ATENTADOS. Hubo sionistas de ultraderecha involucrados y hay sionistas pretendidamente progres que los encubren

Hay peleas que uno se ve obligado a dar porque el silencio puede ser considerado aceptación de que quien te calumnia e insulta alguna razón ha de tener. Hay peleas que uno libra a desgana, obligado por las circunstancias, sabiendo que es gastar pólvora en chimangos, en momentos en que la Patria Grande arde.

Ingresé a la Causa AMIA y por extensión a la del anterior atentado a la Embajada de Israel de la mano de Pedro Brieger y al servicio de la propia mutual judía agredida. Y fue así, investigando para ella como descubrí (descubrimos, porque entonces éramos un equipo) que adentro del edificio demolido, en las oficinas de la DAIA, funcionaba un grupo dedicado a labores de inteligencia. Y años más tarde, ya disuelto aquel equipo, que agentes de inteligencia israelíes habían sido cómplices de los asesinos al desviar en ambos casos las investigaciones detrás de supuestas camionetas-bomba que nunca tuvieron existencia física en las calles Arroyo y Pasteur; camionetas que solo existieron como fantasmáticos (pero imprescindibles) señuelos a fin de enviar a los investigadores a una vía muerta, un callejón sin salida. Deschave éste que, como era de esperarse, me valió el odio eterno de la derecha sionista, racista y terrorista. Lo que no esperaba es la puñalada trapera de quienes se presentan como interesados en identificar a los asesinos de más de cien personas y someterlos a juicio, y en realidad practican una nueva, enésima, sofisticada forma de encubrirlos. Pagué y estoy dispuesto a seguir pagando un alto precio por haberme metido en esa trama hedionda. A estas alturas de la soireé, no me voy a arredrar. JS

No fueron autoatentados, pero si ataques de falsa bandera

Horacio Lutzky (a la izquierda) junto a dos amigos comunes, Sergio Burstein y Larry Levy.

Horacio Lutzky es periodista y fue director del quincenario Nueva Sión en el que publiqué numerosas notas referidas a los atentados y sus presuntos autores. Es, también, abogado especializado en marcas y patentes. Ha publicado en su blog una nota que pretende vincularme nada menos que con el nacionalsocialismo, Un pájaro y un nido de nazis, nota que ha sido replicada por otros medios sionistas. La inició con una crasa mentira: que en mi último libro La infAMIA elaboré una “nueva tesis” que sostendría “que el atentado a la AMIA fue realizado por israelíes que contaron con la complicidad de empleados judíos y otros miembros de la mutual”. Agregó que yo afirmo que (algunos de éstos) fueron “avisados para que faltaran ese día”, asunto al que me referiré más adelante, y cerró el círculo de infundios al decir que lo difamo y que esparzo sospechas sobre su persona, acusación que me sorprende y dispara variadas conjeturas pues nunca me metí con él (al revés: siempre encomié que fuera uno de los escasísimos militantes enrolados explícitamente en el sionismo interesado en los atentados) y sólo critiqué su pretendida “novela” La explosión, en la que reconoce que en la voladura de la mutual judía no intervino ninguna camioneta-bomba pero, aun así, se obstina en responsabilizar a Hezbolá e Irán.

Luego, Lutzky me critica por citar al finado Norberto Ceresole (que fue profesor de la Academia de Ciencias de la URSS y al que la dictadura acusaba de integrar el ERP-22 de Agosto) de “neonazi”. Me acusa tambien de citar también a José Petrosino, investigador amateur de los atentados que hizo importantes contribuciones para dilucidar su mecánica, particularmente en lo que hace al primero. Objeta que le haya prestado atención a causa de sus opiniones antisemitas y antikirchneristas pero no puede ni podrá citar alguna oportunidad en que yo las haya compartido.

Petrosino es lo que habitualmente se llama un “antisemita vulgar”, también, desgraciadamente, puede acusársele de “negacionista” (porque se entretiene en negar que los judíos muertos en la Shoá hayan sido seis millones y los desaparecidos en la Argentina 30 mil) pero Lutzky, en su ánimo de distraer a los lectores del tema principal: quienes, cómo y por qué perpetraron los atentados, en el colmo de la hipérbole, lo califica como “un emulador del führer”. Como si Petrosino, un ferretero jubilado de Luján con sobrados motivos para detestar a las multinacionales estadounidenses, nacionalista y cultor de nuestro folclór, fuese un organizador de pogromos.

A continuación miente nuevamente al acusarme de haber intentado publicar un libro con él.*

Es verdad que Petrosino afirma que las voladuras de la Embajada de Israel y la AMIA fueron autoatentados, pero en este punto siempre discrepé con él y nunca me moví un milímetro de lo que vengo sosteniendo desde hace un cuarto de siglo: que los bombazos tuvieron como objetivo a la DAIA y estuvieron básicamente motivados en incumplimientos y “mexicaneadas” en el lavado del producto del tráfico de armas hacia Bosnia y de cocaína colombiana a Italia; fueron organizados desde el entorno del entonces presidente Carlos Menem y ejecutados por una banda de policías federales cuyos origenes pueden rastrearse hasta los “grupos de tareas” de la dictadura, posiblemente con el auxilio de algunos ex militares carapintadas.

