CASO AMIA – NISMAN. En busca del kamikaze perdido (yapa: un fragmento de “El Fiscal”)

Mientras el gobierno amarillo se aboca a intentar imponer contra natura un juicio en ausencia (lo que la legislación argentina no contempla) a al menos algunos de los altos funcionarios iraníes acusados por el finado fiscal Nisman, cosa de cerrar el Caso AMIA con una condena genérica y contra toda evidencia de la República Islámica de Irán, cosa de garantizar que jamás se descubra quienes y por qué volaron la mutual judía (y antes, la Embajada de Israel), la Unidad Fiscal Amia conducida por el fiscal Juan Murray quiere cotejar muestras de sangre de los libaneses hermanos Berro con la de todos los muertos de la AMIA, lo que tiene su lógica.

Me explico: Cuando Nisman presentó su denuncia contra CFK y su canciller, estaba en marcha una campaña respaldada por la Secretaría de Inteligencia (y eso que Stiuso ya había sido raleado) para peritar un grumo de sangre reseco de un pedal de una Trafic que se supone habria estallado en la AMIA, Y a pesar de que hace ya muchísimos años los peritos de la Policía Federal habían informado que  dicha muestra no era posible extraer el ADN, había quienes apelando a novísimas técnicas postulaban que se podia determinar al menos si había pertenecido a un semita, es decir a alguien emparentado con Medio Oriente. En fin, que se trataba de una iniciativa desopilante, descarnadamente racista, e ignorante de que tan mediorientales son, por decir algo, los Menem como los Beraja.

Los fiscales que reemplazaron a Nisman en la UIF, curándose en salud, quieren acabar con el caballito de batalla del chofer suicida, quye está pronto a galopar de nuevo de la mano del ministro Garavano y el ex senador radical Mario Cimadevilla, puesto al frente de la Unidad AMIA del Poder Ejecutivo en reemplazo de Luciano Hazan.

La Unidad AMIA ha sido elevada al rango de Secretaria y a Cimadevilla se le ha encargado además que investigue la muerrte de Nisman, es decir, que procure darle elementos (hasta ahora no hay ninguno, como señaló la fiscal Viviana Fein, lo que le valió para que le arrebatara la dirección de la investigación) a Fabiana Palmaghini, una jueza hipergorila.

Se trata pues no sólo de condenar a los iranies en ausencia, sino también de “asesinar” a Nisman contra toda evidencia.

Es en este contexto que se produjo la noticia. Transcribimos el despacho de Télam, después el fragmeno del Caso Nisman: Secretos inconfesables, libro de mi autoría que acaba de publicarse que hace referencia a la “investigación” de Nisman y Stiuso para dar con la identidad del supuesto kamikaze y, por fin (mañana) agregaré el texto de El fiscal, una jugosa novela de autor anónimo (R.S.Pratt es su seudónimo) escrita en apenas un mes y publicada en tiempo récord. En esta “novela” (a mi juicio muy buena si se tiene en cuenta la celeridad con que se redactó) Nisman se llama Lerman y Stiuso se llama Trusso, pero todo se entiene perfectamente. Me limité al divertimento de cambiar esos nombres por los verdaderos y poner algunas notas (N. del E.) entre paréntesis.

Bueno, me parece que ya tienen para entretenerse un rato.

