Basta de «Fuck you!» Lanata for President!

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No conozco al autor ni había estado antes en este blog, al que llegue por medio del de Lucas Carrasco, pero obviamente me interesa el tema.

Que el gordo no te tape el bosque

Ponele que Lanata tiene razón. Es mas, ponele que Lanata es honesto, cosa que es mentira, porque obviando sus jugadas sucias visibles (Crítica, monotributista insolvente, extorsión, etc.), es deshonesto públicamente desde el momento en que se va a un multimedios que hasta hacía poco acusaba de cómplice de la dictadura militar, pura y exclusivamente por plata (porque, muchachos, Lanata será un patriota pero por la Patria no hace nada si no hay mosca de por medio…).
No vi el programa de Lanata. Quizá tengo miedo de creerme el circo y convertirme en Pablo Marchetti, que descubrió que él mismo, en base a pruebas televisivas, puede ser juez y parte y dictaminar quienes son chorros y quienes no, total la presunción de inocencia es una boludez y la justicia está al pedo en tanto existan tipos en los medios para decidir a dedo quien es el bueno y quien es el malo.
No veo el programa de Lanata porque no necesito verlo, como no necesito ver a Tinelli o a Rial para saber como funciona su sistema: show, aplaudidores, rating, creación de sensación de consenso general. Nicolás Cabré puede ser el mejor tipo del mundo, ponele, pero si Rial y los cinco parásitos que tiene ahí deciden que es una basura, lo van a hacer ver como una basura ante el nueve y pico de rating, o diez, que sigue al mercenario ese tres horas por día, porque además el que sigue también decide creer.
No es que no veo a Lanata por prejuicio, no veo a Lanata por la lógica con la que funciona su programa: la televisión o los diarios son espacios excelentes para el debate político, pero no para administrar justicia. La justicia vía medios de comunicación es muy parecida al fascismo.
Hay un juego perverso entre el medio y el receptor, que guste o no la verdad es que está sometido al poder del medio. Muchos criticamos a 678 porque, lamentablemente, también entró en ésta lógica y aún siendo necesario un contrapeso, la edición, el linchamiento público (por caso, Juan Miceli), la falta de objetividad, han viciado el formato al punto de hacerlo casi estéril: los medios no pueden hacerle eso al espectador, está mal, es abusivo y en algún punto es un manoseo al sistema democrático, en el que hay un Ejecutivo y una cámara de legisladores elegidos por el pueblo y un Poder Judicial que, bien o mal, debe impartir justicia. La culpabilidad o inocencia no pueden depender de una mueca de Lapegüe. Los medios abusan de su poder y el espectador es sometido, a nadie le gusta ser sometido, pero el primer paso para no serlo es reconocer que se lo es.
En síntesis, Lanata no descubre nada, faranduliza una vieja denuncia, lo hace digerible para el público sometido. El que sale ahora a decir «eh, ¿viste?, el gordo mostró que son todos chorros», en realidad es un bebé al que necesita que le den de comer en la boca, una persona que vive una fantasía que desea creer, porque aunque sea verdad lo que denuncia Lanata no lo es todavía en tanto no exista un proceso judicial y la Justicia no se pronuncie de ese modo.
Y pasando por alto todo esto, ponele que Lanata hizo, hace y hará todo bien… ponele que Néstor y Cristina son o fueron chorros. La pregunta es, ¿cuál es el resultado esperado? A ver, seamos claros: ¿Qué espera Lanata, o mejor, que esperan los que vienen preparando ésta movida desde los medios, grupos económicos y parte de la clase política vendida a esos intereses de éste tipo de jugadas mediáticas, o de manifestaciones sin un fin determinado mas que oponerse al gobierno, como las que organizan cada 4 o 5 meses? Hay intereses, deseos, apuestas inconfesables ahí. Para algunos es guita, para otros puede ser la vuelta de la represión. El punto es que hay mucha basura al acecho, toda revuelta, y todos juegan pensando en que se llevan la torta, o que al menos se arme mucho quilombo, así cada uno se lleva un cacho de la torta.
