado en el atentado?

Por si no hubiera sido suficiente, más adelante, luego de describir los contactos de la SIDE con la comunidad chiíta local y especialmente con la mezquita At Tauid de la calle Felipe Vallese, en Floresta, Anchezar le dijo al virtual embajador iraní que él había acudido a la mezquita en compañía de su esposa para dar una clara señal “de que no había un preconcepto sobre las cosas”, es decir, sobre la supuesta culpabilidad de los chiítas en el ataque. “Se trata de un episodio trágico, pero eso no quiere decir que yo tenga comprada la versión sobre los ciudadanos iraníes”, subrayó, por si subsistiera alguna duda.

Sadatifar comentó que la posición de la SIDE le parecía “razonable” y que, si, también él creía que los servicios de inteligencia de ambos países deberían estar en contacto. A lo que Anchezar propuso “una relación que deberíamos formalizarla, porque –repitió– nosotros tenemos relación con todos los servicios de inteligencia del mundo”.

Sadatifar concedió que se trata de “un tema de todos los campos, del terrorismo, del narcotráfico, etc.”. Y expresó que “Irán tiene mucha experiencia, especialmente en lo que hace al terrorismo. Usted tal vez recuerde que hemos perdido mucha gente, altos funcionarios, incluso presidentes y primeros ministros y muchos diputados (en atentados terroristas) pero ahora nuestro servicio secreto tiene mucha experiencia y nos parece positivo que ambas organizaciones pueden intercambiar experiencias”

“Este no es el campo de la política internacional, que está en muy buenas manos, las de la gente de la Cancillería que es muy amiga nuestra. Ellos también están trabajando y en lo que a mi concierne y hablando francamente no puedo permitir que las relaciones que tenemos se perjudiquen”, insistió Anchezar.

Sadatifar dijo por su parte que en sus reportes a Teherán trata de explicar la complejidad de la política argentina a fin de que su gobierno no tome decisiones “muy ofensivas” contra Argentina.

Antes de las despedidas, Anchezar dijo que “yo al doctor Ceresole no lo conocía, lo conocí en compañía del doctor Rabbani” a lo que Sadatifar replicó que Rabbani le había informado que Ceresole había acudido al encuentro en compañía de Anchezar.

“No, no, al señor Ceresole yo lo conocí con el doctor Rabbani en la misma reunión, nunca lo había visto antes”, insistió Anchezar. “¿En la misma reunión? insistió Sadatifar. “En la misma reunión”, ratificó Anchezar.

“Se produce un largo silencio” consignó quien transcribió el audio. Es evidente que Sadatifar se consideraba engañado por Rabbani.

“Sabía de su existencia (de Ceresole), de su trabajo periodístico e intelectual, pero no lo conocía, no había tenido un contacto con él”, ratificó Anchezar. Y como Sadatifar permaneció en silencio, agregó: “No sé si esto le aclara o le confunde más las cosas”.

“Se escucha una risita nerviosa”, consignó el transcriptor.

“Ahora vamos a tener una guerra con el señor Rabbani”, dijo por fin Sadatifar.

“No, no…”, balbuceó Anchezar.

“Es un hombre que quiere demostrar que es activo en Argentina”, soltó Sadatifar como pensando en voz alta.

“No quiero que lo pongamos a él en una situación incómoda…”, expresó el contralmirante. Y agregó: “El tema es así: un señor que lo conoce a Ceresole me dijo a mi si no había algún inconveniente para que participara en una reunión con el señor Rabbani. A lo cual yo le dije que en absoluto, y le pregunté a mis superiores, que me dieron su aprobación…  Ese el punto que a usted le interesa ¿verdad?”.

“No, el primer punto, muy interesante para mi, es que Rabbani me dijo que el señor almirante (es decir, Anchezar) le había pedido que me trasmitiera los saludos de Anzorreguy. El segundo punto es que usted me reconoce que se debate en el gabinete (de ministros) la necesidad de cambiar la figura (la imagen) de Irán. Me parece muy importante para Irán…”.

Lo interrumpe Anchezar. “Muy importante. Ojalá yo pudiera decirle más, pero sería tomarme atribuciones que no me han dado. Que el señor Rabbani diga que mejora el contacto a través de la figura (de Ceresole)… es otra cosa.

(Risas de ambos, que luego se despiden).

Como puede apreciarse, los jefes de la SIDE, así como el canciller Guido Di Tella, no creían para nada en la culpabilidad de Irán y Hezbolá sino que luchaban por preservar las relaciones diplomáticas entre ambos países (y entablarlas y fortalecerlas entre sus respectivos servicios de inteligencia) que, aunque se habían reducido al mínimo, jamás se habían cortado gracias a la férrea oposición a ello de Di Tella, Anzorreguy, y el ministro de Economía, Domingo Felipe Cavallo.