AMIA-INVESTIGACIÓN

ATENTADO A LA AMIA: PIDEN EXTRACCIÓN VOLUTARIA DE SANGRE A DOS HERMANOS DEL SUPUESTO SUICIDA PARA COTEJAR MUESTRAS

La fiscalía especial a cargo de la investigación del atentado a la AMIA envió un exhorto a Estados Unidos para intentar obtener muestras de sangre de dos ciudadanos libaneses que serían hermanos de quien se cree fue el conductor suicida que se inmoló en el atentado a la AMIA el 18 de julio de 1994.
El pedido partió de la Unidad Fiscal AMIA y se pidió a la justicia estadounidense que intente ubicar a los hermanos de Ibrahim Hussein Berro (foto), libanés de 21 años que se sospecha condujo la Trafic usada como cochebomba en Pasteur 633, según informaron fuentes judiciales
Según datos recopilados en la unidad fiscal, ambos hermanos vivirían en Michigan, Estados Unidos.
La intención es ubicarlos y lograr que se sometan de manera voluntaria a una extracción de sangre, para cotejar el ADN con el de restos humanos rescatados de entre los escombros y aún no identificados.
La Unidad Fiscal AMIA quedó a cargo de los fiscales Sabrina Namer, Roberto Salum y Juan Murray tras la muerte el 18 de enero del año pasado de su anterior titular Alberto Nisman, hallado con un disparo en la sien en su departamento del Puerto Madero.
En la causa hay declaraciones de familiares de Berro, que afirman que el joven perteneciente a Hezbollah no murió en AMIA sino que falleció en septiembre de 1994 en el Líbano, pero nada está confirmado.

Un papelón monumental

 

.. en 2005 Nisman, Martínez Burgos y Stiuso fueron a Detroit a presenciar el interrogatorio por parte de una fiscal local, de dos hermanos del inculpado Ibrahim Husein Berro. Ambos inmigrantes dijeron que su hermano estaba tullido a causa de un bombazo israelí, que nunca había estado en Sudamérica y que había muerto en el sur del Líbano en septiembre de 1994 a consecuencia de un nuevo bombardeo israelí. Lo que no arredró a Nisman que, alentado por Stiuso, al volver a Buenos Aires distribuyó un informe donde afirmó taxativamente que se había confirmado que el finado había sido el chofer suicida que se había estrellado contra la AMIA. Pudo hacerlo sin mayores contratiempos porque gozaba de un blindaje mediático prácticamente total.

Fue en septiembre de 2005. El informe de diez páginas que Nisman distribuyó entre los periodistas afirmó que dos hermanos del finado Ibrahim Hussein Berro habían confesado en Detroit que este había sido el chofer suicida que había arremetido contra la AMIA. Nisman dijo que lo entregado era un resumen de una presentación judicial de cientos de páginas. La confirmación de la identidad del kamikaze que se había llevado puesta la mutual judía fue tapa de todos los diarios y cabeza de todos los noticieros, y muy pocos rectificaron la información cuando unas horas después el periodista Rolando Hanglin entrevistó telefónicamente a uno de esos hermanos, que negó enfática y vehementemente al aire lo dicho por Nisman.

Por suerte, y aunque en minoría, todavía quedan periodistas probos, que ennoblecen el oficio. El sábado 13 de mayo de 2006 Jorge Urien Berri publicó en La Nación (“Más dudas sobre el chofer suicida”) que ante la fiscal de Michigan, Barbara McQuade, y los fiscales Nisman y Marcelo Martínez Burgos, los hermanos Hassan y Abbas Berro habían desvinculado “por completo a su hermano Ibrahim Berro como chofer suicida de la camioneta Trafic” y que “incluso uno de ellos aseguró haber estado con Ibrahim una o dos semanas antes de su muerte, ocurrida el 9 de septiembre de 1994. Es decir, lo habría visto después del atentado contra la AMIA”.

Los hermanos Berro, ambos ciudadanos estadounidenses, le habían explicado a sus visitas que su hermano Ibrahim había muerto durante un ataque israelí al pueblo libanés donde vivía. Estaba discapacitado porque una explosión en un ataque anterior lo había dejado rengo y afectado un pulmón, informó Urien Berri. A pesar de ello, comtinuó, “el 9 de noviembre del año pasado y con el impulso del Gobierno, que ese día había recibido a autoridades del influyente Comité Judío Americano (…) Nisman convocó a una conferencia de prensa y anunció que habían identificado al conductor suicida como Ibrahim Berro, de 21 años, gracias a los testimonios y dos fotografías aportados en Michigan por sus hermanos”.