El kirchnerismo tiene tanto valor material como simbólico, quizá más simbólico que material. Es decir, el kirchnerista trasciende a Cristina y a Néstor, como, yendo aún mas lejos, el peronista –que también puede ser kirchnerista, claro está– trasciende a Perón y a Evita, porque el peronismo es una expresión del pueblo, de un pueblo al que alguna vez le fue negado algo y en medio de la desolación hubo quien le tendiera una mano. A éste pueblo también le fueron negadas cosas, en diversos ámbitos: de la justicia, de la igualdad, pero también de la militancia, del derecho a una pertenencia política. Esos pendejos de La Cámpora van a preferir negar hasta la muerte que Néstor y Cristina son chorros, aún si hubiere pruebas que demuestran que se comieron a Heidi, y ¿sabés qué? eso está bien, eso es bueno, porque la «verdad» es bastante más compleja que un informe de Lanata, a fin de cuentas, Lanata y el propio medio que lo contrata, en tal caso, son tan lavadores de dinero como presuntamente lo sería Néstor. Pero Néstor o Cristina tienen fecha de vencimiento en las urnas, y Lanata no hasta tanto no se muera o se le acabe el rating para siempre, y Clarín no hasta tanto no cumpla con la ley –y aun así, tampoco, porque el daño al mapa de medios que hicieron Clarín y otros multimedios en Argentina trasciende al propio grupo y a la propia Ley de Medios Audiovisuales.
Lo que intentan hacer con todas estas movidas es más sucio aún que el presunto lavado de dinero. No separar la paja del trigo, promover que las cosas se desmadren e incluso llamar a la desobediencia civil es digno de un traidor a la Patria. Cagarse en las cosas buenas que hizo o motivó el gobierno y pasarlas por alto, e incluso tergiversarlas de modo tal de convertirlas en algo maligno (por ejemplo, la militancia de La Cámpora, o acusarnos a los blogueros de ser rentados) es propio de una banda de facinerosos que lo único que quieren para el país es que les den garantías de seguir haciendo guita a costa de que los demás, los de a pie que compran los productos, consumen los medios de comunicación y laburan por un sueldo, se jodan. No por nada Lanata, como tantos otros mercenarios de los medios, hablan todo en términos de plata. No tienen otra cosa en la cabeza que hacer guita, es su único anhelo.
Es tan sucio lo de Lanata que, ya no sólo no denuncia al multimedios que hace un par de años para el gordito era lo peor del mundo y hasta había sido cómplice en la represión y tortura para quedarse con Papel Prensa, tampoco tiene un mínimo de pudor como para decir «bueno, convengamos que yo creo que todo esto es así, pero viejo, no tomen el Congreso, respeten las instituciones, no caguen a piñas a la gente que está trabajando sean opositores u oficialistas, no griten consignas pro-dictadura, no sean boludos». No, a el, como la lacra opositora a la que ya nada le importa para tratar de ganar un votito, tratan de no ahuyentar al publico; unos lo hacen por guita, otros lo hacen por un votito, no importa. Todos quieren un pedazo de la torta y el daño que causan les importa tres pitos, todo en nombre de la «verdad» que ellos mismos construyen desde los medios –los políticos opositores también–, pasando por encima del sistema judicial al que quieren defender, cuando el sistema judicial, saben, son ellos mismos que juzgan para siempre con una foto, una declaración retorcida o descontextualizada, lavándose las manos y haciendo caso omiso de todas las medias que chuparon durante años (ahora parece que Menem en Clarín es mala palabra, que divertido).
Yo creo que ésto se soluciona fácil. La oposición necesita un candidato. El nombre que suena en todas las tribunas opositoras es Jorge Lanata. Entonces, capo, la respuesta es sencilla. Si sos tan pistola que te las sabés todas, tan limpio que no te pueden probar que te choreaste un alfiler, si te la bancás de verdad y te interesa el país, si tenés todo: honestidad, inteligencia, conocimientos, ¿Qué estás esperando?
Es hora de que Lanata se decida y sea el candidato a presidente de la república linda y casta.
Y nosotros, con todas nuestras miserias de las que deberemos hacernos cargo, tendremos que seguir caminando el bosque.
Así que dale, correte gordo, es hora de que te calces los botines y salgas a jugar, que nos estás estorbando a los que creemos en la política real y la gente, afuera, está coreando tu nombre.


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