Del audio de esta reunión en la que Anchezar y Sadatifar propusieron nuevos encuentros informales con pistachos y caviar iraní de por medio, se desprende que había profundas desinteligencias entre Rabbani y Sadatifar, y que Norberto Ceresole tenía tan buenos contactos con Rabbani como con la SIDE.

La otra reunión de la que se tiene constancia: 

 

Moshen Rabbani entonces

 

Fue una amable Charla entre Anchezar, Rabbani y Sadatifar, a la que se incorporó el ex diputado peronista Luis Sobrino Aranda, quien había sido o quizá siguiera siendo un veterano agente del Servicio de Inteligencia Naval (SIN), por lo que puede presumirse que de ello provenía su estrecha relación con el almirante. En el pasado, ambos habían reportado al almirante Massera.

Anchezar aclaró de movida que la reunión se hacia con autorización de sus dos superiores, vale decir del presidente Menem y del secretario Anzorreguy. Dejó claro que no cree que Irán esté involucrado en el atentado a la AMIA y habló de “los nubarrones que tenemos que disipar, que no sé si son justificados, pero son reales, porque la Argentina sufrió este episodio trágico ¿no? Y eso generó una serie de corrientes y de opiniones”.

Al parecer el marino juzgó por la cara de sus interlocutores que lo que había dicho no era suficiente, porque agregó: “Como yo ya hablé con el señor Rabbani, muchas veces estamos viviendo en una plena democracia y los medios de comunicación tienen entera libertad para expresar las hipótesis que sean…. Acá el doctor (dice, en relación a Sobrino Aranda) no me puede desmentir porque él también usa ese ejercicio de la libertad (en alusión al programa de radio que Sobrino Aranda tenía con Guillermo Patricio Kelly, otro “auspiciado” por la SIDE menemista… y, sin duda, por servicios de inteligencia extranjeros, en primer lugar por el Mossad, de lo que se jactabal).

Anchezar propuso institucionalizar de una buena vez las relaciones entre la SIDE y el VEVAK (Ministerio de Información y Seguridad) iraní. “El problema empieza cuando no hay líneas de comunicación, por lo que puede haber, por un lado, suspicacias, y por otro, sensibilidad provocada por esas suspicacias, pero el dato concreto es que el espíritu de mi gobierno, de mi superior inmediato, es de total apertura, de tener la posibilidad del diálogo, de modo de que cualquier inconveniente pueda ser canalizado”.

Más adelante y luego de una intervención de un Rabbani indignado por el tratamiento que los grandes medios daban al tema del atentado a la AMIA, Anchezar dijo:

“Ustedes coincidirán conmigo que han pasado dos episodios suficientemente graves como para que no estemos corriendo detrás de fantasmas. La ciudadanía, la parte política del país, está sensibilizada por estos dos episodios -y en particular por el segundo- que no fueron esclarecidos. Lejos de pensar yo en alguna imputación, al no estar nada cerrado, ello conspira (…) incluso en la prensa, en los medios. Convengamos que en una sociedad de mercado éste modela las actitudes de la gente, y lo sucedido en la AMIA ha sido lo suficientemente grave como para que la prensa compre este tema (…) de ahí que cualquier interés que no sea cierto, prende. Porque el tema prende… Yo comprendo lo que usted dice y me hago cargo, lo veo racional. Ahora tenemos (por delante) una tarea de reconstrucción. Sería un ignorante si le dijera que Argentina quiere estratégicamente olvidarse de que Irán existe. Sería una torpeza de mi parte decir tal cosa como no sería feliz de parte de ustedes decir que a Irán no le interesa la Argentina. Tenemos intereses en común, y creo que el camino es, ante todo, que si algo molesta, decirlo. Es un ofrecimiento. Si tengo alguna dificultad, hay que expresarla.  Y que hay dificultades… las hay, y todos los días”.

Anchezar habló mucho en esta reunión, siempre zalamero e insistiendo en la importancia de establecer e institucionalizar relaciones entre los servicios de inteligencia de ambos países.

En un momento, Sadatifar recordó que un mes atrás, Di Tella habría dicho que había “dos opiniones sobre Irán, una la de Estados Unidos que dice que todos los países no deben tener ninguna relación política ni diplomática con Irán,y la de otros países, como los de la Unión Europea que sostienen que debemos continuar nuestro diálogo con Irán, y que Argentina optó por esta posición”.