En realidad, continuó Urien Berri, “Assad Berro testimonió que Ibrahim ‘era discapacitado. Fue herido a los 15 o 16 años por un coche bomba en la guerra civil del Líbano. Tenía problemas en la espalda, pulmón y rodilla y caminaba como un cojo. Tenía muchas ganas de ir a Estados Unidos a trabajar. Por su baja educación no era capaz de planear ni realizar un ataque así’”. Assad agregó el golpe de gracia: “‘Una semana o dos antes de morir’ Ibrahim, en septiembre de 1994, lo había visto por última vez ‘en su casa’ del Líbano”, remató Urien Berri.

“El resumen de diez páginas de una presentación judicial de cientos de páginas que Nisman había entregado a los medios fue tapa de todos los diarios y cabeza de todos los noticieros. Pero cuando se conoció la transcripción de la entrevista a los hermanos de Berro semanas más tarde, se supo que los hermanos habían negado que Ibrahim tuviera algo que ver con el atentado. Entonces Nisman dijo que los hermanos mentían y los grandes diarios y noticieros dieron por hecho en innumerables noticias que Ibrahim Berro era el atacante suicida”, sintetizó el periodista Santiago O’Donnell.

La mecánica (entrega de un resumen sustancioso como adelanto de un larguísimo texto insustancial), que tanto recuerda a las artimañas de ciertos semanarios expertos en vender empanadas rellenas de humo, sería nuevamente utilizada en ocasión de la denuncia contra la Presidenta y su Canciller, presentada por el fiscal cuatro días antes de su muerte. La diferencia estaría en que los medios oficialistas ─que al mismo tiempo eran mayoritariamente pro sionistas o al menos complacientes con los requerimientos de la poderosa colectividad judía de Nueva York─ no podrían seguirlo en tamaño despropósito.

El Fiscal (fragmento)

 

…recordó cuando en el año 2005, después de haberlo acompañado a Washington y a Tel Aviv varias veces para reunir las pruebas contra Irán, Stiuso estaba sentado en primera fila de la conferencia de prensa en la que Nisman presentó sus primeros resultados de la unidad AMIA. Neuman leía y miraba a Stiuso, y Stiuso asentía sonriendo ante cada palabra.

Ese día Nisman anunció que había localizado a Ibrahim Berro, el supuesto kamikaze que manejó la supuesta Trafic que (supuestamente, N. del E.) estalló en la AMIA. Stiuso lo escuchó con atención (y lo grabó, para luego analizar en su Baticueva la emoción de su voz) pero antes había estado hablándole.

Porque fue Stiuso quien lo conectó con la Compañía y lo acompañó a Detroit, donde estaban los familiares del supuesto kamikaze. Nisman los entrevistó y tuvo una momentánea decepción cuando los hermanos de Ibrahim, Hassan y Abbas, desmintieron la sospecha.

Le dijeron que no creían de ninguna manera que su hermano se hubiera inmolado en un coche bomba. Era discapacitado motriz, estaba pensando en formar una familia, y por lo que ellos sabían había muerto en el Líbano. Nisman se puso rojo, tragó saliva. Ya tenía organizada en su cabeza la conferencia para revelar el nombre del kamikaze y este retroceso lo regresaba a Buenos Aires con las manos vacías. No tenía nada, porque si bien los hermanos podían estar protegiendo a Ibrahim, Nisman no tenía evidencias materiales para juzgarlo.

En primer lugar porque Ibrahim ya había muerto, fuese en el Líbano o en la AMIA, pero también porque los puentes con las evidencias estaban dinamitados.

“No tenemos nada”, le dijo Nisman a Stiuso.

Estaba abatido, no levantaba la vista del piso del lobby del Hilton de Detroit, donde intentaba pensar con Stiuso un modo de amortiguar el golpe que había recibido.

−Lo hablé con mis empleados, ¿entendés? Les dije que iba a volver con una bomba, que la causa estaba resuelta. Es gente que confía en mí. Se lo dije al Presidente. ¿Qué voy a hacer – dijo Nisman.