Esto lo sostuve a lo largo de cuatro libros**. Los tres últimos, que reivindico plenamente, son Narcos, banqueros y criminales, Caso Nisman: Secretos inconfesables, y La infAMIA.

Lo nuevo que abordé en los dos últimos es el descubrimiento de que los bombazos contaron con la colaboración activa de agentes de inteligencia israelíes opuestos a la determinación del primer ministro Isaac Rabin de llegar a un acuerdo de paz con Siria.

Cuando yo les expliqué a Lutzy y a Jorge Elbaum que de ninguna manera sostenía la hipótesis de los autoatentados, insólitamente Elbaum (que había elogiado públicamente a Caso Nisman: Secretos inconfesables, en una cena de la agrupacion Oesterheld que lidera Martín García, y que me elogió a mi en varias oportunidades… hasta que lo puse en evidencia) retrucó insólitamente que si habían estado involucrados agentes de inteligencia israelíes, habían sido autoatentados.

Vale decir, afirmaron enfáticamente aquello de lo que me habían acusado y que yo negué. Definición esta, la de “autoatentados” que, insisto, no comparto (las autoridades de entonces de la AMIA, laboristas, y el gobierno del primer ministro Rabin no sólo no tuvieron nada que ver sino que fueron víctimas) aunque si me parece obvio que los asesinos dispusieron todo para echar las culpas sobre Irán a pesar de que no sólo no hay pruebas de la participación del gobierno de ese país en los atentados, sino tan siquiera de algún ciudadano iraní. Por lo que bien puede decirse que ambos ataques fueron “atentados de falsa bandera”.

Lutzky no quiere debatir lo único verdaderamente importante. En su afán de distraer acusa a Petrosino de una enorme variedad de cosas que no vienen a cuento (entre ellas de insultar a Pablo Jacoby –que fue mi abogado– y a mi amigo Sergio Burnstein), y de tener opiniones que siempre rechacé. Pero eso ¿qué tiene que ver? Baste recordar que las actas de la audiencia convocada por la Corte Suprema para que los expertos en explosivos confrontaran sus diferentes posiciones acerca de como había sido dinamitada la Embajada de Israel, actas que fueron luego puestas bajo siete llaves en celoso secreto porque dejan en evidencia que se trató de una explosión interna… fueron publicadas… por los neonazis de Alejandro Biondini, a quienes se debe su conocimiento.

¿Y con eso? ¿Qué? Si diluvia y un supuesto demócrata dice que no hay nubes en el cielo y un nazi que llueve ¿debemos salir a apoyar al supuesto demócrata?

Lutzky transgrede todos los límites de la decencia cuando, luego de señalar que Petrosino siempre negó la participación de efectivos de la PFA en los atentados, dice de mi que soy su “compañero de ruta” obviando que hace un cuarto de siglo que vengo señalando incansablemente esa participación. Lo que él, a pesar de haber denunciado el protagonismo de vastos sectores de la PFA en el encubrimiento, nunca se atrevió a hacer.

De la misma, aviesa manera, recuerda las muchas críticas de Petrosino a Néstor y Cristina, cuando yo desde siempre me he identificado públicamente con el peronismo k (lo que él nunca hizo).

En síntesis: Lutzky me calumnia e insulta con un único propósito: difuminar y negar la complicidad de la derecha sionista con los atentados a fin de boicotear la consumación de los planes de paz con Siria de un primer ministro, Isaac Rabin, al que pronto habría de asesinar.

Al mismo tiempo soslaya cualquier referencia a lo inexplicable: que en una Embajada de Israel que bullía de gente en la mañana del aciago martes 17 de marzo de 1992, el bombazo que la demolió pasado el mediodía solo haya matado a cuatro (4) israelíes, y entre ellos a ningún diplomático de rango alto. Y que en la mañana del lunes 18 de julio de 1994, los dirigentes de la DAIA, la AMIA y la OSA estuvieran en Radio Jai, emisora inocultablemente vinculada a los servicios de intligencia israelíes, a la que habían sido atraidos con un futil pretexto, de modo que cuando explotaron las bombas, minutos antes de las 10, a media mañana, ninguno de ellos estaba en sus oficinas.

El sabrá por qué lo hace.

Notas

  • La Editorial B, que ya había publicado Ultramar Sur por indicación de Rogelio García Lupo (libro que fue presentado en el Museo del Holocausto de la calle Montevideo) me contactó a través de Silvia Itkin y me propuso escribir un libro sobre el Caso Nisman. Firmé un contrato y cobré un adelanto. Ese contrato (en el que no hace falta aclarar jamás figuró Petrosino ni ninguna otra persona) fue rescindido de común acuerdo porque yo tardé mas en escribirlo que lo que la editorial (que pretendía un instant-book) deseaba, y porque en el interín, la editorial publicó un libro sobre el mismo tema, escrito por el extorsionador Daniel Santoro, individuo al que desprecio y en cuyas antípodas espero encontrarme siempre. Por fin, publiqué el libro que estaba escribiendo, Caso Nisman: Secretos inconfesables, en la editorial Punto de Encuentro.