Rabbani dice que está por viajar a Teherán (nunca volverá a la Argentina) y Sadatifar propuso la firma de un Tratado de Paz entre ambas naciones.

A su turno, Anchezar propuso aprovechar el viaje del doctor Rabbani “para completar el tema (…)  Precisamos nutrirnos con la información que ya tengan”, dijo, y explicó que “el conflicto de Medio Oriente es lo suficientemente complejo (…) que si nosotros pudiéramos recibir de irán adelantos de una problemática que nos pudiera rozar, de una amenaza… esto despejaría los nubarrones totalmente…”.

Todo indica que, si bien no sospechaba de Irán, Anchezar y sus jefes si lo hacían, y vehementemente, de otro “jugador” de Medio Oriente.

Más adelante, Sobrino Aranda se empeñó en aclarar aún más la propuesta de la SIDE. Dirigiéndose a Rabbani le sugirió que aprovechara su inminente viaje para garantizar que “la inteligencia argentina se enganche con la inteligencia iraní para tener intercambios directos” lo que haría “desaparecer una serie de cosas” y disipar falsas informaciones. “Usted tiene la oportunidad de anudar las relaciones entre ambos servicios” a fin de garantizar el recíproco intercambio de informaciones, de modo que “el mosaico y el rompecabezas se irá armando”.

Rabbani le respondió, entre otras cosas, que “algunos grupos que no pienso nombrar tienen intenciones malas para nuestros países y son ellos los que han hecho los atentados seguramente porque sirve para atacar a Irán”.

El transcriptor puntualiza que no entiende lo que dice Rabbani: “no se escucha con precisión (…) Rabbani parece alterarse, confunde las palabras a decir, se pierde mucho la semántica de la oración…”. Sin embargo si transcribió que Rabbani subrayó que el atentado se había producido escasos minutos antes de las 10, y que a las 10.30 Estados Unidos proclamó la presunta autoría de Irán. “¿Cómo puede ser que desde Washington a la media hora tuvieran más información que ustedes”, ironizó.

 

Comentarios (2)

  1. Mariano Quiroga

    Excelente Juan, como siempre!!! Espero que podamos evitar que se silencie tu voz

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  2. Susana

    A pesar de los encontronazos con tu socia hace algunos años, cuya limitada comprensión de texto malinterpretó todo lo que yo decía sobre Ahmadinejad-aclaro que recibo, como periodista especializada en Política Internacional, respetuosos saludos e informaciones por parte de la Embajada de la República de Irán y me pareció interesantísima esa memorable entrevista del periodista yanky de ABC al talentoso ex presidente iraní, a quien califico así por sus respuestas-, me pareció muy atinada tu nueva intervención sobre el culebrón AMIA. Y entiéndase que digo “culebrón” excluyendo absolutamente a las víctimas de ese “raro atentado”. Mi mención así es al manoseo indignante que del mismo han hecho el sionismo vernáculo y extranjero. Al que sin dudar se han plegado dos personajes patéticos como Raúl Kollman e Irina Hauser. En el ya lamentable “Minuto 1” del Gato Sylvestre, cuando ocurrió el atentado en el año 2020 en el puerto de Beirut, Pedro Brieger estaba haciendo un análisis correctísimo sobre “los sospechosos de siempre”. El Gato iba a agregar algo y la Hauser, que estaba allí para parlotear sobre otro tema, lo interrumpió para decir con gran vehemencia que “Hezbollah era la autora y que era una organización terrorista”.
    Bueno. No hemos de olvidar que el primer viajecito de Alberto Fernández fue a Territorios Ocupados Palestinos.
    -¿En qué te puedo ayudar?-cuenta el sojero menemista Felipe Solá, por entonces canciller, que le dijo el genocida Netanyahu a Alberto, en una velada íntima entre el criminal, su corrupta esposa, Fabiola y obviamente el presidente argentino.
    Tampoco las presiones sobre nuevas definiciones de antisemitismo, plasmadas en ese engrendro denominado IRHA. Y es imposible dejar de lado el agradecimiento del embajador en Argentina de la tierras usurpadas, al igual que por parte de DAIA y AMIA, que Alberto deje vigente que su gobierno considere “organización terrorista” a Hezbollah.
    Lo demás: ya lo has explicado mil veces. Y me parece perfecto que lo reflotes cada vez que aparecen estas mentiras repugnantes.
    Tranquilo. La gente no come vidrio. Bah…como sigan así las cosas, ni tierra comerá. Pero eso es otro tema. Aunque siempre relacionado con el Poder Financiero. Que ya sabemos en qué manos está.
    Saludos Cordiales

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