Nada lo afectaba tanto como el fracaso laboral. Ante el mínimo traspié caía en depresiones breves pero muy profundas, de las que salía como eyectado por la fuerza de la euforia.

−Algo vamos a hacer. Tranquilizate -le dijo Stiuso.

De regreso en Buenos Aires, Nisman estuvo varios días sin ir a la unidad fiscal por orden de Stiuso. Le recomendó guardarse hasta que él pudiera chequear algunos elementos como para que no se cayera la prueba del kamikaze que juró tener antes de viajar a Detroit. Nisman se recluyó en su casa y pasó mucho tiempo con sus hijas.

(…) Stiuso movió sus hilos. Empezó por los más largos, los que llegaban a un personaje secundario de la trama: la enfermera María Nicolasa Romero, quien en la mañana del 18 de julio de 1994, minutos antes del atentado a la AMIA, y mientras llevaba a su hijo a un jardín de infantes cercano (no era nada cercano. N. del E.) creyó haber visto una camioneta Trafic blanca N. del E.: dijo que era color beige) que venía por la calle Tucumán y dobló hacia la derecha por la calle Pasteur.

María Nicolasa Romero dijo que el conductor del vehículo dobló sin ninguna delicadeza y que, ante la maniobra, le dieron ganas de insultarlo. Eso era todo, porque cuando declaró en la causa -mientras los oficiales de justicia de Nisman le mostraban la foto de Ibrahim Berro que les había pasado la Compañía, María Nicolasa Romero dijo que no podría asegurar que la persona que había visto en la Trafic tenía algo que ver con la de la foto. Y si no había persona para María Nicolasa Romero, no había Trafic para Nisman.

María Nicolasa Romero había dicho en la fiscalía que vio girar la camioneta y que la vio explotar por el aire desde la esquina, pero que no podía asegurar que el recuerdo que su memoria tenía del conductor tuviese que ver con la imagen de Berro. “No estoy segura, pasaron once años”, dijo. Nisman intervino varias veces hasta que por la mirada de sus colaboradores advirtió que la estaba presionando de un modo inadecuado. Las personas recuerdan o no recuerdan, y María Nicolasa Romero no podía recordar.

Entonces Stiuso la fue a visitar a su regreso de Detroit. La encontró en su trabajo, en la maternidad Sardá. Ella lo había visto varias veces y tenía con él cierta confianza. Creía que Stiuso era un agente de la Policía Federal porque antes de testimoniar en la fiscalía se presentó en su casa y le dijo que lo habían enviado desde el Ministerio del Interior para protegerla.

-¿Molinari? -dijo María.
-El mismo -dijo Stiuso.

Fueron a un bar y él le contó que había pensado que ella podía ampliar su testimonio de forma espontánea en base a un programa especial. Le insinuó que la ampliación de su testimonio se iba a pagar a través del Ministerio. En los ojos de María Nicolasa Stiuso vio la necesidad de ese dinero y de cualquier otro, pero le dijo que lo que había declarado era “la pura verdad”, y que por lo tanto no tenía sentido ir a decir lo mismo.

Stiuso se fue directamente a la Embajada. Se entrevistó a solas con el Embajador, el Embajador se comunicó con la Compañía y le dijo a Stiuso que había que ordenarle a Nisman hacer igual la conferencia de prensa y decir que Hassan y Abbas Berro habían reconocido la participación de su hermano Ibrahim en la voladura de la AMIA.

−¿Quién lo dice? Porque a nosotros nos lo negaron -dijo Stiuso.
−Lo dice la Compañía y los Estados Unidos de América. ¿Hace falta alguien más?
−Supongo que no– dijo Stiuso, que sabía amortiguar la arrogancia del Embajador con su legendaria firmeza.

Llovía en Buenos Aires, y caía la noche. Nisman le había llevado las chicas a Sandra y regresaba en su Audi Q5 blindado por la Panamericana escuchando radio, preguntándose por qué no podía ser una persona normal que pudiera dividir la vida personal del trabajo.