** En mi primer libro (fallido porque no llegué a impugnar la falsa hipótesis de la camioneta -bomba ni la falsa pista –llamada “Brigadas”– que acusó y llevó a la cárcel a policías bonaerenses que nada tenían que ver con los bombazos) publicado por Planeta en 1997 con el titulo AMIA. El atentado. Quienes son los autores y por qué no están presos, demostré con documentos encontrados entre los escombros arrojados en la Costanera norte que en las oficinas de la DAIA y más precisamente en el mismo lugar en el que se reunía el Grupo Testimonio, había funcionado un equipo de inteligencia que reportaba a Tel Aviv. La DAIA me envio tres telegramas amenazando con querellarme, pero tan pronto (siguiendo un sabio consejo de Pablo Jacoby) dije al ser entrevistado por una radio que si me seguian jorobando me pondria a ventilar el papel que había desempeñado la DAIA en el encubrimiento, sus voceros se llamaron a silencio. Pasaron 22 años desde entonces y nunca nadie me desdijo.

Comentarios (9)

  1. Hector Luis

    lOS QUE IMAGINABAMOS ABSOLUTAMENTE CIERTO ESTRATEGIA DE CONFUSION ATAQUE SIMULADO POR AUTORES QUE NO FUERON EL INSTITUTO SUELE HACER ESTE TIPO DE JUGADAS NO ES NOVEDOSO NI RARO MAS BIEN COMUN

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  2. Oscae Abudara Bini

    Juan magnífico aporte, gracias por tu lucha. Una consulta sobre el Ingeniero José Petrosino. Dónde dijo que acá hubob” autoatentado”. Y quién y con qué criterio decís que el Ingeniero Petrosino es investigador “amateur”. Quíenes serían los investigadores no amateur o profesionales a tu criterio. Gracias de antemano por tu respuesta. Dr Oscar Abudara Bini. Coordinador Observatorio de Terrorismo Comparado desde 2006. Anfitrión de James Fetzer, Giulietto Chiesa y Thierry Meyssan en Argentina

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    1. Juan José Salinas (Publicaciones Autor)

      Petrosino sostiene la hipótesis de que los atentados fueron organizados y ejecutados por el eje del mal que constituyen los servicios secretos de Israel y Estados Unidos, sin intervención de la PFA, ni de ciudadanos argentinos y/o sirios. Lo de “amateur” es un elogio puesto que se lo ataca ahora por estar supuestamente al servicio de Irán y me parece harto evidente que pasó largos años investigando el tema sin que nadie le pagara por ello. Yo no era amateur, al menos en los inicios de la investigacion, porque me pagaba la propia AMIA.

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  3. Diogenes

    Es curioso; Horacio Lutzky escribió un libro (Brindando sobre los escombros) en el que demuestra las falsedades de la supuesta investigación en el atentado AMIA, y la complicidad de la dirigencia de la comunidad judía en el encubrimiento.
    Fue gracias a el que comprendí que había “gato encerrado” (no me refiero a Macri), pero pareciera ser que que ellos consideran que “esas cosas se arreglan en casa”, y que los de afuera somos de palo.
    Es una lastima, por decir lo que pienso, yo también perdí amistades

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  4. Juan José Salinas (Publicaciones Autor)

    No conozco otro investigador proveniente de la “cole” mejor que Lutzky. Desgraciadamente, llegado a un punto, desandó el camino. Es que como le dijo un dirigente de un club judío al monologuista Roberto Moldavsky al cumplirse tres años del atentado a la AMIA (cito de memoria): “El precio de averiguar qué es lo que sucedió es mucho más alto que el de no averiguarlo”.

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  5. Horacio

    Medio gil, Lutzky. Los 30.000 o los 6 millones son cifras aproximadas, que algunos organismos erigen como símbolos. No hay nada de malo en eso. El tema es que si alguien pone en duda la cifra, por el motivo que fuese, lo consideran un iconoclasta subversivo, que tiene que pedir perdón, cayendo los organismos en el mismo totalitarismo ideológico que tenían los milicos, o los nazis.

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  6. Horacio

    No sé si Petrosino es antisemita, pero no hay nada en las citaciones de Lutzky que lo confirmen como tal, más allá de ofrecer una interpretación histórica por fuera de la oficial, con tono irónico, y tal vez provocador (teniendo en cuenta la solemnidad a la que remiten las masacres de la guerra). Incluso si Petrosino fuera activamente violento contra judíos, eso no le quita los méritos que puede tener como investigador. Es como si el personaje de Jodie Foster no pudiera pedirle consejos a Hannibal Lecter. Pero como dice Salinas, Petrosino no es Lecter, ni Hitler, ni mucho menos.

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  7. Horacio

    Y, según Lutzky, ahora también criticar a los Kirchner por chorros o por lamerle las botas a la CIA y la Casa Blanca por el tema AMIA también es inmoral!! ¿Eso no es también una especie de negacionismo?

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