Sonó el teléfono. Atendió con el bluetooth. En el display del Audi le apareció un número no identificado. Era Stiuso anunciándole una buena nueva que no podía profundizar por teléfono.

“Venite para Tabac”, le dijo, y cortó. Nisman llegó rápido, con el volúmen por encima de sus gritos, que intentaban cantar por encima de la voz de Ricky Martin interpretando “Vuelve”.

−¡Nismanito! ¡Qué caripela, hermano! – le dijo Stiuso.
−Recién dejé a las chicas.
−Me imagino, me imagino.
−Quedo hecho mierda.
−Es que tendrías que verlas más.
−Te juro que no puedo. Si yo no estoy tranquilo no lo disfruta nadie. ¿Qué pasó? ¿Averiguaste algo?
−Vengo de Presidencia. Estuve con el Jefe Máximo. Que no se te escape. La orden es para la Casa y para vos, y nos banca la Embajada: el kamikaze de la Trafic es Berro. No hay dudas.
−Pero ¿cómo que no hay dudas si nos dijeron que no fue?
−El kamikaze se llama Ibrahim Berro y vos lo vas anunciar el viernes en conferencia de prensa y te vas a llevar los laureles. Punto. ¿Qué te pasa? ¿Te hiciste del Hezbollah?
−Pero ¿no lo escuchaste al Gordo Lanata? Está diciendo que la causa tiene cien mil folios armados por vos.
−¿Dónde lo dijo?
−En la radio y en la tele lo dijo, y lo escribió en la editorial del domingo. ¿Dónde vivís?

¿Dónde vivía Stiuso? Una buena pregunta. La respuesta era: en todos lados. Porque apenas leyó el domingo la editorial de Lanata, sabiendo que repetiría el contenido en la radio y en su programa de televisión, advirtió que la Casa le estaba debiendo plata. Le mandó una moto al edificio Estrugamou, al que

Lanata se había mudado, y lo hizo llamar por un topo de su oficina para decirle: “Bajá que tenés lo tuyo”.

Stiuso odiaba a los periodistas más conocidos porque se volvían locos por la plata pero se escudaban en un discurso moralista. Uno de sus entretenimientos preferidos era ver los programas políticos del domingo a la noche. Hacía zapping y no podía creer que siempre estuvieran los mismos.

Todos cobraban de la Casa , y su humor profesional dependía de si Stiuso les pagaban en término o con atraso. A veces les pagaba con atraso para divertirse y adivinar cada palabra que fueran a decir y contra quienes.

−Despreocupate de ese Gordo. Ya se tranquilizó. Ahora vos encerrate y prepará la conferencia. Va a haber gente de la Compañía y van a estar tus paisanos, por lo menos los que están con nosotros. Los troskos de Memoria Activa no van a ir.
−¿Cómo sabés?
−Los conozco.

(…)
El viernes Nisman apareció en la sala de acuerdos de la fiscalía y se dejó tomar fotos con el Cabildo de fondo. Sonreía. La protección de Stiuso lo tranquilizaba y lo hacía sentir poderoso. Había muchos corresponsales extranjeros y también los infaltables “fotógrafos” de la Casa.
Nisman comenzó agradeciendo a la prensa, a toda la prensa, la que estaba a favor de su trabajo y la que estaba en contra porque todo servía para llegar a la verdad.

Dijo que todos los presentes podían llevarse una copia del expediente, de unas ochocientas páginas, y que tenía que anunciarles una novedad importantísima que le daba a la causa no un giro sino una profundidad inusitada. Tomó aliento, miró las luces del cielorraso con los ojos entornados y dijo con satisfacción y alivio:

“Esta fiscalía da por probado que Ibrahim Berro es el nombre del suicida del atentado. Sus hermanos, que viven en Detroit, así loconfirmaron”.

A la noche fueron a cenar con stiuso a la Embajada. Etaban los enviados de la compañía. En las ediciones online de los diarios más importantes de Estados Unidos e Israel ya había rebotado la noticia del nombre de kamikaze iraní (en realidad, libanés N. del E.).

El éxito confundía a Nisman, pero lo disfrutaba igual. Había algo de azaroso en el éxito, de modo que si muchas evces no se explicaba por qué había fracasado en alguna diligencia ¿por que ahora tenía que preguntarse por este éxito inesperado que había salido del corazón mismo del fracaso? Quizás no estuvieran las pruebas pero él estaba convenido de que a la Trafic la manejaba Berro, Oodñia verlo en las dudas de María Nicolasa Ronero y, también, en la luz que iluminaba su misión de hacer justicia.

El Embajador levantó la copa, felicitó a “nuestro fiscal” por su valentía y pidió brindar por los avances de la causa “para que por fin las víctimas descansen en paz”.

-Salud – dijo.
−Salud- dijeron todos.

Al día siguiente, el Presidente de la República en persona se refirió al tema y felicitó a Nisman por los logros obtenidos en la investigación. Dijo que los muertos de la AMIA necesitaban el consuelo de la justicia, y que por fin después de mucho esfuerzo se había dado con los culpables. Pero la felicidad duró dos días. Al cabo de ellos aparecieron los hermanos de Berro y desmintieron a Nisman. A Stiuso le pasaron la noticia completa aparecida en una entrevista de Al Jazeera clonada una hora más tarde por la BBC. Al día siguiente lo leyó en La Nación mientras desayunaba solo en Rond Point:

−Puta madre.

El papelón le trajo dolores de cabeza a Nisman. Stiuso dijo que la orden había venido desde muy arriba para asegurar que Berro había sido el kamikaze, de tan arriba le dijo Stiuso a Nisman que el Presidente de la Nación quedaba “abajo”. Eso era y no era cierto. Lo era porque el Presidente no había aclarado nada públicamente sobre su error de seguirle la corriente a Nisman, pero no lo era porque el mismo Presidente en persona fue quien llamó a Nisman para insultarlo, decirle que era un inútil y que no se explicaba para qué le había dado una fiscalía nueva con todos los recursos si le hacía pasar vergüenza ante todo el mundo.

Es que los diarios de la ciudades más importantes señalaron el error del Presidente, y para nadie pasaba desapercibido que una cosa era que cometiera un error un fiscal y otra que lo hiciera la persona más importante del país y supuestamente la mejor informada.

Luego, las las aguas se calmaron, pero la relación de Nisman con el Presidente y con los familiares de las víctimas entró en una zona de frialdad de la que nunca salió. Entonces Nisman se sintió incomprendido y se fue apoyando cada vez más en Stiuso, en los agentes de la casa, en Lagomarsino, en la Compañía, en la Embajada y en Tel Aviv.

Cerró filas con todos ellos. Salvo a Lagomarsino, le reportaba a todos. En un viaje a Tel Aviv pidió una reunión con el Presidente de la Corte Suprema de Justicia de Israel y le explicó con lujo de detalles los avances de la causa AMIA, algo que no hacía con ningún miembro de la Corte argentina.

Tarde o temprano la información se filtraba a la prensa y Nisman caía cada vez más bajo en la percepción de los familiares de las víctimas pero se ganaba la confianza del nuevo poder que lo apañaba.

Comentario (1)

  1. Sapo

    Hay un error gordo en el fragmento de “El Fiscal”. Dice que en noviembre de 2005, después del tremendo blooper de la conferencia de prensa (asunto Berro), Nisman y Stiuso se vieron en Tabac, y Nisman comenta que acaba de dejarle “las nenas” a Sandra, Sin embargo, en el 2005: (i) el fiscal y su entonces pareja vivían juntos (la separación es del 2011/2012), y (ii) la hija menor ni siquiera había nacido, ya que cuando murió el padre tenía 7 años, mientras que la mayor tenía 4 ó 5 años de edad